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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LA EMBAJADORA DE UGANDA ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 23 de enero de 1975

 

Excelencia:

Con todo agrado os damos nuestra bienvenida al Vaticano y recibimos las Cartas que os acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Uganda ante la Santa Sede.

Uganda es un país particularmente querido para la iglesia católica por ser una de las primeras naciones cristianas del África Oriental y una de las que ha dado, por medio de sus mártires, testimonio de los supremos valores del espíritu. También es especialmente querido para nosotros a causa de nuestra visita de hace algunos años: guardamos memorables recuerdos de aquel viaje y de la peregrinación que hicimos al santuario de Namugongo. Así, pues, usted sabrá apreciar el saludo especial que os expresamos como a representante de su país.

Os agradecemos habernos confirmado que el Gobierno y el pueblo de Uganda estiman y apoyan plenamente nuestros esfuerzos en orden a promover la paz y la madurez espiritual y moral de la humanidad. Por nuestra parte aprovechamos esta ocasión para reafirmar el cometido de la Iglesia en cuanto a trabajar lealmente, a través de sus instituciones, por el bien integral de toda la nación. En nuestro discurso al Parlamento de Uganda durante nuestra visita al país dijimos: "Hay... un programa de orden temporal que la Iglesia estimula hoy; no es un programa suyo, sino vuestro, pero al que ella intenta ofrecer su apoyo moral, y, en cuanto es posible, también su ayuda práctica: es el programa del desarrollo de los pueblos".

Nos sentimos realmente contento de oíros expresiones de satisfacción por vuestra asignación como Embajadora ante la Santa Sede. Deseándoos toda felicidad y éxito en este cargo os aseguramos también nuestras plegarias por vuestra persona y por vuestro país.

Apreciando los saludos que amablemente nos habéis presentarlo de parte de Su Excelencia el Presidente de Uganda os pedimos que transmitáis a él mismo y a las demás autoridades de la nación nuestros buenos deseos por el progreso humano y espiritual del querido pueblo de Uganda.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.5 p.8.

 

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