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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE
GRAN BRETAÑA

 ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 19 de junio de 1975

 

Señor Ministro:

Nos produce una gran alegría recibir de usted las Cartas con las que Su Majestad Británica le acredita como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante la Santa Sede. Le damos nuestra cordial y sincera bienvenida. La amable expresión de amistad y buena voluntad de la Reina encuentra un pronto eco en nuestro corazón, y le pedimos que asegure a Su Majestad nuestras oraciones, así como nuestros mejores deseos para ella y para todos los miembros de la familia real.

Apreciamos vivamente la generosa estima que usted ha expresado por la contribución de la Iglesia a la armonía y justicia en el mundo, y nos causa una particular alegría el que las relaciones ecuménicas entre las Iglesias, en un clima de amabilidad, respeto y oración, estén sirviendo de buen ejemplo a los hombres en otros campos.

Ha aludido usted a la reciente confirmación por parte del pueblo británico de la decisión de continuar los estrechos lazos con los otros países europeos. Rogamos para que el más amplio alcance, que se ofrece así a la amistad mutua y a la preocupación común por las necesidades de los menos afortunados, sea un estímulo eficaz para consolidar la hermandad entre los hombres y la estabilidad y la paz entre las naciones.

Las dificultades mencionadas por usted que impiden una plena comprensión y cooperación en Irlanda del Norte son una fuente de ansiedad también para nosotros. Recordamos a todos que la violencia y el odio son ofensas abominables a los ojos de Dios, y que el amor y respeto mutuos son la mejor y más eficaz contribución a una justa paz. Bendecimos los esfuerzos de todos aquellos que buscan realmente una solución con medios que están de acuerdo con la ley de Dios y que redundan en beneficie de todos los ciudadanos sin distinción.

Excelencia, mientras le aseguramos que puede usted contar con la cooperación de la Santa Sede para el cumplimiento de su misión, encomendamos a Dios Omnipotente, a usted, a su familia y a las autoridades y pueblo de su querida nación.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.30, p.8.

 

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