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15 - 10.10.2005
RESUMEN
♦ DÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (SÁBADO, 8 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA MAÑANA)
♦
UNDÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES, 10 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA MAÑANA)
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
♦
DÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (SÁBADO, 8 DE OCTUBRE DE 2005 - POR LA
MAÑANA)
● PRESENTADA POR EL PRESIDENTE DEL PONTIFICIO CONSEJO DE LA JUSTICIA
Y DE LA PAZ, CARDENAL RENATO RAFFAELE MARTINO, LA EDICIÓN FRANCESA
DEL COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.
Después de las ediciones en italiano, inglés, y español, el
Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz ha publicado también
la edición en Francés del Compendio de la Doctrina Social de la
Iglesia, que recopila en armónica y articulada síntesis los
principios fundamentales de la enseñanza social de la Iglesia,
transcribiendo por extenso, las citas completas de las fuentes del
Magisterio mismo.
En la X Congregación General , El Presidente del Pontificio Consejo
de la Justicia y de la Paz, Cardenal Renato Raffaele Martino,
presentó a los Padres Sinodales la edición del Compendio, que fue
recibida con un caluroso aplauso.
Desde hacía tiempo el mundo francófono esperaba la publicación de la
edición francesa, solicitada enfáticamente por agentes pastorales y
centros de estudio, no sólo en Francia, sino también en todas las
naciones en las que se habla francés.
El mismo Cardenal Martino entregó al Santo Padre Benedicto XVI,
personalmente, la primera copia de la edición francesa.
[00205-04.02] [NNNNN] [Texto original: italiano]
♦
UNDÉCIMA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES, 10 DE OCTUBRE DE 2005 - POR
LA MAÑANA)
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 09.00 horas de hoy lunes 10 de octubre de 2005, en presencia
del Santo Padre, con el canto de la Hora Tertia, ha iniciado la
Undécima Congregación General, para continuar con las intervenciones
de los Padres Sinodales en el Aula sobre el tema sinodal La
Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Francis ARINZE, Prefecto
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
En la apertura de la Undécima Congregación General el Presidente
Delegado de turno, recordando las palabras del Santo Padre después
el rezo del Angelus Domini de ayer , ha invitado a la oración y a la
solidaridad por las víctimas del terremoto en Sud Asia (Pakistán,
India y Afganistán), y también del huracán en América Central y
México, especialmente El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
A continuación, el Secretario General del Sínodo de los Obispos,
S.E.R. Mons. Nikola ETEROVIĆ, en la apertura de los trabajos de la
segunda semana de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los
Obispos, ha comunicado que 148 Padres sinodales han presentado
intervenciones durante la primera semana de los trabajos.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 12:30 horas
con la oración del Angelus Domini, estaban presentes 244 Padres.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Undécima Congregación General han intervenido los siguientes
Padres:
- S. Em. R. Card. Lubomyr HUSAR, M.S.U., Arzobispo Mayor de Lviv de
los Ucranianos, Presidente del Sínodo de la Iglesia Greco-Católica
Ucrania (Kyiv-Halych, UCRANIA)
- S. Em. R. Mons. Evarist PINTO, Arzobispo de Karachi (PAKISTÁN)
- Revmo. P. Barry FISCHER, C.PP.S., Moderador General de los
Misioneros de la Preciosísima Sangre
- S. Em. R. Card. Varkey VITHAYATHIL, C.SS.R., Arzobispo Mayor de
Ernakulam-Angamaly de los Siro-Malabareses, Presidente del Sínodo de
la Iglesia Siro-Malabarés (INDIA)
- S. Em. R. Mons. Tharcisse TSHIBANGU TSHISHIKU, Obispo de Mbujimayi
(REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
- S. Em. R. Card. Crescenzio SEPE, Prefecto de la Congregación para
la Evangelización de los Pueblos (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Djura DŽUDŽAR, Exarca Apostólico de Serbia y
Montenegro para los católicos de rito bizantino, Obispo titular de
Acrasso (SERBIA y MONTENEGRO)
- S. Em. R. Mons. Bosco LIN CHI-NAN, Obispo de Tainan (CHINA)
- S. Em. R. Mons. Christopher Henry TOOHEY, Obispo de
Wilcannia-Forbes (AUSTRALIA)
- S. Em. R. Mons. Petru GHERGHEL, Obispo de Iaşi (RUMANIA)
- S. Em. R. Mons. Gabriel MALZAIRE, Obispo de Roseau (REPÚBLICA
DOMINICANA)
- S. Em. R. Mons. John Olorunfemi ONAIYEKAN, Arzobispo de Abuja,
Presidente de la Conferencia Episcopal, Presidente del Simposio de
las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (S.E.C.A.M.) (NIGERIA)
- Rev. P. Peter-Hans KOLVENBACH, S.I., Prepósito General de la
Compañía de Jesús (PAÍSES BAJOS (C.E.L.R.A.)
- S. Em. R. Mons. Oswald GRACIAS, Arzobispo de Agra, Presidente de
la Conferencia Episcopal (INDIA)
- S. Em. R. Card. Pedro RUBIANO SÁENZ, Arzobispo de Bogotá (COLOMBIA)
- S. Em. R. Card. Jozef TOMKO, Presidente del Pontificio Comité para
los Congresos Eucarísticos Internacionales (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Jean-Louis BRUGUÈS, O.P., Obispo de Angers (FRANCIA)
- S. Em. R. Mons. Francesco CACUCCI, Arzobispo de Bari-Bitonto (ITALIA)
- S. Em. R. Mons. George Cosmas Zumaire LUNGU, Obispo de Chipata (ZAMBIA)
- S. Em. R. Mons. Luis SÁINZ HINOJOSA, O.F.M., Arzobispo titular de
Giunca de Mauritania, Obispo auxiliar de Cochabamba (BOLIVIA)
- S. Em. R. Mons. Menghisteab TESFAMARIAM, M.C.C.I., Obispo de
Asmara (ERITREA)
- S. Em. R. Mons. Jean-Baptiste TIAMA, Obispo de Sikasso (MALÍ)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Card. Lubomyr HUSAR, M.S.U., Arzobispo Mayor de Lviv de
los Ucranianos, Presidente del Sínodo de la Iglesia Greco-Católica
Ucrania (Kyiv-Halych, UCRANIA)
En primer lugar, considero un deber expresar mi agradecimiento al
Secretario General y a la Comisión Preparatoria por haber tenido en
cuenta las observaciones presentadas por las Iglesias Orientales
tanto en los Lineamenta como en el Instrumentum laboris.
Quisiera también intervenir sobre la práctica eucarística (números
22, 23, 24) en la tradición de la Iglesia Ucraniana Greco-católica,
pero como quiero centrar la presente intervención en otro problema,
remito este aspecto solamente al tratamiento in scriptis.
El problema que me planteo como Jerarca de una Iglesia Oriental sui
iuris se relaciona con los números 85, 86 y 87 del Instrumentum
laboris. Me expreso en términos interrogativos. Parto de la premisa
que no puede caber la menor duda acerca de que la Eucaristía es fons
et culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Pero, ¡esto es
cierto también para las Iglesias Ortodoxas!
- Si la Liturgia es regula fidei (lex orandi, lex credendi)
- si la Divina Liturgia celebrada por las Iglesias Orientales en
comunión con la Sede de Roma y por las Iglesias Ortodoxas o
Apostólicas es idéntica para ambas
- si es recíproco el reconocimiento de la Sucesión Apostólica de los
Obispos y, por consiguiente, de los sacerdotes que la celebran,
entonces, mi pregunta es: ¿qué más hace falta para lograr la unidad?
¿Acaso existe otra fons u otro culmen superior a la Eucaristía? Y si
no existe, ¿por qué no se permite la concelebración?
Una propuesta final. También a fin de crecer en la comunión
intraeclesial católica, quisiera proponer que el próximo Sínodo se
dedique precisamente a las Iglesias Orientales.
[00087-04.03] [INO81] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Evarist PINTO, Arzobispo de Karachi (PAKISTÁN)
He venido como representante de la Conferencia Episcopal de Pakistán.
Se trata de una pequeña Iglesia de un millón trescientos mil
católicos en un país que tiene el 98% de población musulmana.
La Eucaristía es fuente de fuerza y alimento para los católicos que
aman la Palabra de Dios, escuchar música sacra y el canto de los
salmos en su lengua materna.
Los sacerdotes no siempre pueden celebrar la Eucaristía porque las
parroquias son demasiado grandes y existen demasiados lugares para
atender. Esta situación empeora en las zonas rurales porque los
católicos están esparcidos por pequeños pueblos, muy distantes entre
ellos.
Quisiera proponerles dos sugerencias:
1. Inculturación
Con frecuencia los ritos no son comprendidos por la gente sencilla.
Tenemos que descubrir “las semillas de la Sabiduría divina ya
presentes” entre los pueblos (Eclessia in Asia, nº 20)
2. Nuevas formas de ministerio
Nuestros catequistas desarrollan una grande y encomiable tarea
pastoral. No obstante, se necesitan otros operadores de pastoral:
diáconos casados, asistentes de pastoral y otras formas de
ministerio.
[00148-04.05] [IN105] [Texto original: inglés]
- Revmo. P. Barry FISCHER, C.PP.S., Moderador General de los
Misioneros de la Preciosísima Sangre
“La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la
sangre de Cristo?” (1 Cor, 10, 16). Con estas palabras, San Pablo
nos recuerda el círculo de comunión creado por la participación
eucarística.
Al compartir el cáliz en la Eucaristía, Dios nos invita a renovar la
relación de alianza con Él, fundamento de todas las demás
relaciones. Ya que la reconciliación es verdaderamente un don de
Dios “... que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el
misterio de la reconciliación... somos pues embajadores de Cristo,
como si Dios exhortara por medio de nosotros (2 Cor, 5, 18-20).
El propósito del ministerio de la reconciliación es el de superar el
odio, la injusticia, y la división. Pero su fin último es traer la
paz, esa paz que Cristo ha conquistado con la sangre de su cruz
(cfr. Col. 1, 20), esa paz que reconcilia todas las cosas en Cristo.
La comunión alcanzada en la sangre reconciliadora de Cristo nos da
la fuerza para ser constructores de puentes, anunciadores de verdad,
bálsamo para las heridas. Nuestro “amén”, cuando recibimos la
comunión, afirma no solamente la presencia real de Cristo en la
Eucaristía, sino que también nos invita a ser pan partido y sangre
derramada, vida ofrecida por la vida del mundo. Nosotros llegamos a
ser como “copas vivas” llevando la Sangre preciosa de Cristo, el
bálsamo sagrado a quienes necesitan que se les curen sus fracturas,
a quienes sufren per las heridas de la pobreza, a quienes son
abandonados moribundos en la calle, despreciados e oprimidos por el
prejuicio, el racismo, la guerra.
Como “embajadores de reconciliación” (cf. 2 Cor, 20), ofrecemos la
Sangre de Cristo a un mundo sediento de armonía con Dios, con la
humanidad y la creación toda. La Sangre de Cristo extingue la sed de
esa comunión con que pueblos muy diferentes pueden encontrarse en
una unidad profunda y duradera y nos exhorta para ser comunidad
eucarística que abraza también a los que se encuentran lejos,
separados o excluídos. La participación en la Eucaristía nos
refuerza y estimula a soñar con una historia diferente, construir un
mundo nuevo, un mundo conforme al proyecto de Dios para la
humanidad, así como lo han revelado la vida, la muerte y la
resurrección de Jesucristo.
[00152-04.02] [IN111] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. Varkey VITHAYATHIL, C.SS.R., Arzobispo Mayor de
Ernakulam-Angamaly de los Siro-Malabareses, Presidente del Sínodo de
la Iglesia Siro-Malabarés (INDIA)
La Eucaristía le confiere a todo el mundo el gran poder de predicar
el evangelio. La Iglesia siro-malabarés es una comunidad centrada en
la Eucaristía. Las iglesias parroquiales el domingo están repletas y
muchos participan de la Eucaristía también en los días laborales De
esto puede depender el hecho que nuestra Iglesia haya sido bendecida
por muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Me siento
feliz al subrayar que gran parte del personal misionero que se
encuentra en diócesis misioneras de la India, hasta en muchas
diócesis de rito latino, provienen de la Iglesia siro-malabarés.
Nosotros enviamos sacerdotes y religiosas a África, América
meridional y septentrional, Europa y Oceanía. Pero, desde hace más
cien años, la restricción territorial de esta Iglesia ha determinado
serios problemas tanto en la actividad misionera como en la atención
pastoral propiamente dicha de sus fieles en la India y en el
exterior. Los cristianos de la Iglesia siro-malabarés dedicada a
Santo Tomás , tienen una extraordinaria devoción a la Santísima
Virgen María. La actitud de la Iglesia, en el constante cumplimiento
de la voluntad de Dios, su humilde servicio a los necesitados y su
actitud radical como discípulos aún bajo la Cruz, todo ello nos
impulsa a dedicarnos a la construcción de una sociedad mejor basada
en la justicia y la paz.
Por lo tanto considero que este año de la Eucaristía, cuya etapa
final es el Sínodo, es una ocasión ofrecida por Dios para que nos
nutramos constantemente de la Eucaristía del Señor, de manera que se
realice su mandato misionero.
[00175-04.03] [IN113] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Tharcisse TSHIBANGU TSHISHIKU, Obispo de Mbujimayi
(REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)
I Eucaristía, edificación de la Iglesia, inculturación y ritos
litúrgicos.
Como subraya con razón el Papa Benedicto XVI, la Eucaristía es
verdaderamente el centro y constituye el gran fundamento de la
estabilidad y continuidad de la Fe y de la Vida de la Iglesia. Es
alrededor de los lugares de la celebración Eucarística y de los
otros sacramentos cristianos que se edifica la Iglesia y se
organizan las diversas estructuras y los ministerios al servicio del
pueblo de Dios.
Pues bien, en la Eucaristía se concentran los esfuerzos de
inculturación necesaria e indispensable. Es aquí, como también en
otros asuntos doctrinales de la revelación sobrenatural, que se
presenta la oportunidad y la necesidad de llevar a la práctica y
proseguir, como expresa el decreto Ad Gentes n. 22- las
investigaciones y estudios teológicos en cada zona o región
cultural, a fin de perfeccionar expresiones catequísticas adecuadas.
El ámbito de la celebración eucarística es el de la liturgia. Aquí
quedan por hacer nuevos esfuerzos misioneros. Después del Vaticano
II, los cristianos de África, como los de todos los países y las
regiones del área católica, tuvieron que afrontar el trauma del
pasaje del rito universal - de la liturgia o Misa de Pio V - al
promulgado por Pablo VI.
Sucesivamente, se abrieron otras posibilidades para la integración
de nuevos elementos específicos, hasta la promulgación oficial del
rito llamado “Rito Romano de la Misa para las Diócesis de Zaire”,
publicado por Juan Pablo II en 1988, dicho comúnmente “Rito zairense
de la Misa”.
Ahora, después de veinte años, en todo el continente africano, a
partir de la Iglesia de la República democrática de Congo, se
advierte la necesidad de evaluar la evolución de la práctica para
mejorar y actuar coherentemente la manera de celebrar el rito,
evitando desviaciones, más o menos graves o preocupantes, que ya se
han notado aquí y allá.
II. Implicaciones sociales de la Eucaristía en el actual mundo
globalizado.
El mundo globalizado de hoy está lleno de promesas positivas para
todos, pero también presenta aspectos y efectos por de más
negativos, desfavorables para los países del hemisferio sur en
general, y para el continente africano en especial , continente que
todos reconocen como el más “mundializado”con respecto a los otros.
III Temas para el próximo “Sínodo africano”.
Con ocasión del Sínodo africano (Sínodo Especial para África) ya
anunciado por el Papa Benedicto XVI, deberían figurar en el orden
del día algunos asuntos muy importantes como los siguientes:
- Inculturación del culto divino y de la Liturgia en África.
- Actual situación de la “mundialización” y la misión de la Iglesia.
- Solidaridad inter-eclesial. Intercambios y ayudas recíprocas.
- Situación y porvenir de los Instituto misioneros y las
Congregaciones religiosas.
- Desarrollo global de África y compromisos de la Iglesia
- Retos de la Misión y caminos de investigación teológica en África.
Conclusión
Que esta asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos pueda
contribuir a renovar y promover el impulso misionero de la Iglesia.
[00179-04.04] [IN120] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Crescenzio SEPE, Prefecto de la Congregación para
la Evangelización de los Pueblos (CIUDAD DEL VATICANO)
En referencia a lo que se expone en el capítulo 2 de la IV parte del
Instrumentum Laboris, se considera oportuno una tratamiento más
orgánico y lógico que aclare la distinción entre Evangelización
destinada “ad Gentes” y la destinada a quienes han abandonado la
propia fe. Es verdad que la evangelización es única en el contenido,
pero se diversifica en relación a los destinatarios a los cuales la
misma se dirige.
Son muchos los pasajes del Instrumentum Laboris que podrían ser
aclarados, por ejemplo, diciendo claramente que hoy son
aproximadamente 5 mil millones las personas que no conocen a
Jesucristo y por lo tanto, no se pueden alimentar de Su Cuerpo y de
Su Sangre. La Iglesia tiene el derecho y el deber de llevar también
a ellos el Pan de la Vida y el Cáliz de la Salvación.
Para tal fin es necesario que la doctrina eucarística sea ofrecida a
los no cristianos en su verdad integral, sin ceder a las “modas
culturales” que llevarían a esa derivación hermenéutica para la cual
la Eucaristía perdería su dimensión místico-real y se convertiría en
una variante de esa antropología cultural que relativiza a la misma
persona de Cristo.
Con la fuerza del Espíritu Santo, el misionero, también hoy, sabrá
implantar la Iglesia ante la gentes, alimentándolas con el Pan de
vida, dado para todos.
[00180-04.03] [IN123] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Djura DŽUDŽAR, Exarca Apostólico de Serbia y
Montenegro para los católicos de rito bizantino, Obispo titular de
Acrasso (SERBIA y MONTENEGRO)
Me refiero ahora al cuarto capítulo del Instrumentum laboris:
“Eucaristía e inculturación” (Nº 80 y Nº 81), “Eucaristía y
Ecumenismo (Nº86), “Eucaristía e Intercomunión (Nº87).
La inculturación
El contacto constante entre Oriente y Occidente lleva a confrontar
las dos tradiciones litúrgicas cristianas. La liturgia oriental es
“acusada” de ser incomprensible y arcaica, de hacer aparecer
“pesados” los momentos de la celebración, pero es también
considerada muy envolvente y mística.
Para permitir que nuestras celebraciones sean signo de
reconocimiento e identidad para los no católicos, es necesario
acentuar tal formación en todas las categorías del pueblo de Dios,
dando prioridad a los institutos de educación, los
sacerdotes-liturgistas, diáconos, animadores y ministrantes. En una
palabra, se le debe dar precedencia a la pastoral regular y a una
ordinaria catequesis litúrgica.
Eucaristía y ecumenismo
Las celebraciones comunes pueden llegar a ser, en la cotidianidad,
un fuerte mensaje. Pero se necesitan premisas claras que indiquen
hasta dónde es posible obrar a nivel litúrgico con las iglesias y
comunidades cristianas que componen el mosaico ecuménico. Por lo
tanto proponemos una guía litúrgica que ayude a hacer que la
comunión, aún no alcanzada, sea invocada en la oración y no dada por
supuesta como un “instrumento” del diálogo.
Eucaristía e intercomunión
Subrayo dos posibles insidias: el prejuicio, como primer peligro o
bien el relativismo. También aquí deseamos verdad y claridad;
apertura pero sin desconocer nuestra identidad. También en este
ámbito la Eucaristía, no puede ser el medio para la edificación de
una genérica comunidad humana. La Eucaristía tampoco es un punto de
partida. Es el misterio de Cristo que en el don de la Eucaristía nos
da su Cuerpo. Es el don hecho a quien pertenece a Cristo y debe
llegar a ser santo y por lo tanto, gracias a esta fundamental
preocupación, también semilla de unidad en la Iglesia y en el mundo.
El pedido más urgente a este Sínodo: volver a considerar el misterio
eucarístico en relación a los otros sacramentos, sobre todo en
relación al carácter sacramental del matrimonio en los matrimonios
mixtos y ofrecer orientaciones esenciales, si bien tendrán que ser
adaptadas al contesto local por parte de los obispos interesados. Es
un desafío que consideramos que abarque áreas cada vez más amplias,
y con intensidad, al continente europeo.
[00156-04.03] [IN127] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Bosco LIN CHI-NAN, Obispo de Tainan (CHINA)
Hoy en día nuestra fe tiene muchísimas dificultades tanto interna
como externamente, ya sea de pastoral como de evangelización. Al
principio de este tercer milenio tenemos que dedicarnos con todo el
corazón y las fuerzas a vencer estas dificultades. El Papa Juan
Pablo II nos ha propuesto lo que sigue: 1 En nuestro tiempo hace
falta encender el espíritu de evangelización en las gentes y
predicar entre ellas a Jesucristo, único Salvador. 2. La Iglesia,
reunida alrededor del Sacramento del altar, puede comprender más y
mejor su origen y su misión. La Iglesia, Una, Santa, Católica y
Apostólica, reunida alrededor del Sacramento de la Eucaristía, se
hace familia y Pueblo de Dios.
1 Del sacramento de la Eucaristía procede la fuerza para promover la
misión de Evangelización.
Durante este año, dedicado a la Eucaristía, el Culto que le rinde
toda la Iglesia de Taiwán ha creado un gran movimiento: la
predicación de los sacerdotes del domingo, la exposición del
Santísimo Sacramento, la Hora Santa, etcétera han encendido el
fervor de los fieles por el Santísimo Sacramento, y los fieles en
Cristo reciben la fuerza para ir a anunciar el Evangelio a su
prójimo. Muchos adultos fueron bautizados. Esperamos que la
conclusión del año Eucarístico no represente un fin, sino un inicio.
2 La Eucaristía es Sacramento de unión y comunión.
El pueblo chino crece, y también los católicos. Tenemos que
preocuparnos sólo por un hecho: la falta de libertad religiosa, por
la que la Iglesia corre el riesgo de dividirse.
Tenemos que rezar sinceramente, para que seamos un solo cuerpo, un
solo espíritu, así como fuimos llamados para edificar el cuerpo de
Jesucristo nuestro Señor.
3. La Eucaristía es fuente y cumbre de la Iglesia y de la vida
espiritual de los fieles. Hace falta promover el catecismo de la
Santísima Eucaristía, para que todos los fieles conozcan su propia
relación, unión y comunión con la Eucaristía, y también para que
cumplan con la misión sagrada: “Id y predicad el Evangelio”, a fin
de alcanzar el fin: un solo rebaño y un solo pastor.
[00182-04.03] [IN134] [Texto original: latino]
- S. Em. R. Mons. Christopher Henry TOOHEY, Obispo de
Wilcannia-Forbes (AUSTRALIA)
Consideren el hecho que el Creador del Universo asumió la naturaleza
humana, nació de una Virgen, tuvo (y sigue teniendo) cuerpo y alma
humanos, vivió, murió y resucitó en este planeta minúsculo que
llamamos Tierra. Hizo todo esto por nosotros y por nuestra
salvación. Y su presencia permanece con nosotros verdadera y
sustancial en la Eucaristía. El Misterio hace vacilar la mente,
supera nuestra plena comprensión. Pero el corazón humano puede
conocerlo y aceptarlo en auténtica humildad en el acto de la
conversión.
Sabemos que la Eucaristía es prenda de fidelidad y amor de Dios
Padre hacia la humanidad. Nuestra fe es audaz y profunda en su
visión. Nos es donada por Dios. Nosotros, que la enseñamos, debemos
reflejar su belleza desconcertante en la forma de hablar de la
Eucaristía, celebrar el rito de la Eucaristía y vivir la Eucaristía.
[00184-04.03] [IN138] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Petru GHERGHEL, Obispo de Iaşi (RUMANIA)
El “permanecer en Cristo” (Jn 15,4) ha garantizado desde el comienzo
la vitalidad y la fuerza de las primeras comunidades cristianas,
reunidas para la celebración de la Eucaristía. Su presencia viva y
al mismo tiempo sacramental, da garantía de continuidad y
crecimiento que no podrán cesar jamás, a pesar de las dificultades
de la historia con sus ideologías y persecuciones. Los numerosos
testimonios de las celebraciones eucarísticas que tuvieron lugar en
las catacumbas de todos los tiempos y lugares son la prueba
evidente. Aunque sea parcialmente, he sido testigo directo de muchos
actos heroicos durante los decenios del comunismo totalitario. He
conocido a obispos y sacerdotes que han logrado consagrar y
conservar en sus celdas el Santo Pan Eucarístico con una fantasía
difícil de imaginar. Durante el largo período comunista, el único
lugar donde los fieles podían alimentar la valentía de su fe era la
iglesia. Y la celebración de la Eucaristía era, al mismo tiempo,
momento de evangelización, catequesis y comunión con Dios y con los
hermanos.
Los cambios de 1989 abrieron el camino a muchos valores relacionados
a la condición de libertad, pero esta libertad mal comprendida lleva
al empeoramiento de las costumbres de la vida social y de la
familia, y a veces, también al alejamiento de la fe. Gracias a Dios,
semejantes tendencias no han invadido nuestras iglesias católicas,
donde el respeto y el amor por la Eucaristía hoy son más fuertes que
en el pasado. La asistencia a la Misa del domingo es más bien alta y
quizás más motivada.
Sugiero una propuesta para incrementar el respeto a favor de la
Eucaristía. Teniendo presente la tradición oriental, la riqueza de
dichos testimonios y la intención de intercambiar dones entre
nuestras Iglesias, propongo utilizar para la Santa Misa el nombre de
“Santa y Divina Liturgia”, además del latín, que se usa pero con
poca precisión. Será un título que sugiere principalmente lo sacro e
invita al recogimiento, al asombro, al silencio, a la adoración.
Por último, una exhortación: conservemos en la estructura de
nuestras iglesias el lugar más visible y accesible para el
Tabernáculo, para no correr el riesgo de que nuestras iglesias se
conviertan en un “hermoso caparazón” en el que no se encuentra a su
inquilino.
[00186-04.04] [IN140] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Gabriel MALZAIRE, Obispo de Roseau (REPÚBLICA
DOMINICANA)
La Conferencia episcopal de las Antillas abarca también a Guyana,
Cayena y Suriname en el continente sudamericano, a todas las
Antillas inglesas, francesas, holandes y Belize. Las bases éticas de
los católicos, en cada una de estas diócesis, dependen mucho de la
nación europea colonizadora. Recientemente, la presencia del
Movimiento Evangélico, procedente de los Estados Unidos ha penetrado
tanto en la cultura católica como en la protestante de las Antillas,
afectando de esta forma su modo de rezar y de ser Iglesia.
En algunas diócesis que son sobre todo protestantes y/o están muy
influidas por la cultura evangélica, algunos fieles han encontrado
una cierta dificultad a la hora de comprender la diferencia entre la
Misa y la devoción no católica.
Para los católicos practicantes es muy importante la Eucaristía para
el crecimiento de su fe.
Es sumamente importante una formación sistemática para los niños y
los jóvenes que se preparan para la primera Comunión y para la
Confirmación.
Se realizan grandes esfuerzos para asegurarse de que la celebración
de la Eucaristía se haga con dignidad, con decoro y con una
auténtica participación de los fieles.
En el Caribe está aumentando la conciencia de que hace falta
inculturar la liturgia. Muchos fieles se muestran contrarios a darse
la mano como signo de paz. Querrían una expresión más sentida de
fraternidad, como un abrazo. El sacramento de la Penitencia ya no
forma parte de la normal vida espiritual para un número cada vez
mayor de católicos.
Para muchos fieles la comunión lleva a la santidad personal y a una
transformación de los comportamientos, y les crea un sentimiento de
responsabilidad hacia las necesidades de los demás. Sin embargo,
para muchos existe una discordancia entre aquello en lo que creen y
su modo de vivir.
[00187-04.03] [IN146] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. John Olorunfemi ONAIYEKAN, Arzobispo de Abuja,
Presidente de la Conferencia Episcopal, Presidente del Simposio de
las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (S.E.C.A.M.)
(NIGERIA)
Mi intervención es un himno de acción de gracias y alabanza a Dios
por las grandes bendiciones que el pueblo de África ha experimentado
después del Concilio Vaticano II mediante la “activa, consciente,
fecunda” y también alegre preparación a la Eucaristía celebrada en
la riqueza de nuestras expresiones culturales. Me refiero
especialmente a los números 80 y 81 del Instrumentum laboris
titulados “Eucaristía e inculturación”.
El Instrumentum laboris, en muchos puntos expresa cautela,
prudencia, y a veces ansiedad respecto a errores, exageraciones y
experimentaciones atrevidas en ese campo. Sin duda, es razonable
manifestar estas reservas, que se deben tomar en serio, pero en su
conjunto, como señala el Instrumentum laboris en el número 34, “no
tienen que causar falsos alarmismos”. Al contrario, debemos
alegrarnos por las maravillas que el Espíritu obra en nuestras
Iglesias locales. En toda África, durante los últimos cuarenta años,
se han realizado celebraciones eucarísticas muy bellas que han
intensificado la fe de la gente, han mejorado su calidad de
participación, han intensificado el amor por el sacerdocio, han
infundido la alegría y la esperanza en medio del desaliento y la
desesperación, han incrementado las relaciones ecuménicas y, en
general, han promovido la evangelización.
La Eucaristía merece - y está recibiendo- lo mejor de nuestras
culturas. No tendremos mucho que ofrecer en lo que se refiere a
majestuosas arquitecturas, como las de las catedrales europeas, o a
espléndidas pinturas, como las de Miguel Ángel o Leonardo da Vinci.
Pero lo que tenemos, estamos contentos de darlo: nuestros cantos y
poesías, el sonido de nuestros tambores y el ritmo de nuestras
danzas, todo para la gloria de Dios.
Nos aplicamos en reconocer y hacer nuestro el rico patrimonio de las
tradiciones eucarísticas de los diferentes ritos antiguos, tanto del
Este como del Oeste. Creo que éstos son producto de una
inculturación que tuvo lugar hace varios siglos bajo la guía del
Espíritu Santo. El mismo Espíritu no descansa. “El proceso de
inculturación permanece vivo también en las actuales comunidades
eclesiales“ (IL, 80).
Concluyo con el dulce recuerdo de nuestro querido Papa Juan Pablo
II, cuyo amor, respeto y admiración por nuestros esfuerzos de
inculturación de la Eucaristía se manifestaron claros y vivos, no
sólo en las celebraciones litúrgicas durante sus numerosas visitas a
diversos países de África, sino también en muchas ocasiones
precisamente aquí, en la Basílica de San Pedro.
Los problemas de África son muchos. Pero, al menos en este caso, nos
alegramos de que el Altísimo haya hecho grandes cosas por nosotros.
¡Santo es su Nombre! Amén.
[00172-04.04] [IN148] [Texto original: inglés]
- Rev. P. Peter-Hans KOLVENBACH, S.I., Prepósito General de la
Compañía de Jesús (PAÍSES BAJOS (C.E.L.R.A.)
El redescubrimiento de la noción tridentina de “representación
sacramental” a cargo de Odo Casel, recientemente integrada y basada
en el perfil bíblico, abre un horizonte promisorio en el diálogo
entre Católicos y Reformados. En lugar de decir que la Misa es
renovación del sacrificio de la Cruz, hoy decimos con más exactitud
que la Misa es la renovación del memorial del sacrificio de la
Cruz”. La Misa es, en efecto, un sacrificio sacramental, es decir,
el sacramento de aquel sacrificio, nuestra representación
sacramental de ese único sacrificio.
El límite que ha contrapuesto la teología católica del segundo
milenio a la ortodoxa ha sido el de analizar la transformación
eucarística en base a la noción de “tempo físico”, haciéndola
depender exclusivamente del momento en el que se pronuncian las
palabras de la consagración o, en cambio, desde el momento en el que
se pronuncia la “epíclesis” consagratoria. Tanto por una parte como
por la otra parte, se ha olvidado de que el instante en el que se
realiza la transustanciación (o “metabolé”) no es el de nuestro
cronómetro sino, más bien, es el instante de Dios, que es “tiempo
sacramental”. El magisterio de la “lex orandi” enseña que este
instante, al estar por su misma naturaleza «más allá de las cosas
físicas», admite dos momentos importantes, y ambos provistos de
eficacia consagratoria absoluta: el “relato institucional y la
epíclesis”. Referida a las palabras de la consagración y a la
epíclesis consagratoria, la noción de “eficacia consagratoria
absoluta” no admite conflictos ni exclusivismos. Lejos del
presentarse como un obstáculo, la cuestión de la “epíclesis”
demuestra ser un auténtico puente ecuménico para el diálogo entre
Católicos y Ortodoxos.
[00171-04.01] [IN149] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Oswald GRACIAS, Arzobispo de Agra, Presidente de
la Conferencia Episcopal (INDIA)
Esta intervención quiere centrarse en el contexto indio, teniendo en
cuenta sobre todo el hecho de que la Iglesia católica es
minoritaria.
1. Siguiendo el paradigma de la experiencia en el camino de Emaús,
cuando el Señor explicó las Escrituras y luego partió el pan junto
con sus discípulos, también nosotros tenemos que dar más importancia
a la Liturgia de la Palabra en nuestras celebraciones eucarísticas.
En India, donde hay una gran necesidad de formación en la fe, habría
que dedicarle más tiempo a ayudar a las personas a comprender,
apreciar y vivir las Escrituras en su riqueza. Con este objetivo, se
podría recorrer al uso de medios de comunicación, como los
audiovisuales, proyecciones de escenas del Evangelio e importantes
representaciones para que la proclamación llegue a todos los niveles
de la consciencia humana. Los Obispos, en cuanto plenamente
responsables, deberían ocuparse de evitar el peligro del
protagonismo.
2. Como indica el Instrumentum Laboris, hay que reforzar el vínculo
entre Eucaristía y espiritualidad. La participación a la Eucaristía,
una inmersión en la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, debe
llevar a los fieles a una transformación que les permita impregnar
el mundo temporal con la fuerza del Evangelio. De esa manera, serán
mensajeros de unidad y portadores de paz y reconciliación en un
mundo desgarrado por la lucha de clases y de castas, y por la
intolerancia de grupo y religiosa, y devolverán la dignidad humana a
aquéllos que han sido devastados por la injusticia y la explotación.
3. En algunas zonas de India, la gente se deja atraer por las sectas
porque encuentran nuestra liturgia monótona e impersonal, lejana de
una experiencia de Dios. Las Conferencias episcopales, junto con la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
podrían estudiar nuevos instrumentos para una mejor inculturación de
la liturgia, y consentir una mayor libertad y creatividad,
salvaguardándola al mismo tiempo del peligro de abusos.
Las Misas de grupo y las Misas para las familias podrían representar
medios eficaces para reforzar la unidad de la familia y impartir la
catequesis a las familias.
[00168-04.04] [IN152] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. Pedro RUBIANO SÁENZ, Arzobispo de Bogotá
(COLOMBIA)
En la Eucaristía vivimos el encuentro con Cristo, nuestra paz, y en
consecuencia, debemos acoger su paz, testimoniarla y promoverla con
la vida. La paz es amor, verdad, reconciliación, justicia y
solidaridad con el hermano, en quien descubrimos la presencia de
Cristo, no solamente Resucitado, sino también herido por el odio, la
injusticia y la violencia. Comulgar exige compromiso y voluntad para
trabajar unidos a los hermanos en la construcción de la paz. Estar
reconciliados y en paz es condición para acercarse al banquete
eucarístico y muchos bautizados viven una vida de sufrimiento con
las huellas que dejan la violencia y el odio.
El Sacramento de la Penitencia nos reconcilia con Dios y exige, no
solamente el reconocimiento del pecado, sino también el propósito de
enmienda para la conversión, que lleva a ajustar la vida de acuerdo
con la voluntad de Dios. Quien se nutre con la Eucaristía tiene que
estar reconciliado con sus hermanos para vivir la comunión con Dios,
nuestro Padre. La Parábola del Hijo Pródigo nos muestra la
misericordia de Dios Padre y también el arrepentimiento del pecador,
que reconoce su pecado y se levanta confiado en la misericordia y el
perdón de Dios.
En el momento de darnos el abrazo de paz, estamos expresando que no
queda odio ni rencor en el corazón. Seria más coherente si el abrazo
de paz se ubicara antes de las ofrendas, después de la oración de
los fieles, de acuerdo con lo que el Señor nos pide en el Evangelio:
"Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces
de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda delante del
altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y
presenta tu ofrenda" (Mt 5,23). Porque si no tenemos la paz, ¿cómo
podemos darla? Seria simplemente un gesto sin contenido y no un
testimonio de comunión con el Señor y con los hermanos.
¿Cómo acercarse a la Eucaristía Sacramento del amor, si no hay
perdón y verdadero amor? La paz que el Señor nos da, exige que
perdonemos y que arranquemos de raíz el odio y el deseo de venganza,
el muro que nos separa del hermano y también del Señor.
Sólo se supera la violencia engendrada por el odio cuando seamos
capaces de perdonar como Dios nos perdona y así, con sinceridad,
podremos dirigimos a nuestro Padre: "perdónanos como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden"(cf Le 11,4).
Es un escándalo que haya bautizados que rompen, por la ambición, la
injusticia, la discriminación el rencor y el odio, las relaciones
humanas y fraternas; ¿cómo pueden llamarse hijos de Dios, si no
viven su relación de amor con Él, presente en el prójimo? Y ¿cómo
pueden acercarse a recibir la Eucaristía, sin reconocer que por el
odio han roto la comunión con el hermano, sin antes acogerse a la
misericordia de Dios por el Sacramento de la Penitencia?
Es urgente insistir en la preparación permanente de los fieles sobre
el Sacramento de la Eucaristía, que es el alimento que nutre la fe,
para que vivan el encuentro con Jesucristo y acojan la paz que Él
nos da y que tenemos que compartir con los hermanos.
[00167-04.03] [IN157] [Texto original: español]
- S. Em. R. Card. Jozef TOMKO, Presidente del Pontificio Comité para
los Congresos Eucarísticos Internacionales (CIUDAD DEL VATICANO)
Con el cierre de esta Asamblea sinodal terminará también el Año de
la Eucaristía que el Siervo de Dios Juan Pablo II inauguró al
término del 48° Congreso Eucarístico Internacional en Guadalajara,
el 18 de octubre de 2004. El tema del Congreso, que duró una semana
y al que precedió un denso simposio teológico, era: “La Eucaristía,
luz y vida del nuevo milenio”. Fueron impresionantes la intensa
manifestación de fe que se prolongó una semana, con varios millones
de participantes, la procesión eucarística que duró muchas horas
acompañada por los jóvenes que gritaban: ”Se ve, se siente, Jesús
está presente”, la imponente peregrinación de algunos millones de
personas a la Virgen de Zapopan (la Mujer eucarística), la presencia
cotidiana de 17.000 participantes a las liturgias eucarísticas
seguidas de catequesis y de testimonios y, por último, el mensaje de
Juan Pablo II transmitido por la televisión. Un verdadero “baño” de
fe. Toda la Iglesia estaba representada en esta “Statio Orbis” en
torno a Jesucristo Eucarístico, con grupos procedentes hasta de
Siberia y de Corea, y con una fuerte presencia de los Adoradores de
la Eucaristía.
Los Congresos Eucarísticos internacionales nacieron en Francia en
1881 de una ferviente devoción eucarística, gracias a una harmoniosa
cooperación entre laicos y clero, bajo la inspiración de San Pedro
Julián Eymard. Su lema “La salvación de la sociedad a través de la
Eucaristía” pretendía afrontar la difundida indiferencia religiosa
tan parecida al agnosticismo de nuestros tiempos. Para la
preparación del primer Congreso internacional de Lille, en 1881, se
constituyó un Comité permanente, aprobado por León XIII y que más
tarde se convirtió en “Pontificio”, y que sigue promoviendo la
celebración periódica de los Congresos eucarísticos internacionales
y, además, “favorece y privilegia aquellas iniciativas que, en
armonía con las disposiciones vigentes en la Iglesia, tienen como
objetivo incrementar la devoción hacia el misterio eucarístico en
todos sus aspectos, desde la celebración de la Eucaristía hasta el
culto extra missam “(Estatutos, art. 3).
Los Congresos eucarísticos internacionales se celebran cada cuatro
años en los distintos continentes. Muchos recordarán aún el que se
celebró en Roma durante el Jubileo del año 2000, y mirando atrás en
los años, los de Wroclaw, Sevilla, Seúl, Nairobi, Filadelfia,
Bombay, Munich y otros. El próximo tendrá lugar en Quebec (Canada)
en 2008. La reciente Jornada mundial de la Juventud en Colonia,
gracias a su tema: ”Venimus adorare eum”, de hecho fue casi un
Congreso Eucarístico.
Con el Concilio Vaticano II, los Congresos Eucarísticos
internacionales asumieron la fisonomía de la “Statio Orbis”, una
especie de “parada” en la que las iglesias particulares de varias
partes del Orbe se unen con el Papa o con su Legado en una ciudad en
torno a Cristo en su misterio eucarístico para manifestar y
profundizar su fe. La catequesis, la celebración del Santo
Sacrificio, la adoración del SS. Sacramento, la solemne procesión
eucarística, las primeras comuniones, las actividades caritativas
hacia los pobres, los enfermos y minusválidos, los encuentros de
reflexión por categorías, hacen de ese Congreso una verdadera
ocasión de renovación espiritual, con frutos, visibles e invisibles,
que sólo Dios conoce, pero que ciertamente son abundantes.
En las debidas proporciones, lo mismo se puede afirmar de otras
formas de Congresos eucarísticos, que se pueden celebrar a nivel de
una Nación, de una diócesis, de un decanato-vicariato, y similares.
El encuentro comunitario con Cristo eucarístico es siempre fecundo
para acrecentar el fervor religioso, la comunión, las vocaciones, el
espíritu misionero, la paz social y la solidaridad.
Se ha hablado de un nuevo descubrimiento de la adoración, también la
nocturna. Los adoradores que vimos en México son un ejemplo de ello.
Como también las contemplativas. Pero ahora Jesús eucarístico atrae
también a los jóvenes que descubren en Él al Dios-Amor. Esperemos
que lo mismo ocurra en nuestras parroquias, en los seminarios, en
los conventos y en las casas de los sacerdotes. Ante Él no hacen
faltan grandes razonamientos, hace falta sólo la fe sencilla. Como
la del campesino de Ars a quien San Juan Vianney preguntó qué hacía
tanto tiempo ante el tabernáculo. La respuesta desarma por su
profundidad: “¡Yo le miro y Él me mira!” En este cruce de miradas
está la solución de muchos de los problemas de nuestro tiempo.
[00196-04.06] [IN159] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Jean-Louis BRUGUÈS, O.P., Obispo de Angers
(FRANCIA)
Debemos tomar partido ante la secularización actual: es una
tendencia histórica fuerte y permanente. Ésta ha producido una
mentalidad - la secularización - que cuestiona singularmente la
conciencia cristiana. La secularización rechaza todas las formas de
relación con el más allá y el mundo invisible. Así también existe
una auto-secularización dentro de nuestras comunidades cristianas.
¿En qué se convierte la Eucaristía “pan del cielo” ...si ya no
existe el cielo? Es necesario aclarar el papel que la Eucaristía
debe tener en la “nueva evangelización” y, más concretamente, en la
evangelización por medio de la cultura. Asimismo, hay que animar a
nuestros jóvenes que han descubierto en la Eucaristía la fuente de
su misión en medio al racionalismo moderno.
[00197-04.04] [IN158] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Francesco CACUCCI, Arzobispo de Bari-Bitonto (ITALIA)
La exigencia de un “giro mistagógico” en nuestra pastoral se hace
cada vez más viva y actual.
Los Lineamenta del Sínodo le han dedicado un capítulo entero. La
Instrumentum laboris hace referencia explícita a la mistagogia en
los números 31, 40, 47 y 52. Al respecto también se han pronunciado
algunos Padres sinodales.
Estamos anclados a una pastoral que "prepara" a los sacramentos.
Apenas celebrados los sacramentos de la iniciación cristiana, se
habla del "adiós" a la comunidad cristiana. En realidad se carece de
una experiencia esencial: el ingreso progresivo en el misterio de la
salvación.
Los Padres de la Iglesia, que vivían una situación cultural con
algunas características análogas a las del hombre posmoderno,
optaron por una postura "mistagógica" orientada, no a los cristianos
"fervientes", sino a aquellos marcados por las contradicciones de
una cierta "secularización" de esos tiempos.
En tiempos de fragmentación como el que nos toca vivir, la
mistagogia nos guía al interior del misterio, marcando el encuentro
entre la catequesis, la experiencia de la celebración y lo vivido
por los cristianos.
No podremos hacer una síntesis verdadera entre fe y vida si falta el
eslabón de la celebración. Asímismo, no puede realizarse la síntesis
Eucaristía-vida, sin la fe. Éste responde al trinomio
fe-liturgia-vida evocado en el n. 29 del lnstrumentum laboris
bastante divulgado en los planes pastorales.
¿Cómo puede efectuar una comunidad cristiana este giro mistagógico?
Seguramente, recuperando la centralidad de la “Eucaristía
dominical”. "Sine Dominico non possumus": la expresión de los
mártires de Abitene, evocada por un Padre sinodal, plantea un
problema de identidad cristiana, con precisas implicaciones
ecuménicas.
El n. 70 del Instrumentum laboris subraya esta centralidad.
Frente a la tentación racionalista que resurge permanentemente, la
mistagogia eucarística resalta el primado de la gracia.
La celebración eucarística dominical es también el lugar misionero
más relevante de la Iglesia. No sólo se encuentran allí los más
fieles, sino también todos los que participan raras veces en la Misa
dominical.
Pero también se trata del método pastoral que, desde mi punto de
vista, el Sínodo podría proponer.
Desde el principio el Año litúrgico ha sido vivido como el lugar en
el que la comunidad vive y anuncia el misterio de Cristo. El ritmo
de este recorrido está bastante subrayado cuando se imparten los
sacramentos de la iniciación cristiana que tienen su culmen en la
Eucaristía, y en las diferentes etapas que los preparan.
Si la comunidad cristiana es el sujeto del itinerario de la fe, la
participación plena, activa y consciente (cfr. Sacrosanctum
Concilium, nº 48) del pueblo de Dios en la liturgia dominical, exige
un "acompañamiento mistagógico" que podrían preparar, no sólo los
sacerdotes, sino también los animadores en un encuentro comunitario
semanal durante el cual, empezando por el misterio celebrado en el
rito, a la luz de la Palabra del Antiguo y del Nuevo Testamento y de
las enseñanzas de los Padres, aprenderían a reflexionar
conjuntamente sobre la vida de la comunidad, así como a madurar el
compromiso en la historia.
Estas consideraciones proceden de una opción pastoral ya
experimentada por nuestra Iglesia local, y fue propuesta con ocasión
del Congreso Eucarístico Nacional Italiano de este año.
[00204-04.06] [IN169] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. George Cosmas Zumaire LUNGU, Obispo de Chipata
(ZAMBIA)
Hablo en nombre de la Conferencia episcopal de Zambia. Tengo que
reconocer que, a pesar de los medios tecnológicamente avanzados de
hoy en día, nuestra Conferencia episcopal no ha recibido el
Instrumentum Laboris a tiempo para poder responder como Conferencia.
Por este motivo, la mía es una intervención personal que tiene en
cuenta la situación pastoral de Zambia. Mi intervención quiere
examinar los números 42, 44, 61 y 62 del Instrumentum Laboris.
En el nº 42 se afirma que en la liturgia el hombre no se mira a sí
mismo, sino a Dios. El documento, por tanto, debe centrarse sobre
todo en el Dios vivo y su relación con los hombres más que en las
actividades humanas contenidas en las tradiciones, normas y rúbricas
litúrgicas. De esta forma evitaremos la tentación tanto de buscar
soluciones pasadas por los desafíos pastorales de hoy respecto a la
Eucaristía, como de concentrarnos demasiado en los aspectos
negativos, como dice el documento. Una característica de la liturgia
que me viene a la cabeza es la de la “belleza”.
El nº 62 dice que la belleza representa un medio para penetrar en el
misterio de Dios y de la Eucaristía. Sería oportuno que citáramos
aquí lo que el entonces cardenal Ratzinger afirmó dirigiéndose al
movimiento conocido como Comunión y Liberación, en 2002:
Dejarse impresionar y vencer por la belleza de Cristo representa un
conocimiento más real y profundo, y no una simple deducción
racional. Naturalmente no podemos quitarle importancia a la
reflexión teológica, al pensamiento teológico exacto y preciso,
porque son completamente necesarios. Pero servirnos de ellos para
disminuir o rechazar el impacto producido por la respuesta del
corazón al encuentro con la belleza como forma auténtica de
conocimiento, terminaría por empobrecernos y por secar nuestra fe y
nuestra teología. Debemos redescubrir esta forma de conocimiento (a
través de la belleza); es una exigencia urgente de nuestro tiempo...
Hoy, para que la fe pueda crecer, nosotros, y las personas que
conocemos, tenemos que acercarnos a los santos y a entrar en
contacto con la Belleza.
Recientemente, los religiosos que se han reunido en Roma para el
Congreso de 2004, manifestaron la misma sensibilidad hacia este
aspecto que salió en su documento final, donde se dice:
El arte y la belleza son iconos para todas las culturas; los
artistas ayudan a las comunidades de vida consagrada a combatir
contra una mentalidad consumista, crean espléndidos lugares de
oración, encuentran nuevos símbolos para contar nuevas historias a
los corazones de los hombres y de las mujeres que escuchan. Esta
transmisión de la belleza producirá alegría y vida en medio de la
violencia y la muerte (cfr. Documento final II/2/4, pág. 222, Ed.
Paulinas).
¿Es posible pedir a nuestros teólogos que pongan en marcha una
reflexión pastoral sobre la teología de la belleza, con el fin de
arrojar más luz a las sombras que han surgido en la celebración
eucarística?
Por lo que respecta al nº 44 sobre la participación de los laicos:
la frase “un mínimo de asistencia y colaboración” referido a la
participación de los laicos en la celebración de la Eucaristía
debería ser modificada o completamente cancelada. En su artículo “La
Eucaristía: fuente y cumbre de la vida de los fieles laicos”, Matteo
Calisi afirma:
A pesar de la reforma litúrgica, existe todavía una mentalidad
clerical muy difundida en la liturgia, que ve la celebración del
misterio más como obra del sacerdote -el celebrante- que como
“compromiso de todo el pueblo de Dios” que celebra a su Señor. Por
esta razón, a menudo sucede que las personas se unen al celebrante
con una participación activa y vivaz, pero formalista,
relacionándose con él sólo con el diálogo de las respuestas rituales
(cfr. Redescubrir la Eucaristía: Pontificio Consejo para los laicos,
pág. 70).
También sobre el tema de la participación de los laicos, y esta vez
a través de la música, los cantos (nº 61) y el uso del latín (en los
encuentros internacionales), mi impresión respecto a estos puntos es
que no parecen reflejar las contribuciones aportadas por algunos
países de misión como Zambia. Creo que esta parte del documento es
demasiado optimista respecto al órgano, al canto gregoriano y hasta
al uso del latín en los encuentros internacionales para salir
verdaderamente al encuentro de las necesidades de los pueblos de
cada lugar y momento. Mi propuesta es que no deberíamos mirar atrás
y hacer universales estos instrumentos de culto. Nuestra reflexión
sobre los temas culturales no debería ponerse en relación con el
órgano, el canto gregoriano o el latín, aunque pueden representar
opciones para quienes las encuentren útiles. La comunicación y la
participación son vitales en cada celebración litúrgica, incluida la
celebración eucarística. Nuestras esperanzas están en el futuro, no
en el pasado. Tenemos que tener valor para afrontar los retos
pastorales de hoy en relación con la Eucaristía, sin tendencias
nostálgicas, si queremos que responda a las exigencias pastorales de
nuestro tiempo.
[00207-04.03] [IN171] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Luis SÁINZ HINOJOSA, O.F.M., Arzobispo titular de
Giunca de Mauritania, Obispo auxiliar de Cochabamba (BOLIVIA)
Hablo a nombre de la Conferencia Episcopal de Bolivia y me refiero a
los número 53,55 Y 56 del Instrumentum Laboris.
Cristo Resucitado no abandona a la humanidad, continua el gesto
vivido en la cruz, entregando su Cuerpo y su Sangre, se nos dona
como alimento, nos acoge en Él. Nos une en la comunión más plena con
su vida eterna y con su amor infinito (Mane nobiscum Domine, 19).
El permanecer en Él nos da la vida divina; es la gracia más grande
para un discípulo de Jesús (Jn. 15, 4-9). Símbolo de la unidad es el
pan, formado por tantos granos de trigo y el vino producido por
tantos granos de uva. Jesús único Pan compartido entre todos, crea
comunión plena con Él: hace de todos los que creen, un solo cuerpo.
La Eucaristía es dada a la Iglesia a través de los Apóstoles. Jesús
mismo en el milagro de la multiplicación de los panes (Mc. 6, 37-44)
no ofrece directamente Él los panes a la gente, sino que invita a
los Doce a dar de comer. Para la Iglesia ésta es una indicación
fundamental. El Señor, Pan de vida, comida de salvación, lo
encontramos en la comunidad de los que creen, donde los Apóstoles,
los obispos de hoy, continúan el mandato de partir el Pan para todo
el Pueblo y que sean capaces de saciar su hambre.
Vengo de un país rico en cultura, como todos ustedes; que tiene
profunda fe en la Eucaristía, en la Virgen María y en el Cristo
sufriente.
El culto a sus difuntos es algo sagrado; no es concebible enterrar
un difunto sin celebrar la Sagrada Eucaristía, están convencidos que
es la mejor forma de entregarlo a Dios. Celebra sus fiestas
patronales, fiestas cívicas y toda acontecimiento importante con la
celebración de la Eucaristía; acto seguido existe el folklore, la
danza y al consumo de bebidas, a veces exagerados.
Lo que más sobresale del pueblo y llama la atención es la sencillez,
la fe profunda y el hambre de Dios, que a veces interpela a los
mismos agentes pastorales. En base a esta experiencia me animo a
resaltar la importancia de la formación al sacerdocio y de la vida
consagrada, dando prioridad a la teología de la Eucaristía como
fundamento muy importante de su espiritualidad, el alimento
indispensable en la maduración vocacional que lo lleva a ser el buen
pastor, un misionero que da testimonio de su fe con su servicio
generoso.
La espiritualidad del cristiano está centrada en la Eucaristía, en
una espiritualidad de profunda comunión eclesial; especialmente los
campesinos de las comunidades más alejadas donde no llega el
sacerdote y que aman al Santo Padre y a sus pastores, en el mejor de
los casos son atendidas por un catequista o una religiosa, es decir
quedan sin Eucaristía por falta de sacerdotes... ¿Qué hacer en el
futuro? El pueblo crece y los sacerdotes disminuyen; las sectas
crecen.
Serán bienvenidas algunas orientaciones y sugerencias pastorales, de
parte del Sínodo, que nos ayuden a reconocer la experiencia de
Jesucristo Resucitado como Pan verdadero que sacia al hombre, que es
el único capaz de dar la verdadera vida; sugerencias que sean la
respuesta a la cultura vivencial de la religiosidad del pueblo, que
lleve a comprender el verdadero sentido de la misma, desde las
«comunidades eucarísticas», «que aman y sirven en solidaridad».
[00211-04.03] [IN175] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Menghisteab TESFAMARIAM, M.C.C.I., Obispo de
Asmara (ERITREA)
Provengo de una zona de tradición cristiana de África oriental
donde, entre los no católicos, no se practica la celebración
cotidiana de la Eucaristía, la distribución frecuente de la Santa
Comunión, la custodia de las Sagradas Especies en el Tabernáculo y
la adoración eucarística fuera de la Santa Misa.
¿Significa que hay menos celebraciones de los Sagrados Misterios? ¿O
quizás significa que en estas Iglesias hay menos adoración?
Seguramente no. Sólo existe un punto de vista diferente y diferentes
sensibilidades teológicas. Como minoría católica, tenemos todas las
llamadas prácticas tradicionales del catolicismo latino, pero nos
damos cuenta de que es necesario integrarlas mejor en una
espiritualidad cristiana oriental.
El segundo capítulo della parte III del Instrumentum laboris tiene
un título muy bonito: Adorar el Misterio del Señor. La Eucaristía es
efectivamente el misterio de nuestra fe. Sin embargo, el subtítulo
del mismo capítulo no es claro. ¿Qué significa “De la Celebración a
la adoración”? Espero que no indique una secuencia temporal o una
dicotomía esencial entre las dos acciones del pueblo de Dios. En la
actividad litúrgica de las Iglesias orientales, Celebración y
Adoración son dos acciones intrínsecamente unidas. Son dos aspectos
de la misma realidad, así como la mesa de la palabra y la del Cuerpo
y Sangre de Cristo son dos partes del mismo Banquete Eucarístico.
Celebración y Adoración están íntimamente unidas. La una no sigue a
la otra. La primera destaca el aspecto festivo, la segunda subraya
la Grandeza y Santidad de Dios. Por un lado celebramos las grandes
cosas que Dios ha hechos por nosotros a través de su único Hijo,
Nuestro Señor y Redentor Jesucristo. Nos sentimos cercanos e íntimos
con Él y cantamos ¡Aleluya! En nuestra tradición debería hacerse
sólo la Misa Solemne, cantada totalmente y con la participación de
todos: sacerdotes, diáconos, laicos. Antes de la misa, la gente
prepara danzas litúrgicas. Dios se hace en uno de nosotros e inmola
su vida por nosotros. ¡Él es Emanuel! Dios con nosotros.
Por otra parte, adoramos al Señor de la Gloria junto a los ángeles y
arcángeles, a los Querubines y Serafines. Durante la santa
celebración eucarística, el Cielo y la tierra al unísono se postran
en adoración ante la Majestad del Dios trino, el que es
completamente Otro. La doxología cantada durante la Santa Misa no es
sino la expresión de la profunda experiencia del “Sanctus” que
inspira temor reverencial: “Santo, Santo, Santo, es el Señor, Dios
del universo. El cielo y la tierra están llenos de su gloria.
Hosanna en el Cielo”.
Celebración y Adoración son conjuntamente dos acciones inseparables
del pueblo de Dios, reunido alrededor de la mesa de la parola y del
Cuerpo y Sangre de Cristo. Estas dos acciones unen el Cielo y la
Tierra. Por un breve instante el cielo desciende entre los hombres y
es tangible. Es como la experiencia de los discípulos de Jesús:
Pedro, Juan y Santiago, en el monte Tabor. La Eucaristía es el
Misterio de la Fe. No puede ser celebrado simplemente con palabras,
sin un profundo sentido de lo sagrado. Un acto de adoración, no
acompañado por una sensación de maravilla y asombro puede inspirar
solo temor y desesperación. Por eso tenemos que subrayar la unidad
de Celebración y Adoración. Debemos animar a nuestros fieles para
que se conviertan en comunidad adoradora y celebrante, y que lo sean
en la Misa y fuera de ésta.
[00215-01.03] [IN179] [Testo originale: inglese]
- S. Em. R. Mons. Jean-Baptiste TIAMA, Obispo de Sikasso (MALÍ)
En Malí, la Iglesia Católica ha optado por ser una Iglesia Familia,
Comunión fraternal al servicio del Evangelio.
Es una iglesia minoritaria en medio de una población cuyo 80% es
musulmana y cuyo 20% pertenece a religiones tradicionales del país;
los cristianos (católicos y protestantes) representan sólo una
pequeña parte (3%) de la población.
La Iglesia Católica está muy presente y es respetada en el país. Su
objetivo pastoral es construir una Iglesia Familia, comunión
fraternal al servicio del Evangelio, una Iglesia que vive y celebra
su fe: una Iglesia donde la Palabra de Dios se anuncia, se recibe y
se celebra, y en la cual la Eucaristía constituye el lugar de
expresión por excelencia de su Unidad y el punto de partida de su
misión entre los hermanos de otras religiones, como el Islam y la
religión tradicional. Y, con la ayuda de la gracia de Dios, recibe
cada año en Pascua a centenares de nuevos hijos.
De este Sínodo, esta Iglesia se espera que le ayude a promover en el
entero Cuerpo de la Iglesia el “culto eucarístico”: respeto de los
lugares sagrados, procesión y adoración del Santísimo Sacramento por
parte de los sacerdotes, las personas de vida consagrada y los
fieles laicos.
Efectivamente, la población entre la cual vive la Iglesia es
profundamente religiosa y acoge con respeto todo lo relativo a la
religión. Por eso, el cristiano tiene la posibilidad de faltar al
trabajo para participar a las celebraciones litúrgicas los días de
precepto, aunque por ley no sean días festivos. Durante los períodos
de sequía y de calamidades, las autoridades administrativas nos
piden oraciones para ayudar al país a afrontar la situación.
La seriedad y el compromiso de los cristianos en la sociedad ha dado
a la Iglesia el lugar que le corresponde. Un testimonio que inspira
confianza, encuentra su fuente y su fuerza en la buena formación que
algunos han recibido y, sobre todo en la unidad de todos en torno a
Cristo, unidad que crece cada día un poco más a través de la
Eucaristía. Nuestro deseo más profundo es mantener, promover en el
seno de esta Iglesia, el culto eucarístico: a nivel del clero, de
las personas de vida consagrada y de los fieles laicos.
Por ello, hay que insistir en la formación a todos los niveles: la
catequesis ordinaria y la iniciación cristiana de los adultos; pero
nunca insistiremos lo suficiente sobre lo que consideramos esencial.
La formación de los niños en edad de recibir la primera comunión es
importantísima y para los sacerdotes hay que intensificar aún más la
formación litúrgica en los seminarios, de manera que una vez en la
parroquia, el ministro del culto sea verdaderamente respetuoso con
el culto que celebra.
[00216-04.06] [IN180] [Texto original: francés]
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves 13 de octubre
de 2005, a las 12.45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la Oficina
de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de Prensa
sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de
los Obispos (Relatio post disceptationem).
Intervendran:
● Emmo. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● Emmo. Card. Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara (México)
Presidente Delegado
● Emmo. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vice Presidente de la Comisión para la Información
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