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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA
UNDÉCIMA ESTACIÓN Jesús
clavado en la cruz
V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo 7, 37-42
Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es
Jesús, el Rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la
derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían
meneando la cabeza: «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres
días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». Los sumos
sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo: «A
otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje
ahora de la cruz y le creeremos».
MEDITACIÓN
Jesús es clavado en la cruz. La Sábana Santa de Turín nos permite hacernos
una idea de la increíble crueldad de este procedimiento. Jesús no bebió el
calmante que le ofrecieron: asume conscientemente todo el dolor de la
crucifixión. Su cuerpo está martirizado; se han cumplido las palabras del
Salmo: «Yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del
pueblo» (Sal 21, 27). «Como uno ante quien se oculta el rostro, era
despreciado... Y con todo eran nuestros sufrimientos los que él llevaba y
nuestros dolores los que soportaba» (Is 53, 3 ss). Detengámonos ante
esta imagen de dolor, ante el Hijo de Dios sufriente. Mirémosle en los
momentos de satisfacción y gozo, para aprender a respetar sus límites y a ver
la superficialidad de todos los bienes puramente materiales. Mirémosle en los
momentos de adversidad y angustia, para reconocer que precisamente así estamos
cerca de Dios. Tratemos de descubrir su rostro en aquellos que tendemos a
despreciar. Ante el Señor condenado, que no quiere usar su poder para
descender de la cruz, sino que más bien soportó el sufrimiento de la cruz
hasta el final, podemos hacer aún otra reflexión. Ignacio de Antioquia,
encadenado por su fe en el Señor, elogió a los cristianos de Esmirna por su fe
inamovible: dice que estaban, por así decir, clavados con la carne y la sangre
a la cruz del Señor Jesucristo (1,1). Dejémonos clavar a él, no cediendo a
ninguna tentación de apartarnos, ni a las burlas que nos inducen a darle la
espalda.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, te has dejado clavar en la cruz, aceptando
la terrible crueldad de este dolor, la destrucción de tu cuerpo y de tu
dignidad. Te has dejado clavar, has sufrido sin evasivas ni compromisos.
Ayúdanos a no desertar ante lo que debemos hacer. A unirnos estrechamente a
ti. A desenmascarar la falsa libertad que nos quiere alejar de ti. Ayúdanos a
aceptar tu libertad «comprometida» y a encontrar en la estrecha unión contigo
la verdadera libertad.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.
© Copyright 2005 - Libreria
Editrice Vaticana
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