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13 - 07.10.2005
RESUMEN
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DÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (SÁBADO, 8 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA MAÑANA)
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
♦
DÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (SÁBADO, 8 DE OCTUBRE DE 2005 - POR LA
MAÑANA)
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 09.00 horas de hoy sábado 8 de octubre de 2005, en presencia
del Santo Padre, con el canto de la Hora Tertia, ha iniciado la
Décima Congregación General, para continuar con las intervenciones
de los Padres Sinodales en el Aula sobre el tema sinodal La
Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.
Presidente Delegado de turno S. Em. R. Card. Telesphore Placidus
TOPPO, Arzobispo de Ranchi (India).
En la apertura de la Décima Congregación General, el Secretario
General del Sínodo de los Obispos ha comunicado que casi el 50 % de
los Padres sinodales de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo
de los Obispos participan por primera vez en una Asamblea sinodal.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 12.30 horas
con la oración del Angelus Domini, estaban presentes 238 Padres.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Décima Congregación General han intervenido los siguientes
Padres:
- S. Em. R. Card. Edmund Casimir SZOKA, Presidente de la Pontificia
Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano (CIUDAD DEL
VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Seán Baptist BRADY, Arzobispo de Armagh,
Presidente de la Conferencia Episcopal (IRLANDA)
- S. Em. R. Mons. Juan MATOGO OYANA, C.M.F., Obispo de Bata (GUINEA
ECUATORIAL)
- Revmo. P. José RODRÍGUEZ CARBALLO, O.F.M., Ministro General de la
Orden Franciscana de los Frailes Menores
- S. Em. R. Mons. Berhaneyesus Demerew SOURAPHIEL, C.M., Arzobispo
Metropolita de Addis Abeba, Presidente de la Conferencia Episcopal,
Presidente del Consejo de la Iglesia Etiopica (ETIOPÍA)
- S. Em. R. Mons. Joseph BAGOBIRI, Obispo de Kafanchan (NIGERIA)
- S. Em. R. Card. Cláudio HUMMES, O.F.M., Arzobispo de São Paulo
(BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Félix LÁZARO MARTÍNEZ, Sch.P., Obispo de Ponce
(PUERTO RICO)
- S. Em. R. Mons. José Agustín GANUZA GARCÍA, O.A.R., Obispo Prelado
de Bocas del Toro (PANAMÁ)
- S. Em. R. Mons. Jean-Vincent ONDO EYENE, Obispo de Oyem (GABÓN)
- S. Em. R. Mons. Rafael Masahiro UMEMURA, Obispo de Yokohama
(JAPÓN)
- S. Em. R. Mons. Amédée GRAB, O.S.B., Obispo de Chur, Presidente de
la Conferencia Episcopal, Presidente del Consejo de lasa
Conferencias de los Obispos de Europa (C.C.E.E.) (SUIZA)
- S. Em. R. Card. Paul POUPARD, Presidente del Pontificio Consejo de
la Cultura (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. William Stephen SKYLSTAD, Obispo de Spokane,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
- S. Em. R. Mons. Gabriel PIROIRD, Obispo de Constantine (ARGELIA)
- S. Em. R. Card. Georges Marie Martin COTTIER, O.P., Pro-Teologo de
la Casa Pontificia (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Card. Walter KASPER, Presidente del Pontificio Consejo
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (CIUDAD DEL
VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Alain HAREL, Vicario Apostólico de Rodrigues,
Obispo titular de Forconio (ISLA MAURICIO)
- S. Em. R. Mons. Andrés ARTEAGA MANIEU, Obispo titular de Baliana,
Obispo auxiliar de Santiago de Chile (CHILE)
- S. Em. R. Mons. Cyrille Salim BUSTROS, Arzobispo de Newton de los
Greco-Melkitos (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
- S. Em. R. Mons. Severine NIWEMUGIZI, Obispo de Rulenge, Presidente
de la Conferencia Episcopal (TANZANIA)
- S. Em. R. Mons. Aloysius M. SUTRISNAATMAKA, M.S.F., Obispo de
Palangkaraya (INDONESIA)
- S. Em. R. Mons. Sofron Stefan MUDRY, O.S.B.M., Obispo emérito de
Ivano-Frankivsk (UCRANIA)
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel ALBA DÍAZ, Obispo de La Paz en la
Baja California Sur (MÉXICO)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Card. Edmund Casimir SZOKA, Presidente de la Pontificia
Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano (CIUDAD DEL
VATICANO)
El primer Sínodo del que participé fue el de 1983.En los últimos 15
años tomé parte en todos los Sínodos excepto en uno. En el curso de
las presentaciones formales, durante la disceptatio generalis, me
parece que el esquema de intervención no ha cambiado mucho de un
Sínodo al otro. Según mi humilde opinión, parece que existe la
tendencia, con alguna excepción, a hablar en términos formales y
generales, sin centrar los problemas específicos y proponer posibles
soluciones prácticas.
Considero que las interventiones liberae que se desarrollan cada
tarde son más productivas porque se centran en problemas específicos
y proponen soluciones posibles.
Pienso que la cuestión central para ser analizada es este Sínodo
tenga que ver con nuestros sacerdotes y nosostros mismos como
obispos. Hace aproximadamente 55 años leí un libro titulado “Keepers
of the Euccharist” de William Henry Schaefers, que ya no se edita.
Es un libro para los
sacerdotes en cuanto celebrantes de la Eucaristía. Desde el punto de
vista ascético y espiritual es uno de los mejores y más inspirados
libros sobre el sacerdocio que yo haya leído. Subraya el gran don y
la dignidad del sacerdocio, que es el don más grande que Dios pueda
dar al hombre. El amor a la Eucaristía y su centralidad en la vida y
en la fe de nuestro pueblo, depende en gran medida del sacerdote, de
su fe, del tipo de vida que conduce, de su vida de oración, de su
simplicidad de vida, de su disponibilidad en llevar a la Misa los
propios sacrificios y del modo en el que celebra la Santa
Eucaristía.
Deseo atraer vuestra atención sobre un libro titulado “Spirit of the
Liturgy”, publicado en el año 2000 por el entonces cardenal Joseph
Ratzinger. El libro es una síntesis excelente de desarrollo
histórico y teológico de la Santa Liturgia de la Misa y aborda todos
los aspectos de la Liturgia, desde la arquitectura de la iglesia al
tipo de música. Este libro podría ayudarnos en nuestras
resoluciones, porque propone discernimientos muy prácticos.
Una de mis preocupaciones e inquietudes más grandes es que considero
que algunos de nuestros sacerdotes y hasta a algunos obispos, hoy
han perdido su fe en la Santa Eucaristía y celebran la Santa Misa
simplemente como una responsabilidad profesional.
Para concluir, si la Santa Eucaristía debe ser fons et culmen de la
Vida y de la Misión de la Iglesia, tenemos necesidad sobre todo de
sacerdotes de fe profunda, de oración, de espiritualidad y de
dedicación.
Pienso que debemos dejar este Sínodo con una decisión más profunda
de vivir una vida más santa, sacrificial, que se refleje en nuestra
celebración de la santa Misa.
[00169-04.03] [IN151] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Seán Baptist BRADY, Arzobispo de Armagh,
Presidente de la Conferencia Episcopal (IRLANDA)
La Palabra de Dios está viva y activa, tiene la capacidad de cambiar
las mentes y los corazones. Es capaz de darles un rumbo a las
necesidades del individuo y de la comunidad reunidos para escuchar
la Palabra de Vida. Ella constituye una fuente importante de la
actividad transformadora del Espíritu Santo en la Liturgia.
Hoy el mismo Cristo está siempre presente en la proclamación de la
Palabra. Él es el Verbo encarnado, y por esto la Palabra de Dios se
nos presenta como persona y acontecimiento, no como concepto, y nos
llama a lo que nuestras oraciones no se atreven a esperar.
Ha sido puesta en evidencia la coherencia temática de las lecturas
que acompañan el ciclo litúrgico. Se debe hacer más para que las
lecturas salgan al encuentro de las necesidades pastorales. En el
artículo 47 se menciona la homilía como parte de la Liturgia de la
Palabra. El Instrumentum laboris recomienda poner un cuidado
especial en las homilías temáticas que trazan los grandes
lineamientos de la fe cristiana.
Quisiera solicitar que se ayude a los predicadores. El Catecismo de
la Iglesia Católica y el Compendio de la Doctrina Social de la
Iglesia son instrumentos providenciales para enseñar la misión de la
Iglesia. Semejante texto universal, si fuese utilizado como soporte
de la exposición de las lecturas del ciclo litúrgico, podría ayudar
al predicador a ilustrar las Escrituras en respuesta a los signos de
los tiempos. Si los asuntos difíciles de nuestra época se presentan
a la familia humana por medio de las cadenas televisivas locales,
internet, las revistas globales en términos globales, ¿por qué la
respuesta de la Iglesia a estas cuestiones no debería hacerse ser
también en términos globales?
La experiencia de mi país ha demostrado el poder transformador de la
Liturgia de la Palabra y la homilía. Muchas veces, en ocasión de
grandes tragedias y violencias, la fuerza de la Palabra y de la
homilía para transformar actitudes de cólera, venganza y represalia
en actos de reconciliación, perdón y curación ha sido consoladora y
estimulante a la vez. Ha sido gratificante notar que algunas
palabras de las Sagradas Escrituras, como justicia, paz, perdón se
han vuelto la “lengua franca” del proceso de paz.
Recientemente un momento histórico de este proceso político ha sido
el desarme de la mayor organización paramilitar. A dos hombres de
Iglesia que trabajaron intensamente durante años en la promoción del
diálogo y la reconciliación, un antiguo jefe de la Iglesia
Metodista, y un sacerdote redentorista se les solicitó que firmaran
el acto de desarme. Quizás esto sea debido al reconocimiento, entre
otras cosas, del papel desempeñado por los Ministros de la Palabra
de Dios en la creación de las condiciones de paz y reconciliación.
Esto da testimonio del poder de la Palabra, bajo la acción del
Espíritu Santo, para hacer nuevas todas las cosas.
[00166-04.04] [IN156] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Juan MATOGO OYANA, C.M.F., Obispo de Bata (GUINEA
ECUATORIAL)
Mi intervención intenta hacer una reflexión sobre "los números 70 y
71 del Instrumentum laboris, que hablan de la celebración del ''Dies
Domini", contexto y momento privilegiado en que la asamblea
cristiana recibe “el pan de Dios que baja del cielo y da la vida al
mundo”
Hablo en nombre propio, y parto de la experiencia adquirida en
Guinea Ecuatorial, un país de pequeñas dimensiones, que pudo ser
rápidamente abarcado por los misioneros en la primera
evangelización. Pero sufrió un régimen de represión religiosa
durante los 11 primeros años de su independencia, que coincidieron
también con los años de las primeras aplicaciones de la renovación
de la Iglesia, surgida en el Concilio Vaticano II
A comienzo de los años 80, cesada la represión, nuestro pueblo
retomó la práctica religiosa interrumpida. De una manera u otra, se
notó, a diversos niveles, una marcha con ritmos distintos dentro de
mismo contingente humano.
La explotación del petróleo en los últimos cinco años, ha
introducido en la vida de este pueblo unos cambios vertiginosos,
que, si por un lado, ciertamente apuntan a una evolución en lo
material, por otro, también afectan alcomportamiento de sus
moradores. Creemos que con ello se manifiesta un “hambre de vida
verdadera”, con diferentes matices.
Es en este contexto donde se presenta como prioridad pastoral,
retomar el propio itinerario cristiano, sobre las raíces claras de
los valores con mayor raigambre a nuestro pueblo. Uno de esos
valores, que sigue tocando los corazones de nuestra gente, es la
realidad de la familia ampliada, afirmada visiblemente en el tiempo
y en el espacio.
En el ''Dies Domini" se reúne bajo la “casa grande” del Padre común,
donde lo escuchan siempre con interés y devoción filial.
- Con su Palabra, de verdad garantizada y creadora, no sólo opina y
aconseja, sino que orienta con imparcialidad, a todos sus hijos, por
el camino de una vida y una tradición, que arrancan del pasado
lejano, y sigue construyendo hoy, y sigue dando cohesión a una única
“familia”, ampliada en el en el tiempo y en el espacio.
- Viendo en su seno a ancianos jóvenes y niños, se dirige a Él como
el Dios de “ayer, de hoy y de siempre” (Hb 13,8), que garantiza la
sagacidad y la experiencia del anciano, asegurando la estabilidad, e
impulsa la ilusión del joven progresista que llega a su pueblo para
renovarlo con nuevos proyectos de vida.
Allí, cuando vibran en celebraciones largas y multitudinarias,
refuerzan la “alegría de vivir”, aprenden la” hospitalidad” y
reconocen la “solicitud de unos por otros”, la “generosidad” por la
donación gratuita de las “ofrendas” llevadas en procesión al altar,
el “amor” de un Padre que escucha y acoge a todos, pese a la
“diversidad de las edades y de las etnias..”..
La presentación de Jesús como “el pan de Dios... que llega del cielo
y da la vida al mundo", constituye una invitación para que acudamos
a Él, con el fin de saciar nuestra ansia de vida y vida abundante
(Jn 10,10)
En este Sínodo tenemos la capacidad de encontrarnos con los
hermanos,
1. la manera más clara de presentar la Eucaristía, como el encuentro
con Jesús, que nos sacia, al final de un itinerario, que empezó con
la búsqueda y seguimiento de su Verdad.
2. Cómo enseñar, frente al creciente egoísmo y el acaparamiento de
hoy, la realidad de la Eucaristía como donación gratuita,
sacrificada y generosa de Dios, que como Padre sustenta a todos sus
hijos.
3. Cómo, en fin, frenar el acaparamiento que crea tantas divisiones,
resaltando la Eucaristía como don abundante de Jesús, que el gesto
de multiplicar el pan hasta que sobró, porque sólo Él puede darnos
vida abundante.
[00191-04.05] [IN161] [Texto original: español]
- Revmo. P. José RODRÍGUEZ CARBALLO, O.F.M., Ministro General de la
Orden Franciscana de los Frailes Menores
Mi intervención hace referencia a los números 46-48 del IL, donde se
reaimna la ''relación
indisoluble entre la mesa de la Palabra y la de la Eucaristía", sin
que entre ellas puedan admitirse "fracturas". Ya en el s. XIII, san
Francisco de Asís habla de esta unidad. El Cristo que sigue tan
radicalmente es el que "ve" en "el cuerpo y sangre del Señor" y "en
las santas palabras del Señor" (cf, Carta a los clérigos, 3).
Esta unidad es claramente reafirmada por el Vaticano 11 cuando en la
Dei Verbum afirma: La Iglesia ha siempre venerado las Sagradas
Escrituras como lo ha hecho con el Cuerpo del Señor (DV21).
La Palabra de Dios proclamada en la Eucaristía anuncia lo que el
sacramento realiza y revela a la comunidad eclesial, el significado
de la acción sacramental. Por ello, la "mesa de la Palabra" es
esencial para sentarse a la mesa del "cuerpo de Cristo"; la comunión
al Cuerpo y Sangre de Cristo exige la comunión con la Palabra del
Señor, y sólo es posible ver al Señor en las especies eucarísticas
si nuestros "ojos" son iluminados por la Palabra y nuestro corazón
"arde" al escucharla (cf Le 24, 13-35). Para "fomentar la íntima
unión entre el anuncio y la escucha de la Palabra y el misterio
eucarístico" (pablo VI) es necesario:
- que los ministros de la Eucaristía tengan una adecuada formación
bíblica y litúrgica para que puedan suscitar en el propio corazón y
en el corazón de los fieles el estupor por el misterio eucarístico y
el estupor por el misterio de la Palabra.
- que la homilía, hecha a partir de los textos sagrados, como
recomienda el Vaticano 11 (cf SC 52), ponga la Palabra de Dios en
relación, ante todo, con la celebración sacramental, es decir, que
sea mistagógica (cf. IL 47);
- que la enseñanza teológica y el ejercicio del ministerio pastoral,
subrayen la importancia de la Palabra de Dios, invitando a los
fieles a una "lectura orante de la palabra" frecuente y educándolos
a estimar y amar el pan de la Palabra, como han aprendido por gracia
a apreciar y amar el pan de la Eucaristía;
- que todo proyecto de evangelización esté animado por la Palabra,
centrado en la Palabra y orientado a la obediencia a la Palabra de
Dios.
Este Sínodo ha de buscar caminos para que la Palabra de Dios se
convierta en "alimento para la vida, para la oración y para el
camino cotidiano" (Caminar desde Cristo, 24), de tal modo que, en
una sociedad profundamente herida por la "dictadura del relativismo"
(Benedicto XVI), la Palabra celebrada, escuchada y vivida pueda ser
un punto de referencia sólido sobre el cual edificar la vida de la
comunidad eclesial y la vida personal de todo creyente.
[00192-04.03] [IN163] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Berhaneyesus Demerew SOURAPHIEL, C.M., Arzobispo
Metropolita de Addis Abeba, Presidente de la Conferencia Episcopal,
Presidente del Consejo de la Iglesia Etiopica (ETIOPÍA)
Mi intervención se refiere al tema de este Sínodo: “la Eucaristía:
fuente y cumbre de la vida y la misión de la Iglesia”, con especial
énfasis en la “Centralidad del misterio pascual” y la “Eucaristía
dominical” del Instrumentum laboris números 35 y 70.
Los países del Cuerno de África - Yibuti, Eritrea, Etiopía y Somalía
- están constantemente hambrientos de los frutos de la Eucaristía:
justicia, paz y amor que sólo Nuestro Señor Jesucristo puede darnos.
Al no ser considerados importantes por los países poderosos de la
tierra, se encuentran en un estado constante de instabilidad ,
guerra, sequía y hambre. La tensión continua entre Eritrea y
Etiopía, debido a su conflicto por los confines, parece no encontrar
solución por parte de la comunidad internacional. O pensemos en
Somalia, un país sin gobierno central desde hace catorce años!. Hay
sólo están cuatro religiosas, en todo el país, que guardan escondido
el único Tabernáculo del Señor en Mogadiscio. Somalía se ha
convertido en un puerto libre y franco para el tráfico de armas de
pequeño calibre en el Cuerno de África y en África central.
Sólo mediante la Eucaristía, el misterio pascual de la muerte y
resurrección del Señor Jesucristo, es posible construir y promover
la reconciliación y la paz.
La celebración de la “Eucaristía dominical” supone que exista un
“Domingo” - el día del Señor - establecido, y que la Eucaristía, el
domingo, pueda ser celebrada libremente.
En algunos lugares del mundo esto es imposible: por ejemplo, en
Arabia Saudita o en otros países musulmanes, el domingo es un día de
trabajo, y la Eucaristía no se celebra porque no hay ni iglesias ni
sacerdotes, o simplemente porque no existe libertad religiosa.
Muchos cristianos de Eritrea y Etiopía viven y trabajan en países
musulmanes. Se trata sobre todo de los Cristianos de las Iglesias
Ortodoxas Tewahdo de Etiopía y Eritrea. Trabajan allí principalmente
como empleados domésticos o cuidando niños y ancianos. No tengo
estadísticas a mano sobre el número de los cristianos que se
encuentran en Arabia Saudita, Yemen, los estados del Golfo y otros
países con mayoría musulmana. Son cientos de miles: sólo en Beirut
trabajan más de 20.000 etíopes. Estamos agradecidos a Caritas de
Líbano por la ayuda que brinda a estos cristianos.
Antes de ir a trabajar en estos países musulmanes, ellos están
obligados a cambiar su nombre cristiano por otro musulmán y, en
especial, las mujeres se ven obligadas a llevar prendas al estilo
musulmán. Un vez llegados a destino, se les quita el pasaporte y son
víctimas de todo tipo de abusos y de opresión. En esta situación, a
muchos se les obliga a hacerse musulmanes.
Se ven obligados a ir a los países musulmanes debido a la pobreza de
sus países de origen, y también porque las puertas de otras naciones
cristianas están cerradas. Sabemos que muchos cristianos africanos
mueren atravesado el desierto del Sahara o ahogados en el
Mediterráneo mientras tratan de alcanzar las naciones cristianas de
Europa y de América.
La pobreza los obliga a deshacerse de su patrimonio cristiano, de su
cultura cristiana y hasta de su dignidad humana.
Se les niega el derecho de profesar la propia religión: la
celebración de la Eucaristía y la Misa dominical. Es una de las
persecuciones religiosas de los tiempos modernos.
Les pido a los Padres sinodales, especialmente a los que trabajan en
los países musulmanes, donde los cristianos pobres acuden en busca
de trabajo, que extiendan su cuidado pastoral a estos cristianos y
pidan a los gobiernos musulmanes que respeten la libertad religiosa
de los cristianos.
[00194-04.04] [IN166] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Joseph BAGOBIRI, Obispo de Kafanchan (NIGERIA)
En su libro The Religious Consciousness J.B. Pratt les pide a tres
personas pertenecientes a religiones animistas que explicaran qué
significaban para ellas los “ídolos” que adoraban. Sus respuestas
fueron las siguientes:
- La primera dijo que sus ídolos no eran imágenes, sino dioses
verdaderos.
- La segunda dijo que la imagen ante la que rezaba no era dios “per
se”, porque el dios verdadero está en los cielos. La imagen tenía el
aspecto del dios y por tanto le ayudaba a rezar.
- La tercera persona dijo que la imagen es un símbolo sensible, útil
para favorecer la visualización y la concentración (cfr. E.B. Idowu
ATR, definición en la página 123).
Quiero usar estas tres respuestas como punto de partida para la
discusión sobre el significado de la presencia y la representación
sacramentales que están en la base de la adoración y veneración
eucarística en la Iglesia, a la luz de los números 65, 72-74 del
Instrumentum laboris. ¿Cómo se puede relacionar con los cristianos
que proceden de una formación religiosa tradicionalmente africana?
La adoración eucarística no puede compararse con ninguno de estos
tres módulos. Sin embargo, parece encerrar elementos comunes a los
tres.
En esta reflexión querría tratar cuatros puntos:
1. En la Santa Eucaristía, Cristo está verdadera, real y
sustancialmente presente. Pero su presencia tiene que ser entendida
por lo que es, o sea presencia sacramental y representación
sacramental. Gracias a la naturaleza única de esta presencia, el
alma está llamada a dedicarse con su “mente y corazón” a la
contemplación de Jesús en la Eucaristía como un fin en sí mismo y no
sólo como un medio. Según este punto de vista, la delicada línea de
demarcación entre lo que es real y lo que sólo es “representación de
la realidad” se hace aún más sutil y casi invisible. Este Sínodo
necesita desarrollar una teología de la “presencia”, en la que la
Iglesia explique lo que significa presencia real, y también lo que
no significa. Por ejemplo, no significa presencia física, sino
sacramental.
2. En virtud de la naturaleza profunda del misterio de este
Sacramento, no hay palabra humana que pueda sola captar su
significado. Los hombres sólo pueden hablar de Dios de forma
antropomórfica, y nuestro lenguaje humano es limitado a la hora de
expresar la realidad de Dios. Por lo tanto, tendríamos que ser más
tolerantes con el uso de otras expresiones, como transignificación y
transfinalización, que pueden ayudar a captar algún destello del
misterio eucarístico, sin por esto perjudicar el hecho de la
presencia real.
3. Hay otras formas de “presencias” de Cristo que debemos reconocer,
y la devoción a la Eucaristía puede ser un medio para reconocer a
Cristo en sus otras formas de presencia. Los Padres del Concilio
Vaticano II hablaron de estas otras presencias, cuando escribieron
acerca de la presencia de Cristo: en las Sagradas Escrituras, cuando
es proclamado; en los demás Sacramentos; en la Iglesia; en la
persona del ministro que ofrece el sacrificio de la Misa (cfr.
Sacrosanctum Concilium n. 7).
4. La devoción eucarística debe conducir a la transformación
personal. Por lo tanto, las preciosas reflexiones contenidas en los
números 72-74 del Instrumentum laboris tendrían que seguir
desarrollándose en el documento que salga al final como fruto de
nuestro compromiso.
Eso pasa porque, como ha dicho el Papa Juan Pablo II : “De por sí,
el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros,
los fieles, con Cristo mediante la Comunión” (Ecclesia in
Eucharistia, 16-17).
Mientras admiramos y aplaudimos los logros positivos sobre la
Eucaristía, así como el interés y el entusiasmo que ella suscita
entre los fieles, lo que yo veo son dos retos importantes: primero,
una sana catequesis para que la fe en la Eucaristía sea cada vez más
comprensible, y segundo, un compromiso para llevar a la práctica la
sana doctrina, es decir, conseguir la transformación personal que
refleja el misterio que celebramos en la Eucaristía.
De no ser así, nuestros detractores, que observan y respetan el
principio de la existencia de una delicada línea de demarcación
entre lo “real” y lo que es ante todo un símbolo, describirán
nuestro trabajo hermoso y loable sobre la Eucaristía como el
realizado por una “cábala de curas o de intrigantes eclesiásticos”
dirigido a explotar la debilidad humana con el fin de perpetuar la
importancia de su oficio sacerdotal.
Shalom
[00198-04.06] [IN114] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. Cláudio HUMMES, O.F.M., Arzobispo de São Paulo
(BRASIL)
Según las estadísticas del gobierno brasileño y las investigaciones
de la Iglesia en Brasil, el número de los brasileños que se declaran
católicos ha disminuido rápidamente, en el orden del 1% anual. En
1991 los brasileños católicos eran aproximadamente el 83%, y hoy,
según nuevos estudios, son apenas el 67%. Nos preguntamos con
angustia: ¿hasta cuándo Brasil seguirá siendo un país católico?
Según esta afirmación, resulta que en Brasil por cada sacerdote
católico hay ya dos pastores protestantes, la mayor parte de las
iglesias pentecostales.
Es importante, además, poner en evidencia el hecho de que la mayor
pérdida de católicos se verifica en las zonas periféricas más pobres
de las ciudades.
Muchos indicios muestran que lo mismo es válido para toda América
Latina y, entonces, también nos preguntamos: ¿hasta cuándo América
Latina será un continente católico?
La Iglesia debe prestar más atención a esta grave situación. La
respuesta de la Iglesia en Brasil es, en primer lugar, proponer las
misiones, incluidas las visitas de los misioneros domiciliarios
permanentes. Las parroquias deben organizar a sus fieles y
prepararlos para ser misioneros.
Una Iglesia misionera debe ser también profundamente eucarística,
porque la Eucaristía es fuente de misión. La Eucaristía hace crecer
al discípulo, anunciándole la palabra de Dios y conduciéndolo al
encuentro personal y comunitario con Cristo, a través de la
celebración de la muerte y Resurrección del Señor y a través de la
comunión sacramental con Él. Por este encuentro, realizado en el
Espíritu Santo, el discípulo es impulsado a anunciar también a los
demás lo que ha vivido y experimentado. El discípulo se convierte,
de esta manera, en misionero. Desde la Eucarística se parte para la
misión.
Brasil y América Latina tienen urgente necesidad de esta acción
misionera alimentada por la Eucaristía.
[00114-04.03] [IN097] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Félix LÁZARO MARTÍNEZ, Sch.P., Obispo de Ponce
(PUERTO RICO)
El número 74 del Instrumentum Laboris urge la importancia de una
catequesis que ponga de manifiesto el vínculo entre la Eucaristía y
la construcción de una sociedad justa.
Este mismo número 74 expresa, "la grande esperanza que la Iglesia
tiene en sus jóvenes, siempre atentos a la Eucaristía".
Mi intervención es en el sentido:
1) De que se debiera enfatizar más la importancia que juegan y se
espera de los jóvenes, con un saludo y un llamamiento específico e
invitación directa a los jóvenes a participar "en" y vivir "de" la
Eucaristía.
Le pregunté a un joven qué mensaje él quería que yo transmitiera al
Sínodo de parte de los jóvenes, y la respuesta fue: "que se nos
escuche".
Ante la realidad que viven hoy los jóvenes, particularmente en los
países desarrollados, se hace necesario y urgente ofrecerles y
presentarles, y celebrar la Eucaristía, de manera que, en palabras
de Juan Pablo II, sientan que "la Eucaristía es el centro vital en
torno al cual se reúnan los jóvenes para alimentar su fe y su
entusiasmo".
2) Y de que se profundice en la Catequesis. Hoy se habla de la
pérdida del sentido del pecado.
Muchos católicos están muy lejos de poder rendir o dar razón de su
propia fe, tal como propone San Pedro en su primera carta: "estad
siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os
la pidiere".
Por otra parte, no se puede amar lo que no se conoce. Y si no se
tiene conocimiento, de la Iglesia, de la Eucaristía, de la fe
cristiana, mal se puede amar la Iglesia, la Eucaristía y la misma fe
cristiana.
Catequesis es lo que se necesita. A mi parecer se adolece de falta
de catequesis. Tengo la impresión de que no se está haciendo
catequesis sólida y profunda. Nuestro pueblo agradece mucho y tiene
hambre de catequesis, de que se expliquen las verdades de la fe.
La ausencia de catequesis y formación religiosa puede quizás
explicar también la facilidad y el por qué algunos de nuestros
fieles se van a otras denominaciones o sectas religiosas, atraídos
por la luz de bengala que les ofrece una pseudo ciencia religiosa,
porque no se les supo iluminar a tiempo con la luz del Evangelio a
través de una buena y oportuna catequesis.
[00174-04.03] [IN135] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. José Agustín GANUZA GARCÍA, O.A.R., Obispo Prelado
de Bocas del Toro (PANAMÁ)
Santo Domingo reconoce que "América Latina y el Caribe configuran un
Continente multiétnico y pluricultural (2441) con no menos de
cincuenta millones de indígenas, de más de quinientos pueblos, cada
uno con su propia identidad cultural. Lo mismo podemos afirmar de
muchos países y aún jurisdicciones eclesiásticas. En la Prelatura de
Bocas del Toro conviven cuatro pueblos indígenas, que constituyen el
60% de la población total.
Es evidente que los pueblos indígenas se hallan en diferentes
situaciones de desarrollo humano y religioso y de reflexión
teológica; pero todos están concordes en sus aspiraciones de
inculturación de la liturgia de la celebración eucarística.
El "Instrumentum Laboris" asume el tema de la "inculturación de la
Eucaristía" en la p. 77, nros. 80 y 81, en los que acepta que en
muchas "regiones geográficas la cuestión está adquiriendo cada vez
más prioridad pastoral"
Podemos considerar tres pasos en .el camino hacia la inculturación:
1. Reconstruir el sujeto indígena de la inculturación: las
comunidades cristianas indígenas, con sus obispos, sacerdotes,
diáconos, religiosos, catequistas indígenas de las mismas
comunidades.
2. Preparar los recipientes indígenas para la inculturación:
rescate, valoración, asimilación de la espiritualidad indígena,
donde se hallan las "semillas del verbo".
3. Iniciar y consolidar procesos de apropiación indígena del
Evangelio, de la Iglesia, de la liturgia, con amplio protagonismo de
los indígenas.
Hermanos sinodales: los invitamos a considerar el trabajo que, con
el título de "Inculturación de la celebración eucarística en las
comunidades indígenas cristianas de América Latina", hemos
depositado en la Secretaría General del Sínodo. Gracias.
[00092-04.04] [IN006] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Jean-Vincent ONDO EYENE, Obispo de Oyem (GABÓN)
Eucaristía y unidad están íntimamente ligadas. De hecho la
Eucaristía, como acto de ofrenda cumplido por Cristo en la cruz,
tiene como objetivo la unidad de todos los hijos de Israel y del
género humano. La Eucaristía es el acto fundacional de la Nueva
Alianza que Dios ha establecido con los hombres en su Hijo Jesús.
Pero si la Eucaristía vuelve a establecer la comunión entre Dios y
los hombres, ella es, ante todo, el lugar de una unión íntima entre
Padre e Hijo.
1. La unidad del Padre y el Hijo
En la oración sacerdotal de Jesús (Jn, 17), que precede la pasión
(Jn, 18), el Padre y el Hijo están unidos de manera consustancial:
“todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn, 17,10).
Del mismo modo, lo que precede el acto eucarístico es esta comunión
profunda del Padre y del Hijo que la tradición llama con el término
“pericoresi”o “inhabitación” del Padre y del Hijo.
2. La unidad de la Iglesia
La Eucaristía, acto de ofrenda de Cristo porque procede de la unión
del Padre y del Hijo, comunica a los hombres la vida divina.
Alimentados en la misma fuente y con el mismo pan, los cristianos
viven de la unión del Padre y del Hijo.
A. Unidad entre los cristianos
En épocas de Pablo, la unidad de la comunidad cristiana de Éfeso
estuvo amenazada, entre otras cosas, por la discordia entre
cristianos y por la influencia de las doctrinas heréticas. Frente a
estos peligros, Pablo exhorta a los cristianos a la unidad que se
funda en el hecho de que hay un “solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una es la esperanza” (Ef. 4,4). En otras palabras, quien come
el mismo pan y bebe en la misma copa, cualquiera sean sus orígenes y
su estado social, ya está configurado en Cristo, indisolublemente
unido al Padre.
B. Unidad entre las Iglesias
La problemática de la unidad de los cristianos no se limita
solamente al ámbito de una comunidad cristiana particular o de una
Diócesis. Después del Concilio Vaticano II, la pluralidad de las
Iglesias cristianas han impulsado a la Iglesia Católica a favorecer
el diálogo. La finalidad de este diálogo, también denominado
ecumenismo, es la de promover la unidad entre los cristianos. Este
diálogo iniciado por el Concilio pone a los cristianos ante el
escándalo de la división y la paradoja según la cual Cristo
instituyó una sola y única iglesia en la que los cristianos están
divididos. Estas divisiones representan para la conciencia humana,
una violación de la voluntad de Jesús, y un obstáculo a la
evangelización.
Conclusión
1.La Eucaristía y la unidad son términos equivalentes, ya que en el
sacrificio de la cruz se da cumplimiento a la unidad entre todos los
que Dios ha rescatado con la Sangre de su Hijo.
2. En medio de las discordias ideológicas, económicas... los
cristianos tienen el deber imperioso de mantener la unidad entre sí
en virtud del “mismo cuerpo, la misma sangre y la misma esperanza”
que Jesús ha comunicado a todos.
[00095-04.04] [INO23] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Rafael Masahiro UMEMURA, Obispo de Yokohama
(JAPÓN)
Una celebración eucarística que responde a la situación real de la
sociedad moderna
En Japón, la Primera Asamblea Nacional para la Evangelización se
realizó en 1987. El propósito de este encuentro de fieles y
ministros de la Iglesia fue el de reflexionar sobre el futuro de la
evangelización en Japón. Uno de los temas que surgieron con mayor
frecuencia fue “la distancia existente entre fe y vida”. La Asamblea
pidió algunos esfuerzos“para llevar a cabo una liturgia que pueda
llegar a los corazones de los fieles y fortalezca la misión”.
El problema pastoral más importante relacionado con la Eucaristía
es: ¿Hasta qué punto está la Eucaristía ligada a “las alegrías y las
esperanzas, a las penas y las angustias de nuestro tiempo”? ¿Cómo
responde la Eucaristía a las preocupaciones de la gente, o cómo
cambia, en el pueblo de Cristo, el sentido de la vida? Si la vida
del fiel no está ligada a la Eucaristía, La Eucaristía, no puede
influir en la vida de los fieles.
La Iglesia extrae su vida de la Eucaristía.
Para que la Iglesia pueda extraer la vida de la Eucaristía, la
Eucaristía debería ser:
-Algo que pueda aliviar los problemas y angustias de las personas
-Algo que pueda influir profundamente en los corazones de las
personas
-Algo que pueda alimentar la vida cotidiana y hacerla Eucarística
Especialmente para la liturgia en Asia se podrían hacer las
siguientes propuestas:
- introducir los eventos salvíficos de Asia en el calendario
litúrgico,
- multiplicar las modalidades de Celebración Eucarística sin cambiar
su esencia de manera que se puedan celebrar los misterios de la vida
de los fieles de acuerdo con los diferentes períodos y eventos.
El papel de la Conferencia Episcopal en la Inculturación Litúrgica.
Desearíamos que en las iglesias locales se facilitara lo más posible
el poder de las Conferencias Episcopales para adaptar la liturgia al
ambiente cultural local. Si la Eucaristía debe ser una auténtica
celebración de la iglesia local, se necesita entonces, y sobre todo,
una inculturación adecuada. En este sentido es importante para la
evangelización incluir elementos de las festividades indígenas.
Por lo tanto, es necesario que la Santa Sede confíe en las
Conferencias Episcopales cuando aprueban la traducción en las
lenguas locales de los textos litúrgicos. En la preparación de éstos
es importante evitar una traducción literal, así como se debería
examinar y encontrar las palabras apropiadas a las culturas locales
ya que éstas respetan la cultura e historia de cada nación. Cuando
la Comisión para la Liturgia de la Conferencia Episcopal del Japón
examina los textos litúrgicos destinados a la Iglesia del Japón, no
se concentra sólo en la revisión de los giros de las frases, sino
que también se esfuerza en crear una liturgia que toque las “fibras”
más sensibles del pueblo japonés. En cada iglesia local,
especialmente en Asia, debemos tomar conciencia de que la liturgia
está destinada a todas las personas que viven en la cultura local.
Por consiguiente, a veces deberíamos proponernos la reorganización
de nuestros libros litúrgicos.
[00100-04.00] [IN036] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Amédée GRAB, O.S.B., Obispo de Chur, Presidente de
la Conferencia Episcopal, Presidente del Consejo de lasa
Conferencias de los Obispos de Europa (C.C.E.E.) (SUIZA)
El Nº 87 del Instrumentum Laboris lleva como título: “Eucaristía e
intercomunión”. El mismo afirma: “Mientras parece bastante amplio el
consenso sobre el hecho que la unidad en la profesión de la fe
precede a la comunión en la celebración eucarística, todavía queda
por aclarar el modo en el cual debería ser presentado el misterio
Eucarístico en el contexto del diálogo ecuménico, para evitar dos
riesgos opuestos: el prejuicio de la estrechez de miras y el
relativismo”. Me refiero a las comunidades eclesiales que celebran
en la Santa Misa el memorial del Señor. En el diálogo ecuménico con
estas comunidades se nota, y no pocas veces, una convergencia
creciente sobre importantísimos temas : presencia real, carácter
sacrificial del memorial, necesidad de la ordenación. Más difícil es
la formulación de la naturaleza de la Iglesia y el acuerdo sobre el
hecho de que a Ella se le ha confiado la Santa Eucaristía, fuente y
cumbre de su vocación y de su misión, por lo cual “sería errado no
pertenecer a la comunidad eclesial y querer recibir la comunión
eucarística”. Para nosotros no son posibles la intercelebración, la
intercomunión, la hospitalidad general ofrecida a muchos bautizados
(o incluso presentes). Sin embargo, la participación en la Santa
Comunión de los bautizados no católicos, en casos excepcionales y en
determinadas condiciones, está explícitamente prevista por el nº 129
del Directorio ecuménico de 1933, que no habla sólo de admisión sino
también de invitación, siempre que sean verificadas las condiciones,
entre las cuales no fuese computada la pertenencia a la Iglesia
católica. Esta posibilidad no debería ser olvidada. Tenerla presente
en el comportamiento de los pastores hacia quienes, sin pertenecer a
la Iglesia católica, comparten la afligida oración de Jesús para la
unidad, deberá ser un camino conocido para alcanzarla cuando y como
quiera el Señor “pan vivo que viene del cielo para la vida del
mundo”.
[00102-04.03] [INO40] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Paul POUPARD, Presidente del Pontificio Consejo de
la Cultura (CIUDAD DEL VATICANO)
Hago referencia al título del Pontificio Consejo de la Cultura, en
la IV parte del Capítulo II del Instrumentum Laboris: “Eucaristía ,
Misión Evangelizadora e inculturación” (78 y 80), y de la conclusión
(90 y 91).
1. La Eucaristía es “una fuerza de transformación de las cultura
`[...] germen de un mundo nuevo” (IL 90). La transformación del pan
y del vino en cuerpo y sangre de Cristo es prenda de la
transformación que se obra en nosotros por la Eucaristía. Cada fiel
está llamado a asimilar, en la meditación personal y en la oración
comunitaria, la realidad del misterio celebrado: Nutrido por esta
celebración, él “encarna el proyecto eucarístico en la vida
cotidiana, donde se trabaja y se vive “ ( IL 78). De este modo la
Eucaristía obra como semilla de una nueva cultura para una auténtica
civilización del amor.
2. La evangelización no es el fruto de la inculturación. Ella es la
fuente. Viva en el corazón de las culturas, en el vasto mosaico de
los pueblos, la Iglesia no deja de evangelizarlos para inculturar el
Evangelio. Basta evocar el nombre de San Benito para tener la medida
de la fecundidad milenaria de una cultura evangelizada por el
testimonio de comunidades eclesiales, de manera especial la vida
monástica. Dos milenios de “práctica” eucarística han visto a
hombres y mujeres de diversas culturas dar forma, según el genio de
la propia cultura, a liturgias inculturadas, como testimonian las
Iglesias orientales. Diversos ritos manifiestan y deben manifestar
siempre el mismo misterio. Ellos no nacen de una adaptación de la
Eucaristía a la cultura, sino de una transformación de las culturas
obrada por el Evangelio: la Iglesia busca las formas más apropiadas,
purificadas de las escorias, herencia del pecado del hombre, para
ayudar a los fieles a vivir en plenitud el misterio revelado que han
recibido de su Señor.
3. En diálogo con el mundo de los no creyentes y de la indiferencia
religiosa, el Pontificio Consejo de la Cultura constata que la
superficialidad, a veces hasta la trivialidad y la negligencia de
ciertas celebraciones, no sólo no ayudan a los creyentes en su
camino de fe, sino que molestan también a aquéllos que las viven
desde afuera. Una excesiva importancia dada a la dimensión
pedagógica y al deseo de hacer comprensible la liturgia también para
los observadores externos, como si ésta fuese la función principal,
produce el resultado contrario. No se incultura una contracultura.
La vocación de una liturgia inculturada es la de introducirnos con
todo nuestro ser a la magnitud del misterio de la fe en la acción
salvífica de Dios en su Hijo Jesús.
4. La liturgia es bella porque manifiesta la belleza de la santidad
de Dios (cfr IL 90). Para el creyente la belleza trasciende la
estética. Ella da lugar (permite) el paso del “por sí” al “más
grande de sí”. La liturgia es bella y por lo tanto verdadera, sólo
si está despojada de cualquier otro motivo que no sea la celebración
del Señor. La belleza de los ritos, de los signos, de los cantos y
de los ornamentos de la celebración litúrgica tienen la única
finalidad de introducirnos a la belleza profunda del encuentro con
el misterio de Dios, presente en medio de los hombres a través de su
Hijo, Él que para nosotros renueva eternamente su sacrificio de
amor. Ella manifiesta la belleza de la comunión con Él y con
nuestros hermanos, belleza de una armonía profunda que se traduce en
gestos, símbolos, palabras, imágenes y melodías que tocan
profundamente el corazón y el espíritu y suscitan la maravilla y el
deseo del encuentro con el Señor resucitado, “Puerta de Belleza”. La
liturgia es bella cuando es “agradable a Dios” y nos introduce a la
alegría divina, con todos los santos y la Virgen María, “mujer
eucarística por excelencia”.
Esta era la oración eucarística de Teresa, doctora de la Iglesia:
“Mi amadísimo, ven a vivir en mí. ¡Oh! ¡Ven, tu belleza me ha
raptado. Dígnate trasformarme en Ti!.
[00103-04.02] [INO41] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. William Stephen SKYLSTAD, Obispo de Spokane,
Presidente de la Conferencia Episcopal (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
La Eucaristía nos conduce a la misión de tres maneras:
1. Somos discípulos de Jesús, habilitados a través de la Eucaristía
a compartir su amor con el mundo.
2. Jesús en el Evangelio según San Juan nos dice que, como Él lavó
los pies a sus apóstoles, nosotros debemos lavarnos los pies los
unos a los otros.
3. A través de la Eucaristía, Jesús nos envía a ser instrumentos de
paz y de reconciliación. Ite missa est!
[00060-04.03] [IN051] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Gabriel PIROIRD, Obispo de Constantine (ARGELIA)
Somos Iglesias particulares muy minoritarias, que viven en un mundo
donde la cultura está fuertemente marcada por el Islam. Nuestras
comunidades están bastante dispersadas en el extenso territorio de
nuestras diócesis. Algunas viven en ausencia de toda presencia
sacerdotal para hacer frente a las necesidades de la misión. Por ese
motivo, pueden participar en la Eucaristía sólo esporádicamente.
Esta situación nos ha llevado a profundizar el vínculo entre
eucaristía y misión:
- Nuestra acción de gracias se une a la de nuestros amigos
musulmanes que, como nosotros alaban a Dios por su obra creadora y
de misericordia. Podemos incorporar espiritualmente sus oraciones en
nuestras eucaristías.
- Quedamos admirados en ver a nuestros amigos musulmanes a veces
“misteriosamente asociados al misterio pascual” (Cf. GS nº 22, 5).
Cuando unimos nuestra vida a la ofrenda de Cristo, de alguna manera
unimos también la de nuestros amigos.
- En la medida en que no pueden participar con frecuencia en una
celebración eucarística, algunas personas conceden más tiempo a la
adoración eucarística, vuelven a descubrir la densidad de una
presencia real que da fuerza a su vida cotidiana.
- Nuestras celebraciones eucarísticas reúnen de manera invisible a
un pueblo todavía ausente, el pueblo de los que buscan a Dios en la
rectitud de sus corazones. Para una Iglesia particular, la manera de
vivir la Eucaristía no se puede disociar de su historia concreta con
el pueblo al cual el Señor la ha donado.
[00076-04.05] [IN062] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Georges Marie Martin COTTIER, O.P., Pro-Teologo de
la Casa Pontificia (CIUDAD DEL VATICANO)
Si la Iglesia ha formulado directivas relacionadas con la admisión a
la Eucaristía de los cristianos no católicos y si rechaza la
inter-comunión, es porque la comunión eucarística no es un punto de
partida, sino que más bien expresa y lleva a su perfección una
comunión que presupone en su integridad: comunión en la doctrina de
los apóstoles, en los sacramentos y comunión con el colegio
apostólico del cual Pedro es el Jefe.
Sucede que esta posición no es comprendida y nuestros hermanos
protestantes la consideran injustamente dura. Es, por tanto, un
deber fraternal que la Iglesia manifieste que no está en su derecho
disponer según su voluntad de lo que es un don recibido del Señor.
Su actitud es de adoración, de alabanza, y de obediencia.
[00080-04.03] [IN069] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Walter KASPER, Presidente del Pontificio Consejo
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (CIUDAD DEL
VATICANO)
Me refiero a los números 86 y 87 del Instrumentum Laboris y al tema:
Eucaristía y Ecumenismo: Estoy agradecido por lo que se ha dicho en
estos puntos, y en la Relación General, sobre la Eucaristía como
sacramento de unidad y quiero antes que nada subrayar lo que en el
Aula sinodal ya ha sido dicho sobre eclesiología y Eucaristía, que
es de gran importancia para el movimiento ecuménico.
El tema “Eucaristía y unidad” se remonta a lo que San Pablo dice en
la primera Carta a los Corintios: “porque uno sólo es el pan, aún
siendo muchos, un sólo cuerpo somos, pues todos participamos del
mismo pan” (1 Co 10,17). Esta afirmación “un único pan - un único
cuerpo” y “participación en el único cáliz”, que significa “comunión
en el único cuerpo”, ha modelado toda la tradición de la Iglesia en
Oriente y en Occidente. La encontramos antes que nada en san Agustín
y de nuevo en santo Tomás de Aquino. Para santo Tomás, la res , es
decir la cosa o la finalidad de la Eucaristía no es la presencia
real de Cristo, que Tomás sin duda enseña, pero para él la presencia
real es solamente “res et sacramentum”, es decir una realidad
intermedia; la res, la finalidad de la Eucaristía es la unidad de la
Iglesia.
Esta visión ha sido renovada por el Concilio Vaticano II, que ha
descubierto a la Iglesia como comunión a través de la común
participación en el único Bautismo y en el único pan eucarístico.
Sobre este punto concordamos con las Iglesias orientales; la
Comunidades que se remontan a la Reforma tenían en sus orígenes la
misma concepción, sólo la han abandonado recientemente. Por lo
tanto, la concepción católica acerca del íntimo vínculo entre
comunión eucarística y comunión eclesial no es - como algunos son
propensos a creer- una concepción ecuménica cualquiera, sino una
concepción ecuméncia en sentido propio.
Pero por esta razón la terminología, que lamentablemente se
encuentra también el el Instrumentum Laboris, y que habla de
“intercomunión”, es ambigua y en sí misma contradictoria. Debemos
evitarla. Porque no se trata de una comunión “inter” es decir
“entre” dos comuniones (dos Comunidades), sino más bien de una
comunión en la comunión del único cuerpo de Cristo, que es la
Iglesia.
Existe aún otro punto débil en el Instrumentum Laboris. El mismo se
refiere a la “communicatio in sacris” solamente como un principio,
mientras que el Concilio Vaticano II habla de dos principios: la
unidad de la Iglesia y la participación en los medios de la gracia,
afirmando que la unidad de la Iglesia además prohíbe la admisión de
un no católico a la Eucaristía, pero no la participación en los
medios de la gracia y, algunas veces recomienda la admisión de un no
católico a la Eucaristía (Unitatis redintegratio, 8; cfr. Directorio
ecuménico, 129). Por lo tanto el Papa Juan Pablo II ha escrito, que
para él es “motivo de alegría” que los ministros católicos en
determinados casos particulares puedan administrar los Sacramentos
de la Eucaristía, de la Penitencia y de la Unción de los enfermos a
otros cristianos (Encíclica “Ut unum sint”, 46; Encíclica “Ecclesia
de eucaristía” 46).
Dichas formulaciones - "recomendar", "motivo de alegría" - quieren
decir que no se trata de una simple concesión o excepción, sino de
una posibilidad fundada positivamente en la concepción cristiana de
la persona humana, es decir, en la unicidad de cada persona y en la
unicidad de cada situación de salvación. La persona humana no es
nunca un caso de un principio general. El derecho canónico respeta
la unicidad de cada persona y, sobre la base y en los límites de la
ley general, en determinados casos particulares - donde la
posibilidad de escándalo es remota - da espacio no a la conciencia
privada, sino a un acto canónico de admisión por parte del obispo
competente; o por decirlo de mejor manera, da espacio a un
discernimiento espiritual, a un juicio prudencial y a la sabiduría
pastoral del obispo (cfr. CIC can 844).
En lo que se refiere a los criterios sobre dicha decisión prudencial
ya tenemos un desarrollo desde que se publicaron los dos Códigos de
Derecho Canónico. Los criterios, como han sido enumerados en el
Catecismo de la Iglesia Católica (nºs. 1398-1401) y en el Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica (nº 293) sobre las comunidades
eclesiales, son cuatro: un grave motivo, la solicitud espontánea,
buena disposición y manifestación de la fe católica sobre el
Sacramento.
Estoy convencido personalmente de que con estos criterios los
problemas efectivamente pastorales pueden resolverse en sentido
positivo. Puesto que estas cuestiones en muchos países son de gran
importancia pastoral, quiero recomendar que sean incluidos en el
texto final o en las propuestas.
[00183-04.04] [IN136] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Alain HAREL, Vicario Apostólico de Rodrigues,
Obispo titular de Forconio (ISLA MAURICIO)
El descubrimiento de este gran tesoro que es la Eucaristía, se
revela, por otra parte, como un gran esfuerzo en el proceso de
inculturación. Un paso importante ya ha sido dado siguiendo las
huellas del Concilio Vaticano II ¡Qué alegría oír que Dios, a través
de Jesús, nos habla en nuestra lengua materna! En nuestras pequeñas
islas del Océano Índico, nuestra gente, que proviene de diversos
horizontes y a quienes el drama de la esclavitud ha arrancado de su
cultura de origen , ha debido acuñar una lengua, el criollo, para
lograr comunicarse y elevar al Señor sus sufrimientos y sus
esperanzas ¡Qué dignidad poder dar gracias a Dios, a través del
memorial de la muerte y resurrección de Jesús, en nuestra lengua y
con nuestros “tambores”, nuestros bom, triángulos y acordeones”, con
nuestros cantos en criollo. Sin embargo la inculturación no puede
resumirse solamente en las expresiones litúrgicas. Como un nuevo
Pentecostés, debe poder llegar al hombre contemporáneo en el corazón
de su cultura. En el contexto de la secularización, de la
globalización económica, del crecimiento a ultranza de las
comunicaciones de masa, nuestras comunidades tienen necesidad de
desarrollar algunos valores evangélicos como la gratitud, la
gratuidad, la búsqueda de sentido, el gusto por la belleza, el
silencio y la interioridad. Hay que hacer una renovación cultural
unida al Evangelio, para que los fieles, sobre todo los jóvenes,
vayan con mayor facilidad a beber de la fuente viva de la
Eucaristía, fuente y cumbre de toda la vida cristiana.
[00104-04.03] [IN086] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Andrés ARTEAGA MANIEU, Obispo titular de Baliana,
Obispo auxiliar de Santiago de Chile (CHILE)
Hablo de la Parte IV del Instrumentum Laboris, especialmente de la
“espiritualidad eucarística” y de la “misión” del cristiano (IL, 73
Y 78). La Eucaristía permite, de modo admirable, revelar el sentido
de la vida con la “clave” del misterio pascual de Cristo (cf. 1L,
9-10), mediante la pedagogía de la liturgia. "La Eucaristía es la
respuesta a los signos de los tiempos de la cultura contemporánea"
(IL, 10). La Eucaristía se hace “razón”, “fuente”, “fuerza”,
“impulso”, “principio”, “manantial”, “pujanza” y “anticipo” en la
vida concreta (cf. IL, Prefacio). Para superar ese cierto
alejamiento que se da también entre nosotros de la vida pastoral
respecto de la Eucaristía, y la dramática y escandalosa falta de
conexión entre vida y misión; es necesario cultivar aquella actitud
eucarística, tan propia de los santos y de la Santísima Virgen
María, “mujer eucarística” (cf. IL, 77).
1. Habrá que poner una mayor énfasis en la catequesis de niños,
jóvenes y adultos en la importancia de la celebración dominical de
la Eucaristía, que ayuda a ver el mundo con una “luz especial” (cf.
IL, 70). Es una escuela de vida cristiana poderosa a la que no se
puede faltar sin verse afectada la madurez en la fe, que los tiempos
actuales exigen a los fieles cristianos.
2. Es necesario, por otra parte que la liturgia exprese aún con
mayor claridad que la Santa Misa se relaciona con el envío y la
misión (cf. IL,88). No parece suficiente la oración de postcomunión
y la bendición con el envío. Se puede investigar, y nos podrán
ayudar los expertos, en el tesoro bimilenario de la tradición orante
y litúrgica de la Iglesia, lo que pueda ayudar en este sentido. Así
como en la forma actual del sacramento de la Reconciliación, la
celebración se prolonga en la vida cotidiana, mediante la
satisfacción, se puede buscar la manera de enseñar a todos los
cristianos, con mayor claridad, que la Misa se prolonga en la vida,
con la misión en el mundo. Que podamos decir con el Padre Alberto
Hurtado, jesuita chileno que será canonizado al terminar este Sínodo
“Mi Misa es mi vida y mi vida es una Misa prolongada”
[00105-04.05] [IN087] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Cyrille Salim BUSTROS, Arzobispo de Newton de los
Greco-Melkitos (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
La Eucaristía, Sacramento del nuevo mandamiento
1. El número 90 del Instrumentum laboris define el nuevo mandamiento
como “el amor de Dios y del prójimo”. Esta definición no es exacta.
Efectivamente, el nuevo mandamiento consiste en amarse los unos a
los otros “como Cristo nos ha amado”, es decir, con un amor perfecto
y universal que comprende a los enemigos y que lo llevó hasta el
sacrificio de sí mismo por ellos en la muerte.
2. El Instrumentum laboris habla de la violencia y del terrorismo en
los números 79 y 84. Lo que falta en el texto es la aclaración de la
relación entre el nuevo mandamiento y la victoria sobre la
violencia: porque Jesús ha vencido la violencia y el terrorismo
amando a sus enemigos, perdonándolos y orando por quienes lo
llevaron a la muerte..
3. El número 37 desarrolla la idea del sacrificio. En este fragmento
falta la explicación de que el sacrificio de Jesús consistió en
rechazar la victoria sobre el mal para testimoniar el amor universal
de Dios que, condenando el pecado, perdona a los pecadores.
4. Estas tres ideas deben recordarse en la Anáfora Eucarística, por
ejemplo, de la manera siguiente: “En la noche en la que fue
traicionado o, más bien, se entregó a sí mismo para testimoniar el
amor universal de Dios, como un cordero conducido al sacrificio,
rechazando responder al mal con el mal, amando a sus enemigos y
orando por aquellos que lo condujeron a la muerte, según su
mandamiento nuevo: «amaos los unos a los otros como yo os he amado»,
tomó el pan ... etc.”.
[00106-01.05] [IN088] [Testo originale: francese]
- S. Em. R. Mons. Severine NIWEMUGIZI, Obispo de Rulenge, Presidente
de la Conferencia Episcopal (TANZANIA)
En la Eucaristía celebramos el encuentro con el Señor resucitado,
pan de vida, cuya muerte y resurrección reconciliaron al hombre con
Dios Padre. Es el Señor quien, después de la resurrección dio su paz
a los discípulos, que casi habían perdido la esperanza luego de que
el Señor de la vida había sufrido una muerte violenta en la cruz.
Mientras estaban llenos de temor, detrás de las puertas cerradas, Él
apareció y les dijo “ La paz con vosotros” (Jn 20,19. Y los
discípulos, al verlo, se llenaron de alegría. Además lo reconocieron
en la fracción del pan .
Jesús por lo tanto hace de la Eucaristía un don de paz. Jesús
eucarístico ahuyenta el miedo y trae paz y alegría interior. No
podemos celebrar y recibir la Eucaristía y continuar viviendo en el
miedo y en la violencia, porque Cristo vino para darnos la paz, como
cantaron los ángeles en su nacimiento: “Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra paz a los hombres en quien él se complace” (Lc 2,14).
Antes y después de su muerte, nos ha dado su paz.:”Os dejo la paz,
mi paz os doy” (Jn 14,27). Él sigue dándonos la paz. Ese don de paz
que ha ofrecido en el saludo pascual, se dona siempre aquí y ahora,
sobre todo en la Eucaristía. Sin embargo no podemos recibir y gozar
de esta paz si no estamos reconciliados con Dios y con nosotros
mismos. Por ello Él nos invita a reconciliarnos antes de ofrecer el
sacrifico (cf Mt 5,24-25). La reconciliación, de hecho, es el camino
para la paz. Porque es incompatible unir nuestro sacrificio al de
Cristo en la celebración eucarística con el corazón lleno de odio,
rencor y sentimientos de venganza.
La Iglesia que celebra la Eucaristía ha mandado dar y conservar la
paz de Cristo en la tierra. La Iglesia, como Cuerpo Místico de
Cristo, tiene el deber de ser “Sacramento de paz”. Tiene el deber de
ser constructora de paz, de hecho “Bienaventurados los que trabajan
por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). La
Eucaristía debería llevar a las personas a encontrar la paz en
Cristo a través de su unión con Él: el Papa Juan Pablo II ha pedido
a los africanos, y a todos los pueblos, yo creo, “ testimoniar a
Cristo también mediante la promoción de la justicia y de la paz en
el continente y en el mundo entero” ( Juan Pablo II, Ecclesia en
África, 1994, Nº 105).Recibir la Eucaristía exige de nosotros dar
testimonio a Cristo, en ese sentido. La misión evangelizadora de la
Iglesia impone también “trabajar por la paz” (Juan Pablo II, Mensaje
para la Jornada mundial de la paz, enero de 2000, Nº 20).
En la celebración de la Eucaristía la Iglesia reza por la paz.
Cualquiera que participe en la celebración y sobre todo quienes se
acercan a la Eucaristía deben, en consecuencia, comprometerse a
trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación. La Eucaristía
debe representar una fuente y una fuerza para un compromiso de ese
tipo, un compromiso que es crucial, sobre todo para un católico.
[00108-04.03] [IN090] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Aloysius M. SUTRISNAATMAKA, M.S.F., Obispo de
Palangkaraya (INDONESIA)
La reflexión sobre el significado eucarístico y su importancia para
los tiempos actuales plantea algunas preguntas: ¿Cómo puede el
significado de la Eucaristía explicar la tarea de los fieles de ser
misioneros en su sentido más amplio? ¿Y cuál es la relación entre el
significado de la Eucaristía y la misión? ¿Hasta qué punto puede ser
inculturada la parte fundamental de la celebración eucarística? ¿Es
posible subrayar la influencia de la celebración eucarística de la
vida cotidiana en las actividades misioneras de manera que promueva
una nueva cultura, una nueva costumbre para una vida mejor?
Podemos iniciar la reflexión y responder a las preguntas recordando
la tarea fundamental de la Iglesia. “La Iglesia peregrinante es
misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión
del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (Ad
Gentes nº 2; cfr. Lumen Gentium nº 1). La celebración de la
Eucaristía necesita absolutamente de la fe. La falta de fe puede
tener un impacto negativo sobre el espíritu misionero. El objetivo
de las actividades misioneras es, entre otras cosas, el de responder
a las necesidades de la situación actual.
El mundo moderno está caracterizado por una cultura de muerte, por
el terrorismo, por el individualismo, el materialismo y el
hedonismo. Por ello es importante subrayar el significado de la
Eucaristía basada en la fe viva, un nuevo habitus, cultura de la
vida en la paz y el amor. En la carta pastoral de la Conferencia
Episcopal indonesia se ha trabajado sobre el tema de la necesidad de
un nuevo habitus para que la fe, expresada a través de actitudes
morales y concretas, pueda influir en la vida de las personas. En
este caso, la celebración eucarística suscita una inspiración rica y
profunda. Nuestra misión, en su sentido más amplio, parece
testimoniar lo importante que es trabajar juntos con las personas de
otras religiones para que se cumplan todos los deseos humanos de paz
y amor en la sociedad.
En el objetivo de la misión pueden distinguirse dos aspectos
conectados entre ellos. La misión está dirigida, por un lado, ad
intra y, por otro, ad extra. En lo que respecta a la Eucaristía, su
celebración, en primer lugar, conduce a los fieles hacia una fe más
profunda a través de la Palabra de Dios y hacia la santificación
personal a través de la conversión y el acceso a la Santa Comunión.
Desde este punto de vista, la Eucaristía es fuente de fuerza moral
para crear nuevos hábitos entre los católicos. A su vez, la misión
fundada en el significado eucarístico exige a los fieles que asuman
su responsabilidad de ser activos y de participar en la misión de la
Iglesia en el mundo, es decir, de construir una sociedad pacífica en
cada parte del mundo, fundada en la misión de Jesús. Es ésta la
misión ad extra basada en la celebración eucarística.
El problema que se plantea es de qué manera la celebración
eucarística creará un nuevo modo de vivir, una cultura de fe viva.
“La cultura es el espacio vital en el que la persona humana se
encuentra cara a cara con el Evangelio” (Ecclesia in Asia 21). En
otras palabras, “La fe se transforma en cultura y hace la cultura”
(Instrumentum laboris 80). Parece que todos los esfuerzos de
inculturación siguen centrados en el encuentro dinámico entre los
elementos de la cultura y los valores espirituales del Evangelio. En
lo que respecta a la liturgia en general, la Eucaristía, como fuente
y cumbre de la vida y de la misión cristiana (cfr. RM 54), debería
animar a los fieles a realizar su labor misionera y a llevar la
Buena Nueva a los pobres, los oprimidos y los necesitados.
Con el fin de elaborar la relación entre Eucaristía y Misión para la
nueva cultura, no es suficiente abrir los documentos y producir
otros nuevos, sino que hay que apoyar los esfuerzos, moverse y crear
nuevos hábitos, para que la Eucaristía sea verdaderamente
significativa, tanto para los fieles como para la gente de todas las
religiones.
[00109-04.03] [IN091] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Sofron Stefan MUDRY, O.S.B.M., Obispo emérito de
Ivano-Frankivsk (UCRANIA)
La cuestión que planteo nace de una exigencia práctica. En Ucrania,
la situación de la vida diaria con todos sus problemas y desafíos
del post-comunismo es del todo normal tanto para nosotros los
greco-católicos como para los ortodoxos.
El canon 702 del CCEO prohíbe expresamente la concelebración de la
Divina Eucaristía con los presbíteros no católicos y viceversa. Este
canon nace de la necesidad de mantener la unidad entre las Iglesias.
Aún que estoy de acuerdo, creo que hay revisar este canon
revalorizando algunos puntos fundamentales de la Eucaristía y del
ecumenismo, explicando también el término “no católico” usado en el
citado canon.
Hay que subrayar la íntima relación entre Palabra y Sacramento. El
anuncio de la Buena Noticia se dirige a todos. El Sacramento está
reservado a quienes han aceptado el anuncio y abrazado la fe. El
Bautismo introduce en el Cuerpo de Cristo, y la Eucaristía hace
crecer, y hace efectiva la incorporación. De esta manera, la
Eucaristía no sólo expresa la unidad de la Iglesia, sino que la
produce. En cuanto elemento constitutivo de la unidad, no puede
venir después sino que tiene que ser acogido como momento clave para
hacer reales nuestras aspiraciones ecuménicas.
En cuanto expresión de la unidad visible de la Iglesia, en sentido
ontológico, es decir, de la plenitud de los medios de la salvación,
es también promesa de la realización fenoménica de la unidad
visible. La Eucaristía produce la plena unidad visible de la
Iglesia. Por consiguiente, al hacer participar a los no católicos
ortodoxos en la comunión, hacemos real la unidad entre nosotros.
Por ello, una común participación en la celebración de la Eucaristía
entre católicos y ortodoxos y viceversa podría ser la luz que nos
ilumina para realizar el anhelo de nuestro único Señor Salvador y
Pastor: “Ut unum sint”.
Tal vez, estas exigencias no están presentes como debieran en las
relaciones oficiales entre nuestras Iglesias que, sin embargo, se
hacen cada vez más evidentes en nuestro trabajo pastoral cotidiano.
[00110-04.04] [IN093] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Miguel Angel ALBA DÍAZ, Obispo de La Paz en la
Baja California Sur (MÉXICO)
El Papa Juan Pablo II al hablar de la comunión, nos advertía lo
equivocado que es promover iniciativas concretas, sin promover una
espiritualidad que nos ayude a superar las tentaciones que
constantemente nos acechan. Nos señalaba que sin un camino
espiritual, los medios externos se convierten en máscaras, en medios
sin alma.
Por eso, al tratar sobre la Eucaristía, quiero recalcar la
importancia de cultivar una espiritualidad eucarística que nos
permita, no sólo celebrar la Eucaristía de manera correcta y
decorosa, sino que nos impulse a vivirla como fuente, centro y
culmen de nuestra vida sacerdotal y eclesial.
Formarnos para la Eucaristía, es ciertamente formarnos para seguir
con fidelidad un ritual que nos permita hacer nuestras las palabras
y los gestos que el Redentor realizó en la última cena, pues en la
Eucaristía "transmitimos lo que nosotros hemos recibido".
Pero, si no queremos dejar que el pan ázimo de nuestras eucaristías
se contamine "con la levadura de los fariseos", formarnos para la
Eucaristía es también y sobre todo formarnos para hacer nuestros los
mismos sentimientos y actitudes eucarísticas del Redentor.
Formarnos para la Eucaristía, por tanto, es formarnos en la
experiencia de la gracia, en la contemplación de las maravillas que
Dios obra. Es sentirnos agraciados, experimentar la gratuidad de
todo lo que somos y tenemos.
Es formarnos para "dar gracias siempre, en todo lugar y en todas las
circunstancias de la vida", apreciando la vida con sus tristezas y
alegrías y descubriendo que "todo acontece para bien de aquellos a
quienes ama el Señor".
Es formarnos para hacer de nuestra vida una Eucaristía, para amar y
servir a Dios y a los hombres con amor agradecido, para hacer de
nuestra persona una ofrenda viva y permanente.
Formarnos para la Eucaristía es formarnos para dar culto al Padre
"en espíritu y en verdad". Tal vez, siete años de seminario parezcan
demasiados para aprender a decir misa, pero son demasiado pocos para
aprender a celebrar la Eucaristía.
El Insrumentum laboris recoge aportaciones que denuncian prácticas
negativas. No son simples trasgresiones a las rúbricas, sino
expresión de actitudes que ignoran o deforman el sentido de la
reforma conciliar.
Si la precipitación en aplicar la reforma litúrgica nos ha llevado a
perder el equilibrio, al buscar de nuevo ese equilibrio, antes de
proponer iniciativas concretas, debemos promover una espiritualidad
que nos permita superar tanto el ritualismo pasivo como la excesiva
creatividad, a fin de que el misterio hable a través de la liturgia.
[00147-04.04] [IN099] [Texto original: español]
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves 13 de octubre
de 2005,a las 12.45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de
Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de Prensa
sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de
los Obispos (Relatio post disceptationem).
Intervendran:
● Emmo. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● Emmo. Card. Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara (México)
Presidente Delegado
● Emmo. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vice Presidente de la Comisión para la Información
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