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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL EMBAJADOR DEL PARAGUAY ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves18 de diciembre de 1975

Señor Embajador,

Hemos escuchado atentamente las deferentes expresiones que acaba de pronunciar Vuestra Excelencia, en este acto solemne de presentación de sus Cartas Credenciales, como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Paraguay ante la Santa Sede. Con nuestra gratitud le damos también nuestra más cordial bienvenida.

A través de sus palabras, se nos ha dado percibir una vez más, con gran satisfacción por nuestra parte, los ecos de cómo se vive, entre los paraguayanos, la devoción a la Santa Sede: una devoción fiel y sentida, manifiesta a su vez en la natural adhesión que suscitan en los ánimos nuestras llamadas e iniciativas en orden a hacer realidad la tan deseada paz entre los hombres y las naciones, que constituye uno de los objetivos primordiales de nuestro Pontificado.

No dudamos que el Gobierno del Paraguay, al que representa Vuestra Excelencia, habrá sabido interpretar estos sentimientos del espíritu paraguayano como expansión noble, no menos que fecunda y anhelante, del propio patrimonio cultural y moral, en cuya formación y sucesivo afianzamiento en la conciencia de las personas y de la misma sociedad ha tenido un papel de relevante significado la continua, intensa y desinteresada labor de la Iglesia.

Podemos asegurarle, Señor Embajador, que no le faltará al pueblo paraguayano esta presencia animadora de la Iglesia, infundiendo la visión iluminadora de la fe que manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre (Cfr. Gaudium et Spes, 11).

Esto mismo nos hace abrigar la esperanza de que los hijos del Paraguay, guiados por esta misma fe, no cejarán en sus propósitos de participar activamente en la construcción de una sociedad, donde la persona humana pueda realizarse conforme a su dignidad y puedan fructificar copiosamente los valores de la convivencia y la fraternidad cristianas.

Señor Embajador: Al desearle un desarrollo feliz y fecundo de la alta misión que hoy inicia, le rogamos que trasmita al Señor Presidente de su País nuestro sincero agradecimiento por su saludo y sus votos, mientras invocamos sobre todos los queridos hijos del Paraguay copiosas bendiciones divinas.


*AAS 68 (1975), p.123-124.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. XIII, p.1534-1535.

L’Attività della Santa Sede 1975, p.420-421.

L'Osservatore Romano 19.12.1975, p.9.

L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1976 n.1, p.8.

 

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