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Vía Crucis - Siglo XX
Archivo Casa Generalicia S.V.D.- Roma
DÉCIMA ESTACIÓN Jesús es
clavado en la cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Del Evangelio según san Marcos 15, 25.31.34
Era la hora tercia cuando le crucificaron. También los sumos sacerdotes, junto
con los escribas, se burlaban de él diciendo: «A otros ha salvado y a sí mismo
no se puede salvar». A la hora nona, Jesús clamó con voz potente: «Eloí, Eloí,
lamá sabactaní?», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?».
MEDITACIÓN
Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores inefables,
ridiculizado por sus enemigos, se siente incluso abandonado por el Padre. Es
el infierno que merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en la cruz, no
se ha liberado.
En él se han cumplido las profecías del Siervo doliente: «Sin
figura, sin belleza..., sin aspecto atrayente... lo estimamos leproso, herido
de Dios... Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el
Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se
humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al
matadero, como oveja ante el esquilador» (Is 53, 2.4.6-7).
ORACIÓN
Jesús crucificado, más que en el Tabor, en el Calvario nos has
revelado tu verdadero rostro, el rostro de un amor que ha llegado hasta el
extremo.
Hay quien por respeto quiere representarte cubierto por un
manto real también sobre la cruz. Pero nosotros no tememos mostrarte tal y
como colgabas del patíbulo aquel viernes, desde la hora sexta hasta la hora
nona.
Contemplarte crucificado nos lleva a avergonzarnos de nuestras
infidelidades y nos llena de gratitud por tu misericordia infinita. ¡Oh Señor,
cuánto te costó el habernos amado!
Confiando en la fuerza que viene de tu pasión, prometemos no
ofenderte nunca más. Deseamos tener un día el honor de ser crucificados como
Pedro y Andrés. Nos estimula la serenidad y el gozo que hemos tenido la gracia
de contemplar en los rostros de tus siervos fieles, los mártires de nuestro
siglo.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.
© Copyright 2008 - Libreria
Editrice Vaticana
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