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10 - 06.10.2005
RESUMEN
♦ SÉPTIMA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 6 DE OCTUBRE DE 2005 -
POR LA TARDE)
♦ SÉPTIMA CONGREGACIÓN GENERAL (JUEVES, 6 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA TARDE)
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 16:30 de hoy, jueves 6 de octubre de 2005, con la Oración por
el buen resultado del Sínodo, ha tenido lugar la Séptima
Congregación General, para la continuación de las intervenciones de
los Padres Sinodales en el Aula sobre el tema sinodal La Eucaristía:
fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Francis ARINZE, Prefecto
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Séptima Congregación General han intervenido los siguientes
Padres:
- S. Em. R. Mons. Lucio Andrice MUANDULA, Obispo de Xai-Xai (MOZAMBIQUE)
- S. Em. R. Card. Antonio María ROUCO VARELA, Arzobispo de Madrid (ESPAÑA)
- S. B. R. Emmanuel III DELLY, Patriarca de Babilonia de los Caldeos,
Jefe del Sínodo de la Iglesia Caldea (IRAK)
- S. Em. R. Card. Godfried DANNEELS, Arzobispo de Mechelen-Brussel,
Malines-Bruxelles, Presidente de la Conferencia Episcopal
- S. Em. R. Mons. Louis CHAMNIERN SANTISUKNIRAM, Arzobispo de Thare
y Nonseng (TAILANDIA)
- S. Em. R. Mons. Luciano Pedro MENDES DE ALMEIDA, S.I, Arzobispo de
Mariana (BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Nestor NGOY KATAHWA, Obispo de Kolwezi (REPÚBLICA
DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
- S. B. R. Nerses Bedros XIX TARMOUNI, Patriarca de Cilicia de los
Armenios, Jefe del Sínodo de la Iglesia Armenia Católica (LÍBANO)
- S. Em. R. Mons. Michael Louis FITZGERALD, M. Afr., Arzobispo
titular de Nepte, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo
Interreligioso (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon,
Presidente de la Conferencia Episcopal (MYANMAR)
- S. Em. R. Mons. Julián LÓPEZ MARTÍN, Obispo de León (ESPAÑA)
- S. Em. R. Mons. Thomas Christopher COLLINS, Arzobispo de Edmonton
(CANADÁ)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Mons. Lucio Andrice MUANDULA, Obispo de Xai-Xai (MOZAMBIQUE)
El punto de partida de mi intervención es el tema mismo de esta XI
Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos «La Eucaristía:
fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia», tema que
parece orientarnos a una profundización de los aspectos pastorales,
espirituales y eclesiológicos de la Eucaristía.
Me referiré sólo a los aspectos pastorales y eclesiológicos del
sacerdote en cuanto ministro autorizado para celebrar la Eucaristía.
Por lo tanto, partiendo del presupuesto de la Eucaristía “fuente y
cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia” y considerando que
los actuales datos estadísticos nos confirman la existencia de una
gran escasez de sacerdotes en el mundo, me parece natural preguntar
hasta qué punto una comunidad eclesial privada del Sacramento de la
Eucaristía puede alcanzar ese dinamismo de vida que le permita
transformarse en una comunidad misionera, capaz de llevar a cabo con
alegría el proyecto misionero que el Señor Jesús mismo nos ha
confiado «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,
19-20).
En otras palabras, ¿cómo pueden los miembros de una comunidad
eclesial que vive sin la Eucaristía, alcanzar la perfección de la
vida cristiana, es decir, ese estado de santidad que se obtiene de
la comunión con el Señor y que luego hace que se conviertan,
mediante su participación en la obra salvífica de Cristo, en luz del
mundo y sal de la tierra (Mt 5, 13-16)?
Por eso hay que insistir en la justa redistribución de los
sacerdotes en el mundo, como tantas veces han pedido los Padres
sinodales, y es urgente y necesario que se proponga de nuevo a toda
la Iglesia, y de manera especial a los sacerdotes, una
“espiritualidad eucarística” distintiva de la gratuidad del
sacrificio de Cristo que se dona como pan eucarístico para que todos
podamos acceder a la vida nueva de la gracia.
[00138-04.04] [IN131] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Antonio María ROUCO VARELA, Arzobispo de Madrid (ESPAÑA)
Es bueno precisar los objetivos del Sínodo a la luz del tema fijado
por Juan Pablo II y, luego, confirmado por Benedicto XVI, pero
teniendo en cuenta el momento actual de la Iglesia y de sus
necesidades pastoral es hoy más urgentes.
Se debe de partir para ello de la doctrina del Vaticano II sobre la
Iglesia en su íntima y constitutiva relación con el Sacramento de la
Eucaristía, iluminada recientemente por la Encíclica "Ecclesia de
Eucharistia". El Vaticano II ha recogido en bellísima síntesis
teológica los frutos doctrinales y pastorales de la renovación
litúrgica, espiritual y apostólica que vivió la Iglesia en la
primera mitad del siglo XX.
A continuación se debe de afrontar la antítesis al Concilio que han
representado las interpretaciones radicalmente secularizadoras del
contenido, significado y de las formas celebrativas del Sacramento
Eucarístico “fons et culmen totius vitae christianae”. Sin olvidar
la rémora que supuso el cuestionamiento eclesiológico de la reforma
litúrgica por parte de pequeños grupos. Nos encontramos, pues, en la
hora de una nueva síntesis doctrinal y pastoral, clarificadora y
superadora de esas antítesis:
1. Por la vía de una renovación en clave pascual de la doctrina, la
catequesis y la experiencia práctica del Sacramento de la Eucaristía,
como aquel en el que se actualiza el sacrificio y oblación
sacerdotal de Cristo, presente substancialmente bajo las especies
eucarísticas.
2. A través de una pedagogía canónica y pastoral, cuidadosa y
respetuosa de la comunión eclesial que elimina el subjetivismo y la
arbitrariedad en las formas de la celebración y del culto
eucarístico.
3. Y por el fomento de una espiritualidad eucarística basada en el
hábito y en la experiencia de la adoración del Sacramento por
excelencia, "el Sacramento del Amor de los Amores", alimento para la
santificación de los fieles y fuerza para que puedan ser testigos
activos del Evangelio en el mundo.
[00139-04.05] [IN137] [Texto original: español]
- S. B. R. Emmanuel III DELLY, Patriarca de Babilonia de los Caldeos,
Jefe del Sínodo de la Iglesia Caldea (IRAK)
Unas breves palabras sobre la presencia de Nuestro Señor en la
Eucaristía según la tradición, la liturgia y la devoción de los
fieles Caldeos, miembros de la Iglesia de Oriente, denominada
Iglesia Caldea que se desarrolló en el Imperio de Partho y de los
Sasánidos más allá de la orilla del río Éufrates hasta China,
Mongolia, Tibet y luego hasta la India.
Esta Iglesia, nacida en la Mesopotamia y en Persia, tuvo la gracia
de recibir la primera predicación de los Apóstoles y de los primeros
Discípulos de Cristo. Ya desde el siglo primero después de
Pentecostés nos enseña la doctrina Eucarística confirmada hoy por la
fe y la doctrina de la Iglesia Católica de Occidente.
La Iglesia Caldea de Oriente considera a Jesús en el Santísimo
Sacramento realmente presente en la Eucaristía como “víctima por
nuestros pecados” fuente de vida para los hombres, fuego que quema
los pecados y purifica los corazones. Cita con frecuencia en sus
libros litúrgicos la profecía de Isaías, que habla del “Siervo de
Yahvé” que lleva sobre sí los pecados del mundo.
Jesús en la Eucaristía es la luz que ilumina el Camino que nos
conduce a la vida Eterna y el Maestro que nos enseña. Él es nuestra
fuerza y nuestro consuelo en las dificultades y en las persecuciones;
Él es el maná vivo que nos da la vida y nos sostiene.
Él es el alimento nutritivo del Banquete que el Padre Celestial ha
preparado.
Jesús se dio a Su Esposa que es la Iglesia y la Iglesia nos lo ha
ofrecido a través de los Sacerdotes.
La Iglesia Caldea nutre una gran devoción en la Eucaristía
participando de las Solemnes procesiones con el Santísimo
Sacramento.
Prepara a sus hijos para seguir la tradición de sus Padres y reza
diciendo “Señor Misericordioso, el don de Ti a nosotros los mortales
es grande: por el agua nos has revestido de Tu Espíritu, por el pan
nos has hecho comer Tu Cuerpo y por Tu Sangre viviente nos has
santificado, así nos has unido a los Bienes Espirituales y desde la
tierra nos elevas al Cielo. Amén.
[00140-04.02] [IN141] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Godfried DANNEELS, Arzobispo de Mechelen-Brussel,
Malines-Bruxelles, Presidente de la Conferencia Episcopal
Este Sínodo sobre la Eucaristía tiene dos objetivos. Queremos ante
todo reflexionar y profundizar en nuestros conocimientos sobre las
riquezas del misterio de la Eucaristía y su liturgia, para amarla
aún más y celebrarla mejor. El segundo objetivo de este sínodo es el
de trabajar para que todas estas riquezas lleguen a arraigar en una
cultura posmoderna que es, bajo ciertos aspectos y a primera vista,
desfavorable a este arraigamiento.
Y sin embargo nuestra cultura está llena de paradojas. Bajo esta
negatividad se esconde la tendencia opuesta: para el hombre
contemporáneo la percepción de lo invisible es difícil. Y sin
embargo existe un verdadero interés por todo lo que se encuentra más
alla del horizonte, más allá de lo sensible, de lo racional, de la
eficacia y la productividad; el hombre contemporáneo es sobre todo
un hombre de acción, pero en este hombre se esconde también una
inmensa sed de gratuidad, del don; no le gusta el rito a causa de su
repetitividad y monotonía, pero él siempre está inventando sus
propios ritos; la escatología cristiana parece olvidada e incluso
engañosa, pero no ha existido nunca tanta sed de un mundo mejor ni
tanta necesidad de esperanza: e incluso si el simbolismo de la
liturgia eucarística no se percibe o aprecia bien, no se puede decir
que nuestra cultura esté ciega ante los símbolos, inventa nuevos
todos los días; es cierto que el hombre contemporáneo está llevado a
la manipulación y a la posesión, pero también es de una generosidad
oblativa casi ilimitada (tsunami); el hombre contemporáneo quiere
moverse y nuestras liturgias se han vuelto con frecuencia muy
activas, incluso activistas. Pero nos olvidamos de que en muchos de
nuestros contemporáneos existe una auténtica sed de silencio. Tal
vez hemos entendido mal el sentido de la actuosa participatio que
implica también el silencio ante el misterio. Todos estos elementos
de nuestra cultura llevan en sí las semillas para una evangelización
de nuestra cultura, y la mejor evangelización es precisamente la
celebración de la liturgia. Ella es la primera evangelizadora.
[00141-04.03] [IN130] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Louis CHAMNIERN SANTISUKNIRAM, Arzobispo de Thare
y Nonseng (TAILANDIA)
No es necesario decir que la secularización está destruyendo la fe
de los católicos como así también la de otras personas en Tailandia.
La gente es menos religiosa. Está desesperadamente en busca de
nuevos dioses que, piensa, podrían ayudarla a sentirse más felices
en la vida. La Iglesia en Tailandia debería ayudar a los fieles a
examinar su fe en Dios y especialmente en Cristo presente en la
Eucaristía.
La formación de la fe en la Eucaristía es un tema urgente que debe
ser afrontado con diligencia. Como ha sido demostrado claramente, la
devoción católica por la Eucaristía es, hasta el momento, más bien
débil, en especial entre los niños y los jóvenes. Por consiguiente
se hace extremadamente urgente la necesidad de iniciar una formación
sistemática y permanente sobre la fe en la Eucaristía, finalizada,
ante todo, a crear la toma de conciencia de la sacralidad de la
Eucaristía con la presencia real de Jesucristo. Existen también
otros factores que indican que la devoción por la Eucaristía no es
aún sentida de manera muy profunda. Muchos católicos consideran que
recibir la comunión es una mera práctica social y así también se
acercan al Sacramento sin una adecuada preparación. Al mismo tiempo,
es igualmente importante una formación relativa al Sacramento de la
Reconciliación. Esto sirve para ayudar a los fieles a recibir la
Santa Comunión de la debida manera a través del Sacramento de la
Reconciliación. Los fieles deben ser instruidos clara y
repetidamente sobre el hecho que su vida es un camino hacia el Padre
y, por lo tanto, debe ser alimentada por el Pan de la Vida,
Jesucristo, el Emanuel, y listo para guiar a cada uno hacia la vida
eterna.
Desde el momento en que los fieles forman parte del Cuerpo místico
de Cristo que es la cabeza, su participación en la Celebración
Eucarística debe ser activa. Deberían ser alentados por los
sacerdotes de sus parroquias para formar comités litúrgicos para una
preparación cuidadosa y llena de significado para las asambleas.
Para realizar el objetivo de la formulación de la fe en la
Eucaristía, de la promoción de una participación sentida de la Santa
Misa y para hacer que el domingo, día de la celebración eucarística,
se convierta en cultura de vida para los fieles, la Conferencia
Episcopal de Tailandia nombrará un comité ad hoc, formado por la
Comisión para la Liturgia y la Comisión Consultiva Teológica, para
acelerar la realización de tal programa hasta cuando, en el lapso de
cinco años, sea alcanzado el objetivo gracias al uso de todo medio
de comunicación.
[00142-04.02] [IN133] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Luciano Pedro MENDES DE ALMEIDA, S.I, Arzobispo de
Mariana (BRASIL)
Mi comentario hace referencia al n°. 37 del Instrumentum Laboris que
trata del “sacrificio, memorial y convivio".
l. La dimensión sacrifical de la Eucaristía está en el centro del
misterio eucarístico: "la muerte y resurrección de Jesús". El
Sacrificio de Nuestro Señor proyecta una gran luz sobre el
significado del sufrimiento humano y de toda la vida de los
cristianos y nos permite comprender por qué los cristianos en gracia
de Dios, una vez perdonados, siguen sufriendo en este mundo, en
medio de las tribulaciones y sin ser librados de ellas.
2. El Sacrificio de la Iglesia
Pero el Señor Jesús quiso asociar su Iglesia a su ofrenda de amor:
"Haced esto en recuerdo mío". Así, la Iglesia, la comunidad de los
fieles, es convocada por Jesús para vivir la "forma eucarística",
para ofrecer con Él, por Él y en Él la propia vida por la salvación
del mundo.
Él dio su vida por nosotros y también nosotros debemos dar la vida
por los hermanos (1 Jn 3, 16).
El sacerdote en el altar se une a la ofrenda del Señor haciendo
suyas las palabras y los sentimientos de Jesús, palabras de
compromiso de su vida con Jesús, "pro mundi vita".
Los fieles están llamados a unir sus vidas "en Cristo" y a
participar de su sacrificio de amor.
"Mira, o Padre, a esta familia tuya que se une a Ti en el único
sacrificio de tu Cristo (Oración Eucarística RIC I). De este modo,
en la Eucaristía se realizan las enseñanzas del apóstol Pablo: "Os
exhorto, pues, hermanos, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como
un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto
espiritual" (Rm 12,1).
3. El sentido de toda la vida cristiana es la unión con Cristo que
se ofrece al Padre por la vida de la humanidad. Ésta es la"forma
eucarística". Ésta es la belleza de la ofrenda cotidiana que enseña
"el Apostolado de la Oración", que invita a los fieles a asumir la
"forma eucarística", al unir sus vidas a María, al corazón de Cristo
que se ofrece por la humanidad.
4. El discípulo de Jesús sigue siendo, en este mundo, injusto y
violento, en medio de las tribulaciones, para reparar sus pecados
personales, pero también para vivir la "forma eucarística", para
hacer del bien a los demás, para dar frutos de salvación, para ser
sal, luz y fermento en el mundo.
5. La misión de los discípulos de Cristo es vivir en la gracia de
Dios y permanecer en medio de las tribulaciones de este mundo, donde
existen el odio y las divisiones, asumiendo la "forma eucarística"
del ofrecimiento de la propia vida por amor, completando “lo que
falta a las tribulaciones de Cristo, en mi carne, en favor de su
cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).
La Eucaristía no sólo nos da la fuerza para afrontar con coraje y
amor las tribulaciones, sino que nos da luz para comprender el
porqué de nuestros sufrimientos unidos a los de Jesús: es el amor
que se sacrifica por el bien de los hermanos y por la vida del
mundo.
Esto da una enorme paz al corazón, al descubrir el proyecto divino
de salvación que une nuestras vidas y hace que los unos cooperen en
la salvación de los otros.
6. Debemos, por tanto, penetrar en la belleza de la dimensión
sacrifical de la Eucaristía e invitar al pueblo de Dios a asumir la
"forma eucarística" de vivir, valorizando el momento central de la
epíclesis, cuando el Espíritu Santo nos reúne en un solo cuerpo y de
la anáfora cuando, en la fuerza del Espíritu, la Iglesia ofrece la
propia vida con Cristo, por Cristo y en Cristo al Padre.
El cristiano no pide ser liberado de las tribulaciones y
sufrimientos que forman parte de su paso por el mundo, sino
permanecer siempre unido a Cristo, en la Iglesia y ofrecer en paz la
propia vida en la espera de su venida, en la plenitud del Reino.
[00143-04.06] [IN147] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Nestor NGOY KATAHWA, Obispo de Kolwezi (REPÚBLICA
DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
1. Entre las diferentes dimensiones del sacramento de la Eucaristía
en el Instrumentum laboris (n. 35) la de su relación con el Misterio
Pascual está representada por su « «carácter central ».
2. Esta característica de la Eucaristía pertenece a su misma
naturaleza, tal como la define el Catequismo de la Iglesia Católica:
“La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la
actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la
Liturgia de la Iglesia que es su Cuerpo” (n. 1362). Y en Ecclesia de
Eucharistia se precisa: “De esta manera la Eucaristía aplica a los
hombres de hoy la reconciliación obtenida de una vez por todas por
Cristo para la humanidad de todos los tiempos” (n. 12).
3. La Iglesia debería profundizar ulteriormente en esta “mística”
para que el pueblo de Dios sea llevado a experimentar en la verdad
la comunión con Cristo que actualiza su sacrificio redentor.
4. En un país como Congo-Kinshasa, los fieles católicos siempre
deben ser “iniciados a llevar al Altar sus sufrimientos”, que son
los de todo el pueblo y que perduran desde hace muchos decenios. Las
frustraciones por las injusticias y las desigualdades sociales, los
rencores porque se vive en condición de extrema pobreza en un suelo
y subsuelo extremadamente ricos pero escandalosamente explotados
para el bienestar de los demás, las guerras que son impuestas y que
acarrean destrucción y desplazamientos forzados, los sobresaltos
debidos a los odios tribales y étnicos, sólo por citar algunos
ejemplos, son tragedias que agudizan el vía crucis del pueblo
congolés. Al ser víctima y, al mismo tiempo, “artífice de su misma
miseria”, el pueblo debe ser iluminado “por el misterio del Cuerpo
sacrificado y por la Sangre versada” para alcanzar la gracia de la
conversión, la purificación del pecado, la sinceridad de la
reconciliación con Dios y con el prójimo, el compromiso para
combatir el mal en todas sus formas y en todos los sectores de la
vida pública y privada. ¡Que todo el pueblo congolés, junto con los
Pastores de la Iglesia, encuentre en la Eucaristía la consuelo y las
fuerzas necesarias, fuente y prueba de la esperada mejora del país,
para que se consiga lo antes posible! Esto gracias a la buena
voluntad y a la colaboración de todos. Sólo entonces los ministros
consagrados y los fieles podrán hacer suya esta oración de la Misa:
“Mira con amor, oh Dios, la víctima que tú mismo has preparado para
tu Iglesia; y a todos aquellos que comerán de este único pan y
beberán de este único cáliz reunidos en un solo cuerpo por el
Espíritu Santo, para que se convierta en ofrenda viva en Cristo, en
honor de tu gloria” (Misal Romano, Oración Eucarística IV). Amén.
[00144-01.04] [IN145] [Testo originale: francese]
- S. B. R. Nerses Bedros XIX TARMOUNI, Patriarca de Cilicia de los
Armenios, Jefe del Sínodo de la Iglesia Armenia Católica (LÍBANO)
Nacida en el 301, la Iglesia armenia se encontró con que el Domingo
ya había sido designado como “Día del Señor” por todas las otras
iglesias. Se adecuó y desarrolló su propia tradición dominical de
manera bella y rica. Los Padres de la Iglesia armenia condenaron
severamente a los sacerdotes que no celebraban la Eucaristía o que
no respetaban el descanso dominical. En la liturgia armenia, la
celebración eucarística del domingo se desenvuelve de manera solemne
y, como consecuencia, siempre es cantada. En los pueblos de Armenia
y de Georgia, lejanos de la secularización de las grandes ciudades,
he visto a nuestros fieles celebrar el domingo como un día de fiesta
y de gran alegría, con la participación activa de toda la asamblea a
la Liturgia Eucarística. La fiesta de la Pascua es la fecha central
en el calendario litúrgico, de este modo, todos los domingos del año
de adecuan a la fecha de la Pascua que es variable. También las
grandes fiestas se transfieren al domingo. La Transfiguración es
entonces celebrada el 14º Domingo después de Pascua, la Asunción, el
domingo más cercano al 15 de agosto y la Exaltación de la Santa Cruz
el domingo más cercano al 14 de septiembre. Por el mismo motivo,
ninguna conmemoración de los santos es celebrada el domingo, día
consagrado a la resurrección del Señor. Otra característica de los
domingos en la liturgia armenia: cuatro domingos del año sobre las
cinco fiestas llamadas de los Tabernáculos, gozan de una veneración
especial: la Pascua, la Transfiguración, la Asunción de María, la
Exaltación de la Cruz; la quinta fiesta que es la Epifanía es
llamada Teofanía. Son precedidos por un período de ayuno y al día
siguiente tiene lugar la conmemoración de los difuntos. Uno de los
Padres de la Iglesia armenia exhorta a los fieles de esta
manera:”Celebrad el domingo con vuestras buenas obras, porque el
domingo es el día de la Resurrección y de la libertad”.
[00073-04.03] [INO11] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Michael Louis FITZGERALD, M. Afr., Arzobispo
titular de Nepte, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo
Interreligioso (CIUDAD DEL VATICANO)
En la Eucaristía, el sacrificio del Señor es ofrecido por el mundo
entero. Por tanto, incluye a quienes pertenecen a otras religiones.
Es bueno explicitar esto cada vez por medio de la homilía, a través
de oraciones especiales o incluso con una Misa especial que se
podría añadir al Misal romano. Cuando fieles de otras religiones
están presentes en la Eucaristía, se debería prestar una atención
especial hacia ellos a fin de que puedan asistir con provecho. La
adoración eucarística es también un tiempo para rezar por los fieles
de otras religiones.
[00097-04.03] [IN026] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Charles Maung BO, S.D.B., Arzobispo de Yangon,
Presidente de la Conferencia Episcopal (MYANMAR)
En cada circunstancia de este mundo, nuestra mejor reacción es la de
confiar nuestras vidas con todo el corazón a Cristo a través de la
oración y la penitencia. Se debería rezar, sobre todo, en presencia
del mismo Jesús - en el Santísimo Sacramento.
Éste es el fundamento del movimiento mundial para la Adoración
Eucarística Perpetua.
El Papa Pablo dijo haber escrito la encíclica Mysterium Fidei “a fin
de que la esperanza suscitada por el Concilio, de una nueva luz de
piedad eucarística que envuelve a toda la Iglesia, no sea frustrada”
(13). Exhortó a los pastores y obispos a promover “incesantemente”
la devoción al Santísimo Sacramento.
El Papa Juan Pablo II, en su carta “Sobre el Misterio y el Culto de
la Eucaristía” (1980) escribió: “La Iglesia y el mundo tienen gran
necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento
del amor”. En la oración durante la inauguración de la Capilla
Perpetua en San Pedro - en el Vaticano - el Papa rezó para que todas
las parroquias del mundo tengan la adoración perpetua.
Su Santidad Benedicto XVI ha afirmado con mucha claridad:
“Imploremos al Señor que despierte en nosotros la alegría en Su
presencia y podamos adorarle una vez más. Sin adoración, no hay
transformación del mundo”.
Cuando le preguntaron: “Qué es lo que salvará el mundo?” Madre
Teresa respondió: “Mi respuesta es la oración. Necesitamos que cada
parroquia se ponga ante el Señor Jesús en el Santísimo Sacramento en
santas horas de oración”.
Más de 2.500 parroquias en el mundo tienen ahora la Adoración
Eucarística Perpetua. Cerca de 500 en Filipinas, en Estados Unidos
las capillas para la adoración perpetua son cerca de 1.100, en
Irlanda alrededor de 150, en Corea del Sur cerca de 70 aun menos en
India, en Sri Lanka y en Myanmar.
Santo Padre, si se pudieran instituir capillas de adoración
perpetuaen todas las diócesis del mundo y en todas las parroquias
posibles, ¡qué magnifíco resultato sería para el Año Eucarístico!.
"Y toda criatura, del cielo, de la tierra, de debajo la tierra y del
mar, y todo lo que hay en ellos, oí que respondían: "Al que está
sentado en el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder
por los siglos de los siglos” (Ap 5, 13).
En verdad, hasta que la Iglesia no grite fuerte que Jesús en el
Santísimo Sacramento tiene que ser objeto de adoración perpetua por
todo lo que ha hecho por nuestra salvación, seguirá siendo derrotada
por sus enemigos.
Creo que la mejor manera, la más segura y la más eficaz, de
establecer la PAZ eternamente sobre la tierra es la de recurrir al
gran poder de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento.
[00098-04.07] [IN029] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Julián LÓPEZ MARTÍN, Obispo de León (ESPAÑA)
Partiendo de la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana,
en paralelo con la centralidad del Misterio pascual, quisiera
recordar la íntima relación existente entre la Eucaristía y el año
litúrgico, cuyo núcleo y fundamento es precisamente el domingo (cf.
SC 106). El año litúrgico es el "sagrado recuerdo en días
determinados a través del año", especialmente los domingos, que la
Iglesia va haciendo para "conmemorar así los misterios de la
Redención, y abrir las riquezas del poder santificador y de los
méritos de su Señor... " (SC 102). Este despliegue o desarrollo "de
todo el misterio de Cristo" lo hace la Iglesia sirviéndose ante todo
del Leccionario dominical y festivo de la Palabra de Dios. De este
modo el Señor resucitado es siempre contenido obligado del domingo y
aun de cualquier fiesta.
Después de la proclamación de la Palabra, la totalidad del misterio
de Cristo es celebrado en su integridad esencial por la plegaria
eucarística, actualizándose sacramentalmente bajo la acción del
Espíritu Santo. La Eucaristía es una piedra preciosa engarzada en el
anillo del Año litúrgico.
Algunas consecuencias prácticas:
1. Evitar el traslado de fiestas de santos u otras conmemoraciones
de menor categoría al domingo. 2. Procurar que las Jornadas
eclesiales en domingo no oscurezcan el día del Señor 3. Homilía
mistagógica, porque el Leccionario dominical y festivo permite
suficientemente tocar todos los aspectos de la doctrina de la fe y
los principios de la vida cristiana. Y 4. En la enseñanza de la
liturgia se ha de insistir en esta íntima relación de la Eucaristía
con el año litúrgico.
[00099-04.05] [IN035] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Thomas Christopher COLLINS, Arzobispo de Edmonton
(CANADÁ)
Deberíamos ver la Eucaristía no como algo creado por nosotros, sino
como el misterio de fe en el cual encontramos a Cristo Resucitado,
del cual esperamos la venida gloriosa, y como un don divino que nos
consiente el acceso a la corte del cielo (Reino). Este modo de
considerar la Eucaristía se encuentra en los primeros tiempos de la
Iglesia, en el Apocalipsis, consecuencia ella misma de la
celebración eucarística, y que nos introduce en su significado.
Los cristianos del Apocalipsis se encontraron frente a desafíos
mayores que los actuales, pero se ubicaron en el contexto de una
visión sobrenatural. Debemos considerar cada celebración de la
Eucaristía como una puerta hacia aquel mundo de gloria, que nos
permite, en calidad de discípulos, situar nuestras luchas dentro del
contexto vital de la victoria del Señor Resucitado. El don de la
perspectiva apocalíptica que Dios nos ofrece en cada celebración
eucarística, nos permite evaluar con mayor claridad los problemas
morales que afrontamos en nuestro viaje cotidiano.
Para vivir como cristianos auténticos, nos hace falta también un
sentido apocalíptico de urgencia. Si nos damos cuenta de que vamos
corriendo hacia el encuentro con Cristo, seremos también capaces de
evaluar las necesidades de este nuestro mundo transitorio y de vivir
con plenitud cada breve momento. Es sobre todo en la Eucaristía
donde adquirimos el conocimiento de la venida del Señor, y esto
debería infundirnos un sentido de urgencia salvífica. De este modo,
al final de la celebración, estaremos impulsados a llevar nuestra
vida en sintonía con el Señor a Quien hemos encontrado.
[00101-04.04] [INO37] [Texto original: inglés]
Después siguieron las intervenciones libres. Al finalizar, el Santo
Padre ha querido ofrecer su contribución al espíritu fraterno.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 19:00 con la
oración del Angelus Domini, estaban presentes 243 Padres.
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