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OFICINA DE LAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS 
DEL SUMO PONTÍFICE  

VÍA CRUCIS
EN EL COLISEO

PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI

VIERNES SANTO 2008

MEDITACIONES Y ORACIONES DE
 

Su Eminencia Reverendísima

 el Señor Cardenal JOSEPH ZEN ZE-KIUN, S.D.B.
 
Obispo de Hong Kong

 

PRESENTACIÓN

 

Cuando Su Santidad el Papa Benedicto XVI me pidió que preparase las meditaciones para el vía crucis del Viernes santo de este año en el Coliseo, no dudé lo más mínimo en aceptar esta tarea. Entendí que con este gesto el Santo Padre quería manifestar su atención por el continente asiático e incluir en particular en este ejercicio solemne de piedad cristiana a los fieles de China, que tienen una gran devoción al vía crucis. El Papa quiso que yo llevara al Coliseo la voz de aquellos hermanos y hermanas lejanos. Sin duda, como nos enseñan los Evangelios y la tradición de la Iglesia, el protagonista de esta vía dolorosa es nuestro Señor Jesucristo. Pero, tras él hay mucha gente del pasado y del presente, estamos nosotros. Dejemos que esta noche muchos de nuestros hermanos lejanos, también en el tiempo, estén presentes espiritualmente entre nosotros.

Probablemente ellos, más que nosotros hoy, han vivido en su cuerpo la pasión de Jesús. En su carne Jesús ha sido de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal.

Obviamente, esta noche en el Coliseo no estamos sólo nosotros. En el corazón del Santo Padre y en nuestros corazones están presentes todos los "mártires vivientes" del siglo XXI. "Te  martyrum  candidatus  laudat  exercitus".

Pensando en la persecución, pensamos también en los perseguidores. Al escribir el texto de estas meditaciones, con gran sobresalto me he dado cuenta de que soy poco cristiano. He tenido que hacer un gran esfuerzo para purificarme de sentimientos poco caritativos para con los que hicieron sufrir a Jesús y los que, en el mundo actual, hacen sufrir a nuestros hermanos. Sólo cuando he puesto ante mí mis pecados y mis infidelidades, me he podido ver a mí mismo entre los perseguidores y me ha embargado el arrepentimiento y la gratitud por el perdón del Maestro misericordioso.

Así pues, meditemos, cantemos y recemos a Jesús y con Jesús por los que sufren a causa de su nombre, por los que le hacen sufrir a él y a sus hermanos, y por nosotros mismos, pecadores y algunas veces también sus perseguidores.

 

ORACIÓN INICIAL

El Santo Padre:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

R. Amén.

Jesús Salvador, estamos reunidos en este día, en esta hora y en este lugar, que nos recuerda a tantos servidores y servidoras tuyos, que hace siglos, entre el rugido de los leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la muerte por su fidelidad a tu nombre. Nosotros venimos hoy aquí para expresarte a ti la gratitud de tu Iglesia por el don de la salvación alcanzada mediante tu pasión.

Los coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos allí donde nuestros hermanos, como continuación de tu pasión, siguen siendo hoy perseguidos duramente en diversas partes de la tierra. Junto a ti y con nuestros hermanos perseguidos de todo el mundo, comenzamos hondamente conmovidos este camino de la vía dolorosa, que tú recorriste un día con tanto amor

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 

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