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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ITALIANA
GIOVANNI GRONCHI*

Sala del Tronetto
Martes 6 de diciembre de 1955

 

Nos place manifestar nuestra satisfacción al recibir a Vuestra Excelencia, a quien ha sido encomendado el supremo gobierno del Estado italiano, en presencia del Señor Ministro Secretario de Estado para los Asuntos Exteriores y de las demás personalidades de su séquito.

Nos conocemos bien, señor Presidente, las altas cualidades de vuestro espíritu, vuestra inteligencia, vuestra vasta cultura, vuestra gran maestría en la retórica, así como vuestra singular preparación, como miembro del Parlamento, como Ministro y como Presidente de la Cámara, a la máxima Magistratura de la República.

Nuestros votos y Nuestras bendiciones os acompañan en el ejercicio de las altísimas funciones de Jefe del Estado. Nos deseamos ante todo que Nuestra obra pueda válidamente contribuir a la prosperidad de la Nación y al bienestar de todos los ciudadanos, especialmente al de las clases más humildes y necesitadas, como así también a la conservación e incremento de las cordiales relaciones felizmente existentes en Italia entre la Iglesia y el Estado sobre la base de los Pactos de Letrán, prenda y sello de reconciliación y de concordia; y, por último, el mantenimiento y consolidación de esa paz mundial, que constituye la aspiración y el ansia de todos los corazones.

De tal manera, desde esta Roma, fuente de antigua sabiduría, faro de la civilización, centro del pensamiento y de la fe cristiana, se seguirá derramando sobre Italia y sobre el mundo, en la hora actual, erizada de grandes peligros pero llena a la vez de serena y confiada esperanza, esa perenne luz que resplandece en los siglos como inagotable promesa de vida, de salvación y paz.

Y mientras con tales sentimientos Nos elevamos a Dios Nuestras fervorosas oraciones, Nos impartimos de corazón a Vuestra Excelencia, a vuestra familia, a los miembros del Gobierno, a los señores aquí presentes y a todo el tan querido pueblo italiano, Nuestra paternal Bendición Apostólica.


*ORe (Buenos Aires), año 5, n°216, p.2.

 

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