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MONS. CARLOS LIVIERO (1866-1932)
Fundador de la congregación religiosa de las Pequeñas
Esclavas del Sagrado Corazón
Nació en Vicenza (Italia) el 29 de mayo de 1866; era el mayor
de cuatro hijos. Fue ordenado sacerdote el 20 de noviembre de 1888. Desde 1889
desempeñó su ministerio en Gallio, provincia de Vicenza y diócesis de Padua.
Allí manifestó desde el inicio el celo pastoral que lo caracterizaría durante
toda su vida. Veía las necesidades espirituales y materiales de sus fieles y
se dedicaba sin descanso a la evangelización y a la promoción humana. Se
entregó con pasión a la predicación, a la catequesis y a la administración de
los sacramentos.
En Gallio, donde no existían asociaciones católicas, don Carlos trabajó por
mejorar las condiciones de vida de la población mediante diversas
instituciones: establecimientos para niños pobres, asilos de ancianos, cajas
rurales, almacenes de cooperativas, obras parroquiales, sociedades católicas
obreras y agrícolas... Formó un grupo de muchachas para animar las diversas
obras, alimentando el proyecto de iniciar con ellas una nueva congregación
religiosa, pero no consiguió la aprobación del obispo de la diócesis.
El 1 de julio de 1899 fue nombrado arcipreste de Agna, una zona de Padua en la
que vivía gente muy pobre y explotada por latifundistas sin escrúpulos. Allí
puso a disposición de los pobres todo lo que tenía. Promovió también las
numerosas obras que había puesto en marcha en Gallio, así como otras obras de
carácter formativo: círculo de jóvenes, asociación de madres cristianas,
Tercera Orden de San Francisco, Pía sociedad de San José, Congregación del
Santísimo Sacramento, Hijas de María... Así, en diez años de trabajo en Agna,
obtuvo excelentes resultados en la renovación de la vida cristiana de la
población.
El 6 de enero de 1910 fue nombrado obispo de Città di Castello; el 29 de junio
sucesivo celebró en la catedral su primer pontifical, con ocasión del cual
expuso su programa pastoral. Su primera prioridad pastoral fue el clero.
Convocó inmediatamente dos tandas de ejercicios espirituales. Contaba mucho
con la colaboración de sus sacerdotes. Los impulsaba continuamente a ser
hombres de oración y celosos en el anuncio del Evangelio.
Prestó atención especial a la juventud, en la que veía la esperanza de una
renovación de la vida cristiana. Entre los jóvenes que siguió personalmente
surgieron numerosas vocaciones al sacerdocio. Sostuvo y promovió la Acción
católica. Realizó cinco visitas pastorales, recorriendo incluso las parroquias
más lejanas, situadas en colinas o en los montes Apeninos.
Se preocupaba mucho de que se promoviera la participación en los sacramentos,
en el catecismo y en las asociaciones católicas. También cuidaba las
condiciones de los templos y la dignidad del culto. Su contacto continuo con
el pueblo le permitía conocer bien los peligros para la fe y las costumbres,
especialmente de la juventud.
Para responder a las exigencias religiosas, culturales y sociales de sus
diocesanos, puso en marcha numerosas iniciativas en varios campos: un boletín interdiocesano, una librería católica, la Escuela tipográfica del Sagrado
Corazón, una escuela primaria masculina, una pensión para estudiantes, una
sala de cine, el hospicio del Sagrado Corazón, y la fundación de la
congregación religiosa de las Pequeñas Esclavas del Sagrado Corazón, que tuvo
lugar el 9 de agosto de 1917.
Dos momentos destacados de su episcopado fueron: el congreso eucarístico
diocesano de 1927, con ocasión del II centenario de la muerte de santa
Verónica Giuliani; y el Sínodo diocesano de 1928, celebrado para renovar la
legislación diocesana dándole un sentido más pastoral.
Murió en el hospital de Fano el 7 de julio de 1932, a consecuencia de un
accidente de carretera.
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