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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE
LA REPÚBLICA DEL NÍGER
 ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 11 de diciembre de 1975

 

Señor Embajador:

Nuestros primeros sentimientos serán para expresaros el agradecimiento por las amables palabras que acabáis de pronunciar y para deciros cuánto Nos alegra recibir hoy al nuevo representante de la República del Níger. Os espera una noble misión. La deseamos fecunda, seguro de que los lazos de amistad que ya existen entre la Santa Sede y vuestro país se estrecharán más todavía durante vuestra misión. Nos os pedimos también que os dignéis transmitir nuestro más deferente saludo a Su Excelencia el Teniente Coronel Seyni Kountché, Jefe del Estado, con Nuestros votos por sus graves responsabilidades y Nuestro aliento para el pueblo nigerino.

Nos vivimos en una era difícil. Por desgracia, casi no hay necesidad de enumerar las situaciones de conflicto, que no respetan ningún continente, ni los problemas económicos o sociales, a veces tan graves, a los que tienen que hacer frente tantas naciones. Además no es fácil asegurar un progreso y desarrollo, cuando ciertas condiciones naturales son poco favorables, o cuando acaba de abatirse sobre toda una región una plaga como la que habéis conocido hace poco. Por eso, los esfuerzos de superación son más meritorios. Pero los ciudadanos del mundo entero tendrían que sentirse todavía más solidarios y aprender a compartir. ¿No son los hombres hermanos, al tener un mismo Dios? Musulmanes, cristianos y demás creyentes, todos juntos pueden colaborar en la construcción de un bien común, dando así el testimonio vivo de lo que debe ser la fraternidad humana, y edificando una sociedad orientada hacia lo Absoluto.

Nos estamos seguro de que ésta es la imagen que en Níger ofrece la pequeña comunidad católica. Respetuosa con las convicciones de sus vecinos, sus miembros cooperan al esfuerzo nacional con toda lealtad, aportando su contribución específica, los recursos de su fe, las razones de su esperanza y su ideal de amor. He aquí lo que constituye un motivo de confianza para el futuro.

¡Ojalá los años próximos vean reforzarse el diálogo y la estima mutua! Este es el deseo que ahora Nos presentamos al Todopoderoso, invocando su benevolencia sobre vuestro país, sobre sus dirigentes y sobre la persona de Vuestra Excelencia.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1976 n.2, p.2.

 

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