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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL PRESIDENTE DE UGANDA
*

Jueves 10 de septiembre de 1975

 

Señor Presidente:

Al recibir hoy a Su Excelencia y a los miembros de su séquito, deseamos ofrecer una nueva demostración de nuestro respeto, estima y amor a Uganda. Hemos tenido muchas ocasiones para repetirlo recientemente; pues hemos tenido la satisfacción de dirigirnos varias veces a los diferentes grupos de peregrinos que desde su país han venido a la ciudad de Roma, lo que nos ha dado ocasión de evocar con frecuencia nuestra memorable visita a Uganda y los especiales lazos de afecto que nos unen al pueblo de su país. Y nuestra voz ha sido recia y clara al exhortar a los peregrinos a ser fuertes en su fe religiosa y en sus consecuencias, entre las que está la de prestar servicio como ciudadanos ejemplares y la de amar a sus hermanos. Nos ha complacido de veras recibir estas peregrinaciones y estamos muy agradecido por la generosa ayuda que las ha hecho posibles. Usted puede estar seguro de que nuestra exhortación, hoy y siempre, es fiel mensaje de fraternidad y de paz, una llamada al amor y al servicio.

Hace pocos días hemos tenido la complacencia de recibir la respuesta de Su Excelencia sobre algunos recientes acontecimientos relacionados con misioneros católicos en Uganda, asegurándonos que el personal religioso extranjero será siempre bienvenido en su país, como lo será también la contribución de dicho personal al desarrollo, tanto espiritual como material, de las comunidades locales.

Nos complace repetir lo que hemos manifestado algunas veces al escribir a su Excelencia, a saber, que los católicos de Uganda, lo mismo que los misioneros católicos que les asisten, están dispuestos a colaborar, dentro de los límites de sus posibilidades, con otros grupos cristianos y no cristianos„ para el bienestar de todos los hombres de su nación. Más aún, miramos hacia adelante hacia el día en que, gracias también, a los incansables esfuerzos de los misioneros, será posible poner completamente en las manos de hijos de Uganda, a los que queremos reiterar nuestra plena confianza, la dirección de las actividades de la Iglesia.

Con esta feliz ocasión, invocamos de nuevo cordialmente sobre Uganda las más escogidas bendiciones del Omnipotente.

 


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.37, p.4.

 

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