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 © PFARRKIRCHEN STIFTUNG ST. LAMBERT SEEON
Vía Crucis, Felix Anton Scheffler - 1757
Iglesia de San Martín - Ischl, Seeon (diócesis de Múnich) - Alemania

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús clavado en la cruz
    

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

 

Lectura del Evangelio según San Mateo.  27, 35-42

C. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el Rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:

V.  «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:

V.  «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos».

       

MEDITACIÓN

Aquellas manos que habían bendecido a todos
ahora están clavadas en la cruz,
aquellos pies que habían caminado tanto
para sembrar esperanza y amor,
ahora están clavados al patíbulo.

¿Por qué, Señor?
¡Por amor![1]
¿Por qué la pasión?
¡Por amor!
¿Por qué la cruz?
¡Por amor!

¿Por qué, Señor, no has bajado de la cruz
respondiendo a nuestras provocaciones?
No he bajado de la cruz
porque así habría consagrado la fuerza
como dueña del mundo,
mientras que el amor es la única fuerza
que puede cambiar el mundo.

¿Por qué, Señor, este precio tan alto?
Para deciros que Dios es amor,[2]
Amor infinito, Amor omnipotente.
¿Me creeréis?

 

ORACIÓN

Jesús crucificado,
todos nos pueden engañar,
abandonar, defraudar;
tú, en cambio, nunca nos defraudarás.
Tú has dejado que nuestras manos
te clavaran cruelmente en la cruz
para decirnos que tu amor es verdadero,
es sincero, fiel, irrevocable.

Jesús crucificado,
nuestros ojos ven tus manos clavadas
y, a pesar de ello, capaces de dar la verdadera libertad;
ven tus pies sujetos con clavos
y sin embargo aún capaces de caminar
y de hacer caminar.

Jesús crucificado,
ha terminado la quimera
de una felicidad sin Dios.
Volvemos a ti,
única esperanza y única libertad,
única alegría y única verdad.

Jesús crucificado,
¡ten piedad de nosotros, pecadores!

 

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.


[1] Jn 13, 1.

[2] 1 Jn 4, 8.16.

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

  

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