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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
AL SEÑOR LUIS CRUZ OCAMPO,
EMBAJADOR DE CHILE ANTE LA SANTA SEDE*


Sábado 30 de diciembre de 1939

 

Señor Embajador:

Los lazos de afecto que unen a esta Sede Apostólica con el pueblo chileno, la recíproca confianza que los caracteriza y que se ha manifestado aún en coyunturas difíciles, aseguran a Vuestra Excelencia una acogida cordial y benévola en armonía con los sentimientos de aquella noble Nación y con la importancia de la honorífica misión que el Excelentísimo Señor Presidente de la República os ha confiado.

Vuestra Excelencia, hablando en nombre de su Gobierno, ha encontrado frases elevadas al reconocer los valores espirituales que la Iglesia Católica ha pregonado por el mundo, y que desde hace casi dos mil años mantiene y promueve a pesar de tantas dificultades y contrariedades, así como también el extraordinario alcance de la aplicación de estos valores, de acuerdo con las necesidades de nuestros tiempos, al vasto y disputado campo del progreso social. Esas palabras son para Nos materia de satisfacción y una prenda de que en lo futuro las relaciones entre la Santa Sede y la República Chilena seguirán desarrollándose en armonía, con ventaja para los verdaderos intereses de aquella Nación y para el bien espiritual y cultural de aquel pueblo.

La Iglesia, cuya mano materna tantea con ansioso desvelo el pulso febril de la humanidad de nuestros días; la Iglesia, cuya pupila perspicaz descubre necesidades, dolores y aspiraciones que a otros se les ocultan; la Iglesia, cuyo oído ausculta en las confidencias de los corazones esos abismos de amargura en que están sumidas las almas de los que se creen víctimas de conscientes o inconscientes injusticias; la Iglesia —decimos— ve con palmaria claridad, y secunda con celo incansable, el imperioso deber de aquella « redemptio proletariorum», que se inició ya en la cueva de Belén, y de la cual Nuestro gran Predecesor habló con tan iluminada y apostólica sabiduría.

Nada se Nos hará más grato, Señor Embajador, que procurar, en grado siempre creciente, al pueblo chileno, a Nos tan querido —en cuyo territorio acabamos de aumentar los medios de una eficaz asistencia espiritual mediante la erección de dos nuevas Archidiócesis— esas ayudas valiosas e insustituibles en el camino de la verdadera prosperidad, que provienen de la doctrina y de la ley de Jesucristo y de una formación individual y social que esté en plena correspondencia con ellas.

La confianza que han fomentado en Nos las palabras de Vuestra Excelencia, de que la Iglesia, en el ejercicio de su misión de verdad y de amor, podrá disfrutar en Chile de la libertad que como a sociedad perfecta le compete y que tan hondamente arraigada está en la conciencia del católico pueblo chileno, Nos autoriza a abrigar la esperanza en un porvenir tranquilo y sereno.

En espera de este halagüeño porvenir, correspondemos cordialmente a los corteses votos que por Vuestro trámite Nos ha formulado el Excelentísimo Señor Presidente de la República, y ofrecemos a Vuestra Excelencia Nuestro benévolo apoyo en el cumplimiento de Vuestro elevado oficio —mientras, a través de la. inmensidad del Océano y por encima de los Andes, enviamos con afecto paterno a todos Nuestros queridos hijos e hijas del lejano Chile Nuestras más copiosas Bendiciones.


*Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pio XII, I,
  Primo anno di Pontificato, 2 marzo 1939 - 1° marzo 1940, pp.459-460
  Tipografia Poliglotta Vaticana.

AAS 32 (1940), p.22-23.

 

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