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16 - 10.10.2005
RESUMEN
♦ DÉCIMO SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES, 10 DE OCTUBRE DE
2005 - POR LA TARDE)
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
♦ DÉCIMO SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES, 10 DE OCTUBRE DE 2005
- POR LA TARDE)
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
A las 16:30 horas de hoy lunes 10 de octubre de 2005, con la oración
Pro Felici Synodi Exitu, ha iniciado la Décimo segunda Congregación
General, para continuar con las intervenciones de los Padres
Sinodales en el Aula sobre el tema sinodal La Eucaristía: fuente y
cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Francis ARINZE, Prefecto
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Décimo segunda Congregación General han intervenido los
siguientes Padres:
- S. Em. R. Mons. François-Xavier YOMBANDJE, Obispo de Bossangoa,
Presidente de la Conferencia Episcopal (REPÚBLICA CENTROAFRICANA)
- S. Em. R. Card. Ivan DIAS, Arzobispo de Bombay (INDIA)
- Rev.do P. Ab. Andrea PANTALONI, O.S.B. Silv., Abad General de la
Congregación Benedictina Silvestrina
- S. Em. R. Card. Julián HERRANZ, Presidente del Pontificio Consejo
para los Textos Legislativos (CIUDAD DEL VATICANO)
- S. Em. R. Mons. Joseph Anthony ZZIWA, Obispo de Kiyinda-Mityana (UGANDA)
- S. Em. R. Mons. Johannes Gerardus Maria van BURGSTEDEN, S.S.S.,
Obispo titular de Tibili, Obispo auxiliar de Haarlem (PAÍSES BAJOS)
- S. Em. R. Mons. Adalberto MARTÍNEZ FLORES, Obispo de San Lorenzo (PARAGUAY)
- S. Em. R. Mons. Albino MAMEDE CLETO, Obispo de Coimbra (PORTUGAL)
- S. Em. R. Mons. Nicholas CHIA, Arzobispo de Singapur, Presidente
de la Conferencia Episcopal (Singapur, SINGAPUR)
- Revmo. P. John CORRIVEAU, O.F.M. Cap., Ministro General de la
Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos
- S. Em. R. Mons. Alfredo Víctor PETIT VERGEL, Obispo titular de
Buslacena, Obispo auxiliar de San Cristóbal de La Habana (CUBA)
- S. Em. R. Mons. Karl-Heinz WIESEMANN, Obispo titular de Macriana
Menor, Obispo auxiliar de Paderborn (ALEMANIA)
- S. Em. R. Mons. Cornelius Kipng'eno ARAP KORIR, Obispo de Eldoret,
Presidente de la Conferencia Episcopal (KENIA)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Mons. François-Xavier YOMBANDJE, Obispo de Bossangoa,
Presidente de la Conferencia Episcopal (REPÚBLICA CENTROAFRICANA)
Parto de la nota nº 3 de nuestro Instrumentum Laboris: el mundo “no
obstante las dificultades y contradicciones de diversa índole,
aspira a la felicidad y desea el Pan de la vida, del alma y del
cuerpo”.
Nuestras celebraciones eucarísticas son momentos de fiesta, de
encuentro donde el sentido de lo sagrado da profundidad a lo que se
vive de ese modo.
Desgraciadamente, una categoría de nuestros fieles no puede comulgar
de manera completa en la fuente de esta vida, aunque conserven el
maravilloso recuerdo que les sigue sosteniendo en su compromiso
cristiano. Las sectas y otros buscan a sus futuros adeptos siempre
entre nuestros mejores cristianos que pasan dificultades en la vida.
Tal vez ha llegado el momento de pensar en un camino pastoral para
preservales de lo irreparable.
Que su hambre insatisfecha del pan de la vida no los empuje a buscar
en otra parte lo que ya no esperan encontrar entre nosotros.
[00212-04.03] [IN176] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Ivan DIAS, Arzobispo de Bombay (INDIA)
La dimensión mística del misterio eucarístico debe salir fuera
siempre que un sacerdote celebre la santa Misa. Hay muchísimos
testigos invisibles que lo rodean cuando renueva el sumo sacrificio
de Jesús en la cruz. En cada celebración de la santa Misa el
celebrante y su asamblea tienen que ser conscientes de la “comunión
de los santos” que une la fe, la esperanza y el amor de todos los
miembros de la Iglesia universal: la fe llena de expectativas del
pueblo de Dios en la tierra, la esperanza de las ánimas santas del
Purgatorio y el amor de todos los que rodean el trono de Dios
omnipotente. El santo sacrificio de la Misa, por tanto, funde el
Magnificat de la Beata María Virgen con el Aleluya y el Hosanna de
los Ángeles y de los Santos en el cielo, el Kyrie eleison de las
ánimas santas del Purgatorio y el Maranatha de los fieles en la
tierra.
La adoración del Santísimo Sacramento es accesible a todos, hasta a
los católicos que por cualquier motivo no pueden recibir a Jesús en
la santa Comunión y a personas de otras creencias. En las sesiones
sinodales, entre tantas sombras de la Iglesia de hoy, se habla
siempre del número cada vez menor de los que van a la iglesia, el
aumentado desinterés por la confesión sacramental y la falta de
catequesis. La Iglesia ha debido afrontar estos problemas siempre,
aunque de diversas maneras. Por otra parte, la Iglesia también ha
tenido personas que han tratado dichas situaciones de un modo que
aún hoy nos sirve de inspiración. Todos conocen la santidad del Cura
de Ars, y del gran apóstol del confesionario, Juan María Vianney, y
del arzobispo Fulton Sheen, el brillante orador que ha llegado a
miles de personas con sus retransmisiones radiofónicas y
televisivas. El secreto de su gran éxito se ha debido a las muchas
horas que transcurrían en oración ante el Santísimo Sacramento.
Pueden, por tanto, ser modelos ejemplares para los sacerdotes y
obispos de hoy.
Hay un proverbio chino que dice: en vez de maldecir la oscuridad,
enciende una vela. Puesto que estamos inmersos en la oscuridad de
los males morales y espirituales que nos rodean, ¿no sería estupendo
si los obispos y sacerdotes de todo el mundo transcurrieran una hora
de oración y adoración ante el Santísimo Sacramento cada día, para
interceder por sí mismos, por los fieles confiados a su cuidado
pastoral y las necesidades de la Iglesia universal? Su rebaño se
sentiría ciertamente edificado y animado viendo a sus pastores poner
en práctica lo que predican sobre la devoción a la Santa Eucaristía.
El Papa Pablo VI ha afirmado con razón que nuestros contemporáneos
escuchan más a gusto a los testigos que a los maestros y, si
escuchan a los maestros, es porque éstos son testigos.
[00217-04.03] [IN181] [Texto original: inglés]
- Rev.do P. Ab. Andrea PANTALONI, O.S.B. Silv., Abad General de la
Congregación Benedictina Silvestrina
Hago referencia a los nº 68 y 69.
Para mí es necesario recalcar que el misterio eucarístico encuentra
su origen y fundamento en la Pasión, Muerte y Resurrección de
Cristo. Un hecho histórico. Sugiero que el Sínodo reafirme la
certeza de fe de la resurrección de la carne para los fieles que
comen el Cuerpo del Señor y beben Su Sangre. "El que coma este pan
vivirá para siempre". (Jn. 6, 58).
Los Padres de la Iglesia, convencidos, escriben sobre ello. San
Cirilo de Alejandría en el "Comentario al Evangelio de Juan", libro
10: ".. .El mismo Salvador dice: "El que come mi carne y bebe mi
sangre, permanece en mí y yo en él" (Jn. 6, 56). La importancia de
esta obra es digna de atención: Cristo no dice que vendrá a nosotros
solamente por una cierta relación afectiva, sino también por una
participación de naturaleza. Como, de hecho, si uno derrite en el
fuego dos trozos de cera, de los dos obtiene uno solo, del mismo
modo, comunicándonos con el cuerpo de Cristo y con su preciosa
sangre, nos convertimos en una cosa sola, Él está en nosotros y
nosotros en Él. No puede ser vivificado de otro modo lo que por
naturaleza es incorruptible, si no uniéndose corporalmente al cuerpo
de aquél que por naturaleza es la Vida, es decir, el Unigénito".
Los santos viven el misterio eucarístico con la idea de la
Resurrección. "... dilectus Domini Benedictus, corpore et sanguine
Dominico munitus,... , erectis in coelum manibus, inter verba
orationis spiritum efflavit,...". Es al mismo tiempo oración y
alabanza que los más de 40.000 hombres y mujeres seguidores de la
Regla de Benito en el mundo rezan todavía hoy cada día.
En los nº 68 y 69 y en todo el lnstrumentum Laboris, la Escatología
está en la sombra. "En la espera del Señor" es el título, pero luego
no se habla de la muerte como pasaje a la eternidad; del Viático
como prenda de la futura resurrección de la carne... En el nº 9 se
habla del "sentido cristiano de la vida" pero luego no hay alusión a
la resurrección en la carne del creyente. Comparto, por tanto, la
inadecuación del lnstrumentum Laboris acerca de la Escatología
expresada en el nº 68. Tal inadecuación resalta aún más la necesidad
de hacer de la proclamación de la Resurrección y de la certeza de fe
en nuestra personal resurrección uno de los puntos focales del
Sínodo. Comer la carne y beber la sangre de Cristo - "dignamente",
escribe S. Pablo - es la prenda, el principio y la semilla cierta de
la resurrección de nuestra carne. La misión de la Iglesia es
anunciar esta resurrección de la carne, el resto se reduce a poca
cosa, no será nunca Evangelio.
También el mundo, en este año del Señor 2005, no obstante las
dificultades y contradicciones de varia índole, aspira a la
felicidad y al pan de la vida del alma y del cuerpo. La falta o
debilidad de la fe llevan a la creación de nuevos ídolos. No sólo el
hombre, sino la creación entera, esperan nuevos cielos y tierra
nueva, y la recapitulación de todas las cosas, también las de la
tierra, en Cristo. Considero que el problema apremiante de la gente
de hoy día es sobre todo ¡la preocupación de si habrá algo después
de la muerte! Y este es precisamente el “proprium” del Cristianismo:
la resurrección de la carne, que la Eucaristía proclama y ofrece.
Otros problemas, como la ecología, son importantes, pero- en el
Sínodo - sirven para apartar la atención de lo substancial. No
consideraría oportuno conectarlos con la Eucaristía, podrían servir
para distraer la atención.
Ese “proprium”, el Cristianismo puede y debe ofrecerlo al mundo. Si
no se comprende la relación Eucaristía/Resurrección de la carne, hay
peligro de un “devocionismo” superficial y cerrada, o de un
filantropismo que poco tiene que ver con la evangelización verdadera
- la buena noticia de la vida que no muere - y, en consecuencia,
tiene un impulso misionero y evangelizador escaso o nulo. "Salvar" a
los demás quiere decir hacer que conozcan y crean en la vida que no
acaba, crean en Aquél que el Padre ha enviado para que tuviéramos la
vida y la tuviéramos en abundancia. El objetivo de la Eucaristía es
anunciar y hacer vivo el Evangelio de la Resurrección de la carne
desde ahora. Si no se ofrece este Evangelio a la gente, la
Eucaristía no interesa, se convierte en magia o se cierra en estéril
devoción sentimental... Pero la Evangelización tiene que ir más allá
y a este más allá empujará con fuerza la Eucaristía comprendida,
creída, recibida y vivida como semilla de Vida Eterna, de
Inmortalidad...
Por lo que, humildemente, respecto de la escatología pido:
1° - que sea objeto de una o más "propositiones" finales;
2° - proponerla en el mensaje.
[00219-04.08] [IN183] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Julián HERRANZ, Presidente del Pontificio Consejo
para los Textos Legislativos (CIUDAD DEL VATICANO)
El Santo Padre en su incisiva meditación el primer día del Sínodo
exponía 5 imperativos de San Pablo a los Corintios. Quisiera
recordar dos en relación al derecho fundamental de los fieles a la
Santísima Eucaristía, y uno en relación a nuestro deber como
Pastores.
El primer imperativo era: “Gaudete”, porque- recordaba el Papa - “el
Señor está cerca de cada uno de nosotros. Para cada uno de nosotros
son verdaderas las palabras del Apocalipsis: Yo llamo a tu puerta,
escúchame, ábreme”. ¡Qué alegría para el alma recibir, como suprema
manifestación de este amor divino, el inestimable don de la
Eucaristía!
Ciertamente no se puede confundir un don con un derecho. Los hombre
no tienen ningún derecho en relación a Dios para recibir la
Eucaristía, justamente porque ella misma es un acto de infinita
liberalidad y misericordia. Pero una vez que Dios ha donado a la
Iglesia los sacramentos para el bien de su Pueblo, todos los fieles
gozan (“gaudare”) del derecho formulado en el can. 213 del Código de
Derecho Canónico con las mismas palabras de la Constitución “Lumen
Gentium” Nº 37: Los laicos, como todos los fieles cristianos, tienen
el derecho de recibir con abundancia, de los sagrados pastores, de
entre los bienes espirituales de la Iglesia, ante todo, los auxilios
de la Palabra de Dios y de los sacramentos Y en cuanto se refiere
concretamente a la Santa Eucaristía, el can. 912 dice: “Todo
bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser
admitido a la sagrada comunión”
Como puede verse, se trata de un derecho fundamental, pero no
absoluto, como algunos piensan. Hay, de hecho, requisitos personales
que limitan tal derecho: la necesidad del estado de gracia para
recibir la Sagrada Comunión (cfr 1Co. 11,27; CIC, can. 916), que
debe juzgar el interesado, tiene también algunas expresiones
externas que interpelan a los Sagrados Pastores. Son los casos
-recordados en el can.915 y en la Encíclica Ecclesia de Eucaristía -
referidos a un comportamiento externo grave, manifiesta y
establemente contrario a la norma moral” (Nº 37), que impide la
admisión a la Comunión eucarística. Esta norma se refiere a una gran
diversidad de situaciones irregulares: todas, sin embargo, deben
observarse con amorosa paciencia y solicitud pastoral, para tratar
de que sean regulares y para evitar que ningún fiel se aleje de la
Iglesia, o que, más aún, se considere excomulgado, por el solo hecho
de no poder recibir la Comunión. Esta consideración evoca el segundo
imperativo “perfecti estote” expuesto por el Santo Padre: “A veces
el alma se asemeja a un instrumento musical en el cual,
lamentablemente, alguna cuerda está rota, y por lo tanto la música
de Dios que debería surgir desde lo profundo del alma no puede
resonar bien (...) Este imperativo puede ser una invitación al
examen de conciencia, y también una invitación al Sacramento de la
Reconciliación en el cual Dios mismo rehace este instrumento”.
El tercer imperativo era “exhortamini invicem”. El Santo Padre
refiriéndose a nuestra responsabilidad en el gobierno pastoral nos
ha dicho: “La corrección fraterna es una obra de misericordia”. Tal
vez nosotros, queridísimos hermanos, deberíamos ser más sensibles a
los justas solicitudes de los fieles que expresan su “hambre de
Eucaristía”. Muchos, de hecho, se quejan por no poder casi nunca
encontrar confesores - aunque no falten sacerdotes en la parroquia-;
dan cuenta de abusos y banalidades desacralizantes en las
celebraciones eucarísticas; sufren porque - contrariamente a las
normas canónicas sobre el culto público - las iglesias, excepto
durante las celebraciones comunitarias, están siempre cerradas y no
pueden quedarse en adoración ante el Santísimo Sacramento, y así
otros casos.
Porque la justicia consiste en dar a cada uno aquello a lo que tiene
derecho (“unicuique suum tribuere”), pedimos a la Virgen - Speculum
Iustitiae - que nos ayude a garantizar a nuestros hermanos laicos el
ejercicio de sus derechos: per il bien de sus almas, pero también
del vigor apostólico del todo el Pueblo de Dios.
[00221-04.03] [IN185] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Joseph Anthony ZZIWA, Obispo de Kiyinda-Mityana
(UGANDA)
Me refiero a la Misa dominical y al domingo como vacación
obligatoria, día de descanso para los cristianos. Véase Instrumentum
laboris en los números 6 y 70.
Aproximadamente el 80% de la población de Uganda es cristiana, y de
ella el 42% es católica. Los musulmanes constituyen un 10% de la
población. La Constitución de Uganda reconoce y asegura la libertad
de religión.
Estamos agradecidos a Dios por la vivacidad y el fervor de la
Iglesia de Uganda. Muchos católicos, el domingo, acuden a la iglesia
para celebrar la Eucaristía, Dies Domini. Casi en cada parroquia,
cada domingo se celebra la Misa, y en general los templos están
repletos. Algunos cristianos hasta recorren largas distancias,
cinco, hasta diez quilómetros, para alcanzar el lugar de encuentro
(la iglesia) donde se celebra la Misa dominical. Se puede afirmar
con certeza que los católicos en Uganda observan el precepto
dominical que la liturgia prescribe.
Sin embargo, esta buena costumbre tiene que afrontar un reto: el del
trabajo dominical. Entre los cristianos que acuden a la Iglesia el
domingo por la mañana, muchos, al volver a sus casas, después de la
Misa, empiezan a trabajar como suelen hacerlo en un día cualquiera
de la semana. Aunque los sacerdotes enseñan que el Domingo es el Día
del Señor, el día del descanso, en la actualidad muchos cristianos
laicos dicen “Ya cumplí con la obligación de ir a la Misa dominical,
ahora tengo que trabajar para ganarme la vida”. Estas personas, en
su mayoría son campesinos que trabajan en sus cultivos o empleados
de empresas, como los guardianes en los negocios de los centros
comerciales .
De alguna forma, estas personas se ven empujadas y hasta exigidas a
trabajar el domingo por otra categoría de personas, cuyo trabajo
dominical, generalmente es considerado normal por la sociedad: se
trata de conductores de taxi, propietarios de restaurantes,
pescadores, estudiantes (especialmente los que cursan las escuelas
superiores y tienen que pasar el domingo leyendo en biblioteca).
Paradójicamente los que el domingo realmente pueden descansan son
los ricos y la gente de la clase media, algunos de los cuales no van
siquiera a la iglesia. Se despiertan tarde, ven la televisión
durante largas horas, van al cine, al teatro o a visitar a los
amigos etcétera.
En esta situación, surge la necesidad pastoral de consolidar la
enseñanza relativa al Domingo como fiesta obligatoria, día de
descanso para los cristianos.
[00222-04.03] [IN186] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Johannes Gerardus Maria van BURGSTEDEN, S.S.S.,
Obispo titular de Tibili, Obispo auxiliar de Haarlem (PAÍSES BAJOS)
En el año 2005 vivimos en un mundo donde predomina la cultura del
imagen. Por una parte, esto significa que liturgias celebradas en el
pleno respeto de los cánones estéticos pueden despertar el interés
de las personas. Por otra parte, podemos comprobar que la
concurrencia a las celebraciones eucarísticas dominicales no es
masiva (en los Países Bajos el promedio es el 10%). La forma en que
se explica el misterio de la Eucaristía remite a un marco de
nociones filosóficas que es ajeno al hombre moderno. Es por eso que
sólo con mucha dificultad el contenido - la doctrina - puede ser
propuesto a la atención de la gente. La práctica de la celebración
religiosa a menudo no es fuente de inspiración para el hombre
moderno. Encontrar un equilibrio entre contenido y experiencia,
entre teoría y vivencia, me parece uno de los retos mayores que
debemos afrontar.
Para encontrar este equilibrio, y para acercar la celebración
eucarística al hombre moderno, según mi parecer son importantes, por
lo menos los tres puntos siguientes:
1 En primer lugar, la catequesis continua alrededor del centro y la
cumbre de nuestra fe. La catequesis, por lo tanto, tendrá que ser
una catequesis eucarística. Una catequesis eucarística es una
catequesis cristocéntrica. Él mismo es el corazón y la cumbre de
nuestra fe. Confesamos, en efecto, Su muerte y Su resurrección como
el “mysterium fidei”. Una catequesis eucarística continua tendrá que
ser entonces una catequesis pascual, porque en ella Jesucristo es
reconocido, como lo es por los discípulos de Emaús, precisamente al
partir el pan, en la “fractio panis”.
2 Como segundo punto, merece nuestra atención la digna celebración
de la Eucaristía. En este sentido, tienen una gran responsabilidad
tantos los celebrantes como los fieles. Por celebración digna
entiendo el respeto fiel de reglas y rúbricas. Junto con esta
actitud, hace falta también afirmar que la verdadera dignidad
reside, por encima de todo, en la disposición interior tanto de los
fieles como de los celebrantes. En la sacristía de una antigua
iglesia en los Países Bajos, una vez leí estas palabras: “Celebra
esta Santa Misa como si fuera la primera, única y última”. Este
texto me hizo pensar que no sería una mala idea ponerlo también en
la puerta principal de la iglesia.
3 Como tercero y último punto, quiero hablar de la adoración del
Santísimo Sacramento. Me consta que, seguramente en nuestras zonas,
el culto eucarístico se limita cada vez más a la celebración de la
Eucaristía. En la concepción de los fieles, la participación activa
a una celebración eucarística, es reducida casi exclusivamente al
haber recibido la comunión. El ayuno eucarístico, la solemne
exposición del Santísimo Sacramento, y también la adoración
silenciosa delante del tabernáculo nos pueden ayudar mucho a hacer
crecer en nosotros el deseo de unirnos al Cristo. De este modo,
estas formas contribuyen a hacer de la Eucaristía el” sacramentum
unitatis” por excelencia.
[00195-04.03] [IN164] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Adalberto MARTÍNEZ FLORES, Obispo de San Lorenzo
(PARAGUAY)
Como fruto del celebrar y compartir la Eucaristía, además del pan y
el vino, las comunidades cristianas de los orígenes, presentaban sus
ofrendas para sostener la carencia de las más necesitadas. (Cf. I
Cor.16, 1).
Provengo de un país, cuyas tierras en su historia, han sido regadas
por la sangre de los mártires cristianos y han hecho fecundar y
crecer copiosamente la fe en el Señor y compromiso con su Iglesia.
Un ejemplar defensor de la justicia y equidad para con los indígenas
ha sido la vida y testimonio de San Roque González de Santa Cruz,
primer santo paraguayo, que junto con Alfonso Rodríguez y Juan del
Castillo, fue canonizado por Juan Pablo II, en el año1988.
Se conserva todavía hoy (en la Capilla de los Mártires) el
testimonio de su corazón quemado y arrancado en sacrificio, como
reliquia elocuente de misericordia, de quien es capaz de ofrendar su
vida por sus hermanos, los más pobres y excluidos. Ciertamente de un
corazón así, martirizado, corazón de came-eucaristizado, no puede
sino producir frutos de vida, de luz, de conversiones, paradigma y
camino, que nos desafian y nos remiten al Salvador y Señor de la
Vida.
En el hoy del país todavía siguen las grandes y graves exclusiones
por las iniquidades sociales, el deficiente acceso a la salud, la
injusta distribución de bienes y tierra, la desvaloración de la
dignidad de la vida humana, el desempleo, la corrupción y la pobreza
creciente, castigando especialmente a mujeres, jóvenes y niños que
sufren el silencioso martirio de las esclavitudes, injusticias y
aflicciones. Al mismo tiempo observamos heroicos esfuerzos de
cristianos/as comprometidos/as en sus comunidades con la causa de
los más necesitados.
Las Misas celebradas en nuestras comunidades, muy atendidas,
sentidas y alegres, son espacios privilegiados de fraternidad, para
colectar y llenar canastas de víveres, medicinas, ropas y enseres en
las ofrendas realizadas, para luego ser distribuidas a las personas
carenciadas. En torno al altar surgen iniciativas solidarias para
refugiar a niños abandonados y establecer guarderías y comedores
para alimentarlos; iniciativas de promoción tendientes a la auto
gestión, sustento y desarrollo de las familias en sus exiguas
economías. La Eucaristía, es entonces, el Sacramento privilegiado
como lugar y fuente de la solidaridad social.
Por otra parte, con una mirada mas amplia, hoy más que nunca como
Iglesia deberíamos encarar denodadamente y con mayor empeño la
urgencia de una conversión (metanoia) planetaria para crecer en
solidaridad social y luchar contra el terrible y acuciante flagelo
del hambre en el mundo. Ya el V AT.II afirmaba: “Habiendo como hoy
tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el Sacro
Concilio, urge a todos, particulares y autoridades, a que recuerden
aquella frase de los Padres: alimenta al que muere de hambre, porque
si no lo alimentas lo matas.”. Obedientes al mandato de Señor Jesús
que ha ordenado: “Den les ustedes de comer” (Mc 6,37) no podemos
sino orar, exhortar y trabajar por un renovado Pentecostés de
Solidaridad en el planeta, con multiplicadas' efusiones de pan y
medicina para favorecer a poblaciones seriamente amenazadas con la
extinción, por hambruna y enfermedad. Como fruto de este Sínodo
solicito afrontar con mayor ahínco y dedicación este proyecto.
Juan Pablo II en Mane Nobiscum Domine nos dice: “La Eucaristía no
solo es expresión de comunión de vida de la Iglesia; es también
proyecto de solidaridad (..) El cristiano que participa de la
Eucaristía aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz, de
solidaridad en todas las circunstancias de la vida.”
El tema del Instrumentum Laboris es: Eucaristía como Fuente y Cumbre
de la vida Cristiana y de la Misión de la Iglesia. En el contexto de
mi breve reflexión, también se podría proponer: Eucaristía como
Fuente y Cumbre de la Vida Cristiana, de la Misión y Solidaridad de
la Iglesia.
[00193-04.05] [IN167] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons. Albino MAMEDE CLETO, Obispo de Coimbra (PORTUGAL)
Pienso que de este Sínodo tendrían que salir algunas palabras, a la
vez de aprecio y de estímulo, hacia nuestros sacerdotes y sus
colaboradores ya que realizan muchos sacrificios para asegurar la
celebración del Domingo al pueblo de Dios.
Con este espíritu de pastores vigilantes y de hermanos que se
ayudan, debemos, mientras tanto, prestar atención a las desviaciones
que se acentúan, al menos en lo que se refiere a mi país.
Presento tres tendencias, que en sí mismas son buenas, pero en las
que la Eucaristía tiende a desviarse de lo que es - celebración
litúrgica y sagrada de un misterio sacramentale - para convertirse
en un mero servicio religioso.
Primero: la preocupación principal de los párrocos de asegurar la
Misa que los fieles exigen, descuidando la calidad de la
celebración.
En una sociedad secularizada, no basta tener el alimento sino que se
necesita saber preparar la mesa. Más importante que poner la ostia
en la mano o en la lengua es hacerlo con una dignidad tal que
transmita la fe.
Segundo: en el deseo de ser aceptados por quienes los escuchan,
nuestros sacerdotes consideran a la Eucaristía comunión en la mesa
de la igualdad.
Nos comprometemos a realizar una catequesis donde la comunión antes
que nada, con el Cordero inmolado y ofrecido.
Tercero: por falta del presbítero, se multiplican las celebraciones
dominicales precedidas por los diáconos y laicos. Son una bendición.
Me preocupa, sin embargo, la facilidad con la cual se hace la
sustitución de la Misa con estas celebraciones.
Por lo menos, el ordenamiento de los ritos debería ser marcadamente
diferente.
[00208-04.05] [IN172] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Nicholas CHIA, Arzobispo de Singapur, Presidente
de la Conferencia Episcopal (Singapur, SINGAPUR)
Nosotros, obispos de Malasia, Singapur y Brunei consideramos la
Encíclica “Ecclesia de Eucaristía” , el Congreso mundial sobre la
Eucaristía, la carta apostólica “Mane Nobiscum Domine” y el presente
Sínodo como un tiempo de gracia para hacernos reflexionar seriamente
sobre la Eucaristía como fuente y cumbre de la vida y de la misión
de la Iglesia. Durante largo tiempo la Misa y la Eucaristía han sido
consideradas realidades dadas por supuestas.
En general, en nuestras diócesis, la participación dominical de los
fieles y en los días de precepto está en el orden del 50 al 80% en
las áreas urbanas, mientras en las zonas rurales es mucho más baja.
La mayoría de los católicos tiene un conocimiento elemental de la
Misa y de la Eucaristía. Hay necesidad, entonces, de profundizar el
conocimiento para permitir que puedan apreciarlas.
La Misa: muchos van a Misa más para cumplir con la obligación de
evitar el pecado mortal que para “participar” a la Misa.
La Eucaristía:
I. Tienen fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía,
mostrando reverencia y respeto con la genuflexión y la inclinación
cuando entran a la Iglesia.
II. Muchos reciben la comunión como por hábito y sin devoción
interior.
III. En muchas Iglesias, semanalmente, tiene lugar la bendición con
el Santísimo Sacramento. Pocas parroquias tienen capillas para la
adoración perpetua.
IV. La solemnidad del Corpus Domini se celebra normalmente con la
procesión del Santísimo Sacramento. En este año de la Eucaristía,
muchas diócesis han realizado un Congreso Eucarístico.
Sentimos la necesidad centrar cuanto sigue:
1. Los sacerdotes deben, verdaderamente, actuar “in persona Christi”
-tratando de no llegar solamente a los oídos y a los ojos de los
fieles, sino tocando sus corazones, ayudándoles a encontrar a
Cristo.
Deben desear ser transformados y no sólo entretenidos.
2. Es necesario conducir a los fieles para que comprendan el
significado de la comunión con el Señor y entre ellos. “Quien come
mi cuerpo y bebe mi sangre vive en mí y yo en él”. “Donde están dos
o tres reunidos en mi nombre , allí estoy yo en medio de ellos”.
3. Dar la bendición a los no católicos, a los catecúmenos y a los
niños cuando se adelantan en el momento de la Comunión, como signo
de comunión espiritual por parte de ellos. Este gesto también es un
signo del cuidado y de la solicitud que tenemos respecto de ellos.
4. La necesidad de poner el acento en la dimensión misionera de la
Eucaristía como bien lo expresan los dos discípulos de Emaús “Ite
missa est”.
[00209-04.04] [IN173] [Texto original: inglés]
- Revmo. P. John CORRIVEAU, O.F.M. Cap., Ministro General de la
Orden Franciscana de los Frailes Menores Capuchinos
Nuestra época necesita volver a descubrir el temor de Dios. San
Francisco nos llama al temor de Dios, al asombro y a la maravilla
causados por cómo Dios está tomando constantemente la iniciativa
para con nosotros. Eso es vital para aquellos de nosotros que viven
en una cultura donde nada ya nos asombra, porque cada cosa es el
producto de experimentaciones y no deja espacio alguno a la sorpresa
y la novedad.
La humildad de Dios nos sorprende. Estamos conmovidos por su
iniciativa para con nosotros, tocados en lo profundo de nuestro ser.
Jesucristo, “...siendo de naturaleza divina, no codició el ser igual
a Dios” (Fil, 2,6). En cierto sentido, esta” kenosis” sigue en la
Eucaristía. El temor a Dios nace en nuestros corazones cuando
permitimos que el humilde auto-bajarse de Dios en la Eucaristía
repercuta en nuestras vidas.
“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo” (Mt, 28,20). Francisco relaciona la promesa de Cristo en la
última aparición a los apóstoles con Su presencia Eucarística en la
Iglesia. Es impresionante la sencillez con la que Francisco mira
hacia el misterio Eucarístico. San Francisco intuye una tocante
analogía entre el descenso de Jesús al seno de la Virgen María y su
descenso al altar durante la Misa. Es el mismo evento que aún hoy
sigue ocurriendo (cfr. Adm 1).
Es importante que la comunidad cristiana vuelva a descubrir el
vínculo profundo entre el misterio Eucarístico y las circunstancias
de la vida cotidiana, a partir de las relaciones fraternas hasta la
creación entera. Se forma así el movimiento circular intrínseco en
la vida cristiana: la Eucaristía nos empujará a tener relaciones
fraternales en la Iglesia, en la sociedad y en toda la creación.
Trabajar para promover una verdadera fraternidad de paz entre las
gentes y para la salvaguarda de la creación nos estimulará a
reconocer en la Eucaristía el único fundamento adecuado de nuestra
vida y de nuestra acción.
[00213-04.03] [IN177] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Alfredo Víctor PETIT VERGEL, Obispo titular de
Buslacena, Obispo auxiliar de San Cristóbal de La Habana (CUBA)
En Cuba, durante la celebración del Año Santo 2000 hemos tenido un
Congreso Eucarístico Diocesano en La Habana, pero de carácter
prácticamente nacional. En el mismo se permitió una procesión por la
calle, con una carroza en la que Su Eminencia el Cardenal Jaime
Ortega, llevaba custodia con el Santísimo Sacramento hasta la
Catedral. En la plaza se reunió una buena cantidad de fieles para la
Bendición Solemne. Hubo también un Simposio Teológico sobre la
Eucaristía con la participación, entre otros del Cardenal Amigo
Vallejo, Arzobispo de Sevilla, España.
También se celebró una Primera Comunión de 2000 niños escogidos de
las diversas parroquias en una Misa de Campaña en la Avenida del
Puerto, frente al Seminario.
Estamos para terminar el Plan Global de Pastoral del 2000 al 2005 y
desde octubre pasado se incorporó al mismo el Año de la Eucaristía
que se combinó con el Año de la Misión.
Pensamos que la Eucaristía es la fuente y culmen de la vida de la
Iglesia y por eso, no abandonamos su primordial importancia en
nuestro Plan Global de Pastoral que comenzara, D.M. el próximo mes
de febrero y que tendrá como base la Eucaristía, sin abandonar el
impulso misionero.
De hecho, los fieles consultados a nivel de comunidades han escogido
nueve temas prioritarios que son: Espiritualidad, Moral, Misión,
Pastoral Litúrgica, Pastoral Social, Formación, Laicos, Familia y
Jóvenes. Esto constituye la base del Plan Global de Pastoral del
2006 al 2011
Por otra parte, existe también entre nosotros desde hace mas de un
siglo la Adoración Nocturna con las mismas características señaladas
anteriormente por S.E. R. Mons. José Guadalupe Martín Rabago,
Presidente de la Conferencia Episcopal Mejicana.
A pesar de la escasez de sacerdotes, tenemos la Eucaristía en gran
aprecio y se celebra esta con gran respeto por las normas
litúrgicas.
Sin embargo, ante la dificultad y prácticamente la imposibilidad de
construir nuevos templos, tenemos las así llamadas "casas de
oración" o "casas de misión" situadas en los barrios periféricos y
en los pequeños poblados y caseríos y donde se reúne semanalmente, o
con la frecuencia que puedan, un pequeño grupo de fieles, no más de
40 bajo la dirección de un laico comprometido, una religiosa o un
diácono. Allí acude el sacerdote y se celebra la Santa Misa en esas
casas con gran devoción y respeto por las normas litúrgicas y
precediendo la correspondiente confesión sacramental para los que,
con las debidas disposiciones, desean participar del Pan
Eucarístico.
[00214-04.05] [IN178] [Texto original: español]
- S. Em. R. Mons.
Karl-Heinz WIESEMANN, Obispo titular de Macriana Menor, Obispo
auxiliar de Paderborn (ALEMANIA)
En mi intervención me refiero especialmente al tercer capítulo del
Instrumentum Laboris que atañe a la celebración de la Eucaristía y a
la adoración, y hago una reflexión sobre la Eucaristía en su
carácter de misterio.
Nuestro tiempo está invadido, a pesar de la secularización, por una
profunda nostalgia mística. ¿Pero, somos capaces de celebrar la
Eucaristía de tal manera que los hombres que se encuentran en
búsqueda sean atraídos por el misterio eucarístico?
La forma más alta de la presencia del Señor, que definimos de la
manera más adecuada con los conceptos de presencia real y de
tansubstanciación, se revela para Santo Tomás, en el célebre himno
Adoro te devote, latens deitas, en el mismo acto, como la forma más
alta del secreto sacramental. Esto no se refiere al moderno
escepticismo, sino exactamente a lo contrario: a la apertura de una
dialéctica nupcial del “buscar para encontrar” y el “encontrar para
buscar” que, justamente a través del momento que cada vez si oculta
y se sustrae, suscita de nuevo la sed del supremo “gustar”, de la
“visio beata” como eterno fin de este buscar y encontrar, velar y
revelar, ocultarse y donarse.
Esta dimensión mística debe encontrar expresión también en nuestro
modo de hablar de la Eucaristía y en su celebración: sólo así la
Eucaristía podrá demostrarse eficaz como única y verdadera respuesta
a la nostalgia mística de nuestro tiempo, porque ella introduce al
hombre en la profunda relación de amor con Cristo y con ello en el
misterio de Dios Uno y Trino y lo hace partícipe del mismo: de esta
manera debemos dar relieve a gestos y formas litúrgicas que expresan
también lo que está oculto, que sólo se puede intuir en el silencio
y que se sustrae a nuestras posibilidades.
[00218-04.03] [IN182] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Cornelius Kipng'eno ARAP KORIR, Obispo de Eldoret,
Presidente de la Conferencia Episcopal (KENIA)
El domingo nos reunimos para celebrar la Eucaristía y ser renovados
en nuestro discipulado. Con la celebración del Misterio pascual de
Cristo nuestra vida se transforma y nosotros somos renovados y
alentados en nuestra vocación a difundir el Reino de Dios. Nuestro
reunirnos juntos dominical representa una dimensión espiritual muy
importante de nuestra fe, y revela nuestro sentido de pertenencia a
la Trinidad y a la Iglesia, y también nuestro compromiso en abatir
los numerosos obstáculos que nos rodean debido a nuestra condición
social, étnica o financiera. Al compartir el Misterio pascual, somos
renovados en nuestra vocación a ser testigos del Señor resucitado y
a abatir las barreras que nos dividen. Comprometiéndonos a superar
el odio y el tribalismo, crecemos en la conciencia de que todos
somos miembros de la misma familia, hijos del mismo Padre.
La proclamación litúrgica de la Palabra de Dios es ante todo, un
diálogo entre Dios y su pueblo, un diálogo en el que se proclaman
las maravillas de la salvación y se confirman constantemente los
compromisos de la alianza. A Dios, que toma la iniciativa de hablar
con nosotros y abrir el diálogo de amor, le contestamos con la
escucha y la acogida del mensaje de vida en nuestros corazones. El
diálogo de amor, que Dios comienza con nosotros en la celebración,
sigue luego en nuestra vida diaria, y nos conduce nuevamente a la
celebración, ya que nuestro deseo de alimentarnos en la mesa de la
Palabra y de la Eucaristía se hace cada vez más intenso.
Nuestros cristianos aguardan impacientes la celebración dominical de
la Misa. El sentido de fiesta, celebración y alegría de nuestras
asambleas eucarísticas tiene que ser compartido con toda la Iglesia.
Es la alegría por estar juntos como familia de Dios. “Los africanos
tienen un profundo sentido religioso, sentido de lo sacro, sentido
de la existencia de Dios creador y de un mundo espiritual” (Ecclesia
in Africa, 42). La celebración eucarística dominical quiere utilizar
esta riqueza innata del pueblo, a fin de permitir que las
comunidades cristianas participen plena y activamente en el misterio
pascual.
[00220-04.03] [IN184] [Texto original: inglés]
Después, en presencia del Santo Padre, siguieron las intervenciones
libres.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 19:00 con la
oración del Angelus Domini, estaban presentes 242 Padres.
♦ SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves, 13 de
octubre de 2005, a las 12:45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la
Oficina de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de
Prensa sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos (Relatio post disceptationem).
Intervendran:
● S.Em.R. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Juan Sandoval Íñiguez
Arzobispo de Guadalajara (México)
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E.R. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E.R. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vicepresidente de la Comisión para la Información
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