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DISCURSO DEL SANTO PADRE
PABLO VI AL SECRETARIO GENERAL DE LA CONFERENCIA
DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE LOS ASENTAMIENTOS HUMANOS*
Miércoles, 24 de septiembre de 1975
Señor Secretario General,
Con mucho gusto
aprovechamos la ocasión que se nos ofrece para manifestaros la
importancia que nos atribuimos a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los
Asentamientos Humanos, que debe celebrarse el próximo año en Vancouver, y para
expresaros nuestra viva satisfacción por el ardor y la competencia con las
cuales asume Usted la responsabilidad de su preparación.
El problema del medio humano
es uno de los mas urgentes y graves que se presentan hoy a la
Humanidad. En el curso de los próximos años, las condiciones generales del medio
humano van a cambiar en muchos países, no solamente en las zonas urbanas, sino
también en el campo y en las diversas formas de vida rural.
El rápido
crecimiento de la población, su concentración, el acelerado éxodo de las
poblaciones rurales hacia las ciudades, las transformaciones de la vida
económica, un régimen nuevo de movilidad humana, la extensión a toda la
población de una instrucción de base y de posibilidades culturales mayores, son,
a nuestro juicio, los principales factores de este cambio. La aspiración
tan legítima del hombre a una mejor calidad de vida exige una vivienda que no
sea solamente un abrigo contra la intemperie, sino que favorezca la propia
realización del hombre en sus necesidades materiales, culturales y espirituales,
y contribuya de este modo al crecimiento de esa parte más humana que hay en el
hombre.
Por distintas que puedan ser
las formas, la vivienda, para ser verdaderamente humana, debe satisfacer
exigencias fundamentales, insuficientemente reconocidas hasta ahora. Estas exigencias son de dos categorías : unas
atañen a la vida
privada, personal y familiar; las otras, a la vida social. En primer lugar hay
que asegurar posibilidades de aislamiento, de calma, de intimidad,
indispensables tanto a la vida personal como a la vida familiar. A las familias se les debe dotar de un alojamiento proporcionado
al número de hijos, que haga posible una vida normal y el desarrollo cultural y
espiritual de todos, sin provocar una limitación de nacimientos. Otras
exigencias se refieren a la necesidad de apertura, de encuentros, de
intercambios y de enriquecimiento mutuo. Todo ello implica una
concepción apropiada de las ciudades, de las villas, de los pueblos y de su
disposición en el espacio.
Es verdad que
para satisfacer estas exigencias no es suficiente el medio. Son necesarios
también los establecimientos dedicados a servicios colectivos, unos de orden
material y otros que respondan a las necesidades culturales y espirituales.
Tales equipos colectivos deben dotar al individuo y a la familia de los
servicios que faltan en su alojamiento; al mismo tiempo deben ofrecer la ocasión
de encuentros, de contactos que respondan a las exigencias de apertura de la
vida privada y permitan formas de vida social más personalizadas. Algunos de
estos equipos merecen una mención particular, a causa de su importancia humana y
social, y porque frecuentemente son los más olvidados: asilos para acoger
durante el día a los hijos de mujeres que trabajan; terrenos y establecimientos
deportivos, hogares culturales, hogares para ancianos, lugares de reunión de
distintas clases, especialmente para los jóvenes. En este contexto, debe
colocarse, también la dotación de lugares de culto, pues el hombre tiene
necesidades espirituales y religiosas que no encuentran su plena satisfacción
sino en las expresiones sensibles y comunitarias.
Sin embargo,
por muy deseable que sea poder ofrecer al hombre una vivienda que responda de la
mejor manera posible a sus legítimas aspiraciones, es claro que, en cuestión de
medio humano, debe darse prioridad absoluta al asegurar a todos las
condiciones mínimas para una vida decente. Nos sabemos que
actualmente, en la mayoría de los casos, esta exigencia no está satisfecha y que
la realización de un medio adecuado sigue siendo uno de los más graves problemas sociales. Pensamos en el gran número de seres
humanos que todavía no tienen alojamiento, o que no disponen sino de cobijos
miserables, desprovistos de las comodidades más elementales, como nos vemos
proliferar en la periferia de las grandes ciudades. Pensamos especialmente en el
gran número de familias, de jóvenes, de ancianos, de trabajadores emigrantes,
que son acomodados en condiciones indignas del hombre. Estas situaciones son
tanto más lastimosas cuanto, con frecuencia, a poca distancia de estos barrios
miserables, se instala el lujo en residencias suntuosas; sin pasar por alto que
estas deplorables situaciones son agravadas por los que especulan en
campo inmobiliario para procurarse beneficios excesivos.
Hacer cesar
este estado de cosas constituye una de las más imperiosas y urgentes exigencias
de la justicia, porque el derecho a la vivienda es uno de los derechos
fundamentales del hombre.
Nos alegramos,
Señor Secretario, de ver inscrita en el programa de la Conferencia la
preocupación por un medio que responda plenamente a todas las
exigencias del hombre. Contad con nuestro pleno apoyo a fin de que esta
Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos pueda
contribuir a preparar para todos los habitantes de la tierra un medio
conveniente y verdaderamente humano.
*Insegnamenti di Paolo VI, vol. XIII,
p.980-982.
L'Osservatore Romano,
26.9.1975, p.1, 2.
ORe n.39 p.12.
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