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VÍA CRUCIS ESCUELA VENECIANA – S. XVIII
CATEDRAL PADUA
DECIMOTERCERA ESTACIÓN Jesús
es bajado de la cruz y entregado a su Madre
V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Mateo
27, 54-55
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver
el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo
de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que
habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.
MEDITACIÓN
Jesús está muerto, de su corazón traspasado por la lanza del soldado romano
mana sangre y agua: misteriosa imagen del caudal de los sacramentos, del
Bautismo y de la Eucaristía, de los cuales, por la fuerza del corazón
traspasado del Señor, renace siempre la Iglesia. A él no le quiebran las
piernas como a los otros dos crucificados; así se manifiesta como el verdadero
cordero pascual, al cual no se le debe quebrantar ningún hueso (cf Ex
12, 46). Y ahora que ha soportado todo, se ve que, a pesar de toda la
turbación del corazón, a pesar del poder del odio y de la ruindad, él no está
solo. Están los fieles. Al pie de la cruz estaba María, su Madre, la hermana
de su Madre, María, María Magdalena y el discípulo que él amaba. Llega también
un hombre rico, José de Arimatea: el rico logra pasar por el ojo de la aguja,
porque Dios le da la gracia. Entierra a Jesús en su tumba aún sin estrenar, en
un jardín: donde Jesús es enterrado, el cementerio se transforma en un vergel,
el jardín del que había sido expulsado Adán cuando se alejó de la plenitud de
la vida, de su Creador. El sepulcro en el jardín manifiesta que el dominio de
la muerte está a punto de terminar. Y llega también un miembro del Sanedrín,
Nicodemo, al que Jesús había anunciado el misterio del renacer por el agua y
el Espíritu. También en el sanedrín, que había decidido su muerte, hay alguien
que cree, que conoce y reconoce a Jesús después de su muerte. En la hora del
gran luto, de la gran oscuridad y de la desesperación, surge misteriosamente
la luz de la esperanza. El Dios escondido permanece siempre como Dios vivo y
cercano. También en la noche de la muerte, el Señor muerto sigue siendo
nuestro Señor y Salvador. La Iglesia de Jesucristo, su nueva familia, comienza
a formarse.
ORACIÓN
Señor, has bajado hasta la oscuridad de la muerte. Pero tu cuerpo es
recibido por manos piadosas y envuelto en una sábana limpia (Mt 27, 59). La fe
no ha muerto del todo, el sol no se ha puesto totalmente. Cuántas veces parece
que estés durmiendo. Qué fácil es que nosotros, los hombres, nos alejemos y
nos digamos a nosotros mismos: Dios ha muerto. Haz que en la hora de la
oscuridad reconozcamos que tú estás presente. No nos dejes solos cuando nos
aceche el desánimo. Y ayúdanos a no dejarte solo. Danos una fidelidad que
resista en el extravío y un amor que te acoja en el momento de tu necesidad
más extrema, como tu Madre, que te arropa de nuevo en su seno. Ayúdanos, ayuda
a los pobres y a los ricos, a los sencillos y a los sabios, para poder ver por
encima de los miedos y prejuicios, y te ofrezcamos nuestros talentos, nuestro
corazón, nuestro tiempo, preparando así el jardín en el cual puede tener lugar
la resurrección.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Vidit suum dulcem Natum
morientem, desolatum,
cum emisit spiritum.
© Copyright 2005 - Libreria
Editrice Vaticana
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