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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE
L REINO DEL LESOTHO
 ANTE LA SANTA SEDE
*

Sábado 20 de diciembre de 1975

 

Señor Embajador:

Nos sentimos feliz al recibir de Vuestra Excelencia las Cartas Credenciales que os nombran Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del reino de Lesotho, y os damos la más sincera bienvenida.

Con gran alegría devolvemos los buenos deseos que nos habéis traído en nombre de S, M. Moshoeshoe II, a quien os rogamos transmitáis nuestro cordial saludo.

Apreciamos de modo particular las alabanzas que habéis tributado a la aportación de la Santa Sede para la solución de los problemas del mundo. Cuando tuvimos el honor de visitar África, dijimos: "La vida cristiana es de gran importancia también para la vida en la tierra; es importante para toda actividad humana, para todos los que viven juntos en sociedad; para la familia, la escuela, el trabajo; para la paz entre todas las clases sociales, entre las tribus, entre las naciones" (Alocución en el santuario de Namugongo, 2 agosto de 1969; AAS 61, 1969, pp. 589-90).

Desgraciadamente subsisten aún diversas formas de discriminación que luchan contra la paz entre los hombres; en particular la discriminación racial, a la que habéis aludido, y que tanto pesar nos causa. La lucha contra tales violaciones de los derechos humanos debe hacerse, ciertamente, por medios pacíficos, pero debe ser en todo caso vigorosa y apremiante. Es tarea de los hombres que aman la paz y misión de la Iglesia reemplazar estos males inculcando en el corazón de todos los hombres el reconocimiento del dominio de Dios- y de la dignidad humana.

Señor Embajador, al recibir esta semana a unos peregrinos del Año Santo, provenientes de Lesotho, les pedíamos que a su vuelta a casa "contaran a todos nuestro amor y aprecio en el Señor" (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 28 de diciembre de 1975, pág. 12). Ahora rogamos a Vuestra Excelencia que transmita idéntico mensaje a las autoridades y a todo el pueblo de su querido país, y al hacerlo aseguramos a Vuestra Excelencia que nuestro interés por Lesotho continuará siendo cordial y sincero. El empeño de la Iglesia en obras de caridad para el bien de todo el hombre no se debilitará. Igualmente reciba usted la seguridad de toda la ayuda posible. Añada a ello nuestras oraciones, recordando que cuando oramos por todos ustedes, lo hacemos con alegría (cf. Flp 1, 4).

Os prometemos la voluntad de la Santa Sede por cooperar en el cumplimiento de vuestra misión.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1976 n.4, p.8.

 

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