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Rosa Filipina
Duchesne (1769-1852) religiosa, de la Sociedad del Sagrado Corazón
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Rosa FILIPINA DUCHESNE nació el 29 de agosto de 1769 en Grenoble, Francia.
Fué bautizada en la iglesia de San Luis, y le dieron el nombre de San Felipe
apóstol, y el de Santa Rosa de Lima, primera santa del nuevo continente.
Educada en el Convento de la Visitación de Ste. Marie-d'en-Haut, y atraída
por la vita contemplativa, entró en ese monasterio a los 18 años.
La comunidad se dispersó durante la Revolución Francesa. Filipina regresó a
su familia y se dedicó a cuidar a los presos y a todos los que sufrían.
Intentó reconstruir el monasterio de Ste. Marie después del Concordato de
1801 con algunas compañeras, pero no lo logró. En 1804 Filipina oyó hablar
de una nueva congregación, la Sociedad del Sagrado Corazón, y pidió a la
fundadora Magdalena Sofía Barat ser admitida, ofreciendo su monasterio. La
Madre Barat visitó Ste. Marie en 1804 y recibió a Filipina y sus compañeras
como novicias en la Sociedad.
La vida contemplativa alimentó en Filipina el deseo de ir a
las misiones. Atraída por la Eucaristía desde su juventud, pasó la noche de
un Jueves Santo en oración. Escribió a la Madre Barat: «Pasé la noche
entera en el Nuevo Continente llevando el Santísimo Sacramento por todas
partes... Tenía que hacer tantos sacrificios: una madre, hermanas, parientes,
mí montaña ... Cuando me diga: "Te envío", responderé en seguida:
"Voy"». Sin embargo, tuvo que esperar otros 12 años.
En 1818 el sueño de Filipina se vió realizado. El Obispo del
territorio de Louisiana buscaba una congregación de religiosas para ayudarle
a evangelizar los niños franceses e indios de su diócesis, y Fílipina fue enviada a responder a esta llamada. En St. Charles, cerca de St. Louis,
Missouri, fundó la primera casa de la Sociedad fuera de Francia, en una
cabaña de troncos. Allí vivió todas las austeridades de la vida de frontera:
frío extremo, trabajo duro, falta de dinero. Nunca llegó a aprender bien el
inglés. Las comunicaciones eran muy lentas: a veces no le llegaban noticias
de su querida Francia. Luchó por mantenerse estrechamente unida con la
Sociedad del Sagrado Corazón en Francia.
Filipina y otras cuatro Religiosas del Sagrado Corazón trazaron un camino. En
1818 abrió la primera escuela gratuita al oeste del Mississippi. En 1828
había fundado ya seis casas. Estas escuelas eran para las jóvenes de
Missouri y Louisiana. Las amó y trabajó para ellas, manteniendo siempre en
el fondo de su corazón el anhelo de ir a los Indios americanos. Cuando
Filipina tenía 72 años, se abrió una escuela para los Potowatomies en Sugar
Creek, Kansas. Aunque muchos pensaban que Filipina estaba demasiado enferma
para ir, el jesuita que dirigía la misión insistió: "Tiene que venir:
quizás no podrá hacer mucho trabajo, pero con su oración alcanzará el
éxito de la misión, y su presencia atraerá muchos favores del cielo para la
obra".
Estuvo sólo un año entre los Potowatomies, pero su valor
pionero no flaqueó, y sus largas horas de contemplación inspiraron a los
indios el llamarla " La mujer que siempre reza ".
Su salud no pudo resistir el régimen de vida en el poblado.
Volvió a St. Charles en julio de 1842, aunque su corazón valiente nunca
perdió el deseo de las misiones. "Siento el mismo anhelo por las
Montañas Rocosas que sentía en Francia cuando pedí venir a América ...
".
Filipina murió en St. Charles, Missouri, el 18 de noviembre
de 1852, a la edad de 83 años.
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