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Sor Marie Claire Naidu - Segunda mitad
del siglo XX
Iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen María
Bangalore (India)
SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es traicionado por Judas y evita la violencia de Pedro
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Del Evangelio según san Lucas
22, 47-50
y según san Mateo 26, 52.56
Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el
llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle
un beso. Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del
hombre!». Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron:
«Señor, ¿herimos a espada?». Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote
y le llevó la oreja derecha.
Jesús le dijo: «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro
muere». Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
MEDITACIÓN
Es un amigo de confianza quien traiciona a Jesús, y con un beso. La forma en que
Jesús afrontó la violencia contiene un mensaje para nuestros tiempos. La
violencia es suicida —dice a Pedro— y no se vence con más violencia, sino con
una energía espiritual superior, que se extiende a los demás en forma de amor
sanador. Jesús toca al siervo del sumo sacerdote y lo cura. El hombre
violento puede tener necesidad también hoy de un gesto sanador, que brota de un
amor que trasciende las cuestiones inmediatas.
En tiempos de conflictos entre personas, grupos étnicos y religiosos, naciones,
intereses económicos y políticos, Jesús dice que la respuesta no es el
enfrentamiento y la violencia, sino el amor, la persuasión y la
reconciliación. Incluso cuando parece que no logramos nada con estos
esfuerzos, plantamos semillas de paz, que traerán fruto a su debido tiempo. La
justicia de nuestra causa es nuestra fuerza
ORACIÓN
Señor Jesús, nos consideras tus amigos, y sin embargo
encontramos huellas de infidelidad en nosotros mismos. Reconocemos nuestras
transgresiones. A veces somos presuntuosos y demasiado seguros de nosotros
mismos. Y caemos. No permitas que la avaricia, la concupiscencia o el orgullo
nos sorprendan.
¡Qué desconsideradamente recurrimos a satisfacciones efímeras
e ideas sin demostrar! Haz que no seamos "arrastrados por cualquier viento de
doctrina, sino que, actuando según verdad en la caridad, crezcamos en todo,
tendiendo hacia aquel que es la Cabeza, Cristo" (Ef 4, 14-15).
Que la verdad y la sinceridad de las intenciones sean
nuestra fuerza. Reprime, Señor, nuestra impetuosidad en situaciones de
violencia, como reprimiste el carácter impulsivo de Pedro. Mantennos serenos
en el espíritu ante la oposición y el trato injusto (cf. St 5, 10-11).
Persuadidos de que "una respuesta amable calma la cólera" (Pr 15, 1) en
nuestras familias, y que la bondad unida a la "sabiduría" devuelve la
serenidad a la sociedad (cf. Pr 31, 26). "Señor, haz de mí un
instrumento de tu paz" (Oración atribuida a san Francisco de Asís).
Todos:
Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris; et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo.
Cuius animam gementem, contristatam et dolentem pertransivit gladius.
© Copyright 2009- Libreria
Editrice Vaticana
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