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19 - 12.10.2005
RESUMEN
♦ DÉCIMO QUINTA CONGREGACIÓN GENERAL (MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE DE
2005 - POR LA MAÑANA)
♦ AVISOS
♦ DÉCIMO QUINTA CONGREGACIÓN GENERAL (MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE DE
2005 - POR LA MAÑANA)
●
INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
● AUDICIÓN DE LOS OYENTES I
A las 09.00 horas de hoy miércoles 12 de octubre de 2005, con la
oración de la Hora Tertia, ha iniciado la Décimo Quinta Congregación
General, para la Auditio Auditorum I, la Primera Audición de los
Oyentes y la continuación de las intervenciones de los Padres
sinodales en el Aula sobre el tema sinodal La Eucaristía: fuente y
cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia.
Presidente delegado de turno S.Em.R. Card. Telesphore Placidus
TOPPO, Arzobispo de Ranchi (India).
En esta Congregación General, que se ha concluido a las 12.30 horas
con la oración del Angelus Domini, estaban presentes 239 Padres.
●
INTERVENCIONES EN EL AULA (CONTINUACIÓN)
En esta Décimo Quinta Congregación General han intervenido los
siguientes Padres:
- S. Em. R. Card. Jānis PUJATS, Arzobispo de Riga, Presidente de la
Conferencia Episcopal (LETONIA)
- S. Em. R. Mons. Jean-Pierre KUTWA, Arzobispo de Gagnoa (COSTA DE
MARFIL)
- S. Em. R. Mons. Oswald Thomas Colman GOMIS, Arzobispo de Colombo,
Secretario General de la Federación de las Conferencias de los
Obispos de Asia (F.A.B.C.) (SRI LANKA)
- S. Em. R. Mons. Fernando R. CAPALLA, Arzobispo de Davao,
Presidente de la Conferencia Episcopal (Davao, FILIPINAS)
- S. Em. R. Mons. Angel FLORO MARTÍNEZ, I.E.M.E., Obispo de Gokwe
(ZIMBABUE)
- S. Em. R. Card. George PELL, Arzobispo de Sydney (AUSTRALIA)
- S. Em. R. Mons. Joseph MERCIECA, Arzobispo de Malta, Presidente de
la Conferencia Episcopal (MALTA)
- S. Em. R. Mons. Zbigniew KIERNIKOWSKI, Obispo de Siedlce (POLONIA)
- S. Em. R. Mons. Hil KABASHI, O.F.M., Administrador Apostólico de
la Administración Apostólica de Albania Meridional, Obispo titular
de las Torres de Bizacena (ALBANIA)
- S. Em. R. Mons. Fulgence RABEMAHAFALY, Arzobispo de Fianarantsoa
(MADAGASCAR)
- S. Em. R. Card. Attilio NICORA, Presidente de la Administración
del Patrimonio de la Sede Apostólica (CIUDAD DEL VATICANO)
- Revmo. P. Ottaviano D'EGIDIO, C.P., Prepósito General de la
Congregación de la Pasión de Jesucristo
- S. Em. R. Mons. Emile DESTOMBES, M.E.P., Vicario Apostólico de
Phnom-Penh, Obispo titular de Altava (CAMBOYA)
- S. Em. R. Mons. Zygmunt ZIMOWSKI, Obispo de Radom (POLONIA)
- S. Em. R. Mons. Franjo KOMARICA, Obispo de Banja Luka
(BOSNIA-HERZEGOVINA)
- S. Em. R. Mons. Luigi PADOVESE, O.F.M. CAP., Vicario Apostólico de
Anatolia, Obispo titular de Monteverde (Anatolia, TURQUÍA)
- S. Em. R. Card. Marc OUELLET, P.S.S., Arzobispo de Québec (CANADÁ)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S. Em. R. Card. Jānis PUJATS, Arzobispo de Riga, Presidente de la
Conferencia Episcopal (LETONIA)
En las iglesias parroquiales, el lugar particularmente idóneo (en el
presbiterio) para el Santísimo es el altar mayor que acoge el
tabernáculo. En este caso, el altar mayor con su retablo es
verdaderamente el trono de Cristo Rey, y atrae las miradas de todos
aquéllos que están en la iglesia. La presencia del Santísimo en el
área principal de la iglesia da a los fieles la ocasión de adorar a
Dios también fuera del sacrificio de la Misa (por ejemplo, durante
el intervalo de tiempo entre los oficios divinos). De hecho, van a
la iglesia para rezar, no para conversar. Antes de la Comunión es
deber de los sacerdotes invitar a los fieles a la confesión
individual de los pecados. El mejor lugar para la confesión de los
fieles es el confesionario, colocado en la iglesia y construido con
una celosía fija entre el confesor y el penitente. En la medida de
lo posible, los sacerdotes deben favorecer las condiciones para que
los fieles accedan a la Penitencia: en efecto, si los hombres y las
mujeres mueren en pecado, cualquier otro esfuerzo pastoral es vano.
Es oportuno reservar cada día un tiempo para la confesión, en horas
preestablecidas, especialmente antes de la Misa. Si queremos
verdaderamente renovar la vida espiritual del pueblo, nos está
consentido dejar el confesionario sólo cuando el último penitente ha
recibido el perdón. A los sacerdotes y a los laicos que generalmente
participan en la mesa del Señor cada día, se debe aconsejar la
confesión individual más o menos una vez al mes. Para los demás, la
confesión es necesaria al menos cada vez que acceden a la Comunión.
En general, hay que eliminar el abuso de acceder a la Comunión sin
el sacramento de la Penitencia. En el pasado, se tenía la costumbre,
durante la Misa, de ir en procesión a la Comunión, pero con el paso
del tiempo esta práctica fue justamente rechazada por un motivo
pastoral. Como sabemos, en la iglesia el pueblo tiene un
comportamiento colectivo: todos responden a las palabras del
sacerdote, todos, sentados, escuchan las lecturas de las Sagradas
Escrituras, todos están en pie durante el Evangelio, todos se
arrodillan en la consagración y, (¡cosa que nos entristece!) todos
se levantan para participar en procesión a la Comunión - entre ellos
también el fariseo y el publicano, el penitente y el no penitente.
Los fieles temen no participar en esta procesión, ya que de ese modo
se exponen públicamente como indignos. Esta es la causa de que este
abuso haya prevalecido tanto. ¿Qué hay que hacer? Hay que renovar la
costumbre de acceder individualmente a la Comunión para preservar la
libertad de conciencia. La Misa es una acción común, pero la
Comunión tiene que ser individual.
[00282-04.05] [IN216] [Texto original: latino]
- S. Em. R. Mons. Jean-Pierre KUTWA, Arzobispo de Gagnoa (COSTA DE
MARFIL)
En esta ponencia quisiera referirme al número 25 del Instrumentum
Laboris que trata de “la relación entre la Eucaristía y los fieles”.
En Costa de Marfil constatamos con sorpresa que los laicos
participan masivamente en las celebraciones eucarísticas del
domingo, hasta el punto de que no caben en los grandes edificios
religiosos. Y esta participación aumenta durante las grandes fiestas
litúrgicas. También debe destacarse que en muchas parroquias el
número de fieles que participa en la Misa durante la semana está
aumentando permanentemente.
Desgraciadamente, esta participación de masa en la Eucaristía se
reduce con frecuencia a los aspectos exteriores. No todos entienden
el verdadero sentido que nace de la fe en Jesús, hijo de Dios. Entre
las múltiples causas de esta situación, recuerdo el que se refiere a
la ignorancia de la Palabra de Dios. En efecto, la fe no nace
escuchando la Palabra, ¿no será que crece por el contacto con esas
mismas “palabras que ... son espíritu y son vida?” (cfr. Jn 6,63)
Para nadie es un secreto que, durante muchos años, la mayor parte de
los fieles sólo ha tenido acceso a la Palabra de Dios a través de la
predicación de los agentes pastorales. Situación que en muchos
fieles ha llevado inexorablemente a una evidente ignorancia de la
Sagrada Escritura. San Jerónimo decía “que ignorar las Escrituras es
ignorar a Cristo”.
Creer en Jesús es acoger su Palabra y aceptar ponerla en práctica.
Efectivamente la escucha y la meditación de la Palabra de Dios nos
permite, en un cierto sentido, conocer la persona de Cristo,
asimilarla y amarla hasta el punto de desear recibir su Cuerpo como
un ciervo anhela el agua viva.
¿Qué debemos hacer para que la Palabra de Dios sea conocida mejor ?
Se debería dar “derecho de ciudadanía” al apostolado bíblico que
todavía no se conoce en muchas parroquias. Esto podría enseñar a los
fieles la costumbre de acercarse a la Biblia regular y asiduamente.
Para nosotros es urgente conseguir impulsar en las almas de nuestros
fieles el hambre del conocimiento de la Palabra de Dios.
Leyendo y meditando la Palabra de Dios, y comprometiéndose a
vivirla, la mirada del fiel se agudizará y Jesús aparecerá como el
verdadero pan venido del cielo del que necesita absolutamente.
Puesto que la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía están
íntimamente relacionadas, mi deseo es que el argumento del próximo
Sínodo de Obispos trate de la Palabra de Dios, para que podamos
profundizar en el misterio de la fe que es la Eucaristía
[00283-04.05] [IN217] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Oswald Thomas Colman GOMIS, Arzobispo de Colombo,
Secretario General de la Federación de las Conferencias de los
Obispos de Asia (F.A.B.C.) (SRI LANKA)
Si bien los venerables Padres de este Sínodo han hablado mucho sobre
el aspecto doctrinal de la Eucaristía, creo que se podría añadir
algo a lo que ya se ha dicho al respecto de forma clara en los
documentos Ecclesia de Eucharistia , Redemptoris Sacramentum y Mane
nobiscum domine. Para los aquí presentes, es más importante
profundizar en los aspectos pastorales de la cuestión y ver como
podemos impulsar esta devoción para poder hacer que el Señor
eucarístico esté en los corazones y en las mentes de nuestros fieles
en su vida cotidiana.
Junto con esta enseñanza, debemos promover un testimonio visible de
nuestra fe en el Señor eucarístico. Y esto se debe hacer con hechos
más que con palabras. Aquí se ha hecho ya referencia a muchos abusos
y aberraciones en la celebración de la Eucaristía y a la evidente
falta de respeto hacia el Santísimo Sacramento. Naturalmente, tales
abusos por parte de los ministros de la Eucaristía están destinados
a minar la fe de la gente y afectan sobre todo a la generación de
los jóvenes. Se ha hecho referencia al laicismo y al relativismo. Es
una pena que se estén introduciendo incluso en Asia.
En el respeto de las normas litúrgicas comunes, debemos hacer un
estudio exhaustivo de los modelos culturales de los distintos fieles
e integrarlos en nuestra liturgia. Los modelos culturales difieren
de continente a continente y a menudo de país a país. Por eso, los
liturgistas deberán estudiar en las respectivas áreas estos modelos
e integrar en la adoración de la Eucaristía las formas de suprema
adoración.
El documento no subraya un significado muy importante de la
Eucaristía, que podría dar ricos frutos pastorales. Se trata de la
conversión. La Eucaristía es una conversión, de la comunidad
cristiana y de cada uno de los cristianos, al Cuerpo de Cristo. Este
nexo entre Cuerpo eucarístico y Cuerpo místico lo explica san Pablo
en 1Co, 11 y 12. Tenemos que insistir en el hecho de que esta
trasformación es el objetivo del misterio eucarístico.
Para concluir: existe actualmente el grave problema del
fundamentalismo cristiano que afecta a nuestra fe en la Eucaristía.
El Sínodo tiene que tomar en consideración este peligro. De otra
forma, sería como plantar un bonito árbol - nuestra fe en la
Eucaristía - mientras un peligroso virus lo ataca.
[00289-04.04] [IN223] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Fernando R. CAPALLA, Arzobispo de Davao,
Presidente de la Conferencia Episcopal (Davao, FILIPINAS)
En el centro de la Liturgia Eucarística hay un dinamismo por medio
del cual Jesús se revela a sus discípulos. A partir de este proceso
sagrado se vuelven más profundos la comunión y el compromiso
auténticos.
El dinamismo está constituido por tres movimientos relacionados
entre sí: a) el movimiento descendente de la Liturgia de la Palabra,
b) el movimiento ascendente de la Oración Eucarística y c) el
movimiento descendente de la Paz y de la Comunión Eucarística.
El primer movimiento es análogo a la dinámica del Evangelio de san
Juan, allí donde afirma que el Verbo se hizo carne y habitó entre
nosotros (1,4). De modo análogo Jesús desciende a la Sagrada
Liturgia por medio de las Sagradas Escrituras, el celebrante y la
asamblea de fieles, justo como hizo durante su vida pública.
En el segundo movimiento, Jesús asciende, junto con el celebrante y
la asamblea de fieles, desde donde están ellos hasta donde está Él,
es decir, hasta el pan y el vino consagrados, transformados en su
Cuerpo y en su Sangre. Aquí, tanto el celebrante como la asamblea de
fieles lo contemplan de modo más intenso como don auténtico en medio
de ellos.
En el tercer movimiento, Jesús desciende una vez más hasta el
celebrante y la asamblea de fieles. Él les lleva la paz eucarística
y les revela su misión como discípulos comprometidos.
[00236-04.03] [IN200] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Angel FLORO MARTÍNEZ, I.E.M.E., Obispo de Gokwe
(ZIMBABUE)
La Conferencia Episcopal de Zimbabwe realizó su Asamblea Plenaria el
pasado abril sobre el tema: “En nuestro camino de vida, el Señor
Jesús está presente en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía”. Y
fue convocada para responder al año de la Eucaristía y a una
precedente llamada del SECAM para celebrar el año de la Biblia en
África en 2005.
El Instrumentum Laboris nos recuerda todo esto en el número 46: “La
liturgia de la Palabra junto a la liturgia Eucarística, califica la
celebración como un único acto de culto”. También los números que
van del 54 al 56 tratan el mismo argumento.
Nuestras liturgias eucarísticas convocan a muchas personas y
constituyen efectivamente una fiesta y una celebración, con una
participación activa que se expresa con la alegría y el gozo de los
fieles por medio de cantos y danzas.
Quisiera presentaros los principales desafíos que nuestros fieles
deben afrontar, los cuales no son de naturaleza teológica sino de
naturaleza pastoral:
1. La primera dificultad es la disponibilidad y el acceso a la
Eucaristía para muchos de nuestros católicos.
La escasez de sacerdotes y el hecho de que nuestros fieles están
diseminados en vastas zonas rurales, que además sólo disponen de un
sacerdote para celebrar la Eucaristía, una o dos veces al mes o a
veces más.
Esta situación desafía la centralidad de la Eucaristía en la vida de
nuestros fieles. ¿Pueden nuestras comunidades rurales que, sobre
todo, se basan en la celebración de la Palabra, ser llamadas
comunidades eucarísticas? Éste es un problema interesante que podría
discutirse en nuestros grupos.
2. El segundo desafío es la relación entre la Eucaristía y el
matrimonio. En concreto, la Conferencia Episcopal de Zimbabwe ha
publicado este año una segunda Carta Pastoral de la Eucaristía sobre
este argumento, exhortando a los fieles a que aprecien la
importancia de la Eucaristía y su relación con la dignidad del
sacramento del matrimonio, y animándoles a que regularicen su
situación. Muchos católicos que en su juventud se acercaban a la
Eucaristía ya no lo hacen en su vida adulta a causa de sus
matrimonios irregulares.
3. La Eucaristía y el sacramento de la Penitencia proponen un tercer
desafío. Nuestros fieles entienden la relación entre la Eucaristía y
el sacramento de la Penitencia y se acercan con frecuencia a este
sacramento. Se considera la penitencia como un acto de “lavarse las
manos” antes de la comida, que es una costumbre muy extendida; y la
Eucaristía es esta comida. Entre nuestros jóvenes las nuevas
tendencias parecen no apreciar la confesión como antes se hacía.
Esta constituye un reto para nuestros sacerdotes y operadores
pastorales.
4. Para muchos de nuestros fieles la Eucaristía es, antes que nada,
un alimento que tiene sus raíces en la última cena del jueves santo
y no tanto un sacrificio que abraza el entero misterio pascual.
Habría que ofrecer a los fieles una catequesis profunda sobre la
Eucaristía entendida como sacrificio. Ellos, evidentemente, tienen
la capacidad de comprender este aspecto a la luz de su fe
tradicional.
5. La Eucaristía y su dimensión social entre nuestra gente.
Nuestros fieles todavía tienen mucho camino que recorrer para
entender la Eucaristía como fuente y necesidad para compartir con
los demás sus riquezas y posesiones con un espíritu de solidaridad y
como expresión de su comunión con Cristo y su Iglesia. Es decir, un
compromiso verdadero para construir una sociedad más fraterna y más
justa.
Otro reto que también tenemos por delante es cómo hacer la
Eucaristía más importante para los enfermos, los minusválidos
físicos y mentales, las minorías marginadas, los prófugos y
refugiados.
“La Iglesia celebra la Eucaristía y la Eucaristía construye la
Iglesia” Éste es el desafío más grande para todos nosotros.
[00238-04.00] [IN202] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Card. George PELL, Arzobispo de Sydney (AUSTRALIA)
Muchos padres sinodales han hablado de los problemas encontrados por
la Iglesia en todo el mundo. Algunos están causados por nuestros
errores.
El Concilio Vaticano II ha traído grandes bendiciones y progresos
sustanciales, por ejemplo, la continua expansión misionera y los
nuevos movimientos y comunidades. Pero después ha venido también
algo de confusión, una cierta decadencia, sobre todo en occidente, y
un montón de defecciones. No sirven sólo las buenas intenciones.
Dos sectores en decadencia en Oceanía están representadas por el
número de vocaciones sacerdotales en Australia y en Nueva Zelanda
(pero no en toda Oceanía) y por la evidente confusión en la
proliferación de ministros de la Eucaristía.
Mis sugerencias a este Sínodo sobre cómo afrontar estas
“sombras”serían el mantenimiento de la Iglesia latina de tradición
antigua y la disciplina del celibato obligatorio para el clero
diocesano y las órdenes religiosas. Perder esta tradición ahora
supondría un grave error que provocaría confusión en las zonas de
misión y no fortalecería la vitalidad espiritual del primer mundo.
Significaría un distanciamiento de la práctica del Señor, llevaría
graves desventajas prácticas a la acción de la Iglesia -es decir,
financieros- y debilitaría el significado de “signo” del sacerdocio;
debilitaría además el testimonio del sacrificio de amor y de la
realidad de los Novísimos, y el premio del cielo.
Tenemos que recordar la situación de la Iglesia hace quinientos
años, antes de la Reforma. Era una pequeña, débil comunidad separada
de Oriente. La enorme expansión de entonces y la purificación de los
vértices de la Iglesia (imperfecta pero sustancial) se dieron sobre
todo gracias a las vidas de monjas, frailes y sacerdotes célibes.
Los recientes escándalos sexuales no han invalidado estos éxitos.
Pido al Sínodo que prepare otra lista de sugerencias y criterios
para regular el servicio a la Eucaristía, sobre todo los domingos.
“Liturgias en espera de sacerdote” sería mejor que “Liturgias sin
sacerdote”. No existe algo como “liturgia conducida por laicos”,
porque los laicos pueden conducir sólo las oraciones devocionales y
las paraliturgias. La sugerencia del Arzobispo Paolo de Haiti de que
usemos el término “ministros extraordinarios de la Santa Comunión”
es mejor que la de usar “ministros de la Eucaristía”.
Querría apoyar la propuesta de redactar una lista de homilías
temáticas para el año litúrgico. Uno de estos temas debería ser la
naturaleza de la Eucaristía y el papel esencial del sacerdote
ministerial.
Los servicios eucarísticos o las liturgias de la Palabra, cuando
haya sacerdotes disponibles, no deberían delegarse. Estas inútiles
sustituciones de persona no están siempre motivadas por el hambre de
Pan de Vida, sino por la ignorancia y la confusión, puede que hasta
por la hostilidad hacia el ministerio sacerdotal y los sacramentos.
¿Hasta qué punto las celebraciones regulares de los servicios
eucarísticos, un domingo tras otro, representan un verdadero
desarrollo, y no una distorsión, una protestantización que corre el
riesgo de llevar a confusión incluso a quien va normalmente a Misa?
[00268-04.03] [IN210] [Texto original: inglés]
- S. Em. R. Mons. Joseph MERCIECA, Arzobispo de Malta, Presidente de
la Conferencia Episcopal (MALTA)
Referencia nº 65 del Instrumentum Laboris “De la celebración a la
adoración”: repercusiones y consecuencias que el culto eucarístico
tuvo sobre la vida eucarística de la Iglesia antes y después de la
Reforma litúrgica del Vaticano II.
La expresión “culto eucarístico” comprende actos de culto hechos a
la Eucaristía fuera de la Misa, como la adoración Eucarística, las
Cuarenta horas y la fiesta del Corpus Christi, con los que
profesamos nuestra fe en la divinidad de Jesús, Dios y Hombre, en el
pan y el vino consagrados que sobran después de la comunión y la
adoración.
En los primeros tiempos, la Eucaristía no siempre se consumía
durante la ceremonia eucarística. Se conservaba después de la
celebración para darla en viático a los enfermos; otros recibían la
Eucaristía y la llevaban a sus casas. En estos casos, se trataba de
comunión fuera de la Misa, pero conservaba un íntimo vínculo con
ella.
Más adelante, el culto eucarístico se desarrolló separándose de la
celebración eucarística y tuvo su identidad y autonomía propia. La
gente no participaba en la Misa, estaba más interesada en la
elevación lo más alto posible de la hostia que en la celebración
misma. La gente tenía necesidad de ver a Cristo, que antes se
conservaba en el “secretarium”, y de estar en adoración silenciosa.
Así se llevó a cabo el paso de la celebración a la adoración.
El Concilio de Trento, que había ratificado contra los Reformadores
que en la hostia consagrada que sobraba al final de la Misa
permanecía el Cuerpo del Señor y que se dejaba para la adoración del
pueblo, distanció aún más la celebración eucarística.
El interés principal se centraba en la presencia de Jesús en la
Eucaristía y, por tanto, en la adoración, mientras que la
celebración eucarística se dejaba en segundo plano. Se convirtió así
en algo absoluto un aspecto que, si bien esencial para el ministerio
de Cristo como es Su presencia real y la adoración eucarística, no
representa la totalidad que se manifiesta en la celebración
eucarística. En efecto, en ésta se encuentra la comunidad que
escucha la Palabra de Dios, la conversión del pan y el vino en el
Cuerpo y la Sangre de Cristo, la ofrenda al Padre del sacrificio de
la cruz sobre el altar y la comunión con el Cuerpo de Jesús que hace
a la Iglesia una y santa.
Esta situación oscura fue iluminada por la Constitución Sacrosanctum
Concilium del Vaticano II y por otros documentos pontificios, como
el documento Eucaristiae Sacramentum et Inestimabile donum. Aquí se
afirma que la celebración de la Eucaristía es el centro de toda la
vida cristiana y que en la Iglesia todo mana, como de una fuente, de
las celebraciones de la Eucaristía, y todo conduce y debe conducir a
ella, como su finalidad.
Las afirmaciones de estos documentos no quieren poner en duda la
validez del culto eucarístico que ha sido para muchísima gente una
de las fuentes principales de su santificación. La verdad es que la
Reforma litúrgica aspira a situar el culto eucarístico en su
auténtica perspectiva: reconocer el lugar central que debe tener en
la vida de la Iglesia como medio indispensable de santificación. Su
sitio está dentro de la celebración eucarística y no en paralelo con
la Misa. El culto eucarístico no es autónomo e independiente de la
Misa, no la sustituye, sino que está relacionado con ella.
Lejos de quitar validez al culto eucarístico, la Reforma litúrgica
aconseja vivamente el culto de adoración de la Eucaristía por los
frutos espirituales que ésta comporta.
[00271-04.07] [IN213] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Zbigniew KIERNIKOWSKI, Obispo de Siedlce (POLONIA)
1. Los signos litúrgicos y el peligro de abusos: uno espectro muy
amplio
La liturgia se cumple a través del lenguaje de los signos (IL 58)
aunque es la obra de Dios (IL 42). No hay signo más elocuente que el
hecho de partir el pan -cuerpo de Cristo- y dividirlo para comunicar
en la realidad. Cuando en la liturgia se hace bien este gesto -
naturalmente tras una adecuada catequesis - habla directamente a
quien participa en ella de un modo actual y actualizador.
Se notan varios abusos en la celebración eucarística, especialmente
cuando falta o no es suficiente el respeto hacia la Eucaristía. Pero
planteo una pregunta: ¿no constituye acaso un abuso cada error en el
lenguaje de los signos, cuando se quita a los participantes en la
Eucaristía la posibilidad de que el Misterio penetre en su vida,
rompiendo el yugo del hombre viejo? ¿No es aún más evidente esto
cuando no se da el cáliz para beber de él?
Dado que he vivido la experiencia del camino neocatecumenal - desde
el principio al fin - puedo dar testimonio de que la celebración que
se hace poniendo atención en la Palabra y en los signos,
especialmente la fracción del Pan y la participación del Cáliz, hace
milagros. He visto a muchas personas reconciliarse con su historia,
la reunificación de los matrimonios en crisis, muchos cónyuges
abiertos a la vida para formar familias numerosas, muchos jóvenes
que han vuelto a encontrar la orientación en la vida según el
Evangelio y muchas vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio.
El común denominador de todo esto es la participación en el misterio
de la Palabra y del Sacramento celebrado con abundancia de signos.
2. Algunas propuestas
1. Propongo que se asegure la posibilidad de usar plenamente los
signos, con el fin de que la liturgia pueda cumplir su carácter y su
valor formativo y constitutivo para la vida cristiana.
2. Hay que prestar más atención a la catequesis formativa, en la que
no habría que explicar sólo didácticamente los signos, sino que
habría que introducir a los fieles o catecúmenos al misterio a
través de la mistagogia.
3. Tener cuidado de que no haya abusos, ni en el sentido de la falta
de respeto y de distracciones de las que se habla a menudo, como
tampoco en el sentido restrictivo, es decir, de descuidar o ignorar
lo que expresa la dinámica de la Eucaristía. Especialmente observo:
- Es bueno acentuar el carácter y el valor del sacrificio en la
Eucaristía, pero es malo -y es un abuso, en el sentido de falta- que
se infravalore y no se haga presente el aspecto del banquete que
comunica y pone en comunión, es decir, crea el Cuerpo.
- Es bueno subrayar el aspecto de la presencia real, pero es malo -y
es un abuso de omisión- cuando a causa del respeto -quizás
malentendido a veces-, no se usan los signos como, por ejemplo, la
materia del pan que debería tener aspecto de alimento (ut cibus
appareat IGMR 321) y no se concede beber el cáliz cuando esto es
posible (y es recomendable por dilucidiorem signi sacramentalis
formam - IGMR 14, 281).
- Es bueno valorar el momento de la consagración, pero es malo -y es
también un abuso- que falte una buena expresión de la doxología que
a veces en las celebraciones incluso pasa casi inadvertida; como
también la respuesta de la asamblea, es decir, la aclamación “Amén”.
- Es igualmente malo -y es también un abuso- que no se prepare y no
se haga bien una parte tan esencial de la Eucaristía como es la
liturgia de la Palabra.
- Además, es seguramente malo, desde el punto de vista pastoral y
eclesial, no valorar el papel de la asamblea, especialmente en la
Eucaristía dominical, y es únicamente el sacerdote quien “dice la
misa” - como si hiciera un servicio a un grupo o incluso a alguna
persona según las intenciones privadas pagadas previamente.
[00284-04.05] [IN218] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Hil KABASHI, O.F.M., Administrador Apostólico de
la Administración Apostólica de Albania Meridional, Obispo titular
de las Torres de Bizacena (ALBANIA)
Las tres dimensiones de la fe cristiana, martyria, liturgia e
diakonia, constituyen el centro del ser cristianos y de la identidad
cristiana. Asimismo , martyria y diakonia encuentran en la liturgia
su esencia, fuerza y perspectiva.
Por otra parte ¿cómo se puede pensar que tantos mártires en Albania
hayan sido durante tantos años discriminados, arrestados,
perseguidos y asesinados porque fueron testigos de la fe cristiana,
sin la fuerza de la fe profunda en Jesucristo y en su presencia en
la Eucaristía?
Todavía hoy en la ciudad portuaria de Vlora, entre las hermanas de
la Orden de los Servitas, existe una estatua de María donde el
sacerdote, arriesgando su vida, esconde las hostias para las madres
después de celebrar clandestinamente la misa.
La etimología de la palabra griega ‘Eucaristía’ significa
‘agradecimiento’, es decir, en sentido teológico, el más alto
agradecimiento posible al Creador, Salvador, Pastor y Padre, por
todo lo que ha hecho y sigue haciendo por el mundo, la creación y,
sobre todo, por los hombres y su salvación. Y esto sucede gracias a
Nuestro Señor Jesucristo que está de nuestra parte.
En la Eucaristía se cumple una vital y recíproca relación entre Dios
y los hombres. En esta relación y encuentro, Dios se manifiesta
realmente como Emanuel y Buen Pastor que se queda para siempre entre
nosotros y con nosotros.
Jesús, el Hijo de Dios, ha hecho mucho por nosotros los hombres: ha
venido para vivir entre nosotros, ha sufrido por nosotros, ha muerto
en la cruz y ha resucitado. Pero ¿qué habríamos ganado si después de
su ascensión a los cielos nos hubiera dejado solos? ¿Qué habría sido
de su promesa: “Estoy con vosotros todos los días”?
Su presencia real en la Eucaristía es la mejor prueba del
cumplimiento de sus promesas y de su amor.
En la celebración de la Eucaristía se manifiestan especialmente el
encuentro de Dios con su pueblo y la unidad de los cristianos: esta
unidad se vuelve visible en la Iglesia universal con el Papa, en la
Iglesia particular con el Obispo local y en la parroquia con el
párroco.
[00286-04.04] [IN220] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Fulgence RABEMAHAFALY, Arzobispo de Fianarantsoa
(MADAGASCAR)
Mi intervención versa sobre la parte tercera del capítulo II del
Instrumentum laboris: “Ite missa est”. En este inicio del tercer
milenio en el que nuestra sociedad está siempre en movimiento y la
vida familiar se dispersa fácilmente, la familia es la cuna de toda
evangelización, especialmente de la educación y la formación
cristianas. Querría expresar dos deseos: a) el apoyo a la familia
cristiana; b) la formación de los sacerdotes.
a) La Iglesia, después del Concilio Vaticano II, sigue realizando
esfuerzos para la celebración litúrgica. La liturgia de la Palabra
ha tomado el puesto de las oraciones devocionales: rosario, letanías
y cantos tradicionales diversos. Seguramente la celebración es más
rápida, pero la participación efectiva de los fieles se ha reducido
mucho, para dar más espacio a las tres lecturas y a la homilía
dominical.
Sin embargo, como enseña la Familiaris Consortio, la familia es una
pequeña iglesia, la cuna misma de cada comunidad. Tal vez habría que
seguir examinando en profundidad la liturgia, aunque ello signifique
conservar la posibilidad de mantener las formas de oración
devocional de cada familia, resaltar los intercambios de la lectura
compartida del día, las oraciones recitadas y los cantos
tradicionales.
Es verdad que la liturgia consiste mucho en escuchar, pero
expresarse a sí mismos quiere decir que también se ha escuchado
bastante.
b) Otra sugerencia que querría dar es la de animar a las familias a
que recen por las vocaciones. Los jóvenes que acogemos en el
seminario son jóvenes que han superado la edad de la pubertad.
Prácticamente su educación humana ha sido completada. Descubrimos
una disminución de las vocaciones sacerdotales desde que los
Seminarios Menores reciben menos financiación de Roma. Las familias,
de todas formas, no pueden asegurar una larga formación a todos sus
hijos. Es necesario que los seminarios continúen rápidamente la
formación espiritual y doctrinal.
Querría también exhortar a cada gran familia a que ofrezcan un hijo
al servicio de Dios y del bien de la Iglesia. Es bueno animar a las
jóvenes parejas a que pidan al Señor que por lo menos un hijo reciba
Su llamada.
Esta es una misión, una ofrenda que todos nosotros debemos convertir
en “nuestra eucaristía”.
[00290-04.03] [IN224] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Card. Attilio NICORA, Presidente de la Administración
del Patrimonio de la Sede Apostólica (CIUDAD DEL VATICANO)
El Nº 53 del Instrumentum Laboris está loablemente dedicado a la
“probatus Ecclesiae mos” -como lo llama el can. 954 - de la ofrenda
hecha por los fieles para la celebración de las Santa Misa según sus
particulares intenciones.
Lamento tener que destacar que la práctica de hacer celebrar Santas
Misas en favor de los vivos o de los difuntos, ya sea de manera
directa a través de la ofrenda personal dada al sacerdote o en forma
de disposiciones testamentarias o disposiciones relativas a
fundaciones, se vaya rápidamente extendiendo en muchas áreas
eclesiales.
En realidad donde esto sucede se pierde una ocasión positiva para
que crezca el sentido de la participación, tanto espiritual como
material a la Eucaristía y al dinamismo de caridad que de Ella
deriva. El código y los diversos documentos recientes del magisterio
de la Iglesia, de hecho vuelven a proponer, con claridad, los
grandes valores que el gesto de la ofrenda puede y debe expresar: es
una forma de participación personal al sacrificio eucarístico
reconocida en su gran relieve espiritual; es la privación de bienes
propios, en espíritu de sacrificio y de solidaridad, para que se le
dé gloria a Dios y sean promovidos algunos fines de la Iglesia; es
un modo muy concreto y útil para contribuir al sostenimiento de
sacerdotes y a la realización de las actividades apostólicas de la
Iglesia; puede llegar a ser un medio de sostén para los misioneros y
para los sacerdotes de las diócesis más necesitadas en un horizonte
de catolicidad vivida. Por todas estas razones no sorprende que el
decreto de la Congregación para el Clero de febrero de 1991 “Mos
iugiter” recuerde el deber de instruir a los fieles en esta materia
mediante una catequesis específica, reconociendo “el alto
significado teológico”. Como sucede respecto de otros aspectos de la
tradición espiritual, si ya ninguno habla ni expone las razones y el
valor, también esta práctica está destinada a desaparecer.
Indudablemente esta antigua práctica está expuesta a riesgos y
ambigüedad, y por lo tanto son absolutamente necesarias la
vigilancia de los Pastores y la rigurosa corrección por parte de los
sacerdotes en el respeto de las voluntades de los oferentes. El
mejor antídoto contra tales riesgos sigue siendo, en todo caso, la
formación de las conciencias, que ponga en evidencia el valor
auténticamente espiritual de esta forma de participación
eucarística, totalmente fuera de toda lógica contractual o
comercial, y funde así una práctica motivada, premurosa, rigurosa.
Como bien subraya el Instrumentum laboris a este “probatus mos
Ecclesiae” también está tradicionalmente ligada la piedad por los
difuntos: se trata de un aspecto que merece ser cultivado entre
nuestros fieles, que viven, especialmente en el mundo occidental, en
un contexto en el que se tienden a hacer desaparecer las
consideraciones del misterio de la muerte, a tratar el cuerpo del
difunto como un estorbo, a reducir a una genérica memoria la
relación espiritual con él, que la fe cristiana ubica en el cuadro y
el dinamismo de la “communio sanctorum” y en la perspectiva de la
resurrección de la carne. La celebración de Santas Misas por los
difuntos asume por lo tanto un valor educativo también bajo este
aspecto.
[00299-04.03] [IN225] [Texto original: italiano]
- Revmo. P. Ottaviano D'EGIDIO, C.P., Prepósito General de la
Congregación de la Pasión de Jesucristo
Mi reflexión tratará los números 39 sobre la Presencia Real, 37
sobre el Sacrificio, memorial y convivio y, por último, 77 sobre
María Mujer Eucarística del Instrumentum laboris.
Existe preocupación en la Iglesia por el progresivo alejamiento del
pueblo de Dios de la Eucaristía. La secularización del mundo actual
es la “cizaña” que contrasta con el “grano” de la Buena Noticia del
Primer anuncio.
- Vivificar las comunidades parroquiales y misioneras con catequesis
simples y claras sobre el concepto sacrificial de la Eucaristía y
sobre su presencia real. Ayudar a tener los ojos del Buen ladrón que
ve en Jesús, el Señor. Va más allá de la llagas, del escarnio, del
rechazo: lo ve Dios, lo ve Rey aunque esté suspendido en la Cruz.
Creer es ir más allá, es confiar en Dios. En relación a la
observación de la disciplina litúrgica, si se está enamorado de la
Eucaristía el respeto será espontáneo. Es el asombro reencontrado.
- Es importante poner más esmero en la homilía, a veces pobre de
contenido, y recuperar los cursos de Ars dicendi o sagrada
elocuencia.
El aspecto sacrificial, memoria passionis, es el corazón del
misterio pascual. Con Cristo, cabeza del cuerpo místico que es la
iglesia, muere y resurge también la Iglesia y en un sentido más
amplio la humanidad entera y el cosmos. La pasión de la humanidad,
con las injusticias padecidas, el hambre y las violencias, se une a
la Pasión de Jesús y la completa. Hay una profunda relación entre el
misterio de la Eucaristía y Mateo 25, 31-46, “tuve hambre y me
disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me
acogisteis, desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis, en
la cárcel, y acudisteis a mí”. “Señor, ¿cuándo te vimos?” ... “en
verdad os digo cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más
pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”.
Reconocerlo en la Eucaristía y no en aquellos que sufren, es como
dividir a Cristo de sí mismo. Una auténtica vida eucarística abre
los ojos y el corazón para reconocer a Jesús en los “crucificados”
de nuestro tiempo. San Pablo de la Cruz veía escrito el nombre de
Jesús en la frente de los pobres.
¿Cuál es el papel de María en la liturgia Eucarística? La semilla de
mostaza que es su fiat, ha crecido y germinará además de en Belén
también en el Calvario. Jesús le donará una nueva maternidad:
“Mujer, he ahí a tu hijo”. Ahora también los pecadores incorregibles
tendrán una madre en común con Dios y, hasta Judas, si lo quisiera,
tendría la más dulce de las madres. Un nuevo mundo nace en el
cenáculo bajo la Cruz. En principio era el Verbo y el Verbo se hizo
carne, el Verbo se hizo Eucaristía.
Y entonces debemos preguntarnos: ¿Es parte María “Mujer eucarística”
que contempla y adora deteniéndose en el umbral de la Eucaristía o
con su maternidad de manera admirable y misteriosa?
En la Eucaristía Jesús está presente en su totalidad con el misterio
de su encarnación, pasión, muerte y resurrección: ¿se puede entonces
invocar a María también con el título de Madre de la Eucaristía?
[00300-04.04] [IN226] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Emile DESTOMBES, M.E.P., Vicario Apostólico de
Phnom-Penh, Obispo titular de Altava (CAMBOYA)
La Eucaristía es el sacramento de la presencia de Cristo muerto y
resucitado. Es la celebración en memoria del sacrificio redentor de
Cristo, único y definitivo.
En la región budista Theravada, el hombre puede salvarse únicamente
de sí mismo contando con sus propios méritos, los mismos que lo
conducirán, a través de sucesivos renacimientos al Nirvana, que es
la liberación de la vida y la fusión con el absoluto.
Jesucristo se declaró camino, verdad y vida. Para quien Le acoge en
la fe, se trata de dejarse amar y amar a su vez. Dios, que es amor,
ha enviado a su Hijo, que tanto ha amado a los hombres hasta donar
la propia vida para reconciliarlos con el Padre. Este amor del Padre
revelado a nosotros en el rostro de Jesús, llama a todos aquellos
que lo reconocen para que vean en el rostro de todos los hombres y,
de manera especial, de los más pequeños porque “todo aquello que
haréis a uno de estos pequeños a Mí me lo habréis hecho”.
[00272-04.04] [IN214] [Texto original: francés]
- S. Em. R. Mons. Zygmunt ZIMOWSKI, Obispo de Radom (POLONIA)
Referencia a la parte IV, capítulo I Nº 72 y Nº 76 del Instrumentum
laboris (Espiritualidad eucarística)
Es verdad que en la parte II capítulo II y en la parte III capítulo
I del Instrumentos laboris se habla de los sacerdotes como ministros
de la Eucaristía y de la santidad de su vida. Sin embargo, me parece
que en la parte IV de este documento se debe señalar el tema de la
espiritualidad eucarística de los sacerdotes y de los seminaristas.
Hagan esto. Cristo Señor no dice sólo anuncien, relaten, sino que
dice hagan. Y esta palabra es decisiva.
El sacerdocio es un sacramento de acción. Es el sacramento del acto
salvífico y redentivo de Cristo, un acto que ha sido dejado en poder
de los apóstoles en el Cenáculo: Hagan esto en memoria mía. La
Eucaristía no da solamente testimonio de Aquél que nos ha amado
hasta el fin; ella educa a tal amor. La humanidad actual busca
testimonios de transfiguración.
El obispo recuerda al diácono que recibe la ordenación presbiteral:
imita lo que celebrarás, conforma tu vida al misterio de la cruz de
Cristo Señor. El sacerdote debe imitar la Eucaristía que celebra;
imitándola, se convierte en testigo de Cristo eucarístico. Santo
Tomás de Aquino escribió: “La Eucaristía es como el cumplimiento de
la vida espiritual, y la finalidad de todos los sacramentos”. En
estas palabras está basado el Concilio Vaticano II, el cual ha
constatado que “en la santísima Eucaristía está contenido todo el
bien de la Iglesia, es decir el mismo Cristo, nuestra Pascua.
1. Espiritualidad eucarística y de los presbíteros
La Eucaristía es la plenitud de la vida espiritual, porque en ella
está concentrado todo lo que Cristo ha hecho y quiere hacer por los
hombres y con los hombres. Por lo tanto la Eucaristía debe formar
nuestra vida espiritual. La espiritualidad del sacerdote debe ser
una espiritualidad eucarística, porque el sacerdote es ministro de
la Eucaristía. Cada cristiano, pero de modo especial el sacerdote,
debe ser testimonio de la Eucaristía, es decir, ser:
- Holocausto ofrecido por los otros
- Pan para los otros
- Estar siempre con los otros
2. Espiritualidad eucarística de los seminaristas
Por lo que se refiere a la educación eucarística en el seminario, el
Santo Padre Juan Pablo II recordaba a los seminaristas tres cosas:
En la vida del seminarista y sobre todo en el sacerdocio, no debería
faltar jamás el lugar para la oración.
Se debería profundizar el conocimiento acerca de que en los caminos
del mundo se hace presente el mismo Resucitado, que provee la
potencia del Espíritu Santo. Entonces la dedicación a Dios y a los
hombres no será un peso, sino una confiada y gozosa participación en
el eterno sacerdocio de Cristo.
La profunda espiritualidad eucarística de los futuros sacerdotes
debe profundizar en sus corazones el verdadero espíritu misionero.
“Ite, misio est” Sé bien que el Santo Padre Benedicto XVI siempre
cuenta con las muchas vocaciones misioneras de Polonia, país del
Siervo de Dios Juan Pablo II.
[00285-04.03] [IN219] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Mons. Franjo KOMARICA, Obispo de Banja Luka
(BOSNIA-HERZEGOVINA)
Personas eucarísticas - IL Nº 76
Eucaristía y paz - IL Nros. 83, 84
En mi intervención hago referencia a los números 76, 83 y 84 del IL.
Entre los numerosos nombres de los santos y de los beatos de todos
los siglos citados en el IL está también el de un joven laico, el
beato Ivan Merz. Y, evidentemente no sin un motivo. Vista su
actualidad, deseo proporcionar alguna información sobre él. Nacido
en Banja Luka, en Bosnia y Erzegovina, hacia fines del siglo XIX,
vivió solamente 32 años y murió en Zagabria, en 1928, habiendo sido
profesor y maestro de jóvenes y de laicos cristianos.
Por su origen multicultural, su educación intelectual, su formación
y su actividad espiritual, reunía en una única persona una serie de
pueblos y de Estados europeos: junto a Bosnia y Erzegovina y
Croacia, también a la República Checa, Alemania, Hungría, Austria,
Francia e Italia.
Auténtico europeo cristiano dotado de una elevada instrucción
adquirida en Viena y en París, logró armonizar la ciencia y la fe.
Llegó a ser un apóstol incansable de la fe viva y del amor del
Cristo, de la Iglesia y del Sucesor de Pedro, gracias, sobre todo, a
la Acción Católica, instituida por el Papa Pío XI.
Cuarenta años antes del Concilio Vaticano II, dio testimonio con su
propio ejemplo y promovió muchas cosas de la doctrina conciliar
sobre la liturgia y sobre los laicos.
En ocasión de su beatificación, celebrada hace dos años, el Santo
Padre Juan Pablo II dijo:”En la escuela de la liturgia (...) Ivan
Merz creció hasta la plenitud de la madurez cristiana y llegó a ser
un de los promotores de la renovación litúrgica en su Patria.
Participando de la Misa, nutriéndose del Cuerpo de Cristo y de la
Palabra de Dios, extrajo el impulso para hacerse apóstol de los
jóvenes. No por casualidad eligió como lema: “Sacrificio -
Eucaristía - Apostolado”.
El Papa Juan Pablo II subrayó: “El nombre Ivan Merz ha significado
un programa de vida y de acción para toda una generación de jóvenes
católicos. Debe continuar a serlo también hoy”. En nuestros días, la
figura del beato Ivan Merz es un verdadero descubrimiento, una
auténtica ráfaga de frescura, y no solamente para la Iglesia en
Europa.
En el país natal del beato Ivan Merz, Bosnia y Erzegovina, por su
fidelidad a Cristo, sobre todo presente en la Eucaristía, y también
al Sucesor de Pedro, durante siglos, y hasta tiempos recientes, los
católicos debieron padecer frecuentes humillaciones y persecuciones.
También durante las últimas guerras, en los años ‘90, más de la
mitad de los católicos fue expulsada del país, la mayor parte de
ellos aún no ha podido regresar. Sólo en mi diócesis más de los dos
tercios de los fieles, personas pacíficas y promotoras de la
reconciliación, han sido exterminadas sin razón alguna, y esto con
el apoyo de los representantes internacionales.
Casi un quinto de mis párrocos (7) han sido asesinados (y a esto se
agregan un religioso y una religiosa), porque han revelado la
reconciliación y el amor al enemigo, predicándolos y
testimoniándolos incansablemente, porque con sus fieles, no obstante
las iglesias habían sido destruidas, celebraron regularmente la
Misa.
Estos testimonios auténticos de la fidelidad a Cristo, a la Iglesia,
al Evangelio vivido y a su servicio sacerdotal han sellado con la
propia sangre su fe inquebrantable en la `presencia real de Cristo
en la Eucaristía.
Queremos creer que estos sacrificios cruentos de nuestros sacerdotes
y de nuestros religiosos, como así también el sacrificio de muchos
de nuestros fieles laicos de una auténtica “Iglesia crucificada” en
el presente en Europa, unidos al único sacrificio de Jesucristo,
sean fecundos para la deseada reconciliación, para la paz justa y
para la salvación de muchas personas en mi patria y fuera de ella.
[00287-04.03] [IN221] [Texto original: alemán]
- S. Em. R. Mons. Luigi PADOVESE, O.F.M. CAP., Vicario Apostólico de
Anatolia, Obispo titular de Monteverde (Anatolia, TURQUÍA)
Hablo como Obispo de la Iglesia de Anatolia que vio la primera gran
expansión del mensaje de Jesús y en la cual los cristianos son ahora
pocos miles.
En la ciudad de Tarso, patria del apóstol Pablo, los únicos
cristianos son tres monjas que acogen a los peregrinos, quienes,
para poder celebrar la Eucaristía en la única Iglesia-museo que
queda, necesitan un permiso. Lo mismo vale para la Iglesia-museo de
San Pedro en Antioquía.
En esta ciudad nació Juan Crisóstomo, de quien en 2007 se recordará
el 16° centenario de la muerte en exilio. Precisamente Crisóstomo,
con sus homilías, nos recuerda que la Eucaristía ha sido y es el
lugar privilegiado de la parresía. Su memoria, junto con la más
reciente de Obispos como Clemens Von Galen y Oscar Romero, es un
testimonio vivo del vínculo entre el memorial del sacrificio de
Jesús y todos los que en él han encontrado las razones y la fuerza
de un anuncio hecho con inteligencia, con coraje y sin reticencias.
La Eucaristía, como memorial de la ofrenda de Cristo, impone que
hagamos brotar nuestro anuncio de este centro e impone que nuestra
enseñanza moral se base en él, como expresión de la secuela de
Cristo.
La Eucaristía puede remitirnos a lo específico de la moral cristiana
que nace de una visión de fe y en la que el actuar éticamente se
vive como una respuesta religiosa. Desde este punto de vista, es
importante el llamado al ejemplo de los santos, quienes descubrieron
aquel “todavía más” que la donación total de Cristo en la Eucaristía
sostiene y solicita.
[00288-04.05] [IN222] [Texto original: italiano]
- S. Em. R. Card. Marc OUELLET, P.S.S., Arzobispo de Québec (CANADÁ)
El año de la Eucaristía es una rampa para relanzar un movimiento
eucarístico de largo plazo que permitirá la evangelización de la
cultura partiendo de la familia, iglesia doméstica. La crisis
antropológica actual surge de la disgregación de las relaciones
familiares y sociales. Sólo la Eucaristía, fuente de comunión
trinitaria, puede responder a esta crisis cultural y social. La
práctica asidua de asistir a la Misa dominical en familia es una
manera segura y siempre actual de evangelizar la cultura y la
sociedad. La preparación del Congreso Eucarístico Internacional en
Quebec en el año 2008 la promueve, a la luz de las enseñanzas de
Juan Pablo II quien nos ha dejado como herencia esta certeza.
[00301-04.03] [IN227] [Texto original: francés]
Los resúmenes de las intervenciones de dos ulteriores Padres
sinodales, recibidos después del cierre de la redacción del Boletín,
serán publicados en el próximo Boletín numero 20.
● AUDICIÓN DE LOS OYENTES I
Después han intervenido los siguientes Oyentes:
- Hno. Alvaro RODRÍGUEZ ECHEVERRÍA, F.S.C., Presidente de la Unión
de Superiores Generales (U.S.G.) (ITALIA)
- Sra. Henrietta TAMBUNTING DE VILLA, Embajadora de Filipinas ante
la Santa Sede (FILIPINAS)
- Rev.da Hna. Renu Rita SILVANO, Miembro del Comité ejecutivo de la
"International Catholic Biblical Federation"; Directora del Catholic
Bible Institute de Mumbai (INDIA)
- Rev. P. Paul ROUHANA, Sacerdote de la Orden Libanesa Maronita,
Miembro de la Comisión Central y de la Secretaría General del Sínodo
Patriarcal Maronita (LÍBANO)
- Rev.da Hna. Elvira PETROZZI, Fundadora de la Comunidad Cenáculo
(ITALIA)
- Sr. Moysés Lauro DE AZEVEDO FILHO, Fundador y Moderador General de
la Comunidad Católica Shalom (BRASIL)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones de
los Oyentes:
- Hno. Alvaro RODRÍGUEZ ECHEVERRÍA, F.S.C., Presidente de la Unión
de Superiores Generales (U.S.G.) (ITALIA)
El I.L. del Sínodo recalca la esperanza que tiene la Iglesia en sus
jóvenes (IL 74). Esos jóvenes de hoy, viviendo en culturas
globalizadoras caracterizadas por el incesante cambio de
perspectivas, y en una sociedad destrozada por tanta inseguridad
económica y por la glorificación de la violencia, encuentran
difícilmente puntos de apoyo para articular un relato de su propia
vida, que dé sentido, dirección y propósito a sus sueños juveniles.
Hoy más que ayer, necesitamos pues alimentar la sed y el hambre que
experimentan los jóvenes en busca de una experiencia mística de
unión con Jesús. Es, sin duda, una fuerza que atrae a los jóvenes
del mundo de hoy. Desde ese centro, encuentran el movimiento más
íntimo y unificador de sus vidas, aunque éstas oscilen entre la
desesperación y las esperanzas.
Pero ese centro, no es sólo experiencia de tranquilidad y de
pacificación personal. Sino que bebiendo de este manantial en el
encuentro con Cristo, encuentran también la fuerza para descubrir en
el mundo a sus hermanos y hermanas crucificados, los que sufren por
la opresión de las guerras, de la violencia, del hambre. Los que no
tienen futuro. Desde esa fuente y cumbre salen enardecidos por una
nueva pasión y con la fuerza de la gracia para participar en la
misión dela Iglesia en la sociedad y en el mundo. Los jóvenes serán
sin duda, la porción de la Iglesia más sensible en sentir las
esperanzas en ruinas que encuentran día tras día millones de niños y
de jóvenes en el mundo de hoy.
Centro hacia el cual van todas sus acciones, la Eucaristía es
también la cumbre desde donde salen todas sus acciones. De esa
manera, la Eucaristía no está desconectada de las preocupaciones
sociales y políticas que vive el discípulo de Jesús en medio de los
otros hombres y mujeres en el mundo, especialmente entre los pobres.
[00239-04.02] [AU001] [Texto original: español]
- Sra. Henrietta TAMBUNTING DE VILLA, Embajadora de Filipinas ante
la Santa Sede (FILIPINAS)
Queridísimo Santo Padre y todos nuestros buenos pastores y el pueblo
de Dios en este aula majestuosa, me siento casi cohibida por
participar en este Sínodo -yo, una simple ama de casa, una mujer
común. Esto demuestra que la Iglesia en la que creo y que amo con
todo el corazón abraza a todos sus hijos. Oh! Cómo todo es don con
Dios! Su don de fe en el Bautismo, representado cotidianamente en la
Eucaristía- la Eucaristía es, con las palabras de Su Santidad el
Papa Benedicto XVI, “amor que no acaba nunca”
Vengo de un país, las Filipinas, que cuenta con el mayor número de
católicos en Asia y creo que es el tercero en el mundo con tal
característica. Recuerdo aún lo que me dijo el gran Papa Juan Pablo
II, al que todos amamos, en 1996. Me dijo que Dios le ha dado a las
Filipinas dos grandes
dones: la riqueza de nuestra fe y la unidad de nuestras familias.
Aunque si bien esto es aún hoy válido, gracias a Dios, no podemos
cerrar los ojos frente a la triste circunstancia de que nuestra fe
está debilitada y la separación en las familias es causa de
preocupación.
El mes pasado, dos jóvenes estudiantes del liceo, en una de nuestras
escuelas parroquiales se suicidaron. Algunos de sus compañeros de
clase dijeron que, probablemente, estos jóvenes no se sentían amados
por nadie. Los padres de uno de ellos se encontraban en el exterior
por trabajo, y el otro provenía de una familia de separados. El
conflicto de estos jóvenes puede ser también el reflejo del
conflicto de sus padres. Tal vez no conocen lo suficiente a Jesús
para encontrar en Él felicidad y sentido de la vida. Muchos jóvenes,
aún los más grandes, participan en la Misa dominical porque se trata
de una tradición familiar y, por lo tanto, de una costumbre. No
porque “deseo con gran deseo” la Eucaristía, el anhelo del Pan de
Dios”
Esto ocurre porque actualmente mucha gente, sobre todo los jóvenes,
ya no sienten el deseo de Cristo, no advierten la maravilla de la
Eucaristía. El sentido de asombro frente a este “amor que no acaba
nunca” no ha echado raíces en sus mentes, ni conmueve sus corazones.
El centro de gravedad parece estar corrido hacia todo lo atrayente
que ofrece el mundo. Y así muchas vidas se desperdician, lejos de
los tesoros de la Eucaristía.
La Iglesia -mater et magistra- no parece lograr cautivarlos. Tal vez
ellos no la sientan como maestra porque no la percibieron como
madre.
Las parroquias, donde “La Iglesia vive su vida” deben empeñarse -y
hacerlo rápidamente- en convertirse en centros de caridad -amor que
acoge, perdona y salva. Centros que representen un modelo para las
familias, donde las personas, sobre todo los jóvenes, se sientan en
casa, se sientan amados y unidos los unos a los otros. Centros en
los que la liturgia esté viva, una auténtica celebración de fe que
nos lleva al encuentro personal con Jesús - Dios con nosotros.
Necesitamos catequesis -catequesis permanente en varios niveles- que
nos haga acercarnos a Cristo como las Escrituras nos lo presentan,
que nos muestre el rostro de Abba, del Padre, y haga vivir en
nuestras vidas la potencia transformadora del Espíritu.
Santo Padre, a todos nuestros Pastores, Dadnos a Jesús, sólo Jesús,
siempre Jesús, para que, llenos de las maravillas de su amor que no
acaba nunca, y que se manifiesta en la Eucaristía, podamos descubrir
“la alegría y el valor” de proclamar con nuestras vidas: creemos,
esperamos, amamos.
[00240-04.02] [AU002] [Texto original: inglés]
- Rev.da Hna. Renu Rita SILVANO, Miembro del Comité ejecutivo de la
"International Catholic Biblical Federation"; Directora del Catholic
Bible Institute de Mumbai (INDIA)
El Instrumentum Laboris llama a la Eucaristía “Un sacramento de alta
espiritualidad” (75).
Ciertamente ella es tal, como pueden atestiguarlo mi experiencia
positiva y la de otros que he encontrado. Pero debemos hacer aún más
para que sea también así para los llamados católicos del domingo en
India y en el mundo. Un sector en el que nos empeñamos es la mesa de
la Palabra, que, recuerda el IL (Nº64), está ligada íntimamente a la
mesa de la Eucaristía. Otro campo al que se dirigen nuestros
esfuerzos es el de la contemplación y la adoración.
1. En mi experiencia como lector en la parroquia, las personas con
frecuencia me han dicho que encuentran muchos textos y,
especialmente, el Antiguo Testamento, difíciles de entender. Esto se
debe al hecho de que la mayoría de nuestra población no conoce las
Escrituras. Hago un llamado a este Sínodo para que se encuentren
maneras de poner en práctica el llamado efectuado hace 40 años en el
“Dei Verbum” del Vaticano II: para ayudar a los fieles a desarrollar
una “creciente devoción respecto de la palabra de Dios”, para que
puedan experimentar “un nuevo impulso de vida espiritual” (Cfr. DV,
26). Esto debe ser hecho tanto durante como después de la
celebración eucarística. El papel del celebrante, en este caso, es
de crucial importancia: puede hacer mucho más para ayudar a los
laicos a entender y amar la palabra de Dios. Deber hacerlo, tanto en
la manera de “proclamar” (no sólo leer) el Evangelio, como en las
citas bíblicas de sus homilías dominicales. He escuchado muchas
homilías que no presentan a las Escrituras suficientemente vivas o
que no tienen ninguna conexión con las lecturas. De esta manera, uno
sale de la Misa olvidando completamente la palabra de Dios que ha
sido proclamada en la liturgia (justamente como en la parábola de
Jesús “la semilla que cayó junto al camino pero que fue pisada y
comida por los pájaros”. (Cfr. Lucas 8,5).
¡Por otra parte existen sacerdotes que se preocupan por sacar un
rico alimento de la mesa de la Palabra y se los agradezco vivamente!
Recordando el contexto eucarístico en el cual proclaman la palabra
del Señor, ellos tratan de llevar la comunidad a la fe en la
presencia del Señor, hablando a través de las lecturas. ¡Ojalá todos
los celebrantes fuesen así! También en nombre de la Federación
Bíblica Católica aprovecho la ocasión para pedir humildemente a Su
Santidad que convoque para un futuro Sínodo de los Obispos sobre la
gran importancia y urgencia del tema de la Palabra de Dios en la
vida de la Iglesia.
2. Contemplación en la adoración: me gustó mucho el comentario de
nuestro amado Papa Juan Pablo II: “Yo quisiera volver a encender el
asombro eucarístico”...” (Cfr. Eucharistia de Ecclesia, N° 6).
Además dijo: “La presencia de Jesús en el tabernáculo deber ser una
especie de polo magnético que atrae...almas enamoradas de Él,
dispuestas a esperar pacientemente oír su voz... sentir el pálpito
de su corazón” (Cfr. Mane Nobiscum Domine, 18). ¡Tomemos seriamente
estas palabras! Hago un llamado a todos los sacerdotes para que les
enseñen a los fieles (también con el ejemplo) a estar algunos
minutos después de la comunión en completo silencio, para escuchar
con amor el palpitar del corazón de Jesús en el tabernáculo o dentro
de nosotros. Esta devoción profunda al Señor nos hará libres para
donarnos totalmente al Padre. Nos llevará, necesariamente, además,
al generoso servicio al prójimo; de esta manera los frutos de
nuestra contemplación se convertirán en acción apostólica, y serán
“prueba de la autenticidad de las celebraciones eucarísticas” (I.L:
3).
Concluyendo, estoy convencido de que un ministerio, renovado por la
mesa de la Palabra, lleve a un renovado espíritu de contemplación y
adoración. Que este Sínodo pueda crear en nosotros un nuevo
compromiso para hacer de la Eucaristía, tanto “la mesa de la
Palabra” como “la mesa del Pan” (cf MND, 12), un sacramento de
intensa espiritualidad para todos. Gracias.
[00241-04.04] [AN003] [Texto original: inglés]
- Rev. P. Paul ROUHANA, Sacerdote de la Orden Libanesa Maronita,
Miembro de la Comisión Central y de la Secretaría General del Sínodo
Patriarcal Maronita (LÍBANO)
Mi intervención se refiere a la dimensión escatológica de la
Eucaristía según los números 68 y 69 del Instrumentum laboris.
Presentaré este tema partiendo de dos anáforas: la de San Marcos
Evangelista y la de San Santiago, hermano del Señor que se usan en
la Iglesia siro-maronita de Antioquía.
Si la espera de la segunda venida del Señor es normalmente
presentada en las liturgias eucarísticas de Oriente y Occidente como
un acontecimiento del futuro al que la Iglesia se prepara con la
oración, la vigilancia y la esperanza, en las tres oraciones
eucarísticas mencionadas anteriormente se hace referencia como a un
acontecimiento del pasado, del cual, la comunidad eucarística hace
memoria. Por eso, el celebrante se dirige a Cristo en la anáfora de
San Marcos proclamando: “Señor nuestro Jesucristo, nosotros hacemos
memoria de toda tu economía salvífica por nosotros: de tu
concepción, tu nacimiento, tu bautismo... y de tu venida gloriosa
cuando tú juzgarás a todos los hombres, retribuyendo a cada uno
según sus obras...” El teólogo ortodoxo Jean Zizioulas (obispo
actual de Pérgamo), confiere a esta visión particular de la
anamnesis la expresión de “memoria del futuro” que también se
encuentra en la liturgia de San Juan Crisóstomo.
Propongo que se profundice ulteriormente este concepto de “memoria
del futuro” en una época en la que la dimensión escatológica de la
fe está en crisis profunda, donde el sentido cristiano de la
historia se ofusca frente a un cristianismo donde predomina lo
social, y cuyas ambiciones no van más allá de una sociedad humana
más justa y solidaria. Celebrando la Eucaristía como “memoria del
futuro”, los cristianos serán conducidos a meditar el misterio de la
economía de la salvación cumplida por Cristo, no de manera
fragmentaria y selectiva como si fuera una realidad única
soteriológica con aspectos múltiples, desde la Encarnación a la
parusía. Esta realidad que se desarrolla admirablemente durante los
eventos del año litúrgico, encuentra su fundamento y su cumbre en el
misterio pascual, celebrado en la Eucaristía. Peregrinos de Dios,
los cristianos encontrarán en esta “memoria del futuro” la fuerza y
la luz necesarias que llegan desde lo del alto para testimoniar, con
frecuencia en contra de la corriente, los valores liberadores del
Evangelio, en comunión con la pléyade de santos, mártires y
confesores y con “todos aquellos que han agradado al Señor desde
Adán hasta hoy” (oración del ofertorio en el Misal maronita).
[00242-04.03] [AU004] [Texto original: francés]
- Rev.da Hna. Elvira PETROZZI, Fundadora de la Comunidad Cenáculo
(ITALIA)
Soy una pobre y simple religiosa, pero soy testigo de lo que Dios
obra por medio de la Eucaristía hoy en día.
Ante la Eucaristía, he empezado a percibir el dolor profundo de
tantos jóvenes por las calles, a escuchar el grito de su soledad.
Jesús me ha enviado a estos jóvenes con la tristeza de la droga en
el corazón, con el hambre y la sed del sentido de la vida que
todavía no encontraron.
¿Cuál método terapéutico o medicina podía proponerles?
Les he propuesto lo que me ha aliviado y vuelto a dar confianza y
esperanza tantas veces: la Misericordia de Dios y la oración
Eucarística. La Eucaristía no se entiende con la cabeza, sino que se
experimenta con el corazón. Si con confianza te arrodillas ante Él,
sientes que su humanidad presente en la hostia consagrada despierta
la imagen de Dios en ti que ¡vuelve a resplandecer!
Es el “milagro eucarístico” que contemplo desde hace tantos años. La
Eucaristía crea un dinamismo no sólo personal sino de Pueblo.
Algunos jóvenes, al principio, empezaron a levantarse por las noches
para realizar la adoración personal, luego, cada sábado por la
noche, para ellos noche de la desbandada, decidieron arrodillarse
entre las dos y las tres en cada una de las cincuenta comunidades
para orar por los jóvenes extraviados en medio de las propuestas
falsas del mundo.
Después comenzaron a realizar la adoración Eucarística continua.
Se produjo un cambio sustancial en la historia de la Comunidad:
llegaron jóvenes de todas partes, las comunidades se multiplicaron y
nacieron las misiones en América Latina, así como las vocaciones de
familias y de consagrados a Dios en esta obra suya. Y así hizo
explosión lo que el Santo Padre en Colonia llamó la revolución del
Amor.
Con palabras simples he querido relatarles una parte de nuestra
historia para agradecer a Jesús que en la Eucaristía nos ha dejado
entre las manos el tesoro, la medicina y la luz más extraordinaria
para salir de las tinieblas del mal. Los jóvenes con los cuales vivo
desde hace veintidós años han sido para mí, como religiosa, el
testimonio vivo de que la Eucaristía es verdaderamente la presencia
viva del Resucitado y que, también nuestra vida muerta, entrando en
la suya, Renazca.
Verdaderamente si uno está en Cristo, ¡es una criatura nueva!
Gracias por haberme escuchado
[00243-04.06] [AU005] [Texto original: italiano]
- Sr. Moysés Lauro DE AZEVEDO FILHO, Fundador y Moderador General de
la Comunidad Católica Shalom (BRASIL)
En la mayoría de estos nuevos carismas, que son los Movimientos y
las Nuevas Comunidades, se ha experimentado un renovado amor por
Cristo en la Eucaristía. A través de ésta se dejan alcanzar por los
dolores de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo que tienen
hambre de Dios. Esta multitud hambrienta son los "Tomás" de nuestros
tiempos que se resisten a creer en Cristo sin verlo, sin oírlo y sin
tocar su Cuerpo. En la Eucaristía y entre los discípulos de Cristo
alimentados por su Palabra y por su Carne, Jesús se hizo ver, oír y
tocar por los "Tomás".
Uno de los frutos más importantes de la Eucaristía que debemos
cultivar es la "'Parresia". Esta "Parresia" es una palabra griega
que en el nuevo testamento asume el significado de audacia en el
anuncio de Cristo.
En el período del Carnaval brasileño, los jóvenes están expuestos a
grandes peligros y, por ello, la Comunidad Católica Shalom promueve
la evangelización a través del testimonio, la música y el arte.
Durante este evento, tenemos un momento de adoración del Santísimo
Sacramento. Ha sido impresionante observar lo que a muchos les
parece imposible: cien mil jóvenes en profundo silencio de adoración
delante de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Eso fue un
preludio del evento de Colonia. Todavía más impresionante ha sido
constatar los frutos de ésta y de otras acciones del mismo tipo:
muchas conversiones, un gran número de confesiones, compromiso con
la Iglesia con un retorno a participar en la Misa, un despertar de
las vocaciones sacerdotales, además del amor y servicio a los
pobres. Hemos descubierto que la mejor respuesta al desafío de la
secularización es ¡presentar a Cristo con audacia!
Inflamados por el Espíritu Santo que suscita nuevas formas del vivir
eclesial en los Movimientos y Nuevas Comunidades, los laicos, en
comunión con sus Pastores, multiplican las formas y los medios para
atraer con "Parresia" a los ''Tomás'' de este nuevo milenio que, sin
saberlo siquiera, anhelan encontrar a Cristo en la Eucaristía.
[00244-04.04] [AU006] [Texto original: italiano]
Las intervenciones en el Aula de los Oyentes proseguirán en la
Décimo Sexta Congregación General de esta tarde, después de la
Relación posterior a la discusión.
♦ AVISOS
● “BRIEFING”
● SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
● BOLETÍN
● “BRIEFING”
El “Briefing” de los grupos lingüísticos del sábado 15 de octubre de
2005 tendrá lugar a las 12.00 horas.
● SEGUNDA RUEDA DE PRENSA
Se informa a los periodistas acreditados que el jueves, 13 de
octubre de 2005, a las 12:45 horas, en el Aula Juan Pablo II de la
Oficina de Prensa de la Santa Sede, tendrá lugar la segunda Rueda de
Prensa sobre los trabajos de la XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos (Relación posterior a la discusión).
Intervendrán:
● S.Em.R. Card. Francis Arinze
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos
Presidente Delegado
● S.Em.R. Card. Telesphore Placidus Toppo
Arzobispo de Ranchi (India)
Presidente Delegado
● S.E.R. Mons. John Patrick Foley
Arzobispo titular de Neapoli de Proconsolare
Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales
Presidente de la Comisión para la Información
● S.E.R. Mons. Sofron Stefan Mudry, O.S.B.M.
Obispo emérito de Ivano-Frankivsk (Ucrania)
Vicepresidente de la Comisión para la Información
● S.E. Mons. Luciano Pedro Mendes de Almeida, S.I.
Arzobispo de Mariana (Brasil)
Miembro de la Comisión para la Información
● BOLETÍN
El próximo Boletín Nº20 de esta tarde, con el texto de la Relación
posterior a la discusión (texto íntegro en latín y italiano;
presentación en inglés, francés, español y alemán) estará a
disposición de los periodistas acreditados mañana 13 de octubre de
2005 por la mañana a las 09.00 horas, en la apertura de la Oficina
de Prensa de la Santa Sede.
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