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 © PFARRKIRCHEN STIFTUNG ST. LAMBERT SEEON
Vía Crucis, Felix Anton Scheffler - 1757
Iglesia de San Martín - Ischl, Seeon (diócesis de Múnich) - Alemania

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte

 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26

Cronista: Pilato les preguntó:
Voz: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
V.
«¡que lo crucifiquen!»
C. Pilato insistió:
V. «pues ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
V. «¡que lo crucifiquen!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

MEDITACIÓN

Conocemos bien esta escena de condena:
¡es la crónica de todos los días¡
Pero nos quema en el alma una pregunta:
¿por qué es posible condenar a Dios?
¿Por qué Dios, que es Omnipotente,
se presenta revestido de debilidad?
¿Por qué Dios se deja avasallar por el orgullo
y la prepotencia de la arrogancia humana?
¿Por qué Dios calla?

Nuestro tormento es el silencio de Dios,
es nuestra prueba.
Pero es también la purificación
de nuestra prisa,
es la cura de nuestro deseo de venganza.

El silencio de Dios
es la tierra donde muere nuestro orgullo
y brota la verdadera fe,
la fe humilde,
la fe que no hace preguntas a Dios,
sino que se entrega a él con la confianza de un niño.

ORACIÓN

Señor,
¡qué fácil es condenar!
Qué fácil es tirar piedras:
las piedras del juicio y la calumnia,
las piedras de la indiferencia y del abandono.

Señor, tú has decidido ponerte
de parte de los vencidos,
de parte de los humillados y condenados.[1]

Ayúdanos a no convertirnos jamás en verdugos
de los hermanos indefensos,
ayúdanos a tomar posturas valientes
para defender a los débiles,
ayúdanos a rechazar el agua de Pilato
porque no limpia las manos,
sino que las mancha de sangre inocente.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.


 
[1] Mt 25, 31-46.

 

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

     

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