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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE KENIA ANTE LA SANTA SEDE
*

Martes 10 de septiembre de 1974

 

Señor Embajador:

Sinceramente le damos las gracias por las amables palabras con las que usted ha acompañado la presentación de las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Kenia ante la Santa Sede. Es para nosotros un placer darle la bienvenida en esta su nueva misión, que estamos convencido va a ser un éxito.

Nos sentimos también honrado de recibir los saludos de parte de su Presidente, Su Excelencia Mzee Tomo Kenyatta, y por nuestra parte le rogamos quiera hacerle llegar nuestros cordiales y mejores deseos, acompañados de nuestras plegarias.

Hemos oído con particular interés las alusiones que usted ha hecho, en su discurso, al papel de la Iglesia católica en la vida y en la historia de Kenia, así como al impacto de sus misioneros en esta sociedad y la colaboración que en el pasado han ofrecido y siguen prestando felizmente también en nuestros días al desarrollo de su país. Pero nos ha complacido de manera especial la mención que usted ha hecho a la importancia que se concede en Kenia a la Iglesia y a la religión, hasta el punto de que ésta ofrece el marco en el que toda la actividad social halla su fuente de inspiración y de sentido.

La actividad social de la Iglesia echa sus raíces en el mensaje que ella dirige a todos los hombres. Está claro el esfuerzo que la vida exige: la vida lleva consigo una lucha contra las fuerzas y las circunstancias adversas. En un determinado nivel, uno lucha contra la enfermedad, la ignorancia y la pobreza; en otro nivel, contra la injusticia, la explotación y la guerra. Incluso en las más íntimas profundidades de su ser, el hombre se encuentra en lucha consigo mismo y con el mundo. Y en esta situación la Iglesia ofrece un alentador mensaje de esperanza: la Buena Nueva del Evangelio, que da la seguridad de que Dios está junto al hombre, cuando éste se esfuerza en trabajar por el mejoramiento del mundo. Esta es la inspiración de la Iglesia en su actividad. Vivificada por este mensaje, ella desea ofrecerle constantemente el testimonio de sus obras, que ayudan al hombre a encontrar su plenitud. Esta tarea es, al mismo tiempo, humana y cristiana. Por ello, la desea seguir entregándose a favor de la promoción del pueblo de Kenia.

Por nuestra parte, pedimos que Dios bendiga con abundancia a las autoridades y al pueblo que usted representa.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.38, p.10.

 

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