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18 - 11.10.2005
RESUMEN
♦ DÉCIMO CUARTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 11 DE OCTUBRE DE
2005 - POR LA TARDE)
♦ AVISOS
♦ DÉCIMO CUARTA CONGREGACIÓN GENERAL (MARTES, 11 DE OCTUBRE DE 2005
- POR LA TARDE)
● AUDICIÓN DE LOS DELEGADOS FRATERNOS
● INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
● COMUNICACIONES
A las 16.30 horas de hoy con la oración del Adsumus, ha iniciado la
Décimo Cuarta Congregación General, per l’Auditio Delegatorum
fraternorum, la Audición de los Delegados fraternos y la
continuación de las intervenciones de los Padres Sinodales en el
Aula sobre el tema sinodal La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida
y de la misión de la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ,Arzobispo
de Guadalajara (México).
En la apertura de esta Décimo Cuarta Congregación General, el
Secretario General del Sínodo de los Obispos, S.E.R. Mons Nikola
ETEROVIĆ ha recordado el 43 aniversario de la apertura del Concilio
Vaticano II y la memoria litúrgica del beato Juan XXIII.
● AUDICIÓN DE LOS DELEGADOS FRATERNOS
En esta Décimo Cuarta Congregación General han intervenido los
Delegados fraternos:
- S.Em. JOHANNIS (Zizioulas),
Metropolita de Pérgamo; Presidente
emérito de la Academia de Atenas (GRECIA)
- Revdo. Ieromonaco Filippo VASYLTSEV, Patriarcado de Moscú (RUSIA)
- S.E. (Marsilianul) SILUAN, Obispo asistente de la Sede
Metropolitana de la Europa occidental de la Iglesia Ortodoxa Rumana
(RUMANÍA)
- Rev. Sotiriadis IGNATIOS, Representante de la Iglesia de Grecia
ante la Unión Europea
- S.E. Amba BARNABA, Obispo de la Iglesia Copta Ortodoxa en Roma (ITALIA)
-S.E. Mor SEVERIUS MALKE MOURAD, Patriarcado Siro-Ortodoxo (SIRIA)
- S.E. Norvan ZAKARIAN, Obispo armenio de Lyon (FRANCIA)
- S.E. NAREG (Manoug) ALEMEZIAN, Obispo; Ecumenical Officer of the
Great House of Cilicia (ARMENIA)
- S.E. Abuna SAMUEL, Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía (ETIOPÍA)
- S.G. John HIND, Obispo de Chichester (GRAN BRETAÑA (INGLATERRA y
GALLES)
- S.E. PER LØNNING, Obispo emérito de la Iglesia Luterana de Noruega
(NORUEGA)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S.Em. JOHANNIS (Zizioulas),
Metropolita de Pérgamo; Presidente
emérito de la Academia de Atenas (GRECIA)
Es para mí un gran honor tener la oportunidad de hablar a este
venerable Sínodo de los Obispos y de traerle los saludos fraternos y
los buenos auspicios del Patriarca Ecuménico Bartolomeo de la
Iglesia de Constantinopla. La invitación dirigida a nuestra Iglesia
de enviar un delegado fraterno a este Sínodo es un gesto de gran
importancia ecuménica. Respondemos con gratitud y amor.
Nosotros ortodoxos nos sentimos profundamente gratificados por el
hecho que también vuestro Sínodo considera la Eucaristía fuente y
cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. Es muy importante
que los católicos romanos y los ortodoxos puedan decirlo con una
sola voz. Tal vez haya aún algunas cosas que dividen a nuestras
Iglesias, pero ambas creemos que la Eucaristía es el centro de la
Iglesia. Es sobre esta base que podemos continuar el diálogo
teológico oficial entre nuestras dos Iglesias, que está entrando en
una nueva fase. La eclesiología eucarística puede guiarnos en
nuestros esfuerzos para superar mil años de división. De hecho, es
un pecado tener las mismas convicciones con respecto a la
importancia de la Eucaristía sin ser capaces de compartirla en una
misma Mesa.
La eclesiología de comunión promovida por el Concilio Vaticano II y
profundizada ulteriormente por eminentes teólogos católicos romanos,
puede tener sentido sólo si deriva de la vida eucarística de la
Iglesia. La Eucaristía no pertenece sólo al bene esse sino al esse
de la Iglesia.
Toda la vida, palabra y estructura de la Iglesia es eucarística en
su esencia.
[00291-04.03] [DF009] [Texto original: inglés]
- Revdo. Ieromonaco Filippo VASYLTSEV, Patriarcado de Moscú (RUSIA)
Hoy tengo el gran honor de hablar ante las altísimas presencias y de
representar a la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú. El
tema del Sínodo de la Iglesia Católica Romano es actual y está
cercano también para nuestra Iglesia. La Eucaristía es el punto
central e importantísimo en la vida de la Iglesia y para cada
persona cristiana. Por ello, el debilitamiento del conocimiento
eucarístico en la vida de la Iglesia lleva al abatimiento de la
conciencia eclesiástica, a cambiar el acento en la importancia de
las cosas y a los errores en la comprensión de los valores
cristianos.
Su Eminencia el Metropolitano Cirillo en sus prédicas, más de una
vez, había hablado del hecho que nosotros, la Iglesia Católica y la
Iglesia Ortodoxa, somos portadores del mismo paradigma de valores
espirituales y, desde este punto de vista, la experiencia espiritual
de los unos y de los otros puede presentarse recíprocamente valiosa
e importante.
Estaríamos muy contentos si nuestra experiencia de vida eucarística,
tanto la histórica como la actual fuese útil y pudiera ayudar a la
Iglesia Católica Romana.
El renacimiento de la Iglesia en la Rusia moderna es un hecho bien
conocido por todos. Este hecho tiene que ver con todos los aspectos
de la vida de la Iglesia. Pero el evento que da más alegría está
representado por el renacimiento de la conciencia eucarística, que
ha experimentado
importantes cambios en los últimos años.
En la mitad del siglo XIX Santo Metropolitano Filaret de Moscú
escribió en su breve catecismo: “Quien quiera una vida cristiana
devota debe tomar la Comunión cuatro veces al año” (según
corresponde a la cantidad de los principales ayunos: La Cuaresma, el
ayuno antes de la Natividad de Cristo, el ayuno antes de la
Dormición, y el ayuno antes de la Fiesta de los Santísimos Apóstoles
Pedro y Pablo). En conformidad con las condiciones de nuestros días,
tomar la Comunión al menos una vez al mes ha entrado a formar parte
de la práctica cristiana. Evidentemente, esta práctica comenzó a
tomar forma durante el período de las persecuciones. San Serafimo
Szezdinsky, el Obispo auxiliar de Moscú, escribió en los años veinte,
que la vida de un cristiano debe ser tal que pueda estar siempre
listo para recibir la Comunión. La práctica de la Comunión frecuente,
en el período después de la guerra, existía en los monasterios y era
estimulada por célebres confesores, como el arquimandrita Tavrion
Batossky y otros.
Dicho esto, no se debe olvidar que en la Iglesia Ortodoxa Rusa la
preparación a la Comunión incluye, además de la preparación
interior, también la Regla (el ayuno severo de tres días, la visita
a la Iglesia durante estos tres día, oraciones para la Comunión,
ayuno eucarístico especial después de medianoche) y también la
confesión obligatoria. Por otra parte, estas reglas severas no son
consideradas como una obligación por parte de la Iglesia, sino como
una medida media que históricamente se fue formando según las
tradiciones para aplicarlas a sí mismos. Como lo demuestra la
experiencia de los sacerdotes confesores, sería necesario que, quien
toma la Comunión y frecuenta la iglesia no muy asiduamente,
observase precisamente esta Regla para, a través ”de ella
“despertar” y alcanzar su alma, porque para muchos cristianos no
practicantes, el camino de la Iglesia pasa a través de “lo exterior”,
y se presenta a ellos en los himnos y en los ritos, mientras las
verdaderas personas de la Iglesia viven más para la vida interior.
Indudablemente este enfoque general hacia las reglas exteriores no
puede y no debe ser entendido en sentido absoluto. En este sentido
los confesores influyen mucho en la vida eucarística de la Iglesia,
porque tienen la posibilidad de indicar la dirección basándose en la
situación concreta de cada persona, tomando en consideración la
tradición moderna de la Iglesia.
Por lo tanto podemos decir que la conciencia eclesiástica recorre el
camino de la búsqueda de las normas, basándose en las antiguas
tradiciones. La regla número ochenta del Sexto (de Trull) Concilio
Ecuménico dice: “Si la persona no toma la Comunión durante tres
domingos seguidos, con ello separa a sí misma de la Iglesia”.
Para terminar, agradezco una vez más a Vuestra Santidad, a los
Reverendísimos miembros del Sínodo de la Iglesia Católica Romana,
por la posibilidad que me habéis dado de participar con vosotros en
la reuniones del Sínodo Abierto, dedicado al Sacramento de la
Eucaristía y de haber podido pronunciar estas palabras sobre la
experiencia eucarística ortodoxa.
[00295-04.03] [DF011] [Texto original: italiano]
- S.E. (Marsilianul) SILUAN, Obispo asistente de la Sede
Metropolitana de la Europa occidental de la Iglesia Ortodoxa Rumana
(RUMANÍA)
El tema de la Eucaristía es central también en la Tradición de la
Iglesia Ortodoxa. La preocupación de la Iglesia católica se une a la
de nuestra Iglesia en muchos puntos, de manera particular, en los
siguientes:
1. La preocupación especial per una catequesis mistagógica que
permita a los fieles profundizar la vivencia de la Divina Liturgia.
2. La preparación para recibir la comunión al Cuerpo y a la Sangre
de Cristo. El lugar de la confesión y el papel del ayuno antes de la
comunión, etc.
Los beneficios que resultan son muy significativos ya sea a nivel
personal que a nivel eclesial:
1. La toma de conciencia de la importancia de la comunión en la
propia vida, aún poniendo en evidencia, en un primer momento, que la
división con los otros cristianos, hace nacer un sufrimiento
auténticamente evangélico que va junto al deseo de unidad querido
por Cristo mismo.
2.El nacimiento de una conciencia comunitaria radicada en la
comunión al mismo Pan y al mismo Cáliz, que sustituye la de la
piedad individual egocéntrica; una mentalidad verdaderamente
eucarística y no más de satisfacción de sí.
3. El lugar central de la Eucaristía le da el verdadero significado
al Sacerdocio y, por lo tanto, al episcopado consintiéndole elevarse,
abriendo la perspectiva a una autoridad carismática cuya
transparencia a veces se hace difícil debido a las estructuras
administrativas. Ella refuerza la relación sacramental en el
interior de la jerarquía, haciendo del obispo no solamente el
presidente de la asamblea eucarística sino también el padre
espiritual de la comunidad.
4. La vivencia auténtica de la Eucaristía puede y debe traer un
testimonio de gran importancia y necesidad para la sociedad actual,
en lo que concierne a la orientación de la vida hacia “las
realidades de lo Alto”, hacia el Reino de los cielos que “no es de
este mundo” (Jn 18, 36)
[00294-04.01] [DF010] [Texto original: francés]
- Rev. Sotiriadis IGNATIOS, Representante de la Iglesia de Grecia
ante la Unión Europea
La Iglesia de Grecia saluda cordialmente a este XI° Sínodo de los
Obispos de la Iglesia Católica, el primero después de la
entronización de Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Cada ocasión de
expresión sinodal de la Iglesia constituye una bendición y es fuente
de alegría para los miembros del Cuerpo de Cristo. Participando de
esta alegría como delegado fraterno de la Iglesia de Grecia, expreso
el deseo de que sus resultados sean excelentes y den fruto, ¡tanto
para los fieles de la Iglesia Católica como para el diálogo de la
caridad entre los cristianos!
El tema del Sínodo es importante para la vida de la Iglesia
diacrónicamente, pero especialmente ahora que el diálogo teológico
entre Católicos y Ortodoxos retoma sus trabajos, y pone énfasis en
la cuestión de la Iglesia y la función del Obispo. La valorización
teológica de la Divina Eucaristía está en estrecha conexión con la
experiencia vivida y con la fe respecto del misterio de la Iglesia y
la diaconía especial del Obispo. La cumbre de la manifestación de la
unidad en el Cuerpo de Cristo es la participación de los fieles a la
Divina Eucaristía, que celebra el Obispo como servicio para la
gloria de Cristo y para su manifestación indivisible e inconfundible
en el mundo como Redentor. Este servicio es una responsabilidad para
todo cristiano a contribuir, desde el sitio que posee según la
benevolencia divina, a fin de que se realice en el modo más completo
posible. Nuestra oración en este momento es para que todos
alcancemos a comprender esta responsabilidad con la plenitud que
asegura la gracia del Espíritu Santo. Que este Espíritu de Verdad
dirija los trabajos de este importante Sínodo, para que la vida de
cada fiel en la Iglesia sea con la gracia de nuestro Señor
Jesucristo la fuerza de una vida indestructible (Hb 7, 16), de fe
sincera (2 Tm 1, 5), la esperanza que no falla (Rm 5, 5) y perfecta
en el amor (cf. Jn 4, 18).
[00281-04.04] [DF008] [Texto original: italiano]
- S.E. Amba BARNABA, Obispo de la Iglesia Copta Ortodoxa en Roma (ITALIA)
Deseo en primer lugar dirigir a todos un cordial saludo, con
agradecimiento por los conocimientos que se han derivado de esta
ocasión de encuentro: soy Monseñor Barnaba El Soryany - Obispo
general de la Iglesia Copta Ortodoxa en Italia - y tengo el honor de
participar en este Sínodo en representación del Patriarcado Copto
Ortodoxo de Alejandría de Egipto.
El tema de la Eucaristía, afrontado en este encuentro, representa
para todos los fieles cristianos un elemento esencial de vida; los
fieles coptos, en particular, expresan la propia profesión de fe en
la Eucaristía, en la presencia real del Cuerpo y la Sangre de
Cristo, durante la Santa Misa y proclaman su religiosidad
considerando la Eucaristía centro de la vida espiritual, expresión
del reino de Dios y fuente de salvación eterna. La Iglesia Copta
Ortodoxa la considera "el Sacramento de los Sacramentos" y, como
tal, como alimento de vida divina, se suministra también a los niños
en el día del bautismo.
Los daños causados por el mundo contemporáneo, las cosas feas que
presenciamos cotidianamente, no pueden si no empujarnos cada vez más
a buscar en la Comunión de Cristo una fuente de salvación y la
esperanza de un mundo mejor. No se puede silenciar el hecho de que
ya hoy ese Sacramento representa un emblema de la fe en Cristo
Salvador, que une y distingue a todas las Comunidades cristianas. Y
cada día más, arrollados por mil peligros y problemas de vario tipo,
se advierte la necesidad de acercarse a la Comunión para encontrar
en ella nuevo alimento y nueva fuerza que nos permiten afrontar con
serenidad las insidias de la vida cotidiana.
Con el deseo de que este Sacramento actúe como propulsor del camino
común hacia la unidad de todos los cristianos, auguro a todos los
Padres Sinodales aquí presentes un proficuo trabajo para los días a
venir y que alcancen justos y válidos resultados para el futuro de
la Iglesia.
[00278-04.04] [DF005] [Texto original: italiano]
-S.E. Mor SEVERIUS MALKE MOURAD, Patriarcado Siro-Ortodoxo (SIRIA)
En nuestra Iglesia siro-ortodoxa celebramos la Divina Liturgia en
siro-arameo, la lengua de Nuestro Señor Jesús y, durante la Divina
Liturgia se recitan exactamente las mismas palabras dichas por Jesús
en la Sala Superior. Y el sacerdote que celebra este sacramento debe
celebrarlo solo. Estoy orgulloso de vivir en el Monasterio de San
Marcos en la Ciudad Vieja, en Jerusalén, donde Jesús celebró la
Última Cena.
Su Santidad el Patriarca Ignatius Zakka I Iwas, en su libro sobre la
Santa Eucaristía, se basó en la enseñanza de San Efrén, San Santiago
de Sarug y de Bar Hebreus: “Según el dogma de nuestra Iglesia, la
consagración de los dos elementos del pan y del vino y su
transubstanciación en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo durante la
Santa Eucaristía, tienen lugar y son llevadas a cumplimiento por la
oración de invocación al Espíritu Santo y no sólo por las palabras
de Nuestro Señor que el sacerdote celebrante recita como evocación
de Su anuncio y que él debe decir con deferencia, con temor de Dios
y con trepidación, meditando sobre su significado y sobre el gran
sacrificio que Nuestro Señor Jesús ha ofrecido en el inmolarse a sí
mismo en la Cruz y en el salvar a la humanidad. Y el Espíritu Santo
es el que consagra todos los sacramentos celebrados por la Iglesia y
que hace sagrados a las iglesias y a los altares. La substancia del
sacramento de la Santa Eucaristía está formada por el pan y por el
vino , allí donde el pan es pan con levadura hecho con harina
llamada “Lahmo” en nuestra Biblia; nosotros no ofrecemos en
sacrificio pan sin levadura. Al mismo tiempo ofrecemos vino rojo
estacionado elaborado con el fruto de la vid mezclado con el agua.
Tampoco está permitido recibir sólo el Pan Santo. Desde hace mucho
tiempo en nuestra Iglesia está en vigencia la práctica de mojar el
Cuerpo y la Sangre y de darlo así a los fieles, y de esta manera
ellos reciben el Cuerpo y la Sangre contemporáneamente”.
La presencia de Cristo en la Santa Eucaristía no está constituida
sólo por su presencia corpórea, sino por toda su plenitud de
humanidad y de divinidad. De este modo Jesús está presente en cada
parte los dos elementos. Antes de que el creyente se acerque a la
Santa Comunión debería observar el sacramento de la Penitencia con
la confesión individual. Hace poco nuestra Iglesia ha autorizado
para los fieles las confesiones comunitarias.
San Pablo Apóstol exhorta a los creyentes para que se preparen
espiritualmente antes de recibir la Santa Comunión con fe, respeto y
con una conciencia purificada: él debería purificar el propio cuerpo
y observar el ayuno desde la medianoche, que precede el rito de la
Comunión. Entre nosotros se acostumbraba dar el sacramento de la
Santa Comunión a los niños inmediatamente después los sacramentos
del Santo Bautismo, el Crisma.
Debemos recordar la Declaración de Su Santidad el Papa Juan Pablo
II, de venerada memoria, y de Su Santidad el Patriarca Ignatius
Zakka I IWas, de 1984, en la cual, en el párrafo 9, establecieron:
“Autorizamos (a nuestros fieles)... cuando tengan necesidad, a pedir
los sacramentos de la Penitencia, de la Eucaristía y de la Unción de
los enfermos a los sacerdotes legítimos de una o de otra de nuestras
dos Iglesias hermanas (la Iglesia Católica Romana y la Iglesia
Siro-ortodoxa)”.
[00274-04.04] [DF001] [Texto original: inglés]
- S.E. Norvan ZAKARIAN, Obispo armenio de Lyon (FRANCIA)
Tengo el placer de transmitir a Su Santidad, el papa Benedicto XVI,
y a todos los presentes, mis más cordiales y fraternos saludos de Su
Santidad el Catholicos Karékine II, quien desea a esta XI Asamblea
General Ordinaria del Sínodo de los Obispos un trabajo provechoso.
Antes de entrar en agonía, antes de ser arrestado como un vulgar
malhechor y morir en la cruz, Jesús instituyó la Eucaristía, ese
alimento sacramental que, por medio de signos visibles, nos comunica
el amor de Dios en Jesucristo, el amor con el que Jesús amó a los
suyos “hasta el extremo” (Jn 13, 1). La Eucaristía es el sacramento
del sacrificio único de Cristo, siempre vivo para interceder en
nuestro favor, memorial de todo lo que Dios ha hecho para la
salvación del mundo. El celebrante invoca a Dios para que envíe su
Espíritu sobre el pan (tres veces), después sobre el vino (tres
veces), finalmente sobre las dos especies (tres veces). La
consagración, la Eucaristía, engloba también al pueblo de Dios, es
decir, a su Iglesia. Por lo que se refiere a la comunión, el
sacerdote moja la hostia en el vino; luego, de rodillas en la tarima
del altar, parte la hostia en pequeños trozos que tienen la forma de
un grano de maíz y da la comunión directamente en la boca a los
fieles, que están en pie ante el altar. A lo largo de toda la
celebración, se dirigen oraciones al Padre, al Hijo y al Espíritu
que es “fuente de vida”. La liturgia eucarística es una verdadera
catequesis para el creyente. Esta larga oración cantada por el
celebrante, los diáconos y el coro se lleva a cabo los domingos y en
ocasión de las grandes fiestas. Alimenta plenamente al fiel. Acabada
la ceremonia, éste es enviado a la misión, ya que Jesús derramó su
sangre por la “multitud”. Debemos, pues, que dar testimonio de todo
lo que hemos recibido: paz, amor, alegría. Nuestra liturgia ha
sufrido muy pocas modificaciones a lo largo de los siglos y no nos
tomamos ninguna libertad en relación con el rito. Los textos, los
gestos son los mismos en todas las iglesias de Armenia y de la
Diáspora. Los armenios, diseminados, se reúnen por tanto con alegría
para celebrar la Eucaristía en una asamblea comunitaria.
[00275-04.05] [DF002] [Texto original: francés]
- S.E. NAREG (Manoug) ALEMEZIAN, Obispo; Ecumenical Officer of the
Great House of Cilicia (ARMENIA)
Después de haber transmitido los saludos al Jefe de su Iglesia, Su
Santidad el Catholicos Aram I, Obispo de Alemezian, relató una
experiencia eucarística histórica, que tuvo origen en un evento
heroico ocurrido en el año 451. Indicó sus expectativas en lo que se
refiere al estudio de la eclesiología eucarística por parte de la
cristiandad en general y recordó la visita, en 1967, del Catholicos
Khoren I al Papa Pablo VI, motivado por el espíritu descripto en la
Primera Carta a los Corintios, 10, 16.
La palabra armenia utilizada para indicar la Santa Eucaristía es
Surp Patarag, que significa Santo Sacrificio. En la vida litúrgica
de la Iglesia estamos al servicio de Dios (liturgia) y ofrecemos el
sacrificio de acción de gracias (Eucaristía) por los dones que de Él
recibimos.
La Santa Eucaristía está centrada en el don sacrificial de nuestro
Salvador y genera una comunión de amor con Dios y con nuestros
hermanos a través de la potencia del Espíritu Santo. Desarrolla de
esta manera una función importante en la difusión de la fe cristiana
como continuación de la presencia encarnada de nuestro Señor
crucificado y resucitado para la transformación de nuestra vida hoy
y en el Reino de los Cielos.
Esta realidad está sostenida por la experiencia armenia del
martyria, en obediencia al llevar la cruz hasta el punto de la
extrema negación de sí (Mt 16, 24) con el fin de obtener, por la
gracia, la corona del justo (cf. 2 Tm 2, 4. 7-8) y para la
manifestación de la vida de Jesús en nuestro cuerpo (cf. 2 Cor 4,
6-11).
En el 451, durante una insurrección heroica para proteger su fe
cristiana y su dignidad humana, los armenios participaron en la
celebración al Santo Sacrificio, recibieron el precioso cuerpo y
sangre del Cordero de Dios y proclamaron “Reconocemos a la Santa
Biblia como nuestro Padre y a la Iglesia universal como nuestra
Madre”.
Al evaluar la función constructiva de los diálogos ecuménicos
bilaterales y multilaterales y al discutir el tema “La Iglesia como
comunión”, les animo a todos para que se comprometan en el estudio
de la eclesiología eucarística, que sitúa la unidad de la Iglesia en
la celebración local de la Santa Eucaristía presidida por el obispo
en comunión con sus hermanos obispos.
A este respecto, el papel distintivo del obispo está indicado como
el de aquel que cuida el rebaño que le fue confiado por el Buen
Pastor (Jn 10, 11), cuidándolo con un celo que se revela en toda su
plenitud cuando se comparte eucarísticamente el único pan (1 Cor 10,
17), para una comunión espiritual y universal en el cuerpo místico
de Cristo (1 Cor 12, 27)
[00277-04.04] [DF004] [Texto original: inglés]
- S.E. Abuna SAMUEL, Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía
(ETIOPÍA)
Deseo presentarles los saludos de Su Santidad Abune Paulos,
Patriarca de Etiopía, Arzobispo de Axum y Echege ante la Santa Sede
de San Teklehaimanot. La Iglesia Ortodoxa de Etiopía es una de la
Iglesias Ortodoxas Orientales. Estoy muy contento de poder presentar
algunas de las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía
relativas a la Santa Eucaristia. La Iglesia Ortodoxa de Etiopía,
fiel a la recomendación del Señor “bebed todos de él”, distribuye
ambas especies consagradas, pan y vino, a quien comulga. La Iglesia
Ortodoxa de Etiopía no mezcla el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor
Jesucristo, excepto en algunas situaciones de emergencia, como las
enfermedades terminales. El Cuerpo y la Sangre se distribuyen por
separado, como nos ordenó hacer nuestro Señor Jesucristo. En la
tradición ortodoxa de Etiopía se observa un severo ayuno
eucarístico. Los celebrantes, los concelebrantes, los sacerdotes,
los diáconos y todos los que comulgan deben ayunar durante al menos
nueve horas antes de recibir la Santa Eucaristía y tienen que pedir
perdón por sus faltas. A los diáconos se permite administrar la
Santa Eucaristía, pero distribuyen el vino con cucharas en forma de
cruz. Los laicos no pueden recibir el pan eucarístico en sus manos,
por lo que el celebrante distribuye la comunión en la boca. En la
tradición ortodoxa de Etiopía el sacerdote no puede celebrar la
Santa Eucaristía varias veces al día, sino una sola vez. No
obstante, dos, tres o más sacerdotes pueden celebrar
contemporáneamente en altares diversos o también sobre el mismo
altar, recitando juntos todas las oraciones. Esto sucede en Navidad,
en Pascua y en la Solemnidad de María, Madre de Dios. Todos los que
comulgan, hombres y mujeres, como también los niños, se acercan a la
mesa con vestidos blancos para gloria de la Eucaristía. Esta
tradición recuerda los dos ángeles de blanco, sentados donde había
estado despuesto el cuerpo de Jesús (Jn 20, 12). Todos los fieles de
la Iglesia Ortodoxa de Etiopía están agradecidos al Señor Jesús por
haber dado a la Iglesia un sacramento tan maravilloso.
[00276-04.04] [DF003] [Texto original: inglés]
- S.G. John HIND, Obispo de Chichester (GRAN BRETAÑA (INGLATERRA y
GALLES)
Traigo los saludos del Arzobispo de Canterbury y la petición de
oraciones por los Anglicanos que pasan por un momento de dificultad.
Seguirán algunos puntos relativos al tema de este Sínodo.
Los problemas de la inculturación evidencian la necesidad de una
discusión más profunda sobre la diversidad y la unidad en el
interior de la Iglesia.
¿Cuándo es adecuado compartir la Santa Comunión? ¿Cómo hay que
interpretar la asunción pública de la comunión por parte del
protestante Fray Roger Schutz?
La Eucaristía no es ante todo una cuestión, un rito o un ceremonial,
sino un beneficio de la nueva vida en Cristo. Si debemos ser
verdaderamente cristianos, tienen que existir criterios de
reconocimiento recíproco. No es menos importante la medida con la
cual nos toleramos los unos a los otros.
¿Cuál es la dinámica de la Eucaristía que Dios ha donado? La cultura
que deriva de la Encarnación afirma la humanidad que Dios nos ha
dado, incluida la diversidad cultural, pero también desafía a cada
cultura humana. Solamente en el diálogo entre la encarnación y las
culturas particulares podremos identificar lo verdaderamente
católico.
ARCIC dijo que en la Eucaristía “entramos en el momento de la
ofrenda de sí mismo de Cristo”. La ofrenda de Cristo fue tanto un
sacrificio al Padre por nosotros como un “sacrificar su vida por sus
amigos”. La anamnesis de su sacrificio está, pues, dirigida tanto a
Dios como a la humanidad.
Esto demuestra tres puntos fundamentales con respecto a la
Eucaristía.
a) En la Eucaristía no se celebra nuestra amistad, sino nuestra
reconciliación con Dios que crea nuestra amistad.
b) Además, es Cristo mismo el Señor de la Eucaristía. Si su
encarnación, muerte, resurrección y venida en la gloria son
misterios, si la Eucaristía misma es “Mysterium fidei”, entonces se
debe deducir que también nuestra amistad o comunión en la Iglesia es
un misterion, es decir, que estamos hablando de algo que no podemos
entender únicamente con la razón.
c) Por último, el hecho de estar unidos a Cristo en la ofrenda de sí
mismo nos orienta no sólo hacia Dios, sino también hacia cada uno de
nuestros hermanos y hermanas, por los cuales, en su maravillosa
diversidad, el Hijo de Dios ofreció su vida. “Ite, missa est” es a
la vez una afirmación de la plenitud de la obra de Cristo y un
mandato para nosotros de llevarla adelante.
[00280-04.06] [DF007] [Texto original: inglés]
- S.E. PER LØNNING, Obispo emérito de la Iglesia Luterana de Noruega
(NORUEGA)
¡Un cordial agradecimiento de parte de la Federación Luterana
Mundial, de las Iglesias de Noruega y de parte mía por haberme
invitado como delegado fraterno y por haberme acogido de manera tan
abierta y fraterna!
Para los luteranos la Santa Eucaristía ha sido y es una preocupación
fundamental. El acento que ponemos sobre la presencia real del
Señor, nos ha llevado durante siglos a negar la fraternidad
eucarística con las Iglesias de la tradición reformada.
Para entrar en el tema de la presente Asamblea, quisiera contar
algunas de mis experiencias de promesas y de dolores en lo que se
refiere a la fraternidad eucarística en relación a la Iglesia
católica romana.
En 1971 en Amberes, en Bélgica, fui invitado por primera vez a
predicar en el ámbito de una Misa católica romana. En la sacristía,
el celebrante, joven y comprometido en el campo ecuménico, me
preguntó: “¿Naturalmente usted estará preparado para recibir la
Santa Comunión?”. Me di la vuelta enseguida hacia el obispo
presente, que tenía aproximadamente 30 años más que yo: “Dígame, ¿no
sería contrario a las reglas de la Iglesia católica? ”El obispo
asintió y yo continué: “Como huésped, ciertamente no haré nada que
no esté de acuerdo con las reglas de quien me hospeda”. “Gracias por
su comprensión”, dijo el anciano obispo. ¿Y qué sucedió? Durante
toda la liturgia él permaneció sentado a mi lado en el coro,
absteniéndose también él de recibir el sacramento. Al final dijo:
“¡Venga, hermano, vayamos al altar e impartamos juntos la
bendición!” ¡Qué experiencia auténticamente ecuménica!
En 1975, en la Abadía de San. John en Minnesota. Durante una
conferencia sobre “El estado actual del ecumenismo”, había expresado
el temor de que habrían de transcurrir muchos años antes de poder
establecer formalmente una fraternidad ecuménica. En seguida se supo
que, en aquel lugar, los estudiantes protestantes, ya desde hacía
varios años, se acercaban a la mesa de la comunión sin haber sido
invitados de manera explícita a hacerlo. “Hemos debido hacer pactos
-dijo un Padre benedictino- y éste es el resultado: ¿quiénes somos
nosotros para censurar la obra del Espíritu Santo?”. La semana
siguiente escuché la misma observación por parte del capellán
católico en el Luther College en Iowa. Sus estudiantes habían
comenzado a participar en la comunión: “No estoy autorizado a
disuadirlos de que lo hagan pero, mientras estoy sentado aquí
observándolos, sólo siento una cosa: y es que como embajador
católico oficial no me pueda unir a ellos”. Hace diez años, en una
catedral católica en el hemisferio sur, le pregunté al arzobispo
oficiante: “Supongo que usted aquí observa las reglas oficiales, así
que ¿puedo permanecer sentado durante la comunión?”. “Hermano, hace
mucho tiempo que aquí no escuchamos nada semejante. Usted vendrá y
recibirá el sacramento inmediatamente después de mí...”
Me apresuro para llegar al punto. Los puntos 86 y 87 de vuestro
Instrumentum laboris me entristecen mucho. Especialmente porque sé
que entristecen a muchos de mis amigos católicos: obispos, docentes,
jefes monásticos. Porque se han presentado conclusiones que se
sostienen con la lógica, pero sin ninguna referencia a los que ha
sucedido y sucede en vuestra Iglesia. No se presta ninguna atención
a las opiniones que no están menos fundamentadas en la Biblia de la
que aquí domina. ¿Es que acaso será útil para el progreso ecuménico
si esta última se publica como voz oficial de la Iglesia católica
romana?
Si creemos verdaderamente que la presencia de Cristo Salvador está
unida al misterio de la Santa Comunión, ¿cómo podemos permanecer con
nuestros altares divididos y no escuchar la dura pregunta del
apóstol que se nos hace: “Cristo ha sido dividido”?
[00279-04.04] [DF006] [Texto original: inglés]
● INTERVENCIONES EN EL AULA
Después han intervenido los siguientes Padres:
- S. Em. R. Mons. Paul Kouassivi VIEIRA, Obispo de Djougou (BENÍN)
- S. Em. R. Mons. Vittorino GIRARDI STELLIN, M.C.C.I., Obispo de
Tilarán (COSTA RICA)
- S. Em. R. Card. Geraldo Majella AGNELO, Arzobispo de São Salvador
da Bahia, Presidente de la Conferencia Episcopal (BRASIL)
- S. Em. R. Mons. Basil Myron SCHOTT, O.F.M., Arzobispo
Metropolitano de Pittsburg de los Bizantinos, Presidente del Consejo
de la Iglesia Rutena (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Mons. Paul Kouassivi VIEIRA, Obispo de Djougou (BENÍN)
“Es al final de la vieja cuerda que se entrelaza la nueva”. Con este
proverbio africano, ante esta augusta asamblea sinodal, querría,
ante todo, rendir homenaje a nuestros valerosos misioneros, de
manera particular a los Padres Misioneros Africanos de Lyon que
celebrarán, dentro de poco, el 150º aniversario de su Fundación.
Gracias a ellos, nosotros estamos formados y educados en la
autenticidad de la fe de la Iglesia Católica respecto de la
Eucaristía. Lo que nosotros vivimos hoy, y que es esencial en esta
intervención, se lo debemos enteramente a ellos. No existe
generación espontánea en lo que se refiere a la Eucaristía. “Les he
transmitido lo que yo mismo he recibido” decía el apóstol Pablo!
Nuestro antecesor, Monseñor Louis Parisot, el último arzobispo
francés de Cotonou antes de la formación de la jerarquía autóctona,
resumía la fe católica con esta trilogía “Cruz, Hostia, Virgen”. Es
la esencia de nuestra fe, la esencia de la Iglesia.
Recordé este particular para subrayar, ante todo, nuestra
responsabilidad no sólo hacia la Iglesia de hoy, sino también hacia
la generaciones futuras y, en segundo lugar, para proponer la
tenacidad y la devoción de estos misioneros que no estaban en
condiciones mejores que nosotros en lo que a número y medios se
refiere y que, sin embargo, no ahorraron nada de su tiempo, de su
vida, de su persona para que la Eucaristía pudiese ser celebrada,
conocida, amada y deseada, porque ellos creían que fuese el corazón
de todo. En fin, para aprender de su praxis que una celebración
apropiada de la Eucaristía, también en las comunidades
catecumenales, es la mejor y primera catequesis sobre ella. Es
gracias a esta herencia que la Iglesia de Benín vive hoy de manera
verdaderamente edificante.
Para compensar la falta de la celebración eucarística del domingo,
los sacerdotes durante la semana recorren las aldeas y las
comunidades con turnos organizados de manera que ninguno se quede
sin Misa. Las celebraciones litúrgicas en ausencia del sacerdote no
parecen ser un problema para nuestros fieles y no parece ni siquiera
que generen confusión! Por otra parte, los esquemas propuestos,
excluyendo cada oración eucarística y, por lo tanto, cualquier
fórmula de la Institución, previenen este riesgo. En esta atmósfera
de benevolencia muy favorable a la Eucaristía, son tres los puntos
que los Pastores del país se proponen subrayar y someter a vuestra
atención.
1. La Eucaristía como sacrificio de la Nueva Alianza. En una cultura
tradicional que conoce la práctica de la sangre con la cual dos o
más personas establecen una alianza de por vida, no podemos hacer
otra cosa sino subrayar esta dimensión de la alianza entre Cristo y
el hombre, entre el Cristo y su pueblo.
2. En el plano de la catequesis y de la formación, esta dimensión de
la alianza nos ayuda a no reducir la Eucaristía a un simple rito,
sino a hacer de ella una alianza que quiere impregnar con su
implicancias cada campo de la vida humana, de manera que cada
cristiano pueda decir como San Pablo “no soy yo el que vive sino
Cristo que vive en mí”. En el contexto de un gran florecimiento de
vocaciones sacerdotales (Benín, en la iniciación de este año
académico, cuenta con 500 seminaristas adultos) y de vocaciones a la
vida consagrada. Esta dimensión se convierte en un criterio de
discernimiento alerta y diligente. Contribuye, además, a vivir el
precepto dominical con amor más intenso sin hacer de éste un peso,
sino más bien, una necesidad natural de la alianza.
3. En el plano nacional, la Eucaristía se convierte para nosotros en
el camino de la verdadera unidad, como habían subrayado los Padres
del Sínodo Especial para África, tratemos de entender que solamente
la sangre de Cristo puede crear la unidad en una nación que cuenta
con más de 50 etnias listas a oponerse y enfrentarse cuando son
instrumentalizadas por los políticos para fines electorales.
La Eucaristía es el verdadero sacramento de la Esperanza para cada
hombre. Agradecemos al Papa Juan Pablo II por habérnosla indicado
como la luz para proyectar incesantemente sobre nuestra identidad y
nuestra misión. Las tres exhortaciones: Ecclesia de Eucharistia.
Redemptionis Sacramentum y Mane Nobiscum nos ayudan a custodiar la
mies y combatir los pequeños abusos que se insinúan furtivamente en
la manera de conducirse de algunos sacerdotes (comportamiento,
vestimenta, desproporciones verdaderamente graves de ciertos
elementos, etc.)
[00266-04.02] [IN208] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Vittorino GIRARDI STELLIN, M.C.C.I., Obispo de
Tilarán (COSTA RICA)
l. -Podemos contemplar al Misterio Eucarístico como el don y
sacramento de la relación: la Eucaristía en efecto establece una
relación con el misterio salvífico de la Pascua, por una parte, y
con la vida de la Iglesia y de la entera humanidad, por la otra. Es
contemplada en relación a Cristo que la instituye y la entrega, y en
relación a la Iglesia que de ella vive. Todo lo creado, originado
por la Palabra eterna ( cfr. In 1 1-2), vuelve a Dios, en cuanto
redimido, recreado por la misma Palabra hecha carne ( cfr. In 1,14).
Desde esta perspectiva, toda celebración eucarística es siempre una
"santa Misa sobre el mundo", y punto de convergencia todo lo creado;
ella es siempre la acción litúrgico-misionera por excelencia.
En relación a la Iglesia, la Eucaristía es don y gracia que la va
construyendo y que hace posible el seguimiento y sostiene su
compromiso misionero y el testimonio por el Reino, como compromiso
«excitante y difícil, que requiere dedicación plena, incluso hasta
el martirio» (n° 89).
El Cenáculo eucarístico es el Cenáculo de Pentecostés, del cual
salen los Apóstoles, afirmando: «No podemos callar lo que hemos
visto y oído».
2.- Todo lo anterior es verdad, pero hay una certeza que creo
importante y que sin embargo no he encontrado en el Instrumentum
Laboris. Me refiero a la prioridad de la Misión con respecto a la
Iglesia y, entonces, a la Eucaristía. Es decir, la Misión brota de
la acción de Cristo y de su Espíritu, teniendo en el amor fontal del
Padre su origen primero (AG 2). El Amor "exagerado" (hasta el
extremo) que Cristo nos manifiesta en la Eucaristía es el Amor del
Padre que lo ha enviado al mundo, como Cristo mismo lo afirmó a
Nicodemo: «tanto amo Dios al mundo que le ha enviado (entregado) a
su Hijo» (In 3,16). La Misión no es entonces sólo el medio con que
la Iglesia -Eucarística lleva la fe a los pueblos que aún no conocen
a Cristo, y con que se hace presente en donde aún no lo está (AG 6)
sino que es su modo concreto de estar a disposición de su Fundador y
de su Espíritu. No comienza la Misión con la Iglesia, sino que ésta
se pone a disposición de la Misión, constituida ella misma en
Misión. ¡ La Iglesia es Misión!
Desde esta perspectiva, la Iglesia-Eucarística es a la vez fruto y
realización del movimiento misionero que tiene en Dios Trinidad la
razón de su dinamismo, y portadora responsable de la misma, hasta
los últimos confines de la tierra.
[00267-04.02] [IN209] [Texto original: español]
- S. Em. R. Card. Geraldo Majella AGNELO, Arzobispo de São Salvador
da Bahia, Presidente de la Conferencia Episcopal (BRASIL)
Me refiero al nº 33 del "Istrumentum Laboris" donde se trata la
percepción del misterio eucarístico entre los fieles, y se recuerda
el "profundo sentido espiritual de los sufrimientos de los
cristianos en este mundo”.
Sabemos que, desde los primeros siglos del cristianismo, se concedió
especial atención a los fieles que no podían participar en la
celebración del sacrificio eucarístico, razón por la cual se
instituyó la conservación de la Eucaristía, para ir en ayuda de los
varios motivos de tal impedimento.
Toda persona está expuesta a hacer, antes o después, la experiencia
de algún sufrimiento. Deseo poner de relieve la situación de los
enfermos, de los prisioneros y de las personas ancianas con
dificultades para moverse autónomamente.
Coloco aquí la oportunidad y también la necesidad de preparar a los
fieles para que puedan promover la visita del presbítero para la
reconciliación sacramental y luego seguir el cuidado pastoral
llevando la comunión eucarística.
Hoy día, muchas personas se sienten solas por falta de los
familiares cercanos; o porque se las deja en clínicas o centros de
enfermedades permanentes; o por limitaciones en la autodeambulación,
lo que les obliga a estar en cama sin la posibilidad de recibir
visitas de los parientes, de amigos; o también se ven rechazados
porque no producen.
En un mundo con tantos medios de comunicación disponibles, muchas
veces, las personas, aún cuando no están enfermas, fácilmente viven
aisladas y en silencio.
Pero en el momento del sufrimiento, las personas se vuelven
susceptibles y necesitadas del encuentro de la manifestación de la
bondad y de la misericordia de Dios. Así Dios necesita de nuestros
brazos y de nuestro testimonio para realizar la experiencia de su
amor.
[00269-04.04] [IN211] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Basil Myron SCHOTT, O.F.M., Arzobispo
Metropolitano de Pittsburg de los Bizantinos, Presidente del Consejo
de la Iglesia Rutena (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)
Querría hacer algunas reflexiones sobre tres aspectos, las sombras,
el ecumenismo y el ministerio de los sacerdotes de los que se habla
en los números 23 y 86.
Desde una perspectiva oriental, el camino para llegar a la luz se
hace a través y después de la oscuridad de las sombras. Habrá
siempre sombras hasta que no vuelva Cristo. Esto forma parte de la
condición humana. Por nuestra parte, tenemos que ser valientes para
mirar a la cara las sombras y luego llevarles la luz de Cristo. Esto
es lo que está sucediendo en las Iglesias orientales de los Estados
Unidos, que llevan adelante el proceso de una auténtica renovación
de las prácticas litúrgicas como estableció y pidió el Papa Juan
Pablo II. La eliminación de las prácticas litúrgicas o de las
sombras que no son auténticas para la teología y la tradición de las
Iglesias orientales, la nueva introducción del tríptico de
iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, el desarrollo de la
serie de catequesis como las de la “serie Dios con nosotros” para
aquellos que pertenecen a la tradición bizantina y la puesta en
marcha de las series para los de la tradición Siro-antioquiana.
En Estados Unidos hay 17 eparquías de tradición bizantina, de
Antioquía, caldea y armenia. Cuatro de los bizantinos rutenos,
cuatro de los bizantinos-ucranianos, una bizantina melquita, una
bizantina rumana, dos maronitas, dos de los caldeos, una de los
sirios, una siro malabarés, una armenia, cada una con la propia
jerarquía y estructuras eparquiales. Hay también fieles y sacerdotes
de Iglesias, de la iglesia siro-malabarés, etíope o copto-católica
sin jerarquía. Existen además eparquías de nuestros hermanos de las
Iglesias Ortodoxas con la misma tradición. Esta es una situación
eclesial única en el mundo y tiene sus propias bendiciones. Nos
ofrece una tierra fértil para un único diálogo ecuménico tanto
formal como informal con nuestros hermanos y hermanas de las
Iglesias Ortodoxas. Desde el punto de vista práctico, con frecuencia
rezamos juntos también al participar de la respectiva celebración
eucarística. Sin embargo en estas celebraciones permanece el dolor
por no poder compartir la Eucaristía.
Y para concluir, quisiera hablar del clero. Este aspecto parece
faltar en el Instrumentum Laboris. Son las personas a través de las
cuales la Eucaristía llega al Pueblo de Dios. Es necesario ser
pacientes, sostener y apreciar a los sacerdotes de todo el mundo y,
por lo que a mí respecta, a los sacerdotes de los Estados Unidos. La
falta de vocaciones es un problema crucial, como así también la
carencia de una adecuada inculturación de los sacerdotes
provenientes de los países de origen de las respectivas Iglesias
orientales. Nuestro clero, casado o célibe, tiene necesidad de vivir
una auténtica vida de santidad. Deben ser modelos de Evangelio
vivido en sus respectivas tradiciones orientales. Tienen necesidad
de una intensa formación bíblica y teológica en la teologías de los
Padres orientales y, en fin, porque la Eucaristía está en el centro
de nuestra vida, deben ser pueblo de oración en la auténtica
tradición de Oriente.
[00270-04.05] [IN212] [Texto original: inglés]
● COMUNICACIONES
A conclusión de las intervenciones en el Aula, el Presidente
delegado de turno S.Em.R. Card. Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ, Arzobispo de
Guadalajara (México) ha leído el siguiente mensaje:
A S.Em.R. Card. Rodolfo Quezada Toruño, Arzobispo de Guatemala
Telegrama para los que sufren las consecuencias del huracán
Recibidas las dramáticas noticias del huracán y las inundaciones en
Guatemala y América Central, unidos al Santo Padre Benedicto XVI,
los Padres de la Undécima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de
los Obispos hacen llegar a Su Excelencia Presidente de la
Conferencia Episcopal expresión de sentida participación, por
intercesión de la Beata Virgen María, aseguran oraciones por los
difuntos y por el consuelo de los vivos, prometen solidaridad de la
Iglesia Católica, esperan la de los cristianos y de todos los
hombres de buena voluntad.
Por los Padres Sinodales
Card. Francis Arinze, Presidente Delegado
Card. Juan Sandoval Íñiguez, Presidente Delegado
Card. Telesphore Placidus Toppo, Presidente Delegado
[00297-04.02] [NNNNN] [Texto original: español]
A continuación, el Presidente delegado S.Em.R. Card. Telesphore
Placidus TOPPO, Arzobispo de Ranchi (India) ha leído el siguiente
mensaje:
Telegrama a los supervivientes del Terremoto
Para: Su Excelencia, Mons. Rev. Lawrence J. SALDANHA, Arzobispo de
Lahore y Presidente de la Conferencia episcopal de los católicos de
Pakistán
Al tener conocimiento de las trágicas noticias del terremoto en
Pakistán, los Padres sinodales de la XI Asamblea General Ordinaria
de los Obispos, reunidos con el Santo Padre, Papa Benedicto XVI,
envían sus sinceros saludos a su Excelencia, el Presidente de la
Conferencia Episcopal de los católicos de Pakistán y, con sincera
empatía, ofrecen sus oraciones por intercesión de la Santísima
Virgen María, para quienes han perdido sus vidas y para consolar a
los vivos, mientras asegura la solidaridad de la Iglesia Católica, y
anima a los cristianos y a todas las personas de buena voluntad a
que se unan a los esfuerzos humanitarios.
En nombre de los Padres sinodales,
Su Em. Cardenal Francis ARINZE, Presidente-Delegado
Su Em. Cardenal Juan SANDOVAL ÍÑIGUEZ, Presidente-Delegado
Su Em. Cardenal Telesphoro Placidus TOPPO, Presidente-Delegado
[00298-04.02] [NNNNN] [Texto original: inglés]
Después siguieron las intervenciones libres.
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 18:55 con la
oración del Angelus Domini, estaban presentes 240 Padres.
♦ AVISOS
● “BRIEFING”
El “Briefing” de los grupos lingüísticos del sábado 15 de octubre de
2005 tendrá lugar a las 12.00 horas.
● SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves, 13 de
octubre de 2005, a las 12:45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la
Oficina de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de
Prensa sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos (Relatio post disceptationem).
Intervendran:
● S.Em.R. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E.R. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E.R. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vicepresidente de la Comisión para la Información
● S.E. Mons. Luciano Pedro Mendes de Almeida, S.I.
Arzobispo de Mariana (Brasil)
Miembro de la Comisión para la Información
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