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JOSEPH FÜHRICH
(1800-1876)
VÍA CRUCIS 1844-46
IGLESIA DE SAN JUAN NEPOMUCENO - VIENA
QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Lucas. 23, 26
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que
volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.
MEDITACIÓN
Jesús debía de estar verdaderamente agotado; por eso los
soldados intentan remediarlo tomando al primer desventurado que encuentran y
lo cargan con la cruz. También en la vida de cada día, la cruz, bajo muchas
formas diversas –como una enfermedad o un accidente grave, la pérdida de una
persona querida o del trabajo– cae sobre nosotros a menudo sin esperarlo. Y
nosotros sólo vemos en ella una mala suerte o en el peor de los casos una
desgracia.
Pero Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir en pos
de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,
24). No son palabras fáciles; más aún, en el contexto de la vida concreta son
las palabras más difíciles del Evangelio. Todo nuestro ser, todo lo que existe
dentro de nosotros, se revela contra semejantes palabras.
Sin embargo, Jesús sigue diciendo: “Si uno quiere salvar su
vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará” (Mt 16,
25). Detengámonos en este “por mí”: aquí está toda la pretensión de Jesús, la
conciencia que él tenía de sí mismo y la petición que nos dirige a nosotros.
Él está en el centro de todo, él es el Hijo de Dios que es una sola cosa con
Dios Padre (cf. Jn 10, 30), él es nuestro único Salvador (cf. Hch
4, 12).
En efecto, con frecuencia sucede que lo que al comienzo sólo
parecía una mala suerte o una desgracia, luego se ha revelado como una puerta
que se ha abierto en nuestra vida llevándonos a un bien mayor. Pero no siempre
es así: a menudo, en este mundo, las desgracias no son más que pérdidas
dolorosas. Aquí de nuevo Jesús tiene algo que decirnos. O mejor, algo que le
sucedió: después de la cruz, resucitó de entre los muertos, y resucitó como
primogénito de muchos hermanos (cf. Rm 8, 29; 1 Co 15, 20). Sí,
su cruz no se puede separar de su resurrección. Sólo creyendo en la
resurrección podemos recorrer de manera sensata el camino de la cruz.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Quis est homo qui non fleret, Matrem Christi si videret in tanto supplicio?
© Copyright 2010 - Libreria
Editrice Vaticana
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