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Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein (1891-1942) monja,
Carmelita Descalza, mártir
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"Nos inclinamos profundamente ante el
testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel
e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una
personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro
siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen
doliendo aún hoy...; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el
hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró
descanso en Dios". Estas palabras fueron pronunciadas por el Papa Juan
Pablo II con ocasión de la beatificación de Edith Stein en Colonia, el 1 de
mayo de 1987.
¿Quién fue esta mujer?
Cuando Edith Stein, la última de once hermanos,
nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, la familia festejaba el Yom Kippur,
la mayor fiesta hebrea, el día de la expiación. "Esto hizo, más que
ninguna otra cosa, que su madre tuviera una especial predilección por la hija
más pequeña". Precisamente esta fecha de su nacimientó fue para la
carmelita casi un vaticinio.
El padre, comerciante de maderas, murió cuando
Edith no había cumplido aún dos años. La madre, una mujer muy religiosa,
solícita y voluntariosa, una persona verdaderamente admirable, al quedarse
sola, debió hacer frente tanto al cuidado de la familia como a la gestión de
la gran hacienda familiar; pero no consiguió mantener en los hijos una fe viva.
Edith perdió la fe en Dios. "Con plena conciencia y por libre elección
dejé de rezar".
Obtuvo brillantemente la reválida en 1911 y
comenzó a estudiar germanística e historia en la Universidad de Breslau, más
para tener una base de sustento en el futuro que por auténtica pasión. Su
verdadero interés era la filosofía. Le interesaban también los problemas de
la mujer. Entró a formar parte de la organización "Asociación Prusiana
para el Derecho Femenino al Voto". Más tarde escribía: " como
bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el
interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas".
En 1913, la estudiante Edith Stein se fue a Gottinga
para asistir a las clases universitarias de Edmund Husserl, de quien llegó a
ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Por aquellos
tiempos, Edmund Husserl fascinaba al público con un nuevo concepto de verdad:
el mundo percibido no solamente existía de forma kantiana, como percepción
subjetiva. Sus discípulos entendían su filosofía como un viraje hacia lo
concreto. "Retorno al objetivismo". Sin que él lo pretendiera, la
fenomenología condujo a no pocos discípulos y discípulas suyos a la fe
cristiana. En Gottinga Edith Stein se encontró también con el filósofo Max
Scheler y este encuentro atrajo su atención sobre el catolicismo. Pero todo
esto no la hizo olvidar el estudio con el que debía ganarse el pan en el futuro
y, en 1915, superó con la máxima calificación el examen de Estado. No
obstante, no comenzó el periodo de formación profesional.
Al estallar la primera guerra mundial escribía:
"ahora ya no tengo una vida propia". Siguió un curso de enfermería
y prestó servicio en un hospital militar austríaco. Fueron tiempos difíciles
para ella. Atendía a los ingresados en la sección de enfermos de tifus y
prestaba servicio en el quirófano, viendo morir a hombres en la flor de su
juventud. Al cerrar el hospital militar en 1916, siguió a Husserl a Friburgo en
Brisgovia, donde obtuvo el doctorado "summa cum laude" con una tesis
"Sobre el problema de la empatía ".
Por aquel tiempo le ocurrió un hecho importante:
observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de
la compra, quedándose un rato para rezar. "Esto fue para mí algo
completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he
frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una
persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad.
No he podido olvidar lo ocurrido". En las últimas páginas de su tesis de
doctorado escribió: "ha habido personas que, tras un cambio imprevisto de
su personalidad, han creído encontrar la misericordia divina". ¿Cómo
llegó a esta afirmación?
Edith Stein tenía gran amistad con el asistente de Husserl en Gottinga, Adolf
Reinach y su esposa. Adolf Reinach muere en Flandes en noviembre de 1917. Edith
va a Gottinga. Los Reinach se habían convertido al Evangelio. Edith tenía
cierta renuencia ante el encuentro con la joven viuda.
Con gran sorpresa encontró una creyente. "Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que
transmite a sus portadores... Fue el momento en que se desmoronó mi
irreligiosidad y brilló Cristo". Más tarde escribirá: "lo que no
estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción
profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi
vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la
Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios,
presenta una coherencia perfectamente ensamblada".
En otoño de 1918, Edith Stein dejó la actividad de
asistente de Edmund Husserl porque deseaba trabajar independientemente. La
primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en
1930. Tuvo con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado
que participara también él. Tras ello escribió una frase sorprendente: "Después de cada encuentro que me hace sentir la imposibilidad de influenciar
directamente, se agudiza en mí el impulso hacia mi propio holocausto".
Edith Stein deseaba obtener la habilitación para la
libre docencia, algo que, por aquel entonces, era inalcanzable para una mujer. A
este respecto, Husserl se pronunciaba así en un informe: "Si la carrera
universitaria se hiciera accesible a las mujeres, la podría recomendar
encarecidamente más que a cualquier otra persona para el examen de
habilitación". Más tarde, sin embargo, se le negaría la habilitación a
causa de su origen judío.
Edith Stein vuelve a Breslau. Escribe artículos en
defensa de la psicología y de las humanidades. Pero lee también el Nuevo
Testamento, Kierkegaard y el opúsculo de los Ejercicios espirituales de Ignacio
de Loyola. Se da cuenta de que un escrito como éste no se le puede simplemente
leer, sino que es necesario ponerlo en práctica.
En el verano de 1921 fue durante unas semanas a
Bergzabern (Palatinado), a la finca de la Señora Hedwig Conrad-Martius, una
discípula de Husserl. Esta señora, junto con su esposo, se había convertido
al Evangelio. Una tarde Edith encontró en la biblioteca la autobiografía de
Teresa de Ávila. La leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro,
me dije: esta es la verdad".
Considerando retrospectivamente su vida, escribía
más tarde: "mi anhelo por la verdad era ya una oración".
En enero de 1922 Edith Stein se bautizó. Era el
día de la Circuncisión de Jesús, la acogida de Jesús en la estirpe de
Abraham. Estaba erguida ante la fuente bautismal, vestida con el blanco manto
nupcial de Hedwig Conrad-Martius, que hizo de madrina. "Había dejado de
practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi
retorno a Dios". Ahora tendrá siempre conciencia, y no sólo
intelectualmente, sino de manera tangible, de pertenecer a la estirpe de Cristo.
En la fiesta de la Candelaria, una fiesta cuyo origen se remonta también al
Antiguo Testamento, fue confirmada por el Obispo de Espira en su capilla privada.
Después de su conversión, lo primero que hizo fue
volver a Breslau. "Mamá, soy católica". Las dos lloraron. Hedwig
Conrad-Martius escribió: "mira, dos israelitas y en ninguna de ellas hay
engaño" (cf. Jn 1, 47).
Inmediatamente después de su conversión, Edith
Stein aspira a entrar en el Carmelo, pero sus consejeros espirituales, el
Vicario general de Espira y el Padre Przywara, S.J., le impiden dar este paso.
Acepta entonces un empleo de profesora de alemán e historia en el Instituto y
seminario para maestros del Convento dominico de la Magdalena de Espira hasta
Pascua de 1931. Por insistencia del Archiabad Raphael Walzer, del convento de
Beuron, hace largos viajes para dar conferencias, sobre todo sobre temas
femeninos. "Durante el período inmediatamente precedente y también
bastante después de mi conversión... creía que llevar una vida religiosa
significaba renunciar a todas las cosas terrenas y vivir solamente con el
pensamiento puesto en Dios. Gradualmente, sin embargo, me he dado cuenta de que
este mundo exige de nosotros otras muchas cosas..., creo, incluso, que cuanto
más se siente uno atraído por Dios, más debe "salir de sí mismo",
en el sentido de dirigirse al mundo para llevar allí una razón divina para
vivir". Su programa de trabajo es enorme. Traduce las cartas y los diarios
del período precatólico de Newmann y la obra Quaestiones disputatae de
veritate de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al
diálogo con la filosofia moderna. El Padre Erich Przywara, S.J., la incitó a
escribir también obras filosóficas propias. Aprendió que es posible "practicar la ciencia al servicio de Dios... sólo por tal motivo he podido
decidirme a comenzar una serie de obras científicas". Encuentra siempre
las fuerzas necesarias para su vida y su trabajo en el convento benedictino de
Beuron, al que va para pasar allí las fiestas más importantes del año
eclesiástico.
En 1931 termina su actividad en Espira. Intenta de
nuevo obtener la habilitación para la libre docencia en Breslau y Friburgo.
Todo en vano. Compone entonces una obra sobre los principales conceptos de
Tomás de Aquino: "Potencia y acción". Más tarde hará de este
ensayo una obra mayor, desarrollándola bajo el título de Endliches und
ewiges Sein (Ser finito y Ser eterno) en el convento de las Carmelitas de
Colonia. No fue posible imprimir esta obra durante su vida.
En 1932 se le asigna una cátedra en una
institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster,
donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología. Aquí
encuentra la manera de unir ciencia y fe, y de hacer comprensible esta cuestión
a otros. Durante toda su vida sólo quiso ser "instrumento de Dios".
"Quien viene a mí, deseo conducirlo a Él ".
En 19331a noche se cierne sobre Alemania. "Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero
ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su
pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío". El artículo de la ley de los nazis sobre la raza ariana hizo imposible
que continuara su actividad docente. "Si aquí no puedo continuar, en
Alemania ya no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido en
una extranjera en el mundo".
El Archiabad Walzer, de Beuron, ya no le impidió
entrar en un convento de Carmelitas. Durante el tiempo que estuvo en Espira
había hecho ya el voto de pobreza, castidad y obediencia. En 1933 se presenta a
la Madre Priora del Monasterio de Carmelitas de Colonia. "Solamente la
pasión de Cristo nos puede ayudar, no la actividad humana. Mi deseo es
participar en ella".
Una vez más Edith fue a Breslau para despedirse de
su madre y de la familia. El 12 de octubre fue el último día que pasó en su
casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los
tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil
para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido (la fe cristiana)? No
quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha
hecho Dios? " . Su madre lloró. A la mañana siguiente Edith tomó el tren
para Colonia. "No podía tener una alegría arrebatadora. Era demasiado
tremendo lo que dejaba atrás. Pero yo estaba tranquilísima, en el puerto de la
voluntad de Dios". Cada semana escribirá después una carta a su madre.
No recibirá respuesta. Su hermana Rosa le mandará noticias de casa.
El 14 de octubre Edith Stein entra en el monasterio
de las Carmelitas de Colonia. En 1934, el 14 de abril, tuvo lugar la ceremonia
de toma de hábito. El Archiabad de Beuron celebró la misa. Desde aquel momento
Edith Stein llevará el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz.
Escribe en 1938: "bajo la Cruz entendí el
destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba
que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en
nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que
significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente
nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto". El 21
de abril de 1935 hizo los votos temporales. El 14 de septiembre de 1936, en el
momento de renovar los votos, murió su madre en Breslau. "Hasta el
último momento mi madre ha permanecido fiel a su religión. Pero, puesto que su
fe y su firme confianza en su Dios... fue lo ultimo que permaneció vivo en su
agonía, confío en que haya encontrado un juez muy clemente y que ahora sea mi
más fiel abogada, para que también yo pueda llegar a la meta".
En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21
de abril de 1938, hizo imprimir las palabras de San Juan de la Cruz, al que
dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es mi ejercicio ".
La entrada de Edith Stein en el convento de las Carmelitas no fue una huida.
"Quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen
aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos
a Dios ". Dio cuenta a Dios sobre todo de su pueblo.
"Pienso continuamente en la reina Ester, que fue
sacada de su pueblo para dar cuenta ante el rey. Yo soy una pequeña y débil
Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso.
Esto es un gran consuelo " (31.10.1938).
El 9 de noviembre de 1938 se puso de manifiesto ante
todo el mundo el odio que tenían los nazis a los judíos. Arden las sinagogas,
se siembra el terror entre las gentes judías. La Madre Superiora de las
Carmelitas de Colonia hace todo lo posible para llevar al extranjero a Sor
Teresa Benedicta de la Cruz. La noche de fin de año de 1938 cruza la frontera
de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda.
Allí redacta su testamento el 9 de junio de 1939.
"Ya desde ahora acepto con gozo, en completa
sumisión y según su santísima voluntad, la muerte que Dios me haya destinado.
Ruego al Señor que acepte mi vida y muerte... de manera que el Señor sea
reconocido por los suyos y que su Reino venga con toda su magnificencia para la
salvación de Alemania y la paz del mundo... ".
Ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a
Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas.
Allí había escrito, entre otras cosas, De la vida de una familia judía.
"Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea".
Ante "la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio
a los judíos..., nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea,
tenemos el deber de dar testimonio".
En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su
ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con
ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-1942. En
1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia
crucis (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo
el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de
todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única
esperanza nuestra)". Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como
subtítulo: " La ciencia de la Cruz ".
El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein
se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe
presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia
Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras
de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos,
por nuestro pueblo".
Junto con otros muchos otros judíos convertidos al
cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de
Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los
obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de
los judíos. "Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar
a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir
así... cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye
ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá
más tarde: "para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una
testigo de la presencia de Dios".
Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de
987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz,
junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de
gas de Auschwitz.
Con su beatificación en Colonia el 1 de mayo de
1987, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice
Juan Pablo II, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los
nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado,
Jesucristo, y, como judía, a su pueblo ".
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