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JOSEPH FÜHRICH
(1800-1876)
VÍA CRUCIS 1844-46
IGLESIA DE SAN JUAN NEPOMUCENO - VIENA
UNDÉCIMA ESTACIÓN Jesús
es clavado en la cruz
V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.
Lectura del Evangelio según San Marcos.
15, 25 - 27
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de
la acusación estaba escrito: “El rey de los judíos”. Crucificaron con él a dos
bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
MEDITACIÓN
Jesús es clavado en la cruz. Una tortura tremenda. Y mientras
está colgado en la cruz hay muchos que se burlan de él e incluso lo provocan:
«A otros ha salvado y él no se puede salvar… ¿No ha confiado en Dios? Si tanto
lo quiere Dios, que lo libere ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?» (Mt
27, 42-43). Así se mofaban no sólo de su persona, sino también de su misión de
salvación, la misión que Jesús estaba llevando a cumplimiento precisamente en
la cruz.
Pero, en su interior, Jesús experimenta un sufrimiento
incomparablemente mayor, que le hace prorrumpir en un grito: “Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34). Se trata, en verdad, de
las palabras iniciales de un salmo, que se concluye con la reafirmación de la
plena confianza en Dios. Y, sin embargo, son palabras que hay que tomar
totalmente en serio, ya que expresan la prueba más grande a la que fue
sometido Jesús.
Cuántas veces, frente a una prueba, pensamos que hemos sido
olvidados o abandonados por Dios. O incluso estamos tentados a concluir que
Dios no existe.
El Hijo de Dios, que bebió hasta el fondo su amargo cáliz y
luego resucitó de entre los muertos, nos dice, en cambio, con todo su ser, con
su vida y su muerte, que debemos fiarnos de Dios. En él sí que podemos creer.
Todos:
Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.
Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati
poenas mecum divide.
© Copyright 2010 - Libreria
Editrice Vaticana
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