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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA
PRIMERA ESTACIÓN Jesús es
condenado a muerte
V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26
Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el
Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió :«pues ¿qué
mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces
les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo
crucificaran.
MEDITACIÓN
El Juez del mundo, que un día volverá a juzgarnos, está allí, humillado,
deshonrado e indefenso delante del juez terreno. Pilato no es un monstruo de
maldad. Sabe que este condenado es inocente; busca el modo de liberarlo. Pero
su corazón está dividido. Y al final prefiere su posición personal, su propio
interés, al derecho. También los hombres que gritan y piden la muerte de Jesús
no son monstruos de maldad. Muchos de ellos, el día de Pentecostés, sentirán
«el corazón compungido» (Hch 2, 37), cuando Pedro les dirá: «Jesús
Nazareno, que Dios acreditó ante vosotros [...], lo matasteis en una cruz...»
(Hch 2, 22 ss). Pero en aquel momento están sometidos a la influencia
de la muchedumbre. Gritan porque gritan los demás y como gritan los demás. Y
así, la justicia es pisoteada por la bellaquería, por la pusilaminidad, por
miedo a la prepotencia de la mentalidad dominante. La sutil voz de la
conciencia es sofocada por el grito de la muchedumbre. La indecisión, el
respeto humano dan fuerza al mal.
ORACIÓN
Señor, has sido condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha
sofocado la voz de la conciencia. Sucede siempre así a lo largo de la
historia; los inocentes son maltratados, condenados y asesinados. Cuántas
veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra
reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la
conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación.
Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra
vida. El día de Pentecostés has conmovido en corazón e infundido el don de la
conversión a los que el Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has
dado esperanza a todos. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de la
conversión.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
© Copyright 2005 - Libreria
Editrice Vaticana
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