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 © PFARRKIRCHEN STIFTUNG ST. LAMBERT SEEON
Vía Crucis, Felix Anton Scheffler - 1757
Iglesia de San Martín - Ischl, Seeon (diócesis de Múnich) - Alemania
 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro
   

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

 

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 59-61

C. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

Lectura del libro de los Salmos 15, 9-11

V.  Por eso se me alegra el corazón
se gozan mis entrañas,
 y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

 

MEDITACIÓN

A veces la vida se asemeja
a un largo y melancólico sábado santo.
Todo parece haber terminado,
se diría que triunfa el malvado,
que el mal es más fuerte que el bien.[1]

Pero la fe nos hace ver a lo lejos,
nos hace vislumbrar la luz de un nuevo día
más allá de este día.
La fe nos garantiza que la última palabra
la tiene Dios: solamente Dios.

La fe es verdaderamente una lamparilla,
pero es la única que ilumina la noche del mundo:
su llama humilde se funde
con las primeras luces del día:
el día de Cristo Resucitado.

La historia, pues, no termina en el sepulcro,
sino que brota en el sepulcro:
así lo prometió Jesús, [2]
así fue, y así será.[3]

 

ORACIÓN

Señor Jesús,
el Viernes Santo es el día de las tinieblas,
el día del odio insensato,
el día de la muerte del Justo.
Pero el Viernes Santo no es la última palabra:
la última palabra es la Pascua,
el triunfo de la Vida,
la victoria del Bien sobre el mal.

Señor Jesús,
el Sábado Santo es el día del vacío,
el día del miedo y del desconcierto,
el día en que todo parece haber terminado.

Pero el Sábado Santo no es el último día:
El último día es la Pascua,
la Luz que se enciende de nuevo,
el Amor que derrota todos los odios.

Señor Jesús,
mientras se concluye nuestro Viernes Santo
y se repite la angustia de tantos Sábados Santos,
danos la fe inquebrantable de María
para creer en la verdad de la Pascua;
danos su límpida mirada
para ver los reflejos
que anuncian el último día de la historia:
«un cielo nuevo y una tierra nueva» [4]
ya comenzada en ti,
Jesús Crucificado y Resucitado. Amén.

 

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi goria. Amen.


[1]   Jr 12,1; Ha 1, 13.

[2] Lc 18, 31-33.

[3] Rm 8, 18-23.

[4] Ap 21, 1.

 

El Santo Padre dirige su palabra a los presentes.

Al final del discurso el Santo Padre imparte la Bendición Apostólica:

BENDICIÓN

V.  Dominus vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.

V. Sit nomen Domini benedictum.
R. Ex hoc nunc et usque in sæculum.

V. Adiutorium nostrum nomine Domini.
R. Qui fecit cælum et terram.

V. Benedicat vos omnipotens Deus,
  XPater, et XFilius, et XSpiritus Sanctus.

R. Amen.

 

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

           

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