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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LOS PARTICIPANTES EN LA CONFERENCIA PARLAMENTARIA
DE LA ASOCIACIÓN ENTRE LA COMUNIDAD ECONÓMICA EUROPEA
 Y LOS ESTADOS ASOCIADOS DE ÁFRICA,
MADAGASCAR E ISLA MAURICIO*

Viernes 1 de febrero de 1974

 

Señoras y señores:

Os damos la bienvenida. Es un honor para nosotros recibir a los participantes en la Conferencia Parlamentaria de la Asociación entre la Comunidad Económica Europea y los Estados asociados de África, Madagascar e Isla Mauricio. Sí, este encuentro de dos continentes, al nivel de quienes están capacitados para tratar sobre la orientación política y económica de sus países, reviste una importancia profunda: nos parece que expresa, prepara y realiza en cierto grado esta amplia cooperación orgánica que hemos invocado tan frecuentemente.

No pretendemos opinar sobre los medios técnicos, las particularidades de los tratados que deben asegurar o hacer progresar una cooperación de este tipo. Pero es nuestra firme convicción que ningún país puede hoy día actuar independientemente, o con un aliado de su propia elección, despreocupándose de los que le son naturalmente solidarios: cada vez es más urgente la necesidad de integrar los acuerdos bilaterales o multilaterales en un programa de colaboración mundial, como lo hemos augurado en nuestra Encíclica "Populorum progressio" (cf. n. 52). En este marco de colaboración mundial, las relaciones entre la Comunidad Europea y el conjunto de los países africanos puede aparecer como una etapa privilegiada, favorecida por la cercanía, la complementariedad, los múltiples lazos culturales, económicos y religiosos que mantienen unidos a ambos continentes y que, afortunadamente, han superado el estadio de la dependencia. Y vosotros, los parlamentarios, poseéis una gran influencia para promover el conocimiento recíproco de los problemas, para estudiarlos conjuntamente, para crear un clima de confianza y una toma de conciencia en la opinión pública de vuestros países y en vuestros respectivos Gobiernos acerca de la urgencia de esta solidaridad, en una palabra, para preparar las condiciones sin las cuales los acuerdos serían ilusorios. Recordamos haber rendido homenaje a una delegación parecida hace ya más de ocho años. La situación actual confiere a vuestro trabajo una utilidad aún mayor. Porque la coyuntura es grave para unos y para otros. Los obstáculos que África encuentra en el camino de su pleno desarrollo, la crisis de la energía, los problemas monetarios y económicos de Europa hacen que comprendamos todavía mejor cómo no pueden existir hoy día economías nacionales cerradas, auto-suficientes. Las naciones toman cada día una mayor conciencia de sus posibilidades y de sus límites y se lanzan a la búsqueda de nuevos caminos.

¿Cómo afrontaremos este momento histórico? En tiempos especialmente difíciles, es fácil que algunos se sientan tentados a replegarse en sí mismos, o con sus amigos poderosos, para resolver en primer lugar y únicamente para su propio provecho y sus problemas. De la misma manera, creerán que no pueden desarrollar la solidaridad que ya se entrevé añadiendo nuevos sacrificios a la carga ya pesada de las actuales circunstancias. Es verdad que las situaciones continúan siendo delicadas en muchas ocasiones. Pero no por ello hay que eludir las preguntas más fundamentales: ¿puede acaso ponerse en tela de juicio la disminución del confort de los unos cuando es la vida la que está en juego por los otros? ¿Tendrán que pagar las consecuencias de esta situación los pobres para volverse a encontrar todavía más pobres? La búsqueda exclusiva de la ganancia, de la superproducción, del consumo cada vez mayor no deben constituir la finalidad de la sociedad, porque no asegura los valores humanos esenciales.

Al contrario, preferimos creer que el momento actual será el de la sabiduría; el del esfuerzo de la creatividad; quizá el de una austeridad aceptada en los países más ricos; y principalmente, el de una cooperación más intensa entre los países europeos, entre los países africanos, entre ambos bloques, en beneficio de todos. Nos es necesario combatir el desánimo, deshacernos de toda mezquindad en nuestras perspectivas, creer sí que la solidaridad es posible, que únicamente ella ofrece una solución a largo plazo. ¿No sería éste el momento de inventar nuevos tipos de relación entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo? Sí, esperarnos que este año, en el que se van a realizar numerosos acuerdos comerciales, se acelerará el establecimiento de acuerdos renovados, plenamente justos, respetuosos de la dignidad del otro y en condiciones de igualdad.

Y debemos añadir: aunque las razones de interés económico, recíproco y bien entendido, pueden ser un estímulo, no son suficientes. La historia muestra, al contrario, que las perspectivas puramente económicas conducen a un callejón sin salida. Es necesaria una colaboración más profunda, basada en una consideración de todo lo que contribuye a la riqueza y el honor de los países comprometidos, de sus necesidades reales. En pocas palabras, deseamos igualmente el establecimiento de lazos culturales, espirituales; digamos la palabra, lazos de amistad. Es una cierta comunidad de destino la que es preciso vivir hoy a escala continental, y la asociación que representáis parece que debe contribuir a fomentarla.

Aquellos de entre vosotros que comparten nuestra fe cristiana recuerdan las palabras del Apóstol Juan: "El que tuviere bienes de este mundo y, viendo a su hermano pasar necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo mora en él la caridad de Dios?" (1 Cor 3, 17). Ojala pudiéramos decir con él: "Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos" (ib. 3, 14). El Creador invita a todos los hombres a que ensanchen su corazón conforme a la grandeza de los nuevos horizontes que les hace descubrir. Nos invita a intentar todo lo posible para que reine entre los hombres una mayor justicia. Nosotros le suplicamos que os ayude en vuestros esfuerzos de colaboración, y que bendiga a vuestras personas y a todos vuestros seres queridos.

Dirigimos unas cordiales palabras de saludo en alemán a los asambleístas que provienen de países de dicha lengua. Respetables señoras y señores: que las sesiones de trabajo en las que ustedes han participado se muestren fructuosas y consigan que se llegue entre los diversos pueblos a una cooperación real a nivel internacional, que cada nación salga de la estrechez de sus propias ventajas económicas y se comprometa, en un clima de confianza recíproca, a favorecer el bien común. Con este fin imploramos para ustedes la permanente protección y bendición de Dios.

Al expresar un cordial saludo en inglés a los miembros de esta asamblea, quisiéramos afirmar una vez más nuestra confianza en la sabiduría, la valentía y el espíritu de colaboración con que los Gobiernos y otros organismos competentes procuran el establecimiento de relaciones e intercambios conformes a la justicia entre todos los países. A este respecto – como lo expresamos en nuestra reciente alocución al Cuerpo Diplomático – "hemos seguido con el mayor interés los contactos entre la Comunidad Europea de los Nueve y los Países Africanos". Repetimos aquí nuestros fervientes votos por el éxito de tales esfuerzos. Y pedimos que el Señor ayude vuestros desvelos, al mismo tiempo que invocamos sus abundantes bendiciones para vosotros y para vuestros seres queridos

Deseamos añadir un saludo a los diputados italianos que participan en esta asamblea. A ellos les expresamos, unido a nuestra complacencia, el augurio y deseo de que sepan compartir con un interés cada vez mayor lo problemas que superan los límites del propio país, conscientes de su pertenencia a una familia, lo que lleva consigo. además de ventajas, una serie de sacrificios por el bien común, y un espíritu de colaboración y sensibilidad en favor de la promoción constante del progreso humano, civil y social en todo el mundo. La tarea que os espera y en la que estáis empeñados es ardua; por esto deseamos estar cerca de vosotros con toda nuestra estima, con nuestra palabra de aliento, con nuestra oración que suplica para vosotros todas las bendiciones del cielo.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.7 p.10.

 

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