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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS OBISPOS DE LAS PROVINCIAS ECLESIÁSTICAS
DE SEVILLA Y GRANADA EN VISITA «AD LIMINA»
Jueves 11 de noviembre de 1976
Señor Cardenal, Señor Arzobispo, Señores Obispos:
Con sumo gusto os recibimos hoy, queridos Hermanos en el Episcopado, Pastores de
los fieles de las Provincias eclesiásticas de Sevilla y Granada, venidos a Roma
para la visita ad limina.
Y nos alegra especialmente acogeros conjuntamente, por vez primera, en una
ocasión tan singular, que testimonia de por sí el íntimo deseo y la vivencia de
la comunión eclesial: comunión de todos con la Sede de Pedro y comunión mutua.
Muy gustosamente queremos expresaros, en esta circunstancia, nuestra
complacencia por la labor que estáis llevando a cabo en vuestras respectivas
diócesis. Con ello confirmáis vuestra determinación de ser signo de la presencia
salvífica de Cristo en medio de la congregatio fidelium. Signo que
no puede ser opaco, sino transparente, testimonio inconfundible del misterio
pascual.
Al mismo tiempo, nuestra complacencia se extiende también a vuestra labor
colegial, como Pastores de las Provincias eclesiásticas que representáis. El
esfuerzo desplegado para conocer mejor y orientar oportunamente a las almas a
vosotros confiadas, tratando de encauzar con sentido cristiano la vida concreta
y la problemática específica de vuestros fieles, merece nuestro aliento y
estimula nuestra plegaria.
En la nueva panorámica que se abre para vuestros fieles, no dejéis de ofrecerles
con claridad la luz de la fe, que sea capaz de guiar sus conciencias abierta y
responsablemente, y que los haga ser buenos cristianos y operantes ciudadanos,
atentos al bien de los demás, de todos.
Finalmente, queremos reservar nuestro especial recuerdo para vuestros sacerdotes,
seminaristas, religiosos y religiosas, encomendándoos una particular atención -como
sabemos está en vuestros ánimos- hacia esos sectores privilegiados de vuestra
grey.
Con estos sentimientos y esperanzas impartimos con gran afecto a vosotros y a
todos los miembros de vuestras respectivas comunidades diocesanas nuestra
cordial Bendición Apostólica.
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