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Ceferino Giménez Malla, gitano español (1861-1936)
Hijo de padres gitanos españoles,
Ceferino Giménez Malla, conocido familiarmente como «el Pelé» nació en Fraga
(provincia de Huesca), probablemente el 26 de agosto de 1861, fiesta de san
Ceferino Papa, de quien tomó el nombre, y fue bautizado ese mismo día.
Como su familia, Ceferino también
fue un gitano que vivió siempre como tal, profesando la ley gitana tanto en su
formación como en el desarrollo de su vida.
De niño recorrió los caminos
montañosos de la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que
fabricaba con sus manos. Todavía joven, se casó, al estilo gitano, con Teresa
Giménez Castro, una gitana de Lérida de fuerte personalidad, y se estableció
en Barbastro. En 1912 regularizó la unión con «su Teresa» celebrando el
matrimonio según el rito católico. Comenzó desde entonces a frecuentar la
iglesia hasta convertirse en un cristiano modelo. No tuvo hijos, pero adoptó
de hecho a una sobrina de su esposa, llamada Pepita, cuyos hijos viven
todavía.
El Pelé dedicó los mejores años
de su vida a la profesión de tratante experto en la compraventa de caballerías
por las ferias de la región. Llegó a tener una buena posición social y
económica, que estuvo siempre a la disposición de los más necesitados.
Acusado injustamente de robo y
encarcelado, fue declarado inocente. El abogado que lo defendía dijo: «El Pelé
no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos».
Sumamente honrado, jamás en los
tratos engañó a nadie. Por su reconocida prudencia y sabiduría, lo solicitaban
payos y gitanos para solucionar los conflictos que a veces surgían entre
ellos. Piadoso y caritativo, socorría a todos con sus limosnas. Fue un ejemplo
de religiosidad: misa diaria, comunión frecuente, rezo cotidiano del santo
rosario. Aunque no supo nunca ni leer ni escribir, era amigo de personas
cultas y fue admitido como miembro en diversas asociaciones religiosas: Jueves
eucarísticos, Adoración nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl y
Tercera Orden Franciscana. Le gustaba dedicarse a la catequesis de los niños,
a quienes contaba pasajes de la Biblia y les enseñaba las oraciones y el
respeto a la naturaleza.
Al inicio de la guerra civil
española, en los últimos días de julio de 1936, fue detenido por salir en
defensa de un sacerdote que arrastraban por las calles de Barbastro para
llevarlo a la cárcel, y por llevar un rosario en el bolsillo. Le ofrecieron la
libertad si dejaba de rezar el rosario. Prefirió permanecer en la prisión y
afrontar el martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936, lo fusilaron
junto a las tapias del cementerio de Barbastro. Murió con el rosario en la
mano, mientras gritaba su fe: «Viva Cristo Rey».
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