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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE IRLANDA ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 19 de diciembre de 1974

 

Señor Embajador,

Constituye un gran placer para nosotros darle la bienvenida y recibir la Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Irlanda cerca de la Santa Sede.

Acaba de expresar amablemente la estima del Gobierno irlandés por el papel que desempeña la Santa Sede en la vida internacional y por sus esfuerzos para promover la justicia y la paz entre los hombres. Efectivamente, esta actividad de la Iglesia forma parte de su misión.

Es verdad que la preocupación primaria de la Iglesia es hacer que sus miembros puedan vivir como cristianos; pero al mismo tiempo, no puede dejar de señalar a todos la senda que la humanidad ha de seguir si quiere desarrollarse y avanzar armónicamente. Ante las tensiones propias de la sociedad actual, la Iglesia se esfuerza por afirmar y mantener las leyes de Dios, que deben prevalecer en la vida común de los hombres. Nos agrada notar el compromiso del Gobierno de su país en la promoción de los mismos valores morales. Solo su cumplimento puede llevar a alcanzar la justicia y la paz.

Al acercarnos al Año Santo, nuestros pensamientos se dirigen al pueblo de Irlanda: conocemos su profunda adhesión a su fe y a esta Sede Apostólica. Esperamos que, al celebrar este Jubileo, se renueven espiritualmente como pueblo cristiano.

Con profundo afecto y solicitud pastoral expresamos también nuestra comunión con todos aquellos que, en su país o fuera de él, desean seriamente una solución justa y pacífica de la triste situación de Irlanda del Norte. Como usted ha dicho, el próximo año canonizaremos al beato Olivier Plunkett. De esta forma los presentáramos a la Iglesia universal y al mundo como un modelo santo de fe firme, valentía y generosa fidelidad a la fe.

Que este acontecimiento gozoso eleve el corazón de todos con renovada confianza, inspiración y convicción espiritual.

Rogamos fervientemente a Dios que sostenga y guíe a las autoridades y al amado pueblo de su país, y que en este Año Santo de gracia les confirme como promotores de reconciliación y de paz.

Enviamos nuestros mejores deseos al nuevo Presidente de Irlanda para que cumpla su misión con éxito y alegría, y expresamos a Vuestra Excelencia nuestros votos por el fructuoso cumplimiento de su función.


 

*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1975, n.2, p.4

 

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