La Santa Sede ha asistido con profundo dolor al desarrollo de
los últimos acontecimientos en Irak. Por una parte lamenta que el gobierno
irakí no haya acogido las resoluciones de las Naciones Unidas ni el
llamamiento del Papa que pedían un desarme del país. Por otra parte deplora
que se haya interrumpido el camino de las negociaciones, según el derecho
internacional, para una solución pacífica del drama irakí.
En esta situación, se ha tenido noticia con satisfacción, de
que las diversas instituciones católicas en Irak, siguen llevando a cabo su
actividad de asistencia a esas poblaciones. Para contribuir a esa obra de
solidaridad, también la Nunciatura Apostólica, regida por el arzobispo
Fernando Filoni, seguirá abierta en este período, en su sede de Bagdad.