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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE BOLIVIA
ANTE LA SANTA SEDE*
Lunes 5 de abril de 1976
Señor Embajador,
Nos alegramos de recibir hoy a Vuestra Excelencia en este acto solemne,
en que nos presenta las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y
Plenipotenciario de la República de Bolivia ante la Santa Sede, a la vez que nos
es grato darle nuestra más cordial bienvenida.
Han sido para Nos motivo de íntima complacencia y profundo aprecio las
expresiones que acaba de pronunciar Vuestra Excelencia, haciéndose eco del
sentir común de los Bolivianos. A través de sus palabras hemos podido apreciar,
una vez más, uno de los trazos que con mayor intensidad y nitidez marcan el
ánimo de su pueblo, es decir, esa silueta espiritual que la Iglesia «Madre y
Maestra» ha ido configurando con su presencia secular en las personas y en las
instituciones bolivianas.
Si, mirando al pasado, el patrimonio de la fe, del que es dispensadora la
Iglesia, ha constituido una inagotable fuente de dinamismo creador, no es menos
verdad que también en los tiempos actuales -como ha puesto de relieve Vuestra
Excelencia- sigue manteniendo una eficacia singular a la hora de interpretar y
colmar las más profundas aspiraciones de la existencia humana y de los pueblos.
Ciertamente, los anhelos de progreso, tan arraigados y tan ardientes en la
conciencia del hombre moderno, sobre todo de los jóvenes, asumen múltiples
expresiones y necesitan a veces superar factores diversos de índole individual y
social. De ahí que se requiera una compenetración solidaria con el patrimonio
espiritual heredado, mantenido siempre abierto a los interrogantes y esperanzas
de las nuevas generaciones. Con gran satisfacción acabamos de escuchar que
Bolivia ve en esto una pieza básica de desarrollo ya que ese diálogo, animado
por la historia, constituye un signo de madurez cultural, y para lograrlo empeña
todas las posibilidades humanas dirigiéndolas a promover la perfección integral
de la persona y el bien de la sociedad.
En este sentido, la Iglesia en Bolivia, fiel a su misión, no pretende otra
cosa che poner a disposición, como hasta el presente, su experiencia secular,
los resortes morales y espirituales del evangelio, con el fin de hacer
prevalecer siempre, por encima de todo cálculo temporal, los valores inherentes
a la dignidad de la persona, a su libertad dentro del ámbito individual,
familiar y social.
Señor Embajador: Queremos finalmente asegurarle que podrá contar con nuestra
benevolencia continua en el desempeño de su alta misión. Con nuestro saludo para
el Señor Presidente de Bolivia, hágase Vuestra Excelencia portador de nuestros
mejores votos para todos los amadísimos hijos de su noble País, sobre el cual
invocamos las mejores bendiciones divinas.
*AAS 68 (1976), p.272-273. Insegnamenti di Paolo VI, vol. XIV
p.227-228.
L'Osservatore Romano
5-6.4.1976, p.1, 2.
L’Attività della Santa Sede 1976, p.85-86. ORe n.15 p.8. |