1 de octubre de 2000
Desde
los más remotos orígenes del pueblo chino (hacia la mitad del tercer milenio
antes de Cristo) el sentimiento religioso hacia el Ser Supremo y la piedad
filial y devota hacia los antepasados difuntos son las características más
relevantes de su cultura milenaria.
Esta
nota de neta religiosidad se encuentra, más o menos, en los chinos de todos los
siglos, hasta el nuestro, cuando bajo el influjodel ateísmo occidental, algunos
intelectuales, especialmente los educados en el exterior, han querido
desprenderse, como algunosde sus maestros occidentales, de cualquier idea
religiosa.
El
Evangelio se anunció en China en el siglo V y, a primerosdel VII, se erigió
allí la primera iglesia. Durante la dinastía T'ang(618-907) la comunidad de
los cristianos estuvo floreciente durante dos siglos. En el XIII la comprensión
del pueblo chino y de sus culturas, que supo tener un misionero como Juan de
Montecorvino, lograron que se pudiera dar impulso a la primera misión católica
en el «Reino del medio» con sede episcopal en Beijin.
No
es de extrañar que, especialmente en la época moderna (es decir, desde el
siglo XVI, cuando las comunicaciones entre oriente y occidente comenzaron a ser
en cierto modo más frecuentes), haya existido por parte de la Iglesia Católica
el deseo de llevar a este pueblo la luz del Evangelio, a fin de que ésta
enriqueciese aún más el tesoro de tradiciones culturales y religiosas tan
ricas y profundas.
Así
pues, a partir de las últimas décadas del siglo XVI, varios misioneros católicos
fueron invitados a China: se habían elegido con gran esmero personas como
Matteo Ricci y otros, teniendo en cuenta, además de su espíritu de fe y de
amor, sus capacidades culturales y sus cualidades en diversos campos de la
ciencia, en especial de la astronomía y de la matemática. De hecho, gracias a
éstos y al aprecio que demostraron los misioneros por el notable espíritu de
investigación presente en los estudiosos chinos, pudieron establecerse
relaciones de colaboración científica muy provechosas. Éstas sirvieron a su
vez para abrir muchas puertas, incluso las de la corte imperial, y para así
entablar relaciones muy útiles con varias personas de grandes capacidades.
La
calidad de la vida religiosa de estos misioneros fue lo que indujo a no pocas
personas de alto nivel a sentir la necesidad de conocer mejor el espíritu evangélico
que los animaba y, luego, de instruirse en los postulados de la religión
cristiana: lo cual se hizo de manera conveniente a sus características
culturales y a su modo de pensar. A finales del siglo XVI y primeros del XVII,
fueron numerosos los que, una vez adquirida la debida preparación, pidieron el
bautismo y llegaron a ser cristianos fervientes, manteniendo siempre con justo
orgullo su identidad de chinos y su cultura.
El
cristianismo se vio en aquel período como una realidad que no se oponía a los
más altos valores de las tradiciones del pueblo chino, ni se superponía a
ellos, sino que los enriquecía con una nueva luzy dimensión.
Gracias
a las óptimas relaciones existentes entre algunos misioneros y el mismo
emperador K'ang Hsi; gracias a sus servicios prestados por restablecer la paz
entre el «zar» de Rusia y el «hijo del cielo», o sea el emperador, éste
promulgó en 1692 el primer decreto de libertad religiosa, en virtud del cual
todos sus súbditos podían seguir la religión cristiana y todos los misioneros
podían predicarla en sus vastos dominios.
Como
consecuencia, la acción misionera y la difusión del mensaje evangélico se
desarrollaron notablemente y fueron muchos los chinos que, atraídos por la luz
de Cristo, pidieron recibir el bautismo.
Pero
desgraciadamente la cuestión espinosa de los «ritos chinos»,
irritó sobremanera al
emperador K'ang Hsi y preparó la persecución (fuertemente influenciada por la
del vecino Japón), que en unos sitios más en otros menos, abierta o solapada,
violenta o velada,se extendió prácticamente con sucesivas oleadas desde la
primera década del siglo XVII hasta la mitad del siglo XIX, matando a
misioneros y a fieles laicos y destruyendo no pocas iglesias.
Fue
exactamente el 15 de enero de 1648 cuando los Tártaros Manciù, habiendo
invadido la región del Fujian y mostrándose hostiles a la religión cristiana,
dieron muerte al Beato Francisco Fernández de Capillas, sacerdote de la Orden
de los Frailes Predicadores. Después de haberlo encarcelado y torturado, lo
decapitaron mientras rezaba con otros los misterios dolorosos del Rosario.
El
Beato Francisco Fernández de Capillas ha sido reconocidopor la Santa Sede como
Protomártir de China.
Hacia
la mitad del siglo siguiente, el XVIII, otros cinco misioneros españoles, que
habían ejercido su actividad entre los años 1715-1747, fueron también
asesinados como resultado de una nueva ola de persecución iniciada en 1729 y
con secuaces más encarnizados en 1746. Era la época de los emperadores Yung-Cheng
y de su hijo K'ien-Lung.
Beato
Pedro Sans i Iordà, O.P., Obispo, martirizado el 26 de mayo de 1747 en Fuzhou.
Beato Francisco Serrano, O.P., Sacerdote,
Beato Joaquín Royo, O.P. Sacerdote,
Beato Juan Alcober, O.P., Sacerdote,
Beato Francisco Díaz, O.P. Sacerdote, los cuatro fueron matados el 28 de
octubre de 1748 en Fuzhou.
Una
nueva fase de régimen de persecución en relación con la religión cristiana
se desató posteriormente en el siglo XIX.
Mientras
algunos Emperadores de los siglos precedentes habían autorizado el catolicismo,
el Emperador Kia-Kin (1796-1821) publicó en cambio numerosos y severos decretos
en contra. El primero se remonta al 1805; dos edictos del 1811 iban dirigidos
contra aquellos de entre los chinos que hacían los estudios para recibir las órdenes
sagradas y contra los sacerdotes que propagaban la religión cristiana. Un
decreto del 1813 exoneraba de cualquier castigo a los apóstatas voluntarios, es
decir, a los Cristianos que declaraban espontáneamente que abandonaban la fe
cristiana, pero amenazaba a todos los demás.
En
este período sufrió el martirio el
Beato
Pedro Wu, laico catequista, chino, nacido de familia pagana, recibió el
bautismo en 1796 y pasó el resto de su vida anunciando la verdad de la religión
cristiana. Todas las tentativas para hacerlo apostatar fueron vanas. Emitida
contra él la sentencia de muerte, fue estrangulado el 7 de noviembre de 1814.
Siguió
sus pasos en la fidelidad a Cristo el Beato José Zhang-Dapeng, laico catequista,
comerciante, bautizado en el 1800, llegó a ser después el alma de la misión
en la ciudad de Kony-Yang. Encarcelado, murió estrangulado el 12 de marzo de
1815.
Este
año (1815) se promulgaron otros dos Decretos, en los que se aprobaba la
conducta del Virrey del Sichuan, que había hecho decapitar a Mons. Dufresse, de
las Misiones Exteriores de París,y a muchos cristianos chinos. Siguió una
persecución más exacerbada.
Son
de este período los siguientes mártires:
Beato
Juan Gabriel Taurin Dufresse, M.E.P., Obispo, arrestado el 18 de mayo de 1815,
conducido a Chengdu, condenado y ajusticiado el 14 de septiembre de 1815.
Beato
Agustín Zhao Rong, Sacerdote diocesano chino que, siendo antes uno de los
soldados que escoltaron a Mons. Dufresse desde Chengdu hasta Beijin, había
quedado impresionado por la paciencia de éste y había pedido ser contado entre
los neófitos: una vez bautizado, se le mandó al Seminario y después se ordenó
sacerdote. Arrestado, sufrió crueles suplicios y después
murióen 1815.
Beato
Giovanni da Triora, O.F.M., Sacerdote, hecho prisionero junto con otros en el
verano del 1815, después condenado a muerte y murió estrangulado el 7 de
febrero de 1816.
Beato
José Yuan, Sacerdote diocesano chino, el cual, habiendo escuchado a Mons.
Dufresse hablar de la fe cristiana, quedó prendado de la belleza de ésta y
después llegó a ser un neófito ejemplar. Más tarde, ordenado sacerdote y,
como tal, entregado a la evangelización en varios distritos; fue apresado en
agosto de 1816, condenado a la estrangulación y matado de esta suerte el 24 de
junio de 1817.
Beato
Francisco Regis Clet de la Congregación de la Misión que, después de haber
obtenido el permiso para ir a las misiones de China, se había embarcado para el
Oriente en 1791. Llegado allí, llevó durante treinta años una vida
sacrificada de misionero: sostenido por un celo incansable, evangelizó tres
inmensas Provincias del Imperio Chino: Jiangxi, Hubei, Hunan. Traicionado por un
cristiano, fue arrestado y llevado a prisión donde sufrió atroces suplicios.
Mediante sentencia del Emperador fue matado por estrangulación el 17 de febrero
de 1820.
Beato
Tadeo Liu, Sacerdote diocesano, chino, que se negó a apostatar, diciendo que
era sacerdote y quería ser fiel a la religión que había predicado. Condenado
a muerte, fue estrangulado el 30 de noviembre de 1823.
Beato
Pedro Liu, catequista laico, chino, arrestado en 1814 y condenado al exilio en
Tartaria, donde permaneció casi veinte años. Vuelto a la patria, fue de nuevo
apresado y estrangulado el 17 de mayo de 1834.
Beato
Joaquín Ho, catequista laico, chino, fue bautizado a la edad de casi 20 años.
En la gran persecución del 1814 había sido prendido con muchos otros fieles y
sometido a crueles torturas. Desterrado a Tartaria, allí permaneció unos 20 años;
regresado a la patria fue nuevamente apresado y rehusó apostatar. A continuación,
una vez confirmada la sentencia de muerte por parte del Emperador, fue
estrangulado el 9 de julio de 1839.
Beato
Augusto Chapdelaine, M.E.P., sacerdote de la Diócesis de Coutances. Habiendo
ingresado en el Seminario de las Misiones Exteriores de París, se embarcó
directamente a China en 1852; llegó a Guangxi a finales del 1854. Arrestado en
1856, torturado, condenado a muerte enjaulado, expiró en febrero de 1856.
Beato
Lorenzo Bai Xiaoman, laico, chino, obrero modesto, que acompañó al Beato
Chapdelaine en el asilo que habían ofrecido al misionero y fue con él apresado
y conducido al tribunal. Nada pudo hacerlo apostatar. Fue decapitado el 25 de
febrero de 1856.
Beata
Inés Cao Guiying, viuda, había nacido de antigua familia cristiana; habiéndose
dedicado a la instrucción de las muchachas jóvenes convertidas por el B.
Chapdelaine, fue arrestada y, condenada a morir enjaulada, fue ajusticiada el 1
de marzo de 1856.
El
28 de enero de 1858, por orden del mandarín de MaoKou (en la provincia de
Guizhou), fueron matados tres catequistas, conocidos como Mártires de MaoKou:
Beato
Jerónimo Lu Tingmei,
Beato Lorenzo
Wang Bing,
Beata Àgueda Lin Zao.
Se
pidió a los tres que renunciaran a la religión cristiana. Como su respuesta
fuese negativa, fueron condenados a la decapitación.
El
29 de julio de 1861 sufrieron el martirio simultáneamente dos seminaristas y
dos laicos, de los cuales uno era cultivador y la otra una viuda que prestaba
sus servicios como cocinera en el seminario. Se los conoce como Mártires de
Qingyanzhen (Guizhou):
Beato
José Zhang Wenlan, seminarista,
Beato Pablo Chen Changpin, seminarista,
Beato Juan Bautista Luo Tingying, laico,
Beata Marta Wang-Luo Mande, laica.
El
año siguiente, el 18 y 19 de febrero de 1862, dieron su vidapor Cristo otras 5
personas, conocidas como Mártires de Guizhou,a saber:
Beato
Juan Pedro Néel, Sacerdote de las Misiones Exterioresde París,
Beato Martín Wu Xuesheng, catequista laico,
Beato Juan Zhang Tianshen, catequista laico,
Beato Juan Chen Xianheng, catequista laico,
Beata Lucía Yi Zhenmei, catequista laica.
Mientras
tanto habían ocurrido, en el campo de la política, algunos episodios que
tuvieron notables repercusiones en la vida de las misiones cristianas.
En
junio de 1840 el Comisario imperial de Guangdong, queriendo con razón suprimir
el comercio del opio, que estaba en manos de los ingleses, había hecho arrojar
al mar más de veinte mil cajas de esta droga. Este había sido el pretexto de
la guerra inmediata, con victoria de los ingleses. Terminada la guerra, China
debió firmar en 1842 el primer tratado internacional de los tiempos modernos,
al que siguieron muy pronto otros con América y Francia. Aprovechando la ocasión,
Francia sustituyó a Portugal como potencia protectora de las misiones y como
consecuencia se promulgó un doble decreto: uno del 1844, por el cual se permitía
a los chinos seguir la religión católica, otro del 1846, mediante el cual se
suprimían las antiguas penas contra los católicos.
La
Iglesia pudo entonces vivir abiertamente y ejercer su acción misionera,
desarrollándola también en el ámbito de la educación superior, universitaria
y de la investigación científica.
Al
multiplicarse los diversos Institutos culturales de alto nivel y gracias a su
actividad muy apreciada, se establecieron gradualmente lazos cada vez más
profundos entre la Iglesia y China con sus ricas tradiciones culturales.
Esta
colaboración con las autoridades chinas favoreció de un modo creciente la
mutua estima y participación en aquellos valores que deben regir siempre toda
sociedad civil.
Transcurrió
así un siglo de expansión de las misiones cristianas, con la excepción hecha
del período en que se abatió sobre ellas la desgracia de la insurrección de
la «Asociación de la justicia y de la armonía» (conocida comúnmente como de
los “Boxers”), que ocurrió al principio del siglo XX y causó el
derramamiento de sangre de muchos cristianos.
Es
sabido que en esta revuelta confluyeron todas las sociedades secretas y el odio
acumulado y reprimido contra los extranjeros de los últimos decenios del siglo
XIX a causa de las vicisitudes políticas y sociales que siguieron a la «guerra
del opio» y a la imposición de los así llamados «Tratados desiguales» por
parte de las Potencias Occidentales.
Sin
embargo fue muy distinto el móvil de la persecución a los Misioneros, aunque
fueran de nacionalidad europea. Su matanza fue determinada por una causa
puramente religiosa: fueron matados por el mismo motivo con que lo fueron los
fieles chinos que se habían hecho cristianos. Documentos históricos
indiscutibles ponen en evidencia el odio anticristiano que impulsó a los
“Boxers” a asesinar a los Misioneros y a los fieles locales que se habían
adherido a su doctrina. Respecto a ellos se emitió un edicto el 1 de julio de
1900, en el cual se decía, en síntesis, que ya había pasado el tiempo de las
buenas relaciones con los Misioneros europeos y sus cristianos: que los primeros
debían ser repatriados inmediatamente y los fieles obligados a la apostasía,
bajo pena de muerte.
Como
resultado de esto tuvo lugar el martirio de algunos misioneros y de muchos
chinos que se agruparon en los siguientes grupos:
a)
Mártires de Shanxi, muertos el 9 de julio de 1900, que son Frailes Menores
Franciscanos:
Beato
Gregorio Grassi, Obispo,
Beato Francisco Fogolla, Obispo,
Beato Elías Facchini, Sacerdote,
Beato Teodorico Balat, Sacerdote,
Beato Andrés Bauer, Hermano Religioso;
b)
Mártires del Hunan Meridional, muertos el 7 de julio de 1900, también Frailes
Menores Franciscanos:
Beato
Antonino Fantosati, Obispo,
Beato José María Gambaro, Sacerdote,
Beato Cesidio Giacomantonio, Sacerdote ( 4 julio).
A
los mártires franciscanos de la Orden Primera se añaden siete Franciscanas
Misioneras de María, de las cuales 3 francesas,2 italianas, 1 belga y 1
holandesa:
Beata
María Ermellina de Jesús (en el siglo: Irma Grivot),
Beata María de la Paz (en el siglo: María Anna Giuliani),
Beata María Clara (en el siglo: Clelia Nanetti),
Beata María de Santa Natalia (en el siglo: Juana María Kerguin),
Beata María de San Justo (en el siglo: Ana Moreau),
Beata María Adolfina (en el siglo: Ana Dierk),
Beata María Amandina (en el siglo: Paula Jeuris).
De
los mártires chinos de la familia franciscana forman parte también 11
Franciscanos seglares, todos chinos:
Beato
Juan Zhang Huan, seminarista,
Beato Patricio Dong Bodi, seminarista,
Beato Juan Wang Rui, seminarista,
Beato Felipe Zhang Zhihe, seminarista,
Beato Juan , Zhang Jingguang, seminarista,
Beato Tomás Shen Jihe, laico, sirviente,
Beato Simón Qin Cunfu, catequista laico,
Beato Pedro Wu Anbang, laico,
Beato Francisco Zhang Rong, laico agricultor,
Beato Matías Feng De, laico neófito,
Beato Pedro Zhang Banniu, obrero laico.
A
ellos se añaden algunos fieles laicos chinos:
Beato
Santiago Yan Guodong, agricultor,
Beato Santiago Zhao Quanxin, sirviente,
Beato Pietro Wang Erman, cocinero.
Cuando
la rebelión de los “Boxers”, iniciada en Shandong, difundida luego en
Shanxi y en Hunan, llegó también al sudeste de Tcheli, en aquel entonces
Vicariato Apostólico de Xianxian, confiado a los Jesuitas, los cristianos
matados se cuentan por millares.
Entre
éstos se encuentran 4 misioneros jesuitas franceses y 52 cristianos laicos
chinos, hombres, mujeres y niños, el más anciano de ellos tenía la edad de 79
años, mientras que los dos más jóvenes sólo 9 años. Todos sufrieron el
martirio en el mes de julio de 1909; muchos de ellos fueron matados en la
Iglesia del Pueblo di Tchou-Kia-ho, donde se habían refugiado y estaban en
oración junto con los dos primeros de los misioneros que a continuación se
enumeran:
Beato
León Mangin, S.J. sacerdote,
Beato Pablo Denn, S.J., sacerdote,
Beato Remigio Isoré, S.J., sacerdote,
Beato Modesto Andlauer, S.J., sacerdote.
He
aquí los nombres y edades de los laicos cristianos chinos:
Beata
María Zhu, de unos 50 años,
Beato Pedro Zhu Rixin, de 19 años,
Beato Juan Bautista Zhu Wurui, de 17 años,
Beata María Fu Guilin, de 37 años,
Beata Bárbara Cui Lian, de 51 años,
Beato José Ma Taishun, de 60 años,
Beata Lucía
Wang Cheng, 18 años,
Beata María Fan Kun, de 16
años,
Beata María Chi Yu, de 15 años,
Beata María Zheng Xu, de 11 años,
Beata María Du Zhao, de 51 años,
Beata Magdalena Du Fengju, de 19 años,
Beata María Du Tian, de 42 años,
Beato Pablo Wu Anjyu, de 62 años,
Beato Juan Bautista Wu Mantang, 17 años,
Beato Pablo
Wu Wanshu, de 16 años,
Beato Ramón Li Quanzhen,
de 59 años,
Beato Pedro Li Quanhui, de 63 años,
Beato Pedro Zhao Mingzhen, de 61 años,
Beato Juan Bautista Zhao Mingxi, de 56 años,
Beata Teresa Chen Tinjieh, de 25 años,
Beata Rosa
Chen Aijieh, de 22 años,
Beato Pedro Wang Zuolong, de 58 años,
Beata María Gou Li, de 65
años,
Beato Juan Wu
Wenyin, de 50 años,
Beato Zhang Huailu, de 57 años,
Beato Marcos Ki-T'ien-Siang, de 66 años,
Beata Ana An Xin, de 72 años,
Beata María An Guo, de 64 años,
Beata Ana An Jiao, de 26 años,
Beata María An Linghua, de
29 años,
Beato Pablo Liu Jinde, de 79 años,
Beato José
Wang Kuiju, de 37 años,
Beato Juan Wang Kuixin, de 25 años,
Beata Teresa Zhang He, de 36 años,
Beata Lang Yang, de 29 años,
Beato Pablo Lang Fu, de 9 años,
Beata Isabel Qin Bian, de 54 años,
Beato Simón Qin Cunfu, de 14 años,
Beato Pedro Liu Zeyu, de 57 años,
Beata Ana
Wang, de 14 años,
Beato José Wang Yumei, de 68 años,
Beata Lucía Wang Wang, de 31 años,
Beato Andrés Wang Tianqing, de 9 años,
Beata María Wang Li, de 49
años,
Beato Chi Zhuze, de 18 años,
Beata María Zhao Gou, de 60 años,
Beata Rosa Zhao, de 22 años,
Beata María Zhao, de 17 años,
Beato José Yuan Gengyin, de 47 años,
Beato Pablo Ge Tingzhu, de 61 años,
Beata Rosa Fan Hui, de 45 años.
El
hecho de que este considerable número de fieles laicos chinos haya ofrecido la
vida a Cristo juntamente con los misioneros que les habían anunciado el
Evangelio y se habían prodigado por ellos pone en evidencia la profundidad de
los vínculos que la fe en Cristo establece, reuniendo en una sola familia
personas de razas y culturas diversas, estrechamente hermanados entre sí, no ya
por motivos políticos, sino en virtud de una religión que predica el amor, la
fraternidad, la paz y la justicia.
Además
de todos los matados por los “Boxers” hasta ahora mencionados, debe
recordarse también al Beato Alberico Crescitelli, sacerdote del Instituto
Pontificio de las Misiones Exteriores de Milán, que desarrolló su ministerio
en el Shanxi Meridional y fue martirizado el 21 de julio de 1900.
Años
después, al nutrido ejército de los Mártires arriba recordados iban a unirse
algunos Miembros de la Sociedad Salesiana de S. Juan Bosco:
Beato
Luis Versiglia, Obispo,
Beato
Calixto Caravario, Sacerdote.
Fueron
asesinados juntos el 25 de febrero de 1930 en Li-Thau-Tseul.