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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA MALGACHE
 ANTE LA SANTA SEDE
*

Viernes 4 de octubre de 1974 

 

Señor Embajador:

Nos apreciamos vivamente las delicadas y profundas palabras que Vuestra Excelencia acaba de pronunciar, en el momento de tomar sus funciones como Embajador de la República Malgache ante la Santa Sede.

Presentando los respetos del Gobierno que os ha designado para este alto cargo, habéis querido haceros eco de todo el pueblo malgache: habéis subrayado su reconocimiento por la fecunda aportación de la Iglesia al desarrollo de sus valores ancestrales y a su promoción social. Y habéis sabido asociar, en el mismo mérito, a los misioneros y cristianos malgaches, que tienen ya ahora sus Pastores autóctonos.

Esta confianza Nos impresiona hondamente y Nos abrigamos la firme esperanza de que seguirá haciendo posible la existencia no sólo de relaciones amistosas, sino también de una fructuosa colaboración entre la Iglesia y los responsables civiles cuya representación ostentáis. Se trata en primer lugar de la calidad espiritual de los hombres y de sus relaciones; con toda razón habéis puesto de manifiesto la importancia que dan vuestros compatriotas a Dios y al alma: a ese bien al cual tiende principalmente la Iglesia. Pero el amor desinteresado que la anima, especialmente en favor de los más pobres, es también garantía de la valiosa colaboración que los cristianos pueden prestar siempre a la construcción de la ciudad, para que reine en ella el bienestar, la paz, la justicia y todos los requisitos de una vida digna del hombre. Sabemos con cuánto celo trabajan por conseguirlo nuestros hermanos e hijos de Madagascar. Les alentamos y formulamos fervientes votos para todo el pueblo malgache y sus dirigentes, pidiendo al Señor que les bendiga y asista en la tarea, dura y llena de esperanza, que asumen hoy, tanto a nivel de país como en el plan internacional.

Y Vos, señor Embajador, representando aquí a vuestro Gobierno, será testigo de los esfuerzos de la Santa Sede en favor de la santidad y la unidad de la Iglesia universal y en favor de la paz de la humanidad. A Vos particularmente van nuestros mejores deseos en el umbral de su misión.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.50, p.8.

 
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