|

JOSEPH FÜHRICH
(1800-1876)
VÍA CRUCIS 1844-46
IGLESIA DE SAN JUAN NEPOMUCENO - VIENA
PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Juan.
19, 6 - 7. 12. 16
Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron:
¡Crucifícalo, crucifícalo! Pilato les dijo: “Lleváoslo vosotros y
crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron:
“Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha
declarado Hijo de Dios”…
Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: “Si
sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está
contra el César” …Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
MEDITACIÓN
¿Por qué Jesús fue condenado a muerte, él, que “pasó haciendo
el bien”? (Hch 10, 38). Esta pregunta nos acompañará a lo largo del
Vía Crucis como nos acompaña durante toda la vida.
En los Evangelios encontramos una respuesta verdadera: los
jefes de los judíos quisieron su muerte porque comprendieron que Jesús se
consideraba el Hijo de Dios. Y hallamos también una respuesta que los judíos
utilizaron como pretexto para obtener de Pilato su condena: Jesús habría
pretendido ser un rey de este mundo, el rey de los judíos.
Detrás de estas respuestas se abre un abismo, que los mismos
Evangelios y toda la Sagrada Escritura nos permiten contemplar: Jesús ha
muerto por nuestros pecados. Y aún más profundamente, ha muerto por nosotros,
ha muerto porque Dios nos ama, y nos ama tanto que entregó a su Hijo único,
para que el mundo se salve por él (cf. Jn 3, 16-17).
Debemos, por tanto, mirar a nosotros mismos: al mal y al
pecado que habitan dentro de nosotros y que con excesiva frecuencia fingimos
ignorar. Pero aún más debemos dirigir la mirada al Dios rico en misericordia
que nos ha llamado amigos (cf. Jn 15, 15). Así, el camino del Vía
Crucis y todo el camino de la vida se convierte en un itinerario de
penitencia, de dolor y de conversión, pero también de gratitud, fe y alegría.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Stabat Mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
© Copyright 2010 - Libreria
Editrice Vaticana
|