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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA
CUARTA ESTACIÓN Jesús se
encuentra con su Madre
V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto
para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida:
así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te
traspasará el alma». Su madre conservaba todo esto en su corazón.
MEDITACIÓN
En el Vía crucis de Jesús está también María, su Madre. Durante su vida pública
debía retirarse para dejar que naciera la nueva familia de Jesús, la familia de
sus discípulos. También hubo de oír estas palabras: «¿Quién es mi madre y
quiénes son mis hermanos?... El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo,
ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mt 12, 48-50). Y esto
muestra que ella es la Madre de Jesús no solamente en el cuerpo, sino también en
el corazón. Porque incluso antes de haberlo concebido en el vientre, con su
obediencia lo había concebido en el corazón. Se le había dicho: «Concebirás en
tu vientre y darás a luz un hijo... Será grande..., el Señor Dios le dará el
trono de David su padre» (Lc 1, 31 ss). Pero poco más tarde el viejo
Simeón le diría también: «y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc
2, 35). Esto le haría recordar palabras de los profetas como éstas: «Maltratado,
voluntariamente se humillaba y no abría boca; como un cordero llevado al
matadero» (Is 53, 7). Ahora se hace realidad. En su corazón habrá
guardado siempre la palabra que el ángel le había dicho cuando todo comenzó: «No
temas, María» (Lc 1, 30). Los discípulos han huido, ella no. Está allí,
con el valor de la madre, con la fidelidad de la madre, con la bondad de la
madre, y con su fe, que resiste en la oscuridad: «Bendita tú que has creído» (Lc
1, 45). «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la
tierra?» (Lc 18, 8). Sí, ahora ya lo sabe: encontrará fe. Éste es su gran
consuelo en aquellos momentos.
ORACIÓN
Santa María, Madre del Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos
huyeron. Al igual que creíste cuando el ángel te anunció lo que parecía
increíble –que serías la madre del Altísimo– también has creído en el momento
de su mayor humillación. Por eso, en la hora de la cruz, en la hora de la
noche más oscura del mundo, te han convertido en la Madre de los creyentes,
Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer y nos ayudes para que
la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor que socorre y sabe
compartir el sufrimiento.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati poenas incliti.
© Copyright 2005 - Libreria
Editrice Vaticana
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