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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE LOS PAÍSES BAJOS

 ANTE LA SANTA SEDE
 *

Jueves 23 de octubre de 1975

 

Señor Embajador:

Nos os agradecemos vivamente las amables palabras que acabáis de dirigirnos. Por nuestra parte, Nos deseamos también expresaros cuán sensible somos a los sentimientos que nos habéis transmitido en nombre de Su Majestad la Reina Juliana, y Nos os rogamos que os hagáis ante vuestra Soberana el intérprete de los deferentes y fervientes deseos que Nos formulamos por su augusta persona y por el Reino de los Países Bajos.

En este día, en que asumís el cargo de representar a vuestro noble país ante la Santa Sede en calidad de Embajador extraordinario y plenipotenciario, Nos formulamos los mejores votos por el cumplimiento de vuestra alta misión al lado de los distinguidos representantes de numerosos pueblos de todos los continentes. Esta feliz circunstancia Nos permite manifestar una vez más los sentimientos de afecto que Nos guardamos para la querida nación holandesa, de tan rica vitalidad, siempre dispuesta a las iniciativas generosas de las que un gran número le son inspiradas por sus tradiciones cristianas, y entre las que Nos queremos recordar especialmente la meritoria contribución dada por tantos de sus hijos a la obra de evangelización y promoción humana en el mundo.

Habéis evocado brevemente, Excelencia, las principales orientaciones muy recientemente enunciadas en el discurso del Trono por Su Majestad la Reina; ellas están inspirando los compromisos internacionales de vuestro país. Nosotros tenemos la persuasión, como en múltiples ocasiones lo hemos recordado, de que el servicio activo y generoso por la paz es no sólo el mejor servicio que un país puede ofrecer a la humanidad, sino que es también la mejor manera de asumir humanamente su propio futuro.

Nos alegramos, pues, al ver que los Países Bajos toman con seriedad los deberes que corresponden a todos los países desarrollados para con los que se están menos favorecidos. Deseamos que esa justa concepción inspire y sostenga una acción, deseosa de generosidad y desinterés, en todos los campos en los que una percepción exacta de todas las dimensiones éticas del hombre, tanto en el plano familiar como a nivel social, condicione la eficacia de las realizaciones propiamente económicas. La Iglesia católica, cuya misión específica consiste en llevar a los hombres el mensaje de salvación contenido en el Evangelio, no puede menos de congratularse al ver que las orientaciones de un país, que por tantos títulos le es querido, se inspiran en un ideal verdaderamente humano, e invita cordialmente a todos sus hijos a colaborar en tal esfuerzo.

Nos os manifestamos con todo ello, señor Embajador, el espíritu con que hoy os recibimos. Renovándoos nuestro augurio por el fructuoso desarrollo de vuestra misión, Nos pedimos al Señor os conceda a Vos, así como a las poblaciones de los Países Bajos y a sus gobernantes, la abundancia de sus bendiciones.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.44, p.4.

 



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