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  DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL GRAN MAESTRE DE LA ORDEN DE MALTA*

Jueves 10 de julio de 1975 

 

También este año renueva el placer de recibir en audiencia al gran maestre de la Orden de Malta y a los miembros del soberano consejo que le acompañan. Pero la satisfacción del encuentro de hoy es aún mayor y más sincera, porque se Nos ofrece con él la ocasión de expresar personalmente Nuestro agradecimiento por la contribución generosa y activa que la Orden ha dado al desarrollo del Año Santo al poner a disposición hombres y medios técnicos para el funcionamiento continuo de un puesto de socorro junto a la Basílica Vaticana.

La iniciativa se ha revelado oportuna más aún, indispensable, tanto por la eficacia de los servicios en las necesidades siempre nuevas que crea la enorme afluencia de peregrinos, especialmente ciertos días de la semana, como por la solicitud con que esos servicios son prestados.

Nos alegra, por tanto, expresaros Nuestro reconocimiento: el espíritu de dedicación de la Orden ha encontrado ahora esta nueva forma de compromiso para dar testimonio público del espíritu de caridad, inspirado en el Evangelio y transmitido a través de sus más puras tradiciones seculares, que la anima desde dentro. Es un signo de vitalidad, de juventud espiritual, de adaptación generosa a la, exigencias del momento.

Nos formulamos votos para que este espíritu de servicio, del que Cristo es para todo nosotros modelo supremo (cf. Jn 13, 1-17) continúe suscitando, incluso después del Jubileo, un fervor de iniciativas benéficas en favor del prójimo sufriente y necesitado. Las necesidades son grandes y aumentan cada día: la pobreza oculta de los grandes centros urbanos, las exigencias de promover el desarrollo – hospitales, casas, escuelas – de los pueblos que tienden a una plena igualdad de derechos respecto a los más dotados, son la piedra de toque de los creyentes de hoy, para quienes el Evangelio debe ser realmente un programa inagotable y una llamada urgente a ver y servir a Jesús en los más pequeños de sus hermanos (cf. Mt 25, 40-45) : son los que sufren los pobres, los marginados, los analfabetos, los leprosos, etc.

Nos alentamos de todo corazón todos los esfuerzos que la benemérita Orden realiza y que desea incrementar como perenne el recuerdo de su compromiso en este Año Santo, y Nos impartimos a los aquí presentes así como a todos los miembros extendidos por el mundo, Nuestra particular bendición apostólica.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.31, p.3.

 

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