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DISCURSO DEL SANTO PADRE PÍO XII
AL DIRECTOR Y ALUMNOS DEL CONVICTO SACERDOTAL
«SAN JOSÉ ORIOL» DE BARCELONA
*

Sala del Trono
Viernes 14 de junio de 1957

 

Amadísimos hijos, Director y alumnos del nuevo Convicto sacerdotal de la diócesis de Barcelona, que, para clausurar las actividades del primer año de vida de vuestro Centro, habéis querido hacernos esta visita, dándonos al mismo tiempo el consuelo de poder bendeciros y dirigiros una palabra de aprobación y de aliento. Muchas veces lo hemos hecho en ocasiones semejantes a la vuestra y por eso podría bastar referirnos a lo ya dicho. Pero precisamente para demostraron Nuestro especial amor a vuestra institución naciente, a la gran diócesis que representa y a toda la juventud sacerdotal, en la que la Iglesia tiene puestas tantas esperanzas, deseamos sugeriros, casi en forma esquemática, algunas ideas, que bien podrían ser luego objeto de vuestras reflexiones. Es, si queréis que os lo presentemos así, el Padre de vuestras almas, que os invita a meditar sobre tres cuestiones que os interesan directamente.

1. Y, primero de todo, la necesidad de Convictos, corno el vuestro, donde la juventud sacerdotal se detenga algún tiempo a fin de prepararse de modo especial para el apostolado que le espera;

a) así parece que lo exige el mundo moderno, donde es cada vez mayor la difusión del estudio y de la cultura, y donde con facilidad en el día de hoy, además del nivel medio superior, no será raro encontrar verdaderas minorías selectas, que exigen justamente de sus pastores y guías una preparación, que acaso en los decenios precedentes no parecía tan indispensable;

b) así parece que lo pide igualmente la evolución de la técnica y de la especialización en los mismos medios de apostolado, que van convirtiéndose casi en una verdadera ciencia, a la que es menester acercarse con cuidado, huyendo de peligrosas improvisaciones y preparándose de un modo más consciente y metódico, para mayor eficacia del trabajo propio y mayor aprovechamiento de unas fuerzas, cuya desproporción con las necesidades se va agudizando, podríamos decir, todos los días.

c) así, finalmente, lo reclama la necesidad de conceder un período especial de formación interior a quien ha terminado los estudios y, al verse ahora de frente a la realidad de la vida, puede comprender con mayor conocimiento de causa la necesidad de este espíritu sobrenatural en medio de un mundo que presenta cada vez más atractivos naturales, mientras que en su vértigo cotidiano ofrece cada vez menos facilidades para ese reposo y esa consideración que deben nutrir el alma del apóstol.

2. Porque esta es una de las características de nuestros amados hijos, los jóvenes sacerdotes, que ansían ir siempre adelante en todos los campos, como quien busca algo indefinible, algo nuevo, sobre todo en el campo social, cuyas exigencias cada vez más se imponen por sí mismas. En todos los momentos y en todas las oportunidades, esta Cátedra de Pedro no ha dejado de iluminar cada uno de los problemas y de dar las oportunas directivas, según las circunstancias lo iban pidiendo. Por eso mismo hoy querríamos limitarnos a recordaros:

a) que para vosotros, progreso no significa una búsqueda ansiosa de principios nuevos, sino más bien la aplicación más exacta de aquellos antiguos y eternos, que en el Evangelio han tenido su formulación principal;

b) que eso mismo ha de procurarse, no en forma agitada y tumultuosa, sino más bien con la habitual prudencia y medida que el espíritu maternal de la Iglesia sabe poner en todas las cosas, tan contrario a toda violencia y a cualquier otro exceso, que no podría ir de acuerdo con la función sacerdotal;

c) y que debe huirse, sí, de la pasividad y aun de la tranquila e interesada aquiescencia, que podría tener incluso aire de complicidades en un determinado sentido, pero sin caer en el exceso de entregarse completamente al sentido opuesto, ignorando que el ministro del Señor tiene una misión determinada, en la que entran todos los elementos que forman la sociedad y no hoy preferentemente los unos y mañana exclusivamente los otros.

3. Por fin, esta misma clase de preocupaciones, tan característica de nuestro tiempo y en las que la Iglesia no sólo no se queda atrás, sino que ha sido y sigue siendo siempre la primera en vanguardia, no deben de tal manera absorber vuestros pensamientos que os hagan olvidar:

a) que la misión del sacerdote, aunque no puede desinteresarse de todas estas premisas, tiene como objeto principal las almas, la continuación del sacerdocio eterno de Cristo, la gloria del Padre que está en los cielos y la eterna felicidad de todas las ovejuelas confiadas a sus cuidados, a las que debe enseñar a ver los trabajos de esta vida como un medio de ganarse los premios eternos, de mucho más valor y duración;

b) que para un cristiano, la solución de tantos problemas como impone la organización social de nuestros días, no puede estar en una lucha exacerbada hasta llevar a la exasperación y a la ruptura, sino más bien en una armonía sabiamente buscada a la luz de los principios eternos y diligentemente procurada de común acuerdo;

c) que más allá del campo de la justicia, de esa justicia que no hay dificultad en exigir cuando se hace con espíritu sano y con medios lícitos, se extiende el dominio mucho más dilatado de la caridad, donde será menester acudir cuando no bastan las soluciones que la justicia procura.

Vuestro Convicto cierra ahora el primer año de vida. Que el Señor le conceda tantos cuantos Nuestro corazón le desea, para mucho provecho de vuestra amadísima diócesis.

Hay entre vosotros algunos que han escogido como campo de apostolado aquellas tierras de ultramar, donde mayormente se siente la escasez de brazos apostólicos. Que la infinita generosidad del Corazón de Jesús, en cuyo mes estamos, les recompense este sacrificio y se lo pague con abundancia de gracias.

Estáis haciendo un viaje de estudios pastorales por algunas ciudades de Italia. Que el Sumo y Eterno pastor de las almas bendiga esta iniciativa tan inteligente como fraterna, pues sin duda ninguna no es poco lo que se puede aprender observando con sencillez el trabajo de los demás.

Y que la bendición de Dios Omnipotente descienda sobre vosotros, sobre vuestro Convicto, sobre vuestro futuro apostolado y sobre todos vuestros proyectos y deseos, no menos que sobre vuestras familias y amigos.


* Discorsi e Radiomessaggi, vol. XIX, págs. 271-273.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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