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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS REPRESENTANTES DE LA SANTA SEDE
ANTE LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES*

Miércoles 4 de septiembre de 1974

 

Os habéis reunido durante estos dos días para volver a pensar, reflexionar y estudiar los problemas que afectan a las actividades que, en nombre de la Santa Sede, realizáis en las Organizaciones internacionales gubernativas ante las que estáis acreditados.

Os está confiada la importante y delicada tarea de hacer sentir la voz de la Iglesia en los ambientes de la diplomacia multilateral que en nuestros tiempos se está convirtiendo progresivamente en el "camino obligatorio de la civilización moderna y de la paz mundial" (Discurso a la ONU, 4 de octubre de 1965).

La Iglesia se hace presente en las Organizaciones Internacionales para solicitar, alentar y promover la búsqueda del bien común universal, con la vista puesta en la edificación de un "mundo mejor en la verdad y en la justicia" (Gaudium et spes, 55) y por consiguiente en el bien integral del hombre.

Con esta finalidad, la Santa Sede no se cansa de encarecer y sostener todas aquellas iniciativas que miren a construir una estable paz internacional, especialmente aquellas que van encaminadas a establecer sus bases mediante la promoción del desarrollo de los países menos favorecidos y el establecimiento de relaciones y de intercambios conformes con la equidad entre estos países y los más ricos.

Habéis examinado, sin duda alguna, los medios que llevan a hacer más incisiva y eficaz vuestra acción a fin de adecuarla a las exigencias del mundo contemporáneo y de modo particular a las del complejo mecanismo de las Organizaciones Internacionales.

Vuestra presencia "activa" en las conferencias, reuniones, simposios y seminarios internacionales tendrá un significado y una razón de ser, si tenéis siempre en cuenta los objetivos de esta presencia: "recordar y aclarar los principios, animar a los hombres para que los apliquen fielmente, y no rehusar nuestra colaboración a las tentativas concretas que esta solución lleva consigo: no ciertamente en lo que concierne a los aspectos técnicos, que quedan fuera de nuestra competencia, sino en lo que toca a los aspectos morales y humanos de justicia y de equidad., que no son menos importantes que los primeros" (Discurso al Cuerpo Diplomático del 12 de enero de 1974, L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 20 de enero de 1974, pág. 11).

Os es bien conocido, por experiencia directa, que la participación de la Santa Sede en las actividades de las Organizaciones Internacionales participación realizada en virtud de su particular naturaleza, bien distinta de la de los Estados, para ser bien recibida y eficaz, debe ser prudente y, por encima de todo, diríamos, discreta.

El encuentro de hoy nos proporciona una ocasión propicia para manifestaros a cada uno de vosotros nuestra profunda gratitud por la labor que, colaborando devota y generosamente con nuestro ministerio apostólico, desarrolláis con frecuencia en circunstancias difíciles y con medios no siempre adecuados a las necesidades.

Seguimos con viva atención el trabajo de cada uno de vosotros y estamos seguros de que en el futuro ni siquiera las dificultades serán suficientes para apartaros de esta singular, y no obstante válida, forma de anuncio del Evangelio, que está confiada a vuestra misión.

En prenda de la asistencia divina, que hoy invocamos sobre todos vosotros y sobre vuestro trabajo, deseamos impartiros nuestra afectuosa, paterna y reconfortante bendición apostólica.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.38, p.12.

 

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