Magdalena de Canossa (1774-1835) virgen,
fundadora de la familia Canosiana, Hijos e Hijas de la Caridad
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MAGDALENA DE CANOSSA, mujer que creyó en el Amor del Señor
Jesús, fue enviada por el Espíritu entre los hermanos más menesterosos a
los que sirvió con corazón de madre y ardor de apóstola.
Nace en Verona el 1 de marzo de 1774 de noble y rica familia,
tercer nacida de seis hermanos.
A través de etapas muy dolorosas, como la muerte de su padre, las segundas
nupcias de su madre, la enfermedad y la incomprensión, el Señor la guía
hacia caminos imprevedibles que Magdalena intenta recorrer con muchos
esfuerzos.
UNA LLAMADA
Atraída por el Amor de Dios, a los 17 años desea consagrar
su vida a El y por dos veces intenta la esperiencia del Carmelo.
Pero su Espíritu la solicita interiormente a recorrer un
nuevo camino: dejarse amar por Jesús, el Crucificado, pertenecer a Él sólo
para dedicarse completamente a sus hermanos afligidos por distintas pobrezas.
Vuelve a su familia y, obligada por eventos dolorosos y
trágicas situaciones históricas de fines del siglo XVIII, encierra en el
secreto de su corazón la vocación y participa en la vida del Palacio Canossa
aceptando la gestión del cuantioso patrimonio familiar.
UN DON
Con empeño y dedicación, Magdalena cumple con sus deberes
diarios y amplía su círculo de amigos, quedando disponible a la misteriosa
acción del Espíritu que, poco a poco, plasma su corazón y la hace
partícipe de la pasión del Padre para el hombre, demostrada en el don
completo y supremo de Jesús Crucificado, en el ejemplo de María, la Virgen
Madre Dolorosa.
Prendida por esta caridad, Magdalena oye el grito de los
pobres hambrientos de pan, instrucción, comprensión y de la Palabra de Dios.
Ella los descubre en los barrios periféricos de Verona, donde los reflejos de
la Revolución francesa, las subsiguientes dominaciones de Emperadores
extranjeros y las Pascuas de Verona, habián dejado signos de patente
devastación y de sufrimiento humano.
UN PROYECTO
Magdalena busca y encuentra a las primeras compañeras
llamadas a seguir Cristo pobre, casto, obediente y enviadas a testimoniar su
incondicionada Caridad entre los hermanos.
En 1808, superadas las últimas oposiciones de su familia,
Magdalena deja definitivamente el Palacio Canossa para empezar, en el barrio
más pobre de Verona, aquella que interiormente reconoce como la voluntad del
Señor: servir a los más necesitados con el corazón totalmente plasmado en
Cristo.
UNA PROFECÍA
¡La Caridad es un fuego que inflama! Magdalena está dispuesta
al Espíritu que la guía también entre los pobres de otras ciudades: Venecia,
Milán, Bérgamo, Trento ... En pocos decenios, las fundaciones de la Canossa
se multiplican, la familia religiosa crece al servicio del Reino.
El amor por Cristo Muerto y Resucitado arde en el corazón de
Magdalena que, con sus compañeras, se vuelve testimonio del mismo Amor en
cinco sectores específicos: la escuela de caridad por el crecimiento integral
de la persona; la catequesis a todas las clases, privilegiando a los más
lejanos; la asistencia sobre todo hacia las enfermas en los hospitales;
seminarios residenciales para formar maestras, que obrasen en el campo, y
preciosas colaboradoras de los párrocos en las actividades pastorales; cursos
de ejercicios espirituales anuales para las damas de la alta nobleza, con el
fin de animarlas espiritualmente y envolverlas en los distintos ámbitos
caritativos.
Más tarde, esta actividad es dirigida a cualquier clase de
personas.
Alrededor de la figura y de la obra de Magdalena nacen
constantemente otros testimonios de la Caridad: la Naudet, el Rosmini, el
Provolo, el Steeb, el Bertoni, la Campostrini, la Verzeri, la Renzi, los
Cavanis, el Leonardi, todos fundadores de otras Familias religiosas.
UNA FAMILIA
La Institución de las Hijas de la Caridad obtiene, entre 1819
y 1820, la aprobación eclesiástica en las distintas diócesis donde las
Comunidades ya están presentes.
El 23 de diciembre de 1828, Su Santidad león XII aprueba la
Constitución del Instituto con el Breve Si Nobis.
Después de repetidos intentos negativos con Don Antonio
Rosmini y con Don Antonio Provolo, hacia el fin de su vida, Magdalena
consigue empezar también el Instituto masculino que proyectó ya desde 1799.
En Venecia, el 23 de mayo de 1831, abre el primer oratorio de
los Hijos de la Caridad para la formación cristiana de los jóvenes y de los
adultos, entregándolo al Sacerdote veneciano Don Francesco Luzzo, coadyuvado
por dos laicos de Bérgamo: Giuseppe Carsana y Benedetto Belloni.
Magdalena acaba su intensa y fecunda existencia terrena a la edad de 61 años.
Muere en Verona el 10 de abril de 1835 asistida por sus Hijas. Era Viernes
Santo.
UNA MISIÓN
¡Hagan conocer sobre todo a Jesucristo! la grande pasión del
corazón de Magdalena, es la grande herencia que las Hijas y los Hijos de la
Caridad están llamados a vivir, una disponibilidad radical, "dispuestos
por el divino servicio a ir a cualquier pueblo, aun al más lejano" (Magdalena,
Ep. II / I, p. 266).
Las Hijas de la Caridad cruzan el Océano hacia el Extremo
Oriente en 1860. Hoy son cerca de 4000, presentes en los cinco continentes,
divididas en 24 Organismos.
Los Hijos de la Caridad son cerca de 200 y obran en distintas
ciudades de Italia y de ultramar.
Hermanas y Hermanos Canosianos llamados "ad Gentes"
tratan de entender y acogen "las semillas del verbo", presentes en
cada cultura y, con sus testimonios, anuncian "lo que han visto, oído y
contemplado...": el Amor del Padre que en Jesucristo alcanza a todos los
hombres para que haya vida y, en este dar y recibir, el carisma se enriquece y
se vuelve fecundo para el Reino.
El carisma que es el Espíritu Santo en Magdalena seguramente
no agota su vitalidad en la realización de los dos Institutos.
Como consecuencia, distintos grupos laicos encuentran en
Magdalena y en su don, su especial manera de vivir la fe, de testimoniar la
caridad en los distintos ámbitos apostólicos de las distintas comunidades
cristianas.
UN CANTO DE GRATITUD
La Iglesia nos propone a todos a Magdalena, y en especial, a
sus Hijos e Hijas, como un testigo del Amor gratuito y fiel de nuestro Dios.
A Él damos gracias por el don de esta Madre y Hermana y por
su intercesión pedimos de poderlo amar como Ella, por encima de cualquier
otra cosa y hacerlo conocer a los hombres de nuestro tiempo, viviendo nuestra
específica vocación.
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