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VILMOS APOR (1892-1945)
Vilmos Apor nació el 29 de
febrero de 1892 en Segesvár (Hungría). Era el sexto hijo de una familia noble.
Su padre murió cuando él todavía era niño; su madre lo educó en un profundo
fervor religioso. Fue monaguillo. Estudió con los jesuitas y, al terminar los
estudios secundarios, ingresó en el seminario. Su obispo lo envió a la
universidad de Innsbruck, dirigida por los jesuitas, donde obtuvo el doctorado
en teología.
Recibió la ordenación sacerdotal
el 24 de agosto de 1915, incardinado en la diócesis de Nagyvárad. Ejerció
primero su ministerio como vicepárroco en Gyula y, durante la guerra, por poco
tiempo, como capellán militar. Trabajó un año como prefecto en el seminario de
Nagyvárad y luego volvió a Gyula como párroco. Se distinguió por su amor a los
pobres. Para favorecer la educación religiosa de los jóvenes fundó un colegio
y llamó a la ciudad a congregaciones religiosas, con la finalidad de
intensificar la vida de piedad de los fieles. En su parroquia se formó una
verdadera comunidad sacerdotal. Se esforzó por crear buenas relaciones con los
pastores y fieles de otras confesiones.
El Papa Pío XII lo nombró obispo
de Gyor el 21 de enero de 1941. Recibió la consagración episcopal el 24 de
febrero del mismo año y tomó posesión de su sede episcopal el 2 de marzo
sucesivo. El lema de su escudo episcopal era: «La cruz fortalece al débil y
hace humilde al fuerte». A pesar de las dificultades que suponía la segunda
guerra mundial, desempeñó su misión con gran entusiasmo. Amaba mucho a sus
sacerdotes, a los débiles y necesitados. Se dedicó con energía a fomentar la
educación moral y religiosa de la juventud. Cuando en Hungría se introdujeron
las leyes raciales, defendió a las víctimas de la injusticia, alzando su voz
incluso contra los mismos políticos que estaban en el poder. Condenó las
acciones inhumanas y la persecución en varios escritos y en las predicaciones,
con lo cual puso en peligro incluso su seguridad personal. Durante los
bombardeos no dudó en acudir a socorrer a las víctimas.
Cuando los combates afectaron al
territorio de su diócesis, puso a disposición de los refugiados el palacio
episcopal y él se retiró a una habitación pequeña. Al tener conocimiento del
peligro que corrían las mujeres, declaró que estaba dispuesto a defenderlas
incluso a costa de su vida. Esto lo demostró cuando la tarde del Viernes santo
llegaron al palacio episcopal algunos soldados rusos, borrachos, para llevar
al cuartel a numerosas mujeres, que se habían refugiado en el sótano del
obispado. El obispo rechazó categóricamente la petición. Después de una larga
lucha, cuando un oficial comenzó a amenazarlo con su pistola, él fue avanzando
poco a poco tratando de sacarlo fuera. Pero el oficial se volvió de repente y
le disparó, quedando herido en la frente, en la mano y en el estómago. Los
soldados, asustados, huyeron, y el obispo cayó en tierra. Fue llevado al
hospital, donde le operaron. Al volver en sí, dio gracias a Dios porque
ninguna de las mujeres había sufrido violencia y por haber aceptado su
sacrificio. Se preparó a bien morir; oró por sus sacerdotes, por los fieles,
por el pueblo húngaro, por los dirigentes del Estado y por su país. Murió el
lunes de Pascua, 2 de abril de 1945. Fue sepultado en la iglesia de los
carmelitas.
En la basílica de Gyor se
construyó un sarcófago de mármol para trasladar a él los restos mortales del
obispo el 24 de noviembre de 1948, pero las autoridades estatales lo
impidieron. Hubo que esperar hasta el 23 de mayo de 1986. La tumba del obispo
Vilmos Apor se halla actualmente en la capilla Hédervári de la nave lateral de
dicha basílica.
El 7 de septiembre de 1996, con
ocasión de su segunda visita pastoral a Hungría, Juan Pablo II acudió también
a esa capilla y oró ante la tumba de monseñor Apor.
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