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DISCURSO DE SU
SANTIDAD PÍO XII
AL SEÑOR JOSÉ MARÍA CASAS BRICEÑO,
EMBAJADOR DE VENEZUELA ANTE LA
SANTA SEDE*
5 de julio de 1942
Señor Ministro:
Las palabras que acaba de pronunciar Vuestra Excelencia,
al presentar las
Cartas Credenciales como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de
los Estados Unidos de Venezuela, prueban la clara visión que tiene de la
importancia, responsabilidad y elevados ideales de su nuevo cargo.
Ellas Nos dicen que Vuestra Excelencia, elegido para tan alta
Misión por la confianza del Excelentísimo Señor Presidente de la República y de
su Gobierno, cifra sus más ardientes deseos en cultivar con sagacidad y cuidado,
en el ejercicio de sus nobles funciones, las relaciones entre la Santa Sede y
Venezuela; y en contribuir a que la acción de la Iglesia en su País se
desenvuelva pacífica y libremente, y pueda así dar el mayor impulso al bien
espiritual y social de su Nación.
¡Felices los pueblos en cuyo suelo se presta oído y obediencia a
la llamada de la Iglesia a la verdad, en medio de una humanidad que la busca
pero que muchas veces yerra extraviada! ¡Felices los pueblos cuyas leyes tutelan
celosamente el precioso tesoro de la santidad del matrimonio cristiano y ponen a
salvo los sacrosantos vínculos de la familia cristiana, fundamento insustituible
de la misma sociedad civil! ¡Felices los pueblos cuyas nuevas generaciones,
gracias a la sabiduría educadora de la Iglesia, crecen y se forman en el sentido
moral de la responsabilidad, sin el que la conducta de los individuos y de las
comunidades se substrae al saludable vínculo de las eternas normas de la ley
divina! ¡Felices los pueblos que en el espíritu del Evangelio encuentran la fuente de aquellos sentimientos de
fraternidad, sin cuyo poderoso estímulo no podrán nunca llegar a soluciones
verdaderamente maduras y vitales los grandes y urgentes problemas de la paz
social y de la concordia internacional!
Con paterna emoción devolvemos los votos que Vuestra Excelencia
Nos ha presentado en nombre del Gobierno y del pueblo venezolano en el año
jubilar de Nuestra Consagración Episcopal. Elevando el corazón y las manos al
Todopoderoso, Nos invocamos la protección divina sobre los Gobernantes y
gobernados, de modo especial en esta fecha, aniversario de vuestra independencia
nacional, en la cual los sentimos tan cerca de Nuestro espíritu. Con esta
plegaria damos de todo corazón al Gobierno y al pueblo venezolano, y
particularmente a Vuestra Excelencia y a su distinguida Familia, la implorada
Bendición Apostólica.
*Discorsi e radiomessaggi, IV, p.129-130.
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