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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS OBISPOS DE LAS PROVINCIAS ECLESIÁSTICAS
DE ZARAGOZA Y BURGOS EN VISITA «AD LIMINA»
Lunes 15 de noviembre de 1976
Venerables hermanos en el episcopado,
Nuestra primera palabra a vosotros, queridos Obispos de las provincias
eclesiásticas de Zaragoza y Burgos, y de algunas otras diócesis que se han
asociado a vosotros, quiere ser la de una cordial y fraterna bienvenida.
Estáis cumpliendo vuestra visita ad limina, y como momento
central de la misma nos procuráis este encuentro gozoso de íntima comunión, que
por parte nuestra quiere también significar una viva participación en vuestras
inquietudes pastorales.
Sabemos bien que son muchas las dificultades que encuentra vuestra acción al
servicio del Evangelio. Por eso queremos alentaros en esa tarea y aseguraros la
certeza de nuestras plegarias para que tal labor sea acertada, fiel a las
exigencias perennes de vuestro ministerio, sensible a las conveniencias nuevas
que se plantean en cada momento de la Iglesia inspirada siempre en vuestra
condición esencial de Pastores de almas.
No cabe duda de que ese ministerio resultará enriquecido, si sabéis reforzar el
sentido de comunión y colaboración mutuas, pues bastantes de los problemas de
vuestras respectivas zonas tienen aspectos o causas comunes. Y no poco podrá
facilitar también vuestra tarea la aportación de vuestros sacerdotes,
colaboradores ordinarios en vuestros desvelos pastorales.
Cuidad, por ello, con esmero primordial de los sacerdotes y de cuantos os ayudan
por título singular, como los religiosos y religiosas, en vuestro cometido
eclesial. Ello potenciará el esfuerzo puesto en formar rectamente la conciencia
de los seglares, para que asuman con plena responsabilidad, cristiana y cívica,
las funciones importantes y delicadas -sobre todo frente al futuro inmediato de
vuestra Patria- que ellos tienen.
Corroboramos estos sentimientos y votos nuestros con una particular Bendición
Apostólica, que de corazón extendemos a todas las almas a vosotros confiadas.
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