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OFICINA DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL
SUMO PONTÍFICE
CELEBRACIÓN ECUMÉNICA
PRESIDIDA POR EL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON EL PATRIARCA ECUMÉNICO
DE CONSTANTINOPLA BARTOLOMÉ I
PARA LA ENTREGA DE LAS RELIQUIAS DE LOS
SANTOS GREGORIO NACIANCENO Y JUAN CRISÓSTOMO
OBISPOS Y DOCTORES DE LA IGLESIA
Basílica Vaticana, 27 de noviembre de 2004
Las reliquias de los dos
Doctores en la Basílica Vaticana
San Gregorio Nacianceno
San Gregorio Nacianceno, arzobispo de Constantinopla y doctor
de la Iglesia, llamado "el Teólogo" por los orientales, murió en torno al año
390. Fue sepultado en su pueblo natal, en las cercanías de Nacianzo
(Capadocia, en la actualidad Turquía), donde se había retirado para dedicarse
a la vida contemplativa. Posteriormente, sus restos mortales fueron llevados y
venerados en Constantinopla. El traslado de las reliquias a Roma está
íntimamente vinculado a la historia del monasterio de las benedictinas de
Santa María en el campo de Marte y del anexo oratorio de San Gregorio "de
Nacianzo". Según la tradición, las veneradas reliquias fueron traídas a Roma
por algunas monjas bizantinas de Santa Anastasia en Constantinopla, para
evitar las persecuciones iconoclastas de los emperadores León III y
Constantino V en el siglo VIII. Desde la iglesia de Santa María en el campo de
Marte las reliquias fueron trasladadas, muy probablemente en la época del Papa
León III (795-816), al cercano oratorio, que por ello fue denominado "San
Gregorio". En un documento de junio del año 986 se halla el nombre de la
abadesa Ana del monasterio de Santa María y de San Gregorio Nacianceno, "qui
ponitur in Campo Martio". Durante todo el Medievo, las reliquias del santo
Doctor se veneraron en este monasterio.
El Papa Gregorio XIII (1572-1585), cuando en la nueva basílica vaticana se
completó la primera capilla y se abrió al público, la inauguró el 12 de
febrero de 1578, primer domingo de Cuaresma, colocando en ella la imagen de la
"Virgen del Perpetuo Socorro", ya venerada en la antigua basílica. El mismo
Papa, deseando enriquecer el mayor templo de la cristiandad con reliquias de
santos insignes de la Iglesia, pidió a las monjas de Santa María en el campo
de Marte poder transportar los valiosos restos de san Gregorio Nacianceno,
hacia el que sentía una profunda devoción y admiración, a la basílica vaticana
que se estaba erigiendo. Para favorecer la cesión por parte de las monjas, el
Papa les dejó una reliquia perteneciente al brazo del santo.

El solemne traslado tuvo lugar el 11 de junio de 1580 y el
maestro de las ceremonias pontificias, Francesco Mucanzio, dejó una detallada
descripción de la memorable ceremonia. Gregorio Nacianceno fue así el primer
santo que se colocó y veneró oficialmente en la nueva basílica vaticana, junto
al Apóstol san Pedro. Las veneradas reliquias, conservadas en el interior de
una antigua urna de bronce, cerrada con los sellos del Papa Gregorio XIII y
metida, a su vez, en una caja de madera revestida de una tela preciosa, fueron
depositadas dentro del altar de la capilla Gregoriana, donde se custodiaban.

El 19 de agosto de 2004, por voluntad del Santo Padre Juan Pablo II, se abrió
el altar y se retiró del arca de bronce una gran parte de las reliquias de san
Gregorio para entregárselas al Patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé
I.
San Juan Crisóstomo
San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla y doctor de la Iglesia, murió
en el destierro el 14 de septiembre del año 407 y fue sepultado junto a san
Basilio mártir, en la homónima capilla de Bizeri, junto a Comana Póntica, en la
actual Turquía.
Las reliquias del santo fueron trasladadas a Constantinopla por voluntad del
emperador Teodosio, a petición del Patriarca Proclo. El 27 de enero del año 438
los restos mortales fueron colocados solemnemente en la iglesia bizantina de los
Santos Apóstoles. Posteriormente, en tiempos del imperio latino de
Constantinopla (1204-1258), las veneradas reliquias fueron traídas a Roma. Aquí
fueron depositadas en la antigua basílica vaticana, en la sala situada entre las
dos "capillas redondas" de santa Petronila y de san Andrés, dentro de un altar
coronado por un ciborio con cuatro columnas de pórfido.
Con la construcción de la nueva basílica, al demolerse la capilla de Santa
Petronila y la sala adyacente, las reliquias del santo doctor fueron
trasladadas, en 1567, a la capilla circular de San Andrés y colocadas en la
capilla de los santos Lamberto y Servacio, que se denominaba "de las reliquias"
por las abundantes e importantes reliquias de santos allí conservadas.
El Papa Urbano VIII (1623-1644), considerando demasiado humilde y escondido este
lugar para un doctor de la Iglesia tan importante, decretó que las preciosas
reliquias se pasaran a uno de los lugares más espléndidos de la basílica, el
coro de los canónigos, recién acabado.

El 1 de mayo de 1626 los restos mortales
de san Juan Crisóstomo fueron trasladados solemnemente a la nueva capilla del
coro, junto a la nave izquierda de la basílica de San Pedro, y fueron puestos en
una urna romana de granito gris, encerrada en el altar.
Con la reestructuración
del altar de la capilla del coro, acaecido en agosto de 1990, las preciosas
reliquias, contenidas en una caja de plomo, insertas en otra caja de madera,
fueron depositadas nuevamente en el mismo altar, donde se veneran actualmente.

El 24 de agosto de 2004, por voluntad del Papa Juan Pablo II, se abrió el altar
y se retiró de la caja una parte de las reliquias de san Juan Crisóstomo para
dársela al Patriarca Bartolomé I.
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