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05 - 06.10.2008
RESUMEN
-
PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 6 DE OCTUBRE DE 2008, POR LA POR
LA MAÑANA)
-
SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 6 DE OCTUBRE DE 2008, POR LA POR
LA TARDE)
PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 6 DE OCTUBRE DE 2008, POR
LA MAÑANA)
- RIFLEXIÓN DEL SANTO PADRE
En apertura de la Primera Congregación General de esta mañana, lunes
6 de octubre de 2008, después de la lectura breve de la Hora Tertia,
el Santo Padre Benedicto XVI ha tenido la siguiente reflexión:
Queridos Hermanos en el Episcopado,
queridos hermanos y hermanas,
al comienzo de nuestro Sínodo la Liturgia de las Horas nos propone
una parte del gran Salmo 118 sobre la Palabra de Dios: un elogio de
ésta, su Palabra, expresión de la alegría de Israel por poder
conocerla y, en esa, poder conocer su voluntad y su rostro. Quisiera
meditar con vosotros algunos versículos de este trozo del Salmo.
Empieza así: "In aeternum, Domine, verbum tuum constitutum est in
caelo... firmasti terram, et permanet". Se habla de la solidez de la
Palabra. Ésta es sólida, es la verdadera realidad sobre la cual
fundar su propia vida. Recordemos la palabra de Jesús que sigue las
palabras del Salmo: "Los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra
no pasará jamás”. Humanamente hablando, la palabra, nuestra palabra
humana, es casi una nada de la realidad, un suspiro. Apenas
pronunciada, desaparece. Parece ser nada. Pero ya la palabra humana
tiene un fuerza increíble. Son las palabras que luego crean la
historia, son las palabras que dan forma a los pensamientos, los
pensamientos de los cuales viene la palabra. Es la palabra que forma
la historia, la realidad.
Una vez más la Palabra de Dios es el fundamento de todo, es la
verdadera realidad. Y, para ser realistas, tenemos que contar
precisamente con esta realidad. Debemos cambiar nuestra idea de que
la materia, las cosas sólidas, que se tocan, serían la realidad más
sólida, más segura. Al final del Sermón de la Montaña el Señor nos
habla de las dos posibilidades para construir la casa de nuestra
vida: sobre la arena o sobre la roca. Sobre la arena construye quien
construye sólo las cosas visibles y tangibles, sobre el éxito, sobre
la carrera y sobre el dinero. Aparentemente éstas son las verdaderas
realidades. Pero todo esto un día pasará. Lo vemos ahora en la caída
de los grandes bancos: este dinero desaparece, no es nada. Y así
todas estas cosas, que parecen la verdadera realidad con la cual
contar, son realidades de segundo orden. Quien construye su vida
sobre estas realidades, sobre la materia, sobre el éxito, sobre todo
lo que es apariencia, construye sobre la arena. Únicamente la
Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad, es estable
como el cielo y, más que el cielo, es la realidad. Por esto, debemos
cambiar nuestro concepto de realismo. Realista es quien reconoce en
la Palabra de Dios, en esta realidad aparentemente más débil, el
fundamento de todo. Realista es quien construye su vida sobre este
fundamento que queda permanente. Y así estos primeros versículos del
Salmo, nos invitan a descubrir qué es la realidad y a encontrar de
esta manera el fundamento de nuestra vida, cómo construir la vida.
En el versículo siguiente se lee: "Omnia serviunt tibi". Todas las
cosas vienen de la Palabra, son un producto de la Palabra. "Al
principio era la Palabra". Al principio el cielo habló. Y así la
realidad nace de la Palabra, es "creatura Verbi". Todo está creado
desde la Palabra y todo está llamado a servir la Palabra. Esto
quiere decir que toda la creación, al final, está pensada para crear
el lugar de encuentro entre Dios y su criatura, un lugar donde el
amor de la criatura responda al amor divino, un lugar en el que se
desarrolle la historia del amor entre Dios y su criatura. "Omnia
serviunt tibi". La historia de la salvación no es un pequeño evento,
en un planeta pobre, en la inmensidad del universo. No es una cosa
mínima, que sucede por casualidad en un planeta perdido. Es el móvil
de todo, el motivo de la creación. Todo está creado para que exista
esta historia, el encuentro entre Dios y su criatura. En este
sentido, la historia de la salvación, la alianza, precede la
creación. En el período helenístico, el judaísmo desarrolló la idea
de que la Torá habría precedido la creación del mundo material. Este
mundo material habría sido creado sólo para dar lugar a la Torá, a
esta Palabra de Dios que crea la respuesta y se convierte en
historia de amor. Aquí aparece ya de forma misteriosa el misterio de
Cristo. Es lo que nos dicen las Cartas a los Efesios y a los
Colosenses: Cristo es el protòtypos, el primero nacido de la
creación, la idea por la cual es concebido el universo. Él acoge
todo. Nosotros entramos en el movimiento del universo cuando nos
unimos a Cristo. Se puede decir que, mientras la creación material
es la condición para la historia de la salvación, la historia de la
alianza es la verdadera causa del cosmos. Llegamos a las raíces del
ser llegando al misterio de Cristo, a esta su palabra viva que es el
fin de toda la creación. "Omnia serviunt tibi". Sirviendo al Señor,
realizamos el objetivo del ser, el objetivo de nuestra propia
existencia.
Demos ahora un salto: "Mandata tua exquisivi". Nosotros estamos
siempre en busca de la Palabra de Dios. Ésta no está simplemente
presente en nosotros. Si nos detenemos en la forma, entonces no
hemos comprendido realmente la Palabra de Dios. Existe el peligro de
que veamos sólo las palabras humanas y que no encontremos dentro al
verdadero actor, el Espíritu Santo. No encontramos en las palabras
la Palabra. San Agustín, en este contexto, nos recuerda a los
escribas y a los fariseos consultados por Herodes en el momento de
la llegada de los Magos. Herodes quiere saber dónde nacería el
Salvador del mundo. Ellos lo saben, dan la respuesta justa: en
Belén. Son grandes especialistas, que conocen todo. Y, sin embargo,
no ven la realidad, no conocen al Salvador. San Agustín dice:
indican el camino a los demás, pero ellos mismos no se mueven. Éste
también es un gran peligro en nuestra lectura de la Escritura: nos
detenemos en las palabras humanas, palabras del pasado, historia del
pasado, y no descubrimos el presente en el pasado, el Espíritu Santo
que nos habla hoy en las palabras del pasado. De esta manera no
entramos en el movimiento interior de la Palabra, que esconde y abre
las palabras divinas en palabras humanas. Por esto siempre tenemos
la necesidad del “exquisivi”. Debemos buscar la Palabra en las
palabras.
Así pues, la exégesis, la verdadera lectura de la Sagrada Escritura,
no es solamente un fenómeno literario, no es solamente la lectura de
un texto. Es el movimiento de mi existencia. Es moverse hacia la
Palabra de Dios con las palabras humanas. Sólo cuando nos ajustamos
al misterio de Dios, al Señor que es la Palabra, podemos entrar en
el interior de la Palabra, podemos encontrar verdaderamente en
palabras humanas la Palabra de Dios. Oremos al Señor para que nos
ayude a buscar no sólo con el intelecto, sino con toda nuestra
existencia, para encontrar la palabra.
Al final: "Omni consummationi vidi finem, latum praeceptum tuum
nimis". Todas las cosas humanas, todas las cosas que nosotros
podemos inventar, crear, son finitas. También todas las experiencias
religiosas humanas son finitas, muestran un aspecto de la realidad,
porque nuestro ser es finito y comprende siempre sólo una parte,
algunos elementos: "latum praeceptum tuum nimis". Sólo Dios es
infinito. Y por esto igualmente su Palabra es universal y no conoce
fronteras. Así pues, al entrar en la Palabra de Dios, entramos
realmente en el universo divino. Salimos de la limitación de
nuestras experiencias y entramos en la realidad que es
verdaderamente universal. Al entrar en la comunión con la Palabra de
Dios, entramos en la comunión de la Iglesia que vive la Palabra de
Dios. No entramos en un pequeño grupo, en la regla de un pequeño
grupo, sino que salimos de nuestros límites. Salimos hacia el
espacio abierto, en la verdadera amplitud de la única verdad, la
gran verdad de Dios. Estamos realmente en lo universal. Y así
salimos en la comunión de todos los hermanos y hermanas, de toda la
humanidad, porque en nuestro corazón se esconde el deseo de la
Palabra de Dios que es una. Por esto, tampoco la evangelización, el
anuncio del Evangelio, la misión son una especie de colonialismo
eclesial con el que queremos integrar a los demás en nuestro grupo.
Es salir de los límites de cada cultura para entrar en la
universalidad que nos relaciona a todos, que une a todos, que nos
hace a todos hermanos. Oremos de nuevo para que el Señor nos ayude a
entrar realmente en la “amplitud” de su Palabra y así abrirnos al
horizonte universal de la humanidad, el que nos une con todas las
diversidades.
Al final regresamos nuevamente a un versículo anterior: "Tuus sum
ego: salvum me fac". El texto italiano traduce: “Yo soy tuyo”. La
Palabra de Dios es como una escalera a la que podemos subir y, con
Cristo, también bajar en la profundidad de su amor. Es una escalera
para llegar a la Palabra en las palabras. “Yo soy tuyo”. La palabra
tiene un rostro, es persona, Cristo. Antes de que podamos decir “Yo
soy tuyo”, Él ya nos ha dicho “Yo soy tuyo”. La Carta a los Hebreos,
citando el Salmo 39, dice: "Un cuerpo en cambio me has preparado...
Entonces he dicho: Héme aquí, yo vengo". El Señor se ha hecho
preparar un cuerpo para venir. Con su encarnación ha dicho: yo soy
tuyo. Y en el Bautismo me ha dicho: yo soy tuyo. En la sagrada
Eucaristía lo dice siempre de nuevo: yo soy tuyo, para que nosotros
podamos responder: Señor, yo soy tuyo. En el camino de la Palabra,
al entrar en el misterio de su encarnación, de su ser con nosotros,
queremos apropiarnos de su ser, queremos expropiarnos de nuestra
existencia, dándonos a Él que se ha dado a nosotros.
"Yo soy tuyo". Oremos al Señor para poder aprender con toda nuestra
existencia a decir esta palabra. Así estaremos en el corazón de la
Palabra. Así seremos salvados.
[00020-04.06] [NNNNN] [Texto original: italiano]
SEGUNDA CONGREGACIÓN GENERAL (LUNES 6 DE OCTUBRE DE
2008, POR LA TARDE)
- RELACIONES SOBRE LOS
CONTINENTES
-
RELACIÓN DE S. EM. R. CARD. ALBERT VANHOYE, S.I., RECTOR EMÉRITO DEL
PONTIFICIO INSTITUTO BÍBLICO DE ROMA (FRANCIA)
A las 16.30 horas de día de hoy, en presencia del Santo Padre, con
la oración del Adsumus ha tenido lugar la Segunda Congregación
General para la lectura en el Aula de las Ralaciones de los
Continentes sobre el tema de la XII Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos La Palabra de Dios en la vida y en la misión
de la Iglesia..
Presidente Delegado de turno S. Em. R. Card. William Joseph LEVADA,
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Después del momento de las intervenciones libres de los Padres
sinodales sobre las Relaciones de los Continentes, antes de la
intervención de S. Em. R. Card. Albert Vanhoye, S.I., Rector Emérito
del Pontificio Instituto Bíblico de Roma (FRANCIA), intervino el
Invitado Especial Shear-Yashuv Cohen, Gran Rabino de Haifa (ISRAEL).
A esta Congregación General, que se concluyó a las 18.55 horas con
la oración del Angelus Domini, estuvieron presentes 245 Padres.
RELACIONES SOBRE LOS
CONTINENTES
-
Por África: S.E.R. Mons. John Olorunfemi ONAIYEKAN, Arzobispo de
Abuja (NIGERIA)
-
Por Asia: S.E.R. Mons. Thomas MENAMPARAMPIL, S.D.B., Arzobispo de
Guwahati (INDIA)
-
Per América: S.Em.R. Card. Oscar Andrés RODRÍGUEZ MARADIAGA, S.D.B.,
Arzobispo de Tegucigalpa, Presidente de la Conferencia Episcopal
(HONDURAS)
-
Per Europa: S.Em.R. Card. Josip BOZANIĆ, Arzobispo de Zagreb
(CROACIA)
-
Per Oceanía: S.E.R. Mons. Michael Ernest PUTNEY, Obispo de
Townsville (AUSTRALIA)
Publicamos seguidamente, las Intervenciones sobre los Continentes:
-
Por África: S.E.R. Mons. John Olorunfemi ONAIYEKAN, Arzobispo de
Abuja (NIGERIA)
La Palabra de Dios en al vida y en la misión de la Iglesia: la
historia de África
En el Documento de trabajo, (IL) n.7b, leemos esta pertinente
observación. “En las Iglesias locales de origen más reciente ... el
uso de la Biblia entre los fieles es más amplio que en otros
lugares”.
Dentro del límite de tiempo que se me ha consentido en esta
presentación, deseo ilustrar, si bien brevemente, en qué medida, tal
afirmación es relevante para el continente africano. Dos recientes e
importantes eventos Bíblicos que tuvieron lugar en el continente
africano nos han permitido testimoniar y documentar esta realidad.
El primero de ellos se desarrolló durante el 40º aniversario del
documento del Concilio Vaticano Dei Verbum, celebrado en un
encuentro sobre el apostolado bíblico en África, realizado en Abuja,
Nigeria en junio de 2005. El segundo, más reciente, se realizó en el
2008 cuando la Federación Bíblica Católica llevó a cabo, por primera
vez en el continente africano, la Asamblea Plenaria en Dar es
Salaam, Tanzania. En ambas ocasiones, pudimos escuchar lo que Dios
ha hecho para hacer conocer la palabra de Dios hasta llegar al
último rincón del continente africano, en especial desde el Concilio
Vaticano II. En la actualidad, si miramos nuestro continente,
podemos decir que la palabra de Dios es la buena noticia que ha sido
propagada a lo largo y a lo ancho de todo el continente. No obstante
existan aún desafíos, tenemos muchos motivos de consuelo.
En mi breve presentación, he decido adoptar la división del tema
sinodal en tres partes, como lo podemos encontrar tanto en los
Lineamenta como el Instrumentum Laboris, concretamente:
(a) la Palabra de Dios en África
(b) la Palabra de Dios en la vida de la iglesia en África, y
(c) la Palabra de Dios en la misión de la iglesia en África.
I. LA PALABRA DE DIOS EN ÁFRICA
1. Semina Verbi en la tradición africana: Los documentos
preparatorios del Sínodo destacan la importancia del concepto global
de la Palabra de Dios, que va más allá de los textos de la
Escritura. La Palabra de Dios es el diálogo de Dios con la humanidad
entera que alcanza a los seres humanos de todo sitio y edad. El
Sínodo de África, final y definitivamente, ha rehabilitado y
reconocido la religión tradicional africana y sus culturas, con un
calificado documento donde se reconoce que la religión tradicional
africana es una fe monoteísta, (EIA 7) que cree y venera un único
Dios verdadero, “el Creador”(EIA 57).Se trata del mismo Dios que
jamás se vuelve inaccesible para aquellos que lo buscan con corazón
puro, (LG 15). Obviamente, a causa de las imperfecciones humanas,
este Dios a menudo es buscado a través de imágenes o reflexiones
confusas. Sin embargo, la vedad fundamental es que el Ser Supremo,
Creador del cielo y de la tierra, es el objeto de la adoración y de
la oración de nuestra tradición religiosa africana. Las normas
éticas fundamentales de las religiones de nuestro continente, no
obstante sus propias imperfecciones, reflejan los rayos de la “luz
que ilumina a cada hombre” (Jn 1, 9). Todo esto no sucedió sin la
gracia de Dios, como afirma claramente el Concilio Vaticano II (LG
15). Y esto no sucedió en virtud solamente de una preparatio
evangelica para la acogida, luego, del mensaje del Evangelio, sino
también gracias a un ambiente ya predispuesto y a un terreno fértil
para el anuncio de la Palabra de Dios ya sea a través de las
escrituras como de los ministerios de la iglesia (EIA 57).
Creo que es importante reconocer este aspecto, si queremos explicar
porqué la Fe Cristiana se ha difundido tan rápidamente durante el
siglo pasado en el continente africano, cual obra que “es una
maravilla de la gracia divina” ( EIA 33). Mi difunto padre, que fue
uno de los primeros en abrazar la fe cristiana en nuestra aldea,
alrededor de 1920, me explicó que cuando se convirtió al
Cristianismo, no tuvo que aceptar a un nuevo Dios porque era el
mismo Olorun, el Ser Supremo Yoruba, que ya conocía en la Religión
Tradicional. Edificó su fe cristiana con la gracia de Dios y la
presencia de los misioneros que predicaban el Evangelio. Por lo
tanto, hasta en lo que llamamos Continente Negro, la luz de la
Eterna Palabra de Dios no faltó jamás.
2. África en las Sagradas Escrituras: La Palabra de Dios es también
significado específico de las Sagradas Escrituras que relatan las
historias del pueblo de Dios en la Antigua y en la Nueva Alianza. En
la historia divina, el continente africano estuvo siempre muy
presente. Desde el comienzo, el patriarca Abraham tuvo que
refugiarse en Egipto (Gen 12, 10-20). No podemos olvidar además que
el mismo Egipto se convirtió en la “incubadora” histórica del pueblo
de Israel. La familia de Jacob - Israel - que abandonó la tierra de
Canaán para ir a Egipto por invitación de José, reunía solamente 70
personas (Ex , 5). Permanecieron en las Tierras de Goshen alrededor
de 430 años, (cfr. Ex 12, 40). Con el Éxodo se convirtieron en una
gran nación de 600.000 hombres, “sin contar los niños” (Ex 12, 37).
Pero si además agregamos a sus familias, considerando un término
medio mínimo de cinco personas para cada una, estamos hablamos
entonces de un total de casi tres millones de personas que se
pusieron en viaje!. Fue pues en Egipto que Israel, en sus comienzos,
se desarrolló como nación. En consecuencia, para el pueblo de
Israel, Egipto no es solamente la tierra de las persecuciones y del
éxodo, sino también la tierra del refugio y de la protección.
Durante gran parte de su historia , Israel fue un pequeño estado
ubicado entre grandes naciones: Egipto en el sur, Siria en el Norte,
la Mesopotamia en el este.
En el Nuevo Testamento, Egipto es además la tierra del refugio para
la Sagrada Familia (Mt 2, 13-15). En el día de su pasión fue un
africano, Simón de Cirene, quien ayudó a Jesús a llevar la cruz (Mc
15, 21). En el día de Pentecostés, muchos peregrinos llegaron de
África , de “Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene” (Hch
2,10). El etíope eunuco(Hch 8, 26-39) fue uno de los primeros en
llevar a casa el mensaje cristiano, en el corazón de África.
No debe asombrarnos pues que algunos de los primeros núcleos del
cristianismo, que produjeron no sólo teología y teólogos sino
también mártires y confesores, hayan surgido en África
Septentrional, Cartagena e Hipona, sólo para mencionar algunos. Todo
esto es reconocido y celebrado en la Exhortación post-sinodal de
Juan Pablo II, Ecclesia in Africa n. 31. Creo que es importante
recordar todo esto para que dejemos de pensar en África como nueva y
ajena a la historia de la salvación preservada para nosotros en las
Sagradas Escrituras. Nuestro continente puede hacer alarde de ser
“tierra bíblica” como no osarían hacerlo como muchas de las grandes
naciones cristianas de hoy.
3. Las Escrituras en África hoy. El Concilio Vaticano II estableció
que todos los fieles debían tener amplio acceso a la Palabra de Dios
contenida en las Sagradas Escrituras (DV 22). Muchos esfuerzos
fueron realizados desde dicho Concilio para favorecer el acceso a
los cristianos de África. Existen sin embargo aún muchas
dificultades por superar.
3.1. Los textos de las Escrituras, en sí mismos, pueden constituir
un problema en muchos lugares. El costo de la Biblia que, de hecho,
en muchas partes del mundo puede ser irrelevante, en África puede
llegar a equivaler, en muchos sitios, al sueldo de un mes. Muchas
personas, en consecuencia, no disponen del dinero suficiente para
poseer una Biblia. En este sentido, nos hemos empeñado en producir
Biblias a precios accesibles. A este propósito, debemos elogiar el
trabajo de nuestros hermanos protestantes, que han hecho de esta
tarea una prioridad de su apostolado. En muchos lugares, la Iglesia
Católica ha unido sus propios esfuerzos a los de otros cristianos,
particularmente en el ámbito de la Sociedad Bíblica y tal
colaboración está dando muchos frutos.
3.2. Además del problema de los textos, existe también la cuestión
de la lengua. Muchas lenguas no han encontrado aún una traducción
adecuada de la Biblia. El acceso directo a la Palabra de Dios
contenida en las escrituras permanece pues impedido para quienes
conocen sólo esos idiomas. En esto reside la importancia de la
traducción, que no es una tarea fácil. Y también en esto tenemos que
agradecer el asiduo trabajo de nuestros hermanos protestantes, que
en muchos lugares de África, se han dedicado a la traducción de la
Biblia. La Iglesia Católica, en particular modo, después del
Concilio Vaticano II, ha sumado su esfuerzo a esta tarea, aún con
grandes dificultades. Los medios a disposición para alcanzar este
objetivo y la capacidad necesaria para alcanzar dicho fin, con mucha
frecuencia, son muy carentes. Las traducciones, son muy importantes
para África, pero no se trata solamente de traducir a otro idioma la
Palabra de Dios, sino también de difundir la palabra escrita en un
continente en el cual el analfabetismo está aún ampliamente
difundido. La traducción de la Biblia a las lenguas locales, en
tales circunstancias, hace que los textos sagrados estén disponibles
y sean accesibles también a las personas que no saben leer. Así,
escuchando la lectura en la propia lengua, pueden recibir la Palabra
de Dios a través de los que oyen. En una cultura predominantemente
oral, como la de África, la importancia que tiene oír la Palabra de
Dios no puede ser subestimada. Después de todo, el Señor dijo: “
Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan” (Lc
11, 28). Si bien estoy convencido de que deberían ser bendecidos
todos aquellos que leen la Palabra de Dios, tal vez deberían serlo
aún más aquellos que simplemente la escuchan.
3.3. Sin embargo, aún después de haber escuchado la Palabra de Dios
leída en nuestras propias lenguas, queda todavía la tarea de
interpretarla para impregnar con el verdadero significado del
mensaje del Espíritu Santo a todos aquellos a quienes está dirigida.
Nos encontramos aquí con la tarea de la interpretación, de la
exégesis sea a nivel técnico que a nivel popular. Hemos recibido
muchos testimonios de las maravillas que el Espíritu Santo ha obrado
en los corazones y en las mentes de los cristianos que se acercan
con sencillez a la Palabra de Dios, con fe y amor profundos. Existe
una especie de “instinto espiritual” cristiano para la justa
comprensión de la Palabra de Dios, que a veces provoca vergüenza a
algunos exegetas científicos por su especulación irresponsable. Las
Líneas de Orientación (n. 19, 25) y el Documento de Trabajo (IL n.
38), ambos hablan, en fin, de la Lectio Divina. A partir del
Concilio Vaticano II, esto ha contribuido en gran medida al
apostolado bíblico en África, y en este sentido hemos delineado
varios métodos de lectura, meditación y aplicación de las Escrituras
a la vida de nuestra gente. Sólo para mencionar algún ejemplo, el
monasterio de Dzogbegan, en el norte de Togo y el Centro pastoral de
Lumko en Sudáfrica han producido algunos métodos de estudio,
utilizados en todo el mundo, frecuentemente con modificaciones, pero
siempre con gran provecho.
3.4. Los nuevos medios de comunicación: Si bien mi presentación es
breve, no puedo dejar de mencionar el desafío que presentan los
nuevos medios de comunicación. Hoy en día, computadoras y satélites
han revolucionado la comunicación. Si la Palabra de Dios debe ser
comunicada, como es voluntad del Padre, no podemos ignorar lo que
está sucediendo en el ámbito de las nuevas tecnologías de la
comunicación. Desgraciadamente, la brecha tecnológica entre las
naciones ricas y pobres se hace cada vez mayor, pero la buena
noticia es que justamente estas mismas tecnologías están colmando
esta distancia. Los teléfonos celulares y también Internet
alcanzaron las zonas más remotas, sin electricidad ni telefonía
fija. Las posibilidades para difundir la palabra de Dios, pues van
más allá de lo que se puede imaginar. En muchos lugares de África
existen numerosos y creativos programas y proyectos para difundir el
mensaje de las escrituras con medios diversos de los tradicionales
como los textos y los libros. Se hace imprescindible y urgentemente
necesaria, en consecuencia, la solidariedad y participación de los
recursos a nivel mundial.
II. LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA AFRICANA
“La Palabra de Dios sostiene a la Iglesia a lo largo de su historia”
(Lin. 19). Esto es válido también para la Iglesia en África.
1. La iglesia primitiva fue edificada sobre la Palabra de Dios
contenida en las Sagradas Escrituras. Esto es también así para la
iglesia primitiva de África del norte. Esta tradición han continuado
sin interrupción hasta nuestros días. En esto sentido, las iglesias
coptas de Egipto y de Etiopia se fundan ampliamente en las
Escrituras, como así también otras iglesias de rito oriental.
2. Sin embargo en la actualidad, la atención se dirige sobre todo a
las iglesias más jóvenes de África Sub- Saharianas. La tradición de
la Iglesia Católica, que se estableció en algunos lugares de África
en el siglo XV, permaneció inalterada durante 500 años en países
como Mozambique y Angola. La iglesia que hoy se encuentra en muchas
partes del continente, en cambio, es fruto de una evangelización más
reciente, que se remonta sobre todo al siglo XX,“período de rápido
crecimiento”, como se lo describe Ecclesia in África n. 33. Los
misioneros que llevaron la fe católica a África hacia el final del
siglo XIX y durante la mayor parte del siglo XX fueron hombres y
mujeres de su propio tiempo y de los países de los cuales provenían.
Es por lo tanto natural que la Biblia, en cuanto texto de escritura,
no fuese una prioridad en la vida de la iglesia de esas épocas. Y es
por esto que las primeras comunidades católicas tenían mayor
familiaridad con las doctrinas aprehendidas del catecismo y de las
oraciones de los misioneros que con las citaciones de los capítulos
y los versículos de la Biblia. Esto no significa, sin embargo, que
fueran ignorantes de las Sagradas Escrituras ya que el mismo
catecismo se basaba, indirectamente en ellas. Más importante aún fue
la liturgia. En la misa se leían textos que luego eran comentados en
las homilías. El misal pre-conciliar contemplaba menos lecturas que
el actual pero éstas contenían una amplia selección de pasajes
extraídos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Además, no
debemos subestimar el gran uso de las narraciones bíblicas, muy
populares entre los jóvenes y los niños. A través de esas
publicaciones, gran parte de las historias esenciales de la Biblia
contenidas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, fueron aprendidas
con gran provecho. Había Biblias católicas disponibles pero, al
igual que las traducciones, no tenían mucha difusión. Se solía decir
que mientras los protestantes iban a la iglesia llevando la Biblia
consigo, los católicos iban con sus rosarios y sus misales, si es
que los tenían.
3. Luego llegó el Concilio Vaticano II con su revolución bíblica que
abrió las Sagradas Escrituras a la vida de la Iglesia. El Concilio
dio orientaciones muy claras no solamente en Dei Verbum, en especial
en el capítulo 6 sino también en otros documentos, como la
Constitución dogmática sobre la liturgia, Sacrosanctum Concilium y
también en la formación de los sacerdotes, Optatam Totius, donde las
Escrituras fueron definidas como “el alma de toda la teología” (OT
16). Tales orientaciones fueron escuchadas con gran seriedad por la
iglesia de África. Podemos decir que desde entonces se verificó una
explosión de entusiasmo con respecto a la Palabra de Dios contenida
en las Sagradas Escrituras. Muchos laicos, en particular modo, se
mostraron sedientos de la Palabra de las Sagradas Escrituras.
Trataron de aprender todo lo posible y a veces, por el ansia de
conocimiento, estuvieron dispuestos a saciar su sed en los pozos
envenenados de los territorios no cristianos.
El Concilio confió la responsabilidad del tratamiento correcto de
las Sagradas Escrituras directamente a la guía de las iglesias
locales, es decir, a los obispos que no han descuidado sus propios
deberes. Casi todas las conferencias episcopales poseen una Comisión
bíblica y para la dirección del apostolado bíblico. Dichas
Comisiones están ligadas a las Conferencias episcopales a nivel
regional y continental. A nivel continental, SECAM posee una oficina
de coordinación denominada Centro Bíblico para África y Madagascar
(BICAM) que antes se encontraba en Nairobi y ahora la sede central
del SECAM está en Accra, en Ghana. La estructura continental es
coordinada e integrada a nivel mundial a través de la Federación
Bíblica Católica de la cual la Iglesia africana constituye uno de
los componentes mayores. Mediante esta estructura, el Magisterio de
la iglesia en África trató de animar, promover y coordinar el uso de
las Escrituras en la iglesia. Algunos proyectos sobre la difusión de
la Biblia, como la producción de textos, las traducciones y la
publicación de material bíblico están rigurosamente supervisados por
personal capacitado encargado para ello por la autoridad competente.
Esto ha dado muchos frutos en la mayor parte de las naciones
africanas.
La iglesia africana, a este respecto, aprecia sinceramente el rol de
muchos Institutos de Vida Consagrada, encargados específicamente de
desarrollar el apostolado bíblico. Podemos mencionar, entre otros,
por ejemplo a los Padres y las Hijas de San Pablo (la familia
paulina), que publican copiosamente la biblia y otros materiales
relacionados, como así también la Congregación de la Palabra Divina.
En el ámbito de exégesis científica, la iglesia africana asumió
seriamente la responsabilidad de garantizar que los exégetas y los
teólogos africanos sean adecuadamente sostenidos, alentados y
también guiados en este trabajo. SECAM dispone de una comisión
bíblica, llamada “Commibible”, es decir, de la fusión entre las dos
palabras en inglés Commission y Biblical. Su mandato es precisamente
el de supervisar el trabajo de BICAM y de las otras agencias del
apostolado Bíblico en África. Paralelamente, pero estrechamente
ligado al Commibible, existe además la Asociación de los exégetas
bíblicos africanos, denominada PACE (Asociación panafricana exégetas
católicos). Esta organización realiza regularmente congresos y
reuniones científicas, cada uno o dos años, cuyas discusiones sobres
las escrituras son de altísimo nivel, en el ámbito de las
reflexiones científicas. Sus publicaciones han recibido la
aclamación y el respeto de organismos paritarios en otras regiones
de la Iglesia universal. Su trabajo merece nuestro sostén y nuestro
aliento.
III. LA PALABRA DE DIOS EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA EN ÁFRICA
Hasta ahora hemos visto muchas de las obras que la Iglesia está
realizando en su misión en África, a través de la Palabra de Dios.
Queremos ahora evidenciar algunos puntos.
1. Evangelización Primaria: En primer lugar, África es todavía un
continente de evangelización primaria. Estadísticas recientes
revelan que el porcentaje de católicos en África es de alrededor del
14 %, (EIA 38) que, no obstante, puede considerarse como una cosecha
abundante (EIA 74). La tarea de la evangelización primaria requiere,
evidentemente, que la Palabra de Dios sea anunciada y proclamada con
toda su potencia y su vigor. Esto implica que la Escritura sea
presentada de manera adecuada para aquellos a los que estamos
exhortando a acoger el mensaje cristiano. La catequesis, mediante la
cual realizamos la evangelización primaria, se ha enraizado cada vez
más en las Sagradas Escrituras, según las orientaciones del
Directorio general para la Catequesis como así también con el
ejemplo del Catecismo de la Iglesia Católica.
2. Cuidado Pastoral: Es además misión de la Iglesia guiar a sus
miembros para que vivan coherentemente la fe Cristiana en la vida y
en las ocupaciones de cada día. Y en ese sentido la Palabra de Dios
contenida en las Escrituras es un punto de referencia constante “
luz para mi sendero” Sal 119, 105. Las lecciones de las Sagradas
Escrituras, sea del Antiguo que del Nuevo Testamento, son válidas
siempre, porque la Palabra de Dios dura eternamente. Los cristianos
que, viviendo en el mundo, deben dar testimonio del mensaje del
Evangelio son, de este modo, estimulados para conocer las fuentes de
su fe, profundizando particularmente la Palabra de Dios inspirada,
contenida en las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, las Escrituras,
poseen un rol fundamental en la misión pastoral de la Iglesia hacia
sus miembros.
3. Ecumenismo: Pero la Iglesia tiene una misión a cumplir también
hacia fuera de su redil. Comenzamos con los cristianos que no
pertenecen a nuestra iglesia. Hemos mencionado ya nuestra
colaboración, fundada en el ecumenismo, para la producción de textos
bíblicos y traducciones. Hemos notado, con gran placer, y a la mayor
gloria de Dios , que un mayor conocimiento de las Sagradas
Escrituras por parte de los católicos nos ha acercado a los hermanos
pertenecientes a otras tradiciones cristianas, para quienes las
Escrituras son, a menudo, la principal, y tal vez la única, guía
para la vida cristiana. Cuando somos capaces de leer la Biblia y
rezar juntos, muchos malos entendidos se superan, se hace posible y
proficua la colaboración y se promueve la misión de la Iglesia toda.
Existen, obviamente, dificultades, sobre todo con aquellos grupos
que además de ser fundamentalistas, son anti-católicos declarados.
África, desafortunadamente, es el vertedero de otros continentes que
echan en ella todo tipo de ideas disparatadas, tales como que
nuestra Iglesia no “respeta” la Biblia, y por lo tanto no puede ser
considerada verdaderamente católica. Muchos miembros nuestros se
sienten a menudo en dificultad por los ataques y los abusos de estos
grupos, sobre todo cuando no están adecuadamente preparados para
defender la propia posición católicas. Por esto, muchos fieles
nuestros se encontraron con la necesidad de profundizar las
Escrituras, justamente para poder combatir los ataques dirigidos a
ellos mismos y a la Iglesia. En general, igualmente, creo que el
contacto con nuestros hermanos protestantes se va desarrollando
gradualmente en la dirección apropiada.
4. Dimensión interreligiosa: Aquí hablamos, sobre todo, de las
Religiones tradicionales africanas y el Islam. Si bien existen
algunos miembros de otras religiones, como el Judaísmo, el
Hinduismo, el Budismo, etc. ellos no implican para nosotros
consecuencias pastorales significativas. Mas allá de esto, debemos
relacionarnos con nuestros hermanos africanos que pertenecen a estas
otras religiones, equipados con la Palabra de Dios contenida en
nuestras Escrituras. Ya hablé de aquellos que pertenecen a la
Religión tradicional africana y de los muchos valores y verdades que
ésta tiene en común con nuestra fe cristiana. En mi experiencia, los
seguidores de la Religión Tradicional africana escuchan con gusto
las historias de la Biblia y hasta acogen muchos de sus mensajes.
En cierto modo, lo mismo podría decirse de los musulmanes, que
fundamentalmente reconocen a Jesús por lo menos como profeta. Hablan
acerca del “Evangelio”, aunque podría no ser necesariamente el mismo
que leemos nosotros. Existe, sin embargo, el acuerdo fundamental
acerca de que Dios ha hablado con nosotros a través de sus profetas.
En consecuencia, el respeto por nuestros textos sagrados, en
general, se da por cierto. Considerando, además los numerosos
paralelismos existentes entre el Corán y nuestras Escrituras, de
donde podrían haber sido extraídos, existe un amplio margen para
mantener un discurso común con nuestros hermanos y nuestras hermanas
musulmanes. No obstante esto, la tragedia radica en que no se
trabaja suficientemente en este aspecto, dado que las rivalidades
entre cristianos y musulmanes, en muchos lugares, nacen, obviamente,
por las diferencias, dejando de lado lo que, en cambio, tenemos en
común. Además , existen fanáticos que afirman con descaro, que el
Corán no es más que la versión mejorada y corregida de nuestras
Escrituras. Cuando entonces tienen la libertad de difundir sus
inútiles ideas, el mutuo respeto por los textos sagrados se hace
difícil.
El Concilio Vaticano II, en un único y breve pasaje, ha recomendado
preparar ediciones especiales de las Escrituras para los hermanos
que profesan otra fe. Por lo que sé, poco se ha hecho a este
respecto. Creo que, por lo menos en África, deberíamos hacer algo
más.
CONCLUSION
Se está haciendo mucho en estos días con respecto a la Palabra de
Dios en la Iglesia y especialmente, en la vida y en la misión de la
iglesia en África. Hemos tratado de resumir y dar algunas breves
referencias de la realidad que vivimos en África. Todo esto es obra
del Espíritu del Señor que obra en nuestra iglesia local. Mucho de
lo que allí sucede no está documentado y permanece a nivel local.
Pero justamente es allí donde obra el Espíritu. Con el sínodo
esperamos que el entusiasmo que esta viviendo nuestro continente por
la Palabra de Dios sea reforzado y sostenido. Esperamos además que
el haber hablado de nuestra historia, de los desafíos que tenemos
por delante y de los límites de nuestros recursos, nos permita tener
un mayor sostén de aquellos que nos han ayudado en las necesidades
que he mencionado. Nosotros continuamos confiando en el Espíritu del
Señor Jesús, el Artífice de las Escrituras y el gran Intérprete de
ellas, que habla a todos aquellos que lo escuchan con el corazón.
Que “la Palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza”.
Amén. ( Col. 3, 16)
[00012-04.20] [NNNNN] [Texto original: inglés]
-
Por Asia: S.E.R. Mons. Thomas MENAMPARAMPIL, S.D.B., Arzobispo de
Guwahati (INDIA)
Relación continental Asia
La Palabra en Asia
“El Verbo se hizo carne”
1. Fue en Asia donde el Verbo se hizo carne. Desde allí Su mensaje
de salvación se extendió en todas las direcciones. Pablo escuchó la
llamada del macedonio y se puso en camino hacia Occidente; Pedro
zarpó hacia Roma, Santiago hacia España, Marcos hacia Alejandría,
Tomás hacia la India; Irineo fue a Lión y otros hasta los confines
de la tierra.
2. En Asia la Palabra de Dios fue recibida, meditada por personas y
comunidades, dio forma a tradiciones espirituales que se
convirtieron en patrimonio común de la Iglesia primitiva. Los
primeros Concilios de la Iglesia que tuvieron lugar en Asia
sirvieron para profundizar la reflexión sobre la Palabra de Dios.
Nunca sabremos cuánto de la riqueza cultural y seriedad religiosa de
Asia penetró en esos conceptos y prácticas que hoy consideramos
parte del legado universal de la Iglesia, por ejemplo en áreas como
la doctrina cristiana, la liturgia, la vida monástica, la disciplina
eclesial, el espíritu misionero, etc. Son una parte que no se puede
distinguir de nuestro patrimonio común. De hecho no podemos ignorar
el “carácter asiático” único del que está impregnada la tradición
cristiana bíblica y primitiva.
La Palabra anunciada
3. La historia nos enseña que los monjes sirios llevaron la palabra
de Dios, con gran entusiasmo, hasta Persia, Afganistán, Asia
central, China occidental e India meridional. Dialogaron e
inculturaron, pero compartiendo siempre el mensaje de Jesús con
fervor extraordinario. Tenemos pruebas para poder afirmar que se
relacionaron con zoroastrianos, budistas, maniqueos, taoístas,
confucianos, hindúes, musulmanes, y con los jefes de otras
religiones tribales, como los turcos, los hunos y los mongoles. Las
comunidades cristianas surgieron en lugares remotos como Xian
(China). Los monasterios conocieron un desarrollo como centros del
saber, fortalezas de la teología y la espiritualidad (por ejemplo,
Edesa, Nisibis). Los monjes adoptaron elementos del patrimonio de
las lenguas indígenas, las culturas, las religiones y las ideas que
encontraron en los distintos pueblos. Las expresiones religiosas
locales nacieron espontáneamente.
4. Estas comunidades, todas juntas, probablemente llegaron a contar
con 70 millones de cristianos. Pero, desgraciadamente, debido a la
aparición años más tarde de grandes fuerzas hostiles en el corazón
de Asia, muchas murieron o quedaron muy debilitadas. No obstante,
las comunidades de India meridional y Asia occidental resistieron.
Resistencia de las civilizaciones
5. A parte de estos reveses, las sociedades asiáticas ignoraron la
propuesta cristiana también por otros motivos. Al igual que los
atenienses, que confiaban demasiado en su sabiduría filosófica y no
estaban dispuestos a escuchar la propuesta (el mensaje de Pablo) que
procedía de otro patrimonio cultural, los jefes de las
civilizaciones avanzadas de Asia consideraron que no necesitaban más
de lo que ya habían alcanzado mediante su intenso esfuerzo
intelectual y su búsqueda religiosa. Aunque tenían siempre una
cierta curiosidad por las ideas y experiencias procedentes del
exterior, no creían que el abrumador patrimonio de sabiduría que
habían acumulado necesitara de una revisión seria o de añadidos.
6. Desde el punto de vista histórico, el hecho de que el
Cristianismo fuera proclamado religión oficial del Imperio romano
conllevó que la religión cristiana apareciera a los ojos de los
persas como fiel aliada de Roma, el adversario y el enemigo número
uno de Persia. Desde ese momento, la imagen de aliados con lo
extranjero quedará vinculada a las distintas comunidades cristianas
en varias partes de Asia, desde el periodo colonial hasta nuestros
días, sobre todo porque en la mentalidad de la gente el cristianismo
era claramente representativo de Occidente[1]. Por este motivo las
clases dominantes resistieron a la propuesta cristiana, mientras que
los grupos marginales, como los pequeños grupos étnicos, comunidades
tribales, pescadores, minorías oprimidas, castas humildes o gente
marginada que veían la realidad social desde otro punto de vista
respecto a las clases dominantes, acogieron el poder libertador de
la Buena Noticia (Lc 4,18; Mt 5,3).
Expansión cristiana
7. Tenemos muy presente lo que han logrado los últimos misioneros,
procedentes en su mayoría del mundo occidental: las obras de
personas fervorosas como Javier, Valignano, de Rhodes, Britto, Vaz,
Lievens; personas que supieron adaptarse a las culturas, como De
Nobili, Ricci. Estas almas heroicas, como muchísimas otras,
penetraron en las regiones más inaccesibles, se enfrentaron a los
gobernantes más hostiles, saltaron inmensas barreras culturales,
anunciaron el Evangelio, edificaron comunidades, dieron forma
escrita a las lenguas, dotaron de literatura a los grupos
lingüísticos; se dedicaron a estudios antropológicos, dieron a
conocer al mundo comunidades desconocidas, despertaron el interés
por las reflexiones antropológicas, defendieron a las comunidades
oprimidas, ofrecieron sus servicios en el campo sanitario y
educativo, fundando instituciones impresionantes, presionaron para
obtener reformas sociales, modernizaron sociedades enteras y
sembraron en los corazones de la gente ideas que pudieran conducir
su sociedad hacia la libertad y ofrecer un liderazgo en la Iglesia y
en toda la sociedad. Estas personas dieron inicio a la reflexión
teológica en distintos contextos culturales, con una edificante
dosis de autocrítica, que puso los cimientos del pensamiento
misiológico. Hoy la Iglesia en Asia es lo que es gracias al servicio
extremadamente generoso de estas personas[2]. Y la continuación de
esta obra hoy está en nuestras manos.
La Palabra traducida en Vida: el testimonio
8. Desde los comienzos del cristianismo, los evangelizadores
cristianos gozaron del poder de persuasión porque su “Palabra” se
tradujo en acción. La madre Teresa de Calcuta es un ejemplo
reciente. Los misioneros han conservado su creatividad y han entrado
en nuevas áreas de trabajo. Su servicio en los campos de la
educación y la sanidad es muy apreciado. Además de servir en estos
campos, han intervenido en las áreas de nuevas formas de pobreza:
analfabetismo, desempleo, violencia urbana, desigualdades de género
y de castas, feticidio femenino y adicción a las drogas. Han
aumentado sus servicios para los niños de la calle, las madres
solteras, las familias separadas, los discapacitados, los pacientes
de SIDA/VIH, los enfermos terminales, las víctimas de la violencia,
los inmigrantes, los habitantes de los suburbios, los sin tierra y
los presos. Son muy activos en la lucha por la justicia de los
grupos oprimidos, en el trabajo a favor del cambio social, en la
promoción de la cultura, en la protección del medioambiente, en la
defensa de la vida y la familia; en la defensa de los más débiles,
los oprimidos y los marginados, dando voz a quien se ha visto
privado de ella.
9. Incluso donde el Evangelio encuentra mayor resistencia, el
testimonio evangélico de estas obras socialmente significativas
tiene buena aceptación. El servicio silencioso, pero sincero, es
elocuente en sí mismo. “Sin hablar y sin palabras, y sin voz que
pueda oírse, por toda la tierra resuena su proclama, por los
confines del orbe sus palabras” (Sal 19,3-4). Existen lugares en
Asia en los que el mensaje se comunica más bien “al oído en las
habitaciones privadas” y no es “proclamado desde los terrados” (Lc
12,3). Esta es una opción estratégica en situaciones en las que la
libertad religiosa es limitada, no se trata de una renuncia al
propio deber. De hecho, el deber de comunicar el mensaje sigue
existiendo. En este sentido algunos han llevado su compromiso hasta
el extremo y han dado testimonio de los valores evangélicos y la
causa de Cristo al precio de sus vidas.
La Palabra sigue siendo proclamada
10. En Asia se han hecho enormes esfuerzos para acercar la Palabra
de Dios a la gente. Estos esfuerzos se intensificaron después del
Concilio Vaticano II. Creció la conciencia de la Biblia. Se han
multiplicado las traducciones de la Biblia [3], muchas de las cuales
han sido realizadas en colaboración ecuménica. Ha crecido el
entusiasmo por el mensaje bíblico. Los domingos se dedican al
estudio de la Biblia. Ha aumentado el número de grupos de estudio de
la Biblia: Comunidades cristianas de base, BEC, Pequeñas Comunidades
Cristianas, Grupos carismáticos, asociaciones laicas, grupos de
jóvenes y reuniones de familias. Pequeños grupos de fieles leen la
Palabra de Dios, meditan y aplican el mensaje a su situación y rezan
(algunos según los métodos LUMKO y ASIPA). Necesitan que alguien les
siga. En efecto, sin una guía, el excesivo entusiasmo puede llevar a
una libre interpretación de las Escrituras e incluso los fieles más
antiguos pueden llegar hasta el punto de abandonar la Iglesia y
entrar en algún grupo fundamentalista. Es también un desafío para
los sacerdotes y religiosos a permanecer arraigados a las
Escrituras.
11. Los estudios bíblicos se realizan mediante cursos por
correspondencia, también en lenguas vernáculas. La Biblia y
opúsculos sobre la Biblia están a disposición de los estudiantes en
nuestros colegios e institutos, de los pacientes en nuestros
hospitales y de la gente en general en distintas situaciones de la
vida. Los institutos bíblicos ofrecen un servicio innovador. Los
libros que hacen referencia a la Biblia siguen aumentando en
nuestras bibliotecas. Se proponen cursos bíblicos y teológicos,
programados de manera creativa, para los religiosos, los laicos y
los jóvenes comprometidos. Crece la popularidad de los cursos
durante los fines de semana [4]. Los soportes para el estudio se
producen a gran escala (material audiovisual, pinturas, obras de
arte, películas, CD, casetes, lecciones por Internet y mensajes para
móviles, carteles en lugares públicos). Se celebran también las
semanas de estudio bíblico y los domingos se dedican a la Biblia. Se
está reforzando el uso pastoral de la Biblia. La Biblia ocupa un
lugar importante en los hogares. Existe un interés creciente por la
tradición llamada Lectio divina. Las homilías explican la Palabra de
Dios durante la liturgia. Quizás deberían ser menos académicas y más
significativas para la vida cristiana.
12. Los instrumentos de comunicación popular (danzas, sketchs, obras
de teatro, representaciones, lectura de cuentos) se utilizan
hábilmente para contar las historias de la Biblia. También los
medios de comunicación escrita dan una interpretación cristiana de
los acontecimientos actuales. Los medios electrónicos (Radio
Veritas, Shalom TV) difunden noticias y puntos de vista católicos en
los pueblos más remotos. Los Centros de información católica han
aumentado y se encuentran personas que se dirigen a Cristo buscando
un significado. El compromiso con el mensaje bíblico constituye un
terreno común para las iniciativas ecuménicas.
13. También se está haciendo un gran esfuerzo para transmitir
fielmente las enseñanzas cristianas a las próximas generaciones. A
los niños se les enseña el catecismo tradicional, organizando
concursos, juegos y representaciones que puedan estimular el
interés. No obstante, habría que darle una mayor importancia a un
tipo de comunicación culturalmente significativa. Los jóvenes
adultos estudian la Biblia. Intentan profundizar su comprensión de
los mensajes centrales de la Biblia y aplicarlos a su situación
social. Desean poder compartir con entusiasmo la Buena Noticia. Es
interesante observar que en Asia los jóvenes constituyen el 65% de
la población.
La Palabra alimenta la vida de oración y favorece el crecimiento de
la Iglesia
“Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más
respetuosos de la divinidad” (Hch 17,22).
14. Estas palabras se dirigen con motivo a los asiáticos de nuestros
días, pues siguen dándole mucha importancia a sus religiones en un
mundo que se está secularizando rápidamente. “A pesar del influjo de
la modernización y la secularización, las religiones de Asia dan
signos de gran vitalidad y capacidad de renovación, como se puede
ver en los movimientos de reforma en el seno de los diversos grupos
religiosos” (EA 6). Dialogar con los miembros de una religión viva
puede ser un estímulo para la fe de cada uno. El sentido de lo
sagrado que fomentan es un gran bien para la humanidad.
15. Estamos agradecidos al Señor porque la afluencia a las iglesias
en nuestro continente es elevada y esto nos anima. Se santifican los
domingos. En los pueblos más remotos donde no es posible celebrar la
misa cada domingo, la gente se reúne alrededor de la ‘Palabra de
Dios’ con gran devoción. La vida de oración, tanto en la liturgia
como en otras circunstancias, se enriquece con la lectura de la
Biblia. Son cada vez más numerosos los grupos de oración. La Palabra
de Dios constituye una fuerte motivación para el apostolado además
de hacer más fecundo nuestro compromiso con el Evangelio. La gente
acude numerosa a los retiros carismáticos que anuncian la Palabra de
Dios en todo su poder. La vida de las personas cambia. Las
peticiones de curación atraen a multitudes de personas no
cristianas. Asistimos a verdaderos milagros de curación y de
conversión.
16. Se registra un crecimiento de la Iglesia donde nuestro personal
apostólico (sacerdotes, religiosos y catequistas) está activamente
comprometido en el trabajo misionero entre las ‘comunidades
receptivas’ , visita los pueblos y las casas, establece contactos
individuales y de grupo mediante una interacción directa. Entre
estos grupos podemos citar muchas minorías étnicas (poblaciones
tribales) que se encuentran en distintas partes de China, en las
islas de Indonesia, en el Myanmar septentrional, en Thailandia, en
el nordeste de la India y en otros lugares que han respondido con
entusiasmo a este modo de difundir la Palabra de Dios. Por lo tanto,
el mensaje de Jesús resuena desde las cimas del Himalaya hasta los
lejanos océanos. Y resuena en Asia central.
Formación de los anunciadores: florecimiento de vocaciones en Asia
17. Es evidente que quienes anuncian la ‘Palabra’ deberían recibir
una seria formación teológica y espiritual. La cosecha es realmente
copiosa y, gracias a Dios, también el número de trabajadores sigue
aumentando. En Asia están naciendo vocaciones también en las nuevas
comunidades cristianas. Los seminarios y las casas de formación se
multiplican. Los institutos teológicos, los centros de formación
para catequistas y otros institutos para la formación de religiosos
y laicos también están aumentando. Los que ya existían amplían su
campo de acción y diversifican sus servicios.
18. En Asia se comprende la vida religiosa, se reconoce su
importancia, se aprecia su contribución y se respeta a sus
representantes. Efectivamente, existen modelos nativos de vida
religiosa que pertenecen a otras religiones asiáticas. Valores
religiosos como la renuncia, la austeridad, el silencio, la oración,
la contemplación y el celibato se tienen en gran consideración.
Nacen nuevas congregaciones e institutos de vida apostólica y siguen
surgiendo nuevos movimientos religiosos, pues esa tendencia
corresponde al clima general reinante en la sociedad, en el que cada
religión se renueva y los guías espirituales están muy solicitados.
En Asia se considera a las personas religiosas como los guardas de
la sabiduría, tanto religiosa como humana. Con una formación
adecuada, los jóvenes creyentes pueden crecer y llegar a ser
anunciadores eficaces del mensaje cristiano.
Profundización de la reflexión teológica
“En el proceso de encuentro con las diversas culturas del mundo, la
Iglesia no sólo transmite sus verdades y valores, renovando las
culturas desde dentro, sino que también saca de ellas los elementos
positivos ya presentes” (EA 21).
19. La consolidación de la formación teológica significa también
profundizar en la reflexión sobre la Palabra de Dios en el contexto
de Asia, caracterizado por la pobreza y la injusticia, y por una
pluralidad de religiones, civilizaciones y culturas. Esto implica el
uso de categorías de pensamiento, símbolos y tradiciones
espirituales que tengan un significado para los asiáticos. Esta
tarea es un gran desafío para quienes enseñan la ‘Palabra’.
20. Como sabemos, las palabras asumen connotaciones diferentes según
los distintos contextos culturales. Si quien enseña se ajusta
demasiado a las expresiones cristianas tradicionales, el mensaje
podría resultar difícilmente comprensible para quienes no pertenecen
al rebaño, mientras que si su principal preocupación es hacerse
entender por estos últimos, podría alejarse demasiado de las
expresiones originales, dando lugar a malentendidos.
21. De todos modos, no se trata de obstáculos que no se puedan
superar. Y cuando se superan, después de serios estudios y maduras
reflexiones, se verifica la inculturación a un nivel muy profundo;
la inculturación no se trata sólo de algunos aspectos externos.
Históricamente, el Evangelio ha superado muchas barreras culturales
en distintas partes del mundo: en el helénico, en el germánico,
celta, eslavo, sirio y egipcio. Cada paso favoreció el desarrollo de
la teología y enriqueció la vida de la Iglesia. Pero fue necesaria
una gran sensibilidad hacia esa cultura y hacia los sentimientos de
la comunidad de creyentes; al igual que un gran sentido de
responsabilidad hacia la Iglesia local y universal, así como
fidelidad a la ‘Palabra’. El Magisterio fue siempre una valiosa
ayuda. Precisamente para favorecer este esfuerzo, las publicaciones
teológicas asiáticas siguen ofreciendo una vasta gama de reflexiones
teológicas indígenas. De este modo, la Iglesia en Asia intenta
contribuir a la “difusión de la Palabra” (Hch 6,7; 12,24; 19,20).
22. Cuando una civilización está estrechamente vinculada a una de
las religiones más importantes (por ejemplo, el Islam, el Hinduismo,
il Confucionismo, el Shintoismo), hay que evaluar con cuidado qué
elementos de esas religiones conviene adoptar para la fe y el culto.
Si quienes enseñan la ‘Palabra’ comienzan a usar expresiones que los
seguidores de esas grandes religiones consideran propias, estos
últimos podrían considerarlo una violación de lo que para ellos es
sagrado y percibir la comunidad cristiana como una imposición
extraña. La iniciativa podría ofender a ambas comunidades. Y al
revés: las expresiones cristianas tradicionales podrían carecer de
atractivo para la mentalidad colectiva de la sociedad a la que va
dirigido el mensaje. No tenemos intención, sin embargo, de renunciar
a nuestros esfuerzos de inculturación a causa de estas dificultades.
23. Cuando al respeto por las culturas y las comunidades se añade la
audacia apostólica y la fidelidad a la ‘Palabra’, se abre un nuevo
camino; y en ese mundo de civilización se amplía el espacio para
nuevas expresiones de fe y de culto. “Gracias a esta acción en las
Iglesias locales, la misma Iglesia universal se enriquece con
expresiones y valores” (RM 52). Y Cristo se encarna en esa cultura;
pero tenemos que proceder con cautela, porque se trata de temas
hacia los que las comunidades son extremada y profundamente
sensibles, pues los asiáticos tienen un profundo sentido de lo
sagrado.
24. Mientras que la sociedad moderna busca en la religión su grado
de importancia para descubrir en ella un significado, los asiáticos
buscan principalmente su profundidad. El Papa Juan Pablo II dijo:
“El contacto con los representantes de las tradiciones espirituales
no cristianas, en particular, las de Asia, me ha corroborado que el
futuro de la misión depende en gran parte de la contemplación” (RM
91). Los pueblos de Asia buscan la profundidad espiritual que deriva
de la experiencia de Dios. Quienquiera que pueda ofrecerles esto,
atrae su atención. En este contexto la experiencia de Dios no se
traduce en una especie de éxtasis, sino que se refleja en la
sinceridad, la autenticidad, el carácter genuino, la coherencia
entre palabras y hechos, la generosidad evidente en el compromiso
con el bien común. Estas personas consiguen siempre que se les
escuche cuando hablan con la unción espiritual.
Compartir la Palabra de Dios en los distintos contextos de la vida
25. La Buena Noticia de Jesús obtiene resultados cuando se difunde
en los distintos contextos de la vida actual. Muchas de las
enseñanzas de Jesús que han llegado hasta nosotros fueron impartidas
durante encuentros normales entre personas. Tocaban los corazones,
cambiaban la vida de las personas y muchos se unían a la comunidad
de los fieles. Esto es lo que está sucediendo hoy en Asia, de manera
silenciosa pero eficaz, gracias al esfuerzo de los fieles cristianos
que llevan un mensaje de paz en las situaciones de conflicto, de
justicia donde existen comunidades oprimidas, de honradez donde
reina la corrupción, de igualdad donde existen diferencias (de
casta, de clase, de género, de raza y de etnia), de ayuda a los
pobres y los hambrientos. Es un modo de dar testimonio de Cristo
diferente respecto a la presentación de un libro que reivindica la
verdad, o a debates y disquisiciones, pero es un modo bien elocuente
de explicar las enseñanzas del Evangelio. Traducen el mensaje
cristiano en vida.
26. En muchos países de Asia, los cristianos viven bajo una fuerte
presión. La libertad está restringida, los neo-conversos son
perseguidos y la comunidad de los fieles es víctima de
persecuciones, como ha sucedido recientemente en Orisa (India). A
pesar de todo, la paciencia, la discreción, la moderación en las
reacciones, el espíritu de perdón manifestados por la comunidad
tienen un poder de evangelización. El compromiso de la comunidad
cristiana con el bien común y el gran interés por la cuestiones
fundamentales de la humanidad (la justicia, la paz, la familia, el
medioambiente, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la
sinceridad, la honestidad, el respeto por la vida, la preocupación
por los más pobres, el sentido profundo de la responsabilidad en los
asuntos humanos) hablan por sí solos. Son temas de interés general y
hablan un lenguaje que todos comprenden; son unos potentes agentes
de transmisión del mensaje del Evangelio.
27. La comunidad cristiana en Asia le está agradecida al Señor
porque cuenta con laicos activos que llevan adelante la misión de
difundir el Evangelio en el campo de la educación, la política, la
administración, la legislación, la magistratura, la ciencia, la
tecnología, la familia, los servicios para los jóvenes, el arte y la
música. Construyen puentes entre culturas, identidades étnicas,
ideologías, filosofías, intereses políticos y económicos, aunque
sean tareas que exigen siempre mucho esfuerzo.
28. Pedro exhortó: estad “siempre dispuestos a dar respuesta a todo
el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero, hacedlo con dulzura
y respeto” (1 P 3,15-16). Gran parte de la teología cristiana de los
comienzos deriva de los escritos de los Padres de la Iglesia que
intentaron explicar la fe tanto a los amigos como a los enemigos.
Hoy también es así. Nuestros teólogos y pensadores cristianos en
Asia intentan dirigir su mensaje a los detractores de la religión,
los fundamentalistas, los ultra-modernistas, los pensadores
radicales y los activistas, tanto cristianos como no cristianos.
Quienes prestan este servicio merecen nuestro agradecimiento, al
igual que todos los demás evangelizadores. Su labor, llevada a cabo
de manera responsable, puede conducir a nuevas formulaciones, e
incluso a una autoconciencia más profunda de la misma comunidad
cristiana.
El Evangelio genera personas espiritualmente motivadas
29. Los historiadores empiezan a darse cuenta de que el ateísmo, en
determinados periodos de la historia, podría haber nacido de un
profundo sentido de injusticia en el seno de una sociedad creyente;
asimismo, algunas formas de anticlericalismo y de apostasía podrían
derivar del fracaso de los servidores de la Iglesia. Herejías y
cismas podrían haberse visto agravados a causa de las distancias
culturales. Por otro lado, en periodos de inestabilidad social de la
historia humana, se dan cambios rápidos que pueden acabar incluso en
revoluciones. Tenemos que considerar que la historia de Asia está
atravesando una de estas fases caracterizada por cambios rápidos e
incertidumbres: el rechazo de la explotación colonial y la
aceptación de formas de explotación autoimpuestas, la declaración de
independencia y la aceptación de nuevas formas de dependencia, la
transición hacia la democracia pero también el alejamiento de ella,
o el progreso hacia la igualdad económica, pero también su
contrario, la transición hacia la modernidad acompañada de una
vigorosa reafirmación de la cultura tradicional.
30. Se están produciendo cambios en las sociedades y las culturas
tradicionales, y se ponen a prueba los valores. A pesar de ello, la
religión en Asia no parece debilitada. Se manifiesta en nuevas
formas, a veces con un toque de política. En Asia el pluralismo en
el pensamiento no ha llevado a la completa secularización o al
nihilismo, sino que ha enseñado el respeto recíproco. Pero no debe
llevarnos a la indiferencia.
31. En medio de tantas incertidumbres políticas y sociales, la
pequeña Iglesia de Asia no ofrece a la gente una nueva Utopía, no
promete generar superhombres, más bien busca la manera de generar
personas moral y espiritualmente motivadas, y grupos de personas
seriamente comprometidas con el bien de la humanidad. Seguirá
recordando a los hombres su eterno destino en Cristo. El Evangelio
sigue revelando su fuerza interior incluso en medio de tantas
tensiones sociales.
La Palabra sagrada en Asia
32. Volvamos ahora al punto de partida: la Palabra de Dios. Aunque
las personas admiren la imponencia y la grandeza de las obras
cristianas, sólo el poder de la Palabra de Dios logrará tocarlas y
transformarlas. La expresión ‘Palabra sagrada’ tiene un significado
para los pueblos asiáticos, porque poseen libros antiguos
considerados sagrados y fidedignos, que ejercen una profunda
influencia en su vida y su cultura: creencias, comportamientos,
relaciones, cultos y principios morales. Creen que pueden indicar el
camino de la salvación. Estos libros, considerados sagrados, tienen
un canon definitivo y solo los pueden interpretar personas
autorizadas (sacerdotes, monjes, estudiosos y concilios). Son
leídos, cantados, salmodiados, meditados, repetidos, memorizados,
representados en iconos, escritos en caligrafía. Tienen que ser
comprendidos por la mente y aceptados por el corazón, para que
puedan transformar la realidad humana.
Una cosa es segura: en Asia todavía sigue habiendo hambre de
espiritualidad. La seriedad con la que en Asia se considera la
religión es un bien precioso para toda la humanidad y no sólo para
el continente oriental. En la psique colectiva de las poblaciones
asiáticas los movimientos religiosos están más profundamente
arraigados que los movimientos políticos e incluso quienes no están
dispuestos a cambiar de fe desean buscar una profundidad espiritual.
Los asiáticos están abiertos a la Palabra de Dios. El pensamiento
bíblico sigue llegando a la vida de las personas, afectando a los
valores de la comunidad, transformando las relaciones, modificando
las filosofías, influyendo en los programas de mejora social, porque
los asiáticos saben que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda
Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4).
Que estas palabras se conviertan en realidad hoy en Asia: “Derramaré
mi espíritu sobre todo mortal, y profetizarán vuestros hijos y
vuestras hijas” (Hch 2, 17). Que este mensaje llegue a todos los
confines de la tierra.
NOTAS
[1] Con el reciente desplazamiento del modelo cristiano hacia otras
partes del mundo, esta imagen podría cambiar.
[2] Algunos podrían recordar solo la alianza entre los misioneros y
los regímenes coloniales, pero sería absolutamente injusto, pues
fueron muchas las coacciones que sufrieron y muy pocas las
posibilidades que les fueron concedidas. A menudo también ellos
fueron perseguidos por las autoridades coloniales anticlericales.
Tuvieron que tener una fe profunda para vencer las dificultades
insuperables que debieron afrontar para perseverar en la misión de
difundir el Evangelio.
[3] Un reciente informe declara que en Nanjing (China) la editorial
Amity Printing Company publicó 6 millones de Biblias sólo en 2007 y
tiene programado aumentar la producción a 12 millones de Biblias al
año, lo que equivale a 23 Biblias por minuto (SAR News, 16-30 de
junio de 2008, pág. 22). Esta iniciativa empezó en 1987 y ya se han
publicado 50 millones de ejemplares.
Hoy se encuentra disponible una edición japonesa del Diccionario de
Teología bíblica en formato electrónico. Existe un curso muy popular
que se llama “La Biblia en 100 semanas”.
[4] A veces se critica el modo de enseñar en la actualidad las
Escrituras, con un estilo demasiado académico, no orientado
suficientemente a un uso espiritual y pastoral de la Biblia.
[00013-04.15] [NNNNN] [Texto original: inglés]
-
Por América: S.Em.R. Card. Oscar Andrés RODRÍGUEZ MARADIAGA, S.D.B.,
Arzobispo de Tegucigalpa, Presidente de la Conferencia Episcopal
(HONDURAS)
No tuvimos a disposición el texto de la Intervención, antes de la
clausura en la redacción del Boletín.
-
Por Europa: S.Em.R. Card. Josip BOZANIĆ, Arzobispo de Zagreb
(CROACIA)
1. Cuando en el pasado mes de septiembre, El Santo Padre Benedicto
XVI, se reunió con el mundo de la cultura en el Collège des
Bernardins de París, concluía su discurso así: “Lo que ha fundado la
cultura Europea, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para
escucharlo, permanece también hoy como fundamento de toda cultura
verdadera”.
Hablando de la relación entre la Palabra de Dios y Europa se podría,
de por sí, tomar en consideración cada época histórica y exponer las
influencias de la Biblia en cada uno de los aspectos culturales,
económicos y políticos. Pero no es este el objetivo de mi
intervención, que tampoco se refiere a la extensión ni al contenido
del mismo. El dato incontestable del cual parto es que es imposible
no asociar Europa al cristianismo, sobre todo, porque es el
cristianismo la llave de lectura privilegiada para comprender en su
totalidad a nuestro Continente.
De hecho, si damos una mirada desde el punto de vista geográfico, es
difícil delimitar Europa, señalar sus confines sobre todo hacia el
Oriente y el Sur Oriente. Si luego consideramos a Europa desde la
perspectiva política y de las visiones de las que esta impregnada,
nos encontramos con la misma dificultad porque la herencia europea
es mucho más amplia que las mismas organizaciones políticas de
convivencia humana en un determinado lugar.
Es evidente que el proceso de cristianización ha unido los elementos
determinantes del tejido europeo, pero la cristianización, dicha
simplemente así, significa el anuncio de la Palabra de Dios, con la
capacidad de iluminar los diferentes aspectos de la vida de los
hombres. Queda claro que Europa en su evolución histórica no estuvo
solamente marcada por el cristianismo. Sin embargo, podemos afirmar
con razón que Europa nació gracias al cristianismo, y que la Iglesia
ha contribuido en la construcción de Europa, gracias al compromiso
incansable de los anunciadores de la salvación de Cristo, como lo
testimonian de manera ejemplar los santos Patronos Benito, Cirilo y
Metodio. No faltan, es cierto, páginas obscuras de su historia que
aparecen hoy en neto contraste con la Buena Noticia del Evangelio y,
sin embargo, estando en relación con la difusión de la Cristiandad,
éstas no son otra cosa que las implicancias dolorosas y negativas
que son expresión del pecado que habita en el corazón del hombre.
Tocamos aquí esa parte de la historia europea que pertenece al
mysterium iniquitatis.
Existe un vínculo indisoluble entre la Biblia y Europa. Todo aquello
que hizo grande a la cultura europea y a su civilización - la Europa
de las mil Catedrales, la Europa custodio de los tesoros artísticos,
de la literatura, y de la música cristiana, Europa que con la fuerza
desbordante de la caridad cristiana supo expresar signos concretos
de solidaridad y de servicio hacia los pobres - tiene su propio
punto de partida en la Biblia. Temas como la dignidad de la persona,
el reconocimiento de los derechos humanos, la separación entre
Iglesia y Estado - tan solo para nombrar algunos ejemplos - tienen
su núcleo en el manantial de la Biblia. La justicia social, los
derechos, la crítica a cualquier tipo de idolatría, el rechazo a las
falsas imágenes de Dios, también tienen su fundamento en la Biblia.
La Biblia une Oriente y Occidente, el Norte y el Sur del continente,
como también, las diferentes Iglesias y comunidades cristianas.
2. Puede ser fecundo leer la relación entre la Palabra de Dios y
Europa tomando como punto de partida los esbozos del Documento de
Trabajo, con su estructura tripartita: El misterio de Dios que nos
habla - La palabra de Dios en la vida de la Iglesia - la Palabra de
Dios en la misión de la Iglesia. Tal articulación temática ofrece
contenidos y métodos para un itinerario que, aplicado a la realidad
europea, puede ciertamente favorecer una toma de conciencia renovada
en la Palabra como centro en la vida de nuestras comunidades.
Intentaré hacer un recorrido en tres etapas: revelatio -
interpretatio - celebratio, cada una de éstas tiene su centro en la
práctica de la Lectio divina.
La Palabra de Dios revelada nos manifiesta a Dios que viene al
encuentro del hombre, ofreciéndole la posibilidad de descubrirlo y
conocerlo en el misterio de la propia vida. El Dios de la alianza,
el Dios de Jesús Cristo y del misterio pascual, que cumple con las
promesas del Antiguo Testamento - en el surco de la herencia
espiritual judía - fue anunciado sobre el suelo europeo primero a
los pueblos del mundo greco-romano, en circunstancias que a menudo
requirió el testimonio del martirio. La revelatio necesariamente
implicó el distanciamiento y la superación de las normas vigentes en
la vida de aquella sociedad y, a pesar de tal “revolución” y
“re-culturación,” se hicieron adaptándose a la inteligibilidad y al
lenguaje de la época.
También en épocas posteriores, la acción misionera - tomando de la
Revelación de la que era portadora - llevó consigo, como
consecuencia y no como fin primario, la inculturación dando a la
Palabra de dios, interpretada mediante la Tradición y el Magisterio
de la Iglesia, la posibilidad de dar una nueva forma a la vida de
los hombres. Este proceso se repitió al contacto de la cultura
romana con la cultura franco-germánica, con los pueblos eslavos y
con los demás pueblos que se iban evangelizando. Esta dinámica ha
impregnado la formación de la conciencia europea en el Medioevo, a
pesar de que las circunstancias externas eran diferentes. La
interpretatio ha progresado ciertamente durante todas las épocas -
cómo no recordar la fecunda estación de la Patrística - pero es en
el segundo milenio y, sobre todo, con la Reforma que se produjeron
los cambios importantes, teniendo en ocasiones diferencias de
enfoque. Todo esto ha generado enfrentamientos pero, de la
interpretación ha brotado - compañera necesaria de la evangelización
y fruto de la acción del Espíritu en la Iglesia y en el corazón de
los creyentes - finalmente, un fecundo desapego de aquellas
fracturas, evitando el surgimiento de nuevas. La teología europea y
la pastoral en su visión hermenéutica se han enriquecido mutuamente.
Hoy la necesidad más evidente que nunca de promover la conciencia de
la Biblia trata, por esto, también de evitar el peligro de nuevas
lecturas “fundamentalistas” y derivaciones ideológicas.
La revelación no es por lo tanto algo estático, ni es algo que
cronológicamente está separada de los procesos: es decir, la
revelatio va siempre acompañada de la interpretatio, que se actúa -
en la celebratio. Se trata siempre de Dios que nos habla, del
descubrimiento de la verdad sobre el hombre y sobre el mundo, la
cual se vuelve Palabra vivida y celebrada, dando razón de ser a la
misión y a la acción de la Iglesia.
3. Hoy en Europa se advierten los signos de un renovado interés por
la Biblia. Por lo tanto es necesario volver a partir de Dios y del
evento de su Revelación, y al mismo tiempo tener el coraje de una
nueva y más madura propuesta de Lectio divina. Diciendo Lectio
divina no pienso solamente en los textos sagrados, que permanecen
igualmente como referencia esencial para el discernimiento eclesial.
No pienso, tampoco, en la lectura limitada del espacio restringido
de la subjetividad. Pienso, más bien a la escucha de Dios que
continuamente actúa en la historia, descubriendo su presencia en
cada acontecimiento. Esto permitirá “leer” la vida de la Iglesia en
Europa como lugar en el cual Él se revela. Es de este modo que la
Lectio divina como lectura en el espíritu, se vuelve experiencia
divino-humana, cuyo sujeto es Dios mismo obrando en el cuerpo
eclesial.
En una perspectiva semejante, se pone la pregunta de cómo leer las
opiniones divergentes en la Iglesia, los conflictos entre los
pueblos, pero también como afrontar la marginación cultural del
cristianismo, la búsqueda de libertad fuera de la presencia de Dios.
Ahora bien, si el cristianismo es el principio fundamental que
abraza y unifica a Europa, deberíamos reconocer la acción de Dios
que se revela también cuando nos salimos del camino en nuestras
discordias y conflictos, como también en la comunión, en el respeto
y en altruismo. Esto nos llama a tener un cristianismo que no se
deje envolver en el juego de la política y de la economía, hasta el
punto de volverse irreconocible. La responsabilidad de los
cristianos en Europa debe ser de tal modo que no se pueda limitar a
una lectura exclusivamente política y económica de los
acontecimientos. No asumir el método que la Lectio divina nos ofrece
- y por el cual permitimos que “Dios nos lea” - tiene consecuencias
directas ya sea en las celebraciones de Dios, misterio revelado y
donado, como en la misión de la Iglesia. En la concepción cristiana,
de hecho, celebratio es siempre actualización también del evento del
Dios que se ha revelado en Jesucristo, el hacerse-presente-de nuevo
aquí y ahora en la historia de los hombres (re-praesentatio).
Celebratio se vuelve por lo tanto Lectio divina en el significado
más pleno. Y es en la Iglesia que celebra el Señor resucitado que la
Palabra de Dios hace carne, convirtiéndose en instrumento de
salvación para todos los hombres.
4. Europa vive su crisis de identidad en los tres niveles que hemos
considerado. Pareciera que le quiere huir al Dios revelado y
estuviera buscando la fuente de su identidad encerrándose en el
humanum, concepto que es intencionalmente vago.
Cuando el hombre no escucha lo que Dios dice, inevitablemente
comienza a hablar en su lugar, pero al fondo de este discurso está
el miedo. Europa sin Dios corre el riesgo de convertirse en un nido
de angustia y de construir una civilización del miedo. La Palabra de
Dios restituye la esperanza y la alegría. Europa, además entra en
crisis cuando no acepta la fuerza interpretativa de la Palabra de
Dios, que tiene en la fe y en la inspiración su fundamento último.
Es ardua esta tarea para todas las disciplinas científicas y
especialmente para la teología. Europa con razón se jacta del
desarrollo de su propio pensamiento teológico pero es necesario un
ulterior esfuerzo para una confrontación más proficua con las nuevas
interpretaciones y búsquedas científicas, que a menudo están, a
propósito, separadas de los paradigmas hermenéuticos de la verdad
cristiana. El rechazo de la Palabra de Dios como instancia
interpretativa conduce a Europa hacia la cultura del desaliento y de
la inseguridad.
De hecho, una cultura que rompe con la celebración cristiana, es
decir con la celebración del Misterio de la bondad de Dios y de la
salvación en Cristo, arriesga su propia felicidad y empuja a Europa
hacia la civilización de la aflicción y de la tristeza, que advierte
el peso de la vejez y de la muerte. La Palabra de Dios restituye al
hombre europeo la capacidad de celebrar la vida. Allí donde existen
la celebración de los misterios cristianos, la Iglesia es joven, y
esto garantiza la juventud para Europa.
5. La Lectio divina no es solamente la fuerza interior para una
nueva inspiración al apostolado, sino que es también el fundamento
para el movimiento ecuménico y para el diálogo interreligioso. Esto
es camino de compresión de la Palabra de Dios, para el cual es
necesaria la trascendencia. Esto es también el lugar de la libertad
en la cual se busca la respuesta humana. En esta dinámica suya
humano-divina la Lectio divina presenta por lo tanto una fuerza
transfigurante. Más aún, se puede afirmar que Cristo mismo es Divina
Lectio. Ser cristianos, ser cristoformes, vivir el cristianismo,
significa “ser Lectio divina”. Queda, por lo tanto, urgente la
invitación a practicar la Lectio divina, la lectura rezada y
meditada de la Palabra de Dios. Es necesario tener como punto de
partida la Sagrada Escritura, también en las acciones pastorales más
ordinarias porque en eso radica la fuerza de la metáfora (que
significa más allá del texto)y de la transfiguración (experiencia
del don, experiencia que va más allá de la autosuficiencia).
Entonces se llega a poder decir junto con San Pablo: “Para mí, vivir
es Cristo”.
Este año tendremos la posibilidad de tornar a menudo sobre la vida y
sobre los escritos de San Pablo . El apóstol de las Gentes
interpreta su misión como un “llamado”, como un don de Gracia y
nunca como una iniciativa autónoma. San Pablo pone los fundamentos
para que la espiritualidad cristiana no sea sólo una espiritualidad
de la imitación, sino también una espiritualidad de la conformación.
En la primera, el protagonista es el Yo, la norma es la ley y la
virtud de fondo es el esfuerzo constante de la persona
singularmente. En la espiritualidad de la conformación, en cambio,
el sujeto es el Espíritu Santo que plasma Cristo en el creyente; la
norma es el reconocimiento de la Gracia que siempre precede; la
virtud de fondo es la disponibilidad a dejar que Cristo tome forma
en la propia experiencia de vida.
6. Como soy de Sagabria, Croacia, donde días atrás hemos celebrado
los diez años de la beatificación del Cardenal Aljzije Stepinac,
deseo agregar todavía un pensamiento en relación a él. El Secretario
de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, en la homilía ha ilustrado un
paralelismo particularmente sugestivo entre San Pablo y el Beato
Alojzije Stepinac. Primero habló de su encuentro con Cristo
Resucitado y, luego, subrayó: “ Lo que nos impresiona sea del
Apóstol Pablo sea del Cardenal Stepinac es que, mientras quienes los
perseguían eran esclavos de ideologías mentirosas y violentas,
ellos, aún estando exteriormente privados de la libertad,
permanecían en su interior libres: libres para alentar y para guiar
a sus amigos, serenos para poder sostener a los hermanos en la fe,
dispuestos a perdonar y rezar por los enemigos y por aquellos que
les estaban haciendo daño”.
Nosotros que venimos de la parte de Europa en la cual han dominado
varios regímenes dictatoriales, el comunismo uno de los últimos,
hemos comprendido que los pastores y los fieles han podido resistir
frente a las crueldades y a los horrores de las ideologías por
confiar solamente en la Palabra de Dios.
Colmados por el Espíritu de Cristo que tomaban de las Sagradas
Escrituras, muchos católicos y cristianos europeos del siglo veinte,
han podido discernir entre el bien y el mal, han podido resistir al
desafío de los totalitarismos, revelando la pérfida y satánica
desviación. La Sagrada Escritura les ha permitido, descubrir no
solamente las debilidades de los otros y las propias, sino antes que
nada la esperanza que surge de la misma Palabra de Dios. Esperanza
en la vida que es más fuerte de la muerte y de la destrucción,
esperanza en el sentido que es más fuerte que el no sentido,
esperanza en el cuidado por parte de Dios para los oprimidos y los
pobres, por aquellos que están en los márgenes de la sociedad,
esperanza que los empujó a dar forma a un mundo mejor y más justo.
Apropiarnos de la memoria y de la herencia cristiana - tomando la
lección de las generaciones pasadas - significa por lo tanto, para
nosotros europeos, volver a la raíz de nuestra identidad histórica,
tomando del manantial vivo de la Palabra de Dios. Para nosotros
europeos la profesión de la fe, nutrida de escucha de la Palabra y
de experiencia eclesial, debe proponerse como testimonio provocando
a todos, creyentes y no, para retomar el auspicio con el cual Juan
Pablo II concluía la Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa : “a
trazar caminos siempre nuevos que desemboquen en la « Europa del
espíritu », para convertirla en una verdadera « casa común » donde
se viva con alegría” (EE, 121).
[00018-04.10] [NNNNN] [Texto original: italiano]
-
Por Oceanía: S.E.R. Mons. Michael Ernest PUTNEY, Obispo de
Townsville (AUSTRALIA)
La Palabra de Dios en Oceanía
Durante la Misa de apertura de la Jornada Mundial de la Juventud en
Sydney, para la procesión del Libro de los Evangelios, algunos
jóvenes estudiantes procedentes de las Islas del estrecho de Torres,
en el nordeste de Australia, llevaron a cabo una ceremonia llamada
“el Advenimiento de la Luz”. Esta ceremonia representaba la llegada
de un misionero europeo con la Biblia. Inicialmente la población
local opuso resistencia a la propuesta de la Palabra de Dios. Más
tarde cambiaron de actitud y abrazaron la Palabra de Dios, que
transformó sus vidas. Tras algún contacto inicial en siglos
anteriores, la Palabra de Dios llegó a Oceanía con los misioneros,
tanto católicos como protestantes, durante el siglo XIX.
Las culturas de Oceanía, a parte de las culturas occidentales de
Australia y Nueva Zelanda, se dividen entre las alfabetizadas y las
que son predominantemente orales. En las primeras, las Escrituras se
guardan como un tesoro y se leen en los hogares, con más frecuencia
que en Australia o Nueva Zelanda. En las segundas, también en
nuestros días, el mensaje de la Palabra de Dios se comparte más bien
mediante narraciones, rituales, canciones y representaciones
teatrales, y no simplemente mediante la lectura del texto.
En muchos lugares, la procesión de la Palabra de Dios en la liturgia
es una expresión cultural muy vivaz de la fe en la Palabra de Dios,
y buena muestra de ello fue la acogida al Santo Padre en la Jornada
Mundial de la Juventud y al final de la Misa, ocasiones en las que
la Palabra de Dios fue llevada en procesión por peregrinos de
Tokelau y la Islas Fiji, respectivamente. Este reconocimiento
reverente de la Palabra tiene mucho que enseñar a los australianos y
neo-zelandeses, que algunas veces pueden dar por descontado el
privilegio de poder leer la Palabra de Dios.
La gran dedicación a su labor, a veces heroica, de los misioneros
que difundieron la Palabra de Dios predicando el Evangelio, los
Sacramentos, y enseñando la tradición de la Iglesia a tanta gente en
todo el Pacífico, ha dado frutos abundantes. Estos frutos no están
exentos de ambigüedades, porque como se señala en Ecclesia in
Oceania, los misioneros a veces también introducían elementos que
eran culturalmente extraños a la gente (3). También es verdad que a
veces algunos elementos de la cultura de acogida que se contradicen
con la Palabra de Dios siguen ejerciendo una influencia en las vidas
de la gente. Ante estos desafíos, sigue siendo muy necesario contar
con personal competente que enseñe en los seminarios y los
institutos de educación superior de los numerosos países de Oceanía.
Las nuevas iglesias del Pacífico afrontan hoy los retos de la
transición cultural, puesto que en algunos lugares pasan de las
comunidades de las aldeas a la vida urbana y a la participación en
una economía global. Esta transición puede causar tensiones en la
vida familiar y un desgarro en el tejido social. Además, a veces
pueden encontrar dificultades para afrontar el proceso político
occidental que en gran parte heredaron de sus colonizadores
europeos, y las crecientes amenazas medioambientales a causa de los
cambios climáticos.
Asimismo, en muchos países de Oceanía existe un número increíble de
lenguas en las que la Palabra de Dios debería ser comunicada. Por
ejemplo, solamente en Papúa Nueva Guinea existen ochocientas
cuarenta y siete lenguas distintas. En Oceanía existen en total más
de mil doscientas lenguas completamente diferentes.
En Australia y Nueva Zelanda la Palabra de Dios llegó con los
primeros europeos que se establecieron en esas islas. La Iglesia
creció y floreció. Pero ahora la Palabra a menudo encuentra
dificultades para ser escuchada en una cultura indiferente.
Australia es uno de los países más secularizados del mundo. Nueva
Zelanda cuenta con muchos más habitantes procedentes de las islas
del Pacífico, que tienden a ser más religiosos, pero la cultura
europea predominante es tan laicista como la australiana.
No obstante, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud
durante una gloriosa semana las calles de la secularizada Sydney se
llenaron de expresivos signos de la presencia de Dios, y la
resistencia de su cultura se desmoronó ante el poder del Espíritu
Santo presente en los rostros y las voces de 200.000 jóvenes.
Muchos católicos en Australia y Nueva Zelanda viven sus vidas
profundamente determinados por su fe en la Palabra de Dios, pero no
siempre es evidente y casi se ha convertido en un secreto en nuestra
cultura predominantemente secularizada. No es que esto suceda porque
la gente no es verdaderamente creyente, sino porque la existencia de
Dios no está reconocida de ningún modo en la vida cotidiana de los
australianos y de muchos neozelandeses. La mayoría vive gran parte
del tiempo como si Dios no existiera, aunque sea creyente.
Después de la Jornada Mundial de la Juventud, algunos australianos y
neozelandeses sintieron que la promesa de una nueva evangelización
por fin se estaba poniendo en marcha a pesar de la aparente
impermeabilidad de la cultura secularizada. En su descripción del
contexto en el que la Palabra de Dios tiene que ser predicada en
Australia, y en buena parte también en Nueva Zelanda, el Santo Padre
habló en la Jornada Mundial de la Juventud del “siniestro” hecho de
que la libertad y la tolerancia estén frecuentemente separadas de la
verdad, y de un relativismo en el que la “experiencia” es lo más
importante, separada de cualquier consideración sobre lo que es
bueno o verdadero. Describió con detalle la cultura laicista en
Australia y Nueva Zelanda, cuando habló de un “desierto espiritual”
y cuando dijo: “¿Cuántos de nuestros contemporáneos se han
construido cisternas agrietadas y vacías (cfr. Jr 2,13) en una
búsqueda desesperada de significado, el significado último que sólo
el amor puede dar? Este es el don, tan grande y liberador, que nos
trae el Evangelio”.
El desafío que Australia y gran parte de Oceanía tienen que afrontar
consiste en encontrar nuevos caminos para que este don del Evangelio
sea escuchado. Si miramos hacia atrás y releemos las recomendaciones
de Ecclesia in Oceania, como son la práctica de la lectio divina y
la formación bíblica de la gente, está claro que sólo se han
realizado en parte.
La exhortación apostólica post-sinodal también había indicado la
Palabra de Dios como “fuente inagotable de evangelización” (10). La
Iglesia en Australia y en Nueva Zelanda y en los demás países de
Oceanía está concentrando su atención cada vez más insistentemente
en la necesidad de dedicarse a una nueva evangelización en esta zona
del mundo, especialmente en la cultura secularizada de Australia y
Nueva Zelanda. Sin embargo, actualmente no se ha identificado un
método único ni existe una comprensión común sobre lo que hace falta
en términos prácticos. Volviendo a la Jornada Mundial de la
Juventud, muchos jóvenes peregrinos australianos pidieron que se les
concediera la oportunidad de escuchar la catequesis en sus diócesis
y de realizar asambleas de preguntas y respuestas con sus obispos,
tan conscientes eran de su ignorancia y tan deseosos estaban de
escuchar el mensaje del Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia,
después de la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Esto
da una nueva oportunidad a los obispos y sacerdotes de ayudar a los
jóvenes a alcanzar una comprensión de la Palabra de Dios, tal como
se encuentra en la tradición apostólica y en las enseñanzas de la
Iglesia.
La Iglesia en Oceanía proclama la Palabra de Dios en una cultura en
la que otros intentan hacer lo mismo. Algunos grupos protestantes
dan un enfoque a la evangelización que ignora el contexto cultural y
a veces confía en una comprensión fundamentalista de la Palabra de
Dios. Por este motivo, la evangelización católica puede verse
rechazada, porque no se la distingue de la propuesta alternativa.
Al mismo tiempo, las relaciones ecuménicas con las mayores Iglesias
cristianas y las relaciones con la comunidad hebrea, la comunidad
islámica y con las demás religiones mundiales son una experiencia
muy positiva para la Iglesia, en muchas zonas de Oceanía. Tratamos
de trabajar juntos, en nuestra cultura secularizada, para afirmar el
valor fundamental de la fe en Dios y el derecho de los creyentes a
dar su contribución a nuestra cultura secularizada.
Estos son algunos de los retos que tiene que afrontar la Iglesia en
Oceanía, pero también existen muchos signos de una nueva vida y el
testimonio de decenas de miles de católicos comprometidos que han
permanecido fieles a pesar del impacto del secularismo. La Jornada
Mundial de la Juventud nos ha dado una gran esperanza. Nuestra tarea
ahora es recoger los frutos.
[00016-04.08] [NNNNN] [Texto original: inglés]
RELACIÓN DE S.EM.R. CARD. ALBERT VANHOYE, S.I., RECTOR EMÉRITO DEL
PONTIFICIO INSTITUTO BÍBLICO DE ROMA (FRANCIA)
Documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre “El pueblo judío y
sus Escritura Sagradas en la Biblia Cristiana”
En el año 1996, después de su parcial renovación, la Pontificia
Comisión Bíblica fue invitada por su presidente, el cardenal Joseph
Ratzinger, para que eligiera un nuevo tema de búsqueda, que fuera
importante para la vida y la misión de la Iglesia en el mundo
actual. Se propusieron diferentes argumentos. Se realizó una
votación. El tema que obtuvo la mayor cantidad de votos fue “El
antijudaísmo y la Biblia”. El término “antijudaísmo” se prefirió al
de “antisemitismo” porque de hecho, es más exacto; existen otros
pueblos semitas además del pueblo judío.
La Comisión Bíblica se mostró enseguida fiel a la elección de esta
denominación, pero no la mantuvo en el título de su trabajo. Adoptó
una perspectiva más abierta y positiva, definiendo el tema con otra
denominación: “ El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la
Biblia cristiana”. Un colega hizo notar que la expresión “sus
Escrituras” posee un sentido bastante amplio porque, además de
aplicarse a la Biblia judía, se aplica también a la Misná, a la
Tosefta y al Talmud. Para ser más precisos, se adoptó el
término“sagradas escrituras”, expresión usada por el apóstol Pablo
al comienzo de su Carta a los Romanos, que tiene la ventaja de
expresar un respeto religioso por los escritos llamados de este
modo.
Con el título “El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la
Biblia Cristiana,”están indicados dos temas diferentes y
complementarios que corresponden a dos preguntas. La primera es
¿Cómo se presenta “al pueblo judío” en la biblia cristiana, es
decir, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento? La segunda pregunta
es ¿qué lugar ocupan las “sagradas Escrituras” del pueblo judío en
la Biblia cristiana? El Documento trata estas dos preguntas en orden
inverso. Sobre todo, comienza estudiando el lugar ocupado por el
Antiguo Testamento en la Biblia cristiana y luego en los modos con
los cuales es presentado el pueblo judío en las dos partes de esta
Biblia, o sea, el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Digamos, desde el principio, que esta manera más abierta y positiva
de hacer las preguntas ha tenido como consecuencia que el término
”antijudaísmo” ya no se encuentre en ningún título del Documento, ni
en los títulos de los capítulos, ni en los de los apartados. En
cambio se encuentra más de una vez en el texto mismo porque el
problema no fue eludido, en absoluto; fue claramente afrontado, pero
sin ocupar toda la perspectiva, dejando que fuera sobre todo
positiva y haciendo del Documento, y es bueno subrayarlo, un
antídoto más eficaz contra el antijudaísmo.
El trabajo de la Comisión Bíblica se desarrolló, como de costumbre,
en tres fases. Antes que nada cada miembro de la Comisión redactó
unas monografías que fueron puestas en discusión en la Asamblea
plenaria. Luego, una vez establecido el proyecto de elaboración del
Documento y la redacción de las distintas partes del mismo, se
confió a diferentes colegas su discusión. Para terminar, se pasó a
la tercera fase y las diferentes aportaciones se unificaron en un
único texto, que fue discutido, revisado y votado. La redacción
final es fruto, por lo tanto, de un trabajo colegial.
Este trabajo fu realizado con rigor científico y con un espíritu de
respeto y de amor por el pueblo judío. No era suficiente un análisis
superficial de los textos; más bien había que estudiarlos y
profundizarlos. El Documento, por lo tanto, no es de fácil lectura.
Y son los mismos textos los que inspiran respeto y amor por el
pueblo judío. “En el Antiguo Testamento, el proyecto de Dios es un
proyecto de unión de amor con su pueblo, amor paterno, amor
conyugal: cualesquiera que sean las infidelidades de Israel, Dios no
renuncia nunca a él, sino que afirma su perpetuidad (Is 54, 8; Jr
31, 3). En el Nuevo Testamento, el amor de Dios supera los peores
obstáculos, incluso si no creen en su Hijo, que él ha enviado para
que sea su Mesías salvador, los israelitas siguen siendo “amados”"
(San Pablo lo afirma en la Epístola a los Romanos 11, 29). Así pues,
quien quiera estar unido a Dios, debe amarlos igualmente (n. 86,
conclusión). La Comisión Bíblica ha seguido explícitamente la
orientación indicada por el Papa Pablo VI en su homilía del 28 de
octubre de 1965, día de la promulgación del documento conciliar
Nostra Aetate, que trata de la relación con las religiones no
cristianas, especialmente con la religión judía. Hablando de los
judíos, Pablo VI auspiciaba que se les mirara “con respeto y amor”
y, añadía, “con esperanza”. Esta orientación sumamente positiva no
deja espacio al antijudaísmo. Ésta debería mantenerse con mayor
fidelidad.
El Documento está compuesto por tres capítulos. El primero se titula
“Las Escrituras Sagradas del pueblo judío, parte fundamental de la
Biblia cristiana”. Al comienzo se había puesto “parte integrante”,
lo que habría significado que sin la sagrada Escritura del pueblo
judío, la Biblia cristiana no sería completa. Esto, de todos modos,
es verdadero pero insuficiente. El Antiguo Testamento no es
simplemente una parte entre otras de la Biblia cristiana. Es la
base, la parte fundamental. Si el Nuevo Testamento se hubiera
establecido sobre otra base, no tendría valor verdadero . Sin la
conformidad con las Sagradas Escrituras del pueblo judío, no se la
hubiera podido presentar como el cumplimiento del designio de Dios.
Cuando el Apóstol Pablo quiere expresar lo esencial de la fe
cristiana, subraya dos veces esta conformidad diciendo “que Cristo
murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado
y que resucitó al tercer día según las Escrituras; que se
apareció”(1 Cor 15, 3-5). “La fe cristiana no se basa pues sólo en
estos acontecimientos, sino en la conformidad de éstos con la
revelación contenida en las Escrituras del pueblo judío.”(n. 7).
Esto constituye evidentemente un vínculo muy fuerte entre los
cristianos y el pueblo hebreo.
El primer capítulo presenta una larga demostración de las
afirmaciones contenidas en su título. Esto hace ver, antes que nada,
que “el Nuevo Testamento reconoce la autoridad de las Sagradas
Escrituras del pueblo judío”. La reconoce implícitamente utilizando
con constancia el mismo lenguaje de estas sagradas Escrituras y
haciendo frecuente alusión a varios pasajes de estos textos. La
reconoce también con citaciones explícitas. El Documento recuerda
detalladamente las muchas maneras con las que fueron presentadas en
el Nuevo Testamento estas citaciones explícitas. El lector podría
cansarse, pero es esta atención a detalles puntuales que da valor a
la demostración.
“Muy a menudo el Nuevo Testamento utiliza textos de la Biblia judía
para argumentar”.“A esta argumentación, basada en las Escrituras del
pueblo judío, el Nuevo Testamento reconoce un valor decisivo. En el
IV Evangelio, Jesús declara, a este propósito, que “no puede fallar
la Escritura”(Jn 10, 35). Su valor deriva del hecho que es “Palabra
de Dios” (ibid). “En sus argumentaciones doctrinales, el apóstol
Pablo se basa constantemente en las Escrituras de su pueblo. Pablo
obra una neta distinción entre las argumentaciones de las escrituras
y los razonamientos “según el hombre”, atribuyendo a las primeras un
valor incontestable. Para él las Escrituras judías tienen igualmente
un valor siempre actual para guiar la vida espiritual de los
cristianos. En su Carta a los Romanos escribe: “En efecto todo
cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra,
para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras
mantengamos la esperanza” (Rm 15, 4; cfr. 1 Cor 10, 11)”
Seguidamente, el Documento muestra que “el Nuevo Testamento
atestigua la propia conformidad a las Escrituras del pueblo judío”.
El Nuevo Testamento manifiesta, de hecho, una doble convicción “por
una parte, lo que fue escrito en las Escrituras del pueblo judío
debe necesariamente cumplirse porque revela el designio de Dios que
no puede dejar de realizarse, y por la otra parte, la vida, la
muerte y la resurrección de Cristo corresponden plenamente a cuanto
fue dicho en estas Escrituras”
El Documento profundiza abundantemente el tema del cumplimiento de
las Escrituras, porque se trata de un tema en extremo importante
para la relación entre cristianos y judíos, y esto es muy complejo.
Este tema es abordado en primera instancia en el apartado 8 y
retomado con mayor detenimiento en el capítulo 2, entre los
apartados 19 y 21. El cumplimiento de las Escrituras conlleva
necesariamente tres aspectos: un aspecto fundamental de continuidad
con la revelación del Antiguo Testamento pero, al mismo tiempo, un
aspecto de diferencia sobre algunos puntos y otro de superación. Una
simple repetición de lo que se encuentra en el Antiguo Testamento no
es suficiente para poder hablar de cumplimiento. Es indispensable un
progreso decisivo. Tomemos, por ejemplo, el tema de la morada de
Dios en medio de su pueblo. Una primera realización de ésta fue el
Templo de Jerusalem construido por Salomón. A pesar de todo su
esplendor, esta primera obra resultó imperfecta. Salomón lo reconoce
en el momento mismo de la consagración y dice a Dios: “Los cielos y
los cielos de los cielos no pueden contenerte ¡ cuánto menos este
templo que yo te he construido!” (1 R 8, 27). Manchado por los
pecados del pueblo, el templo de Salomón fue destruido y los judíos
deportados en exilio. Cuando volvieron del exilio, el templo fue
reconstruido. ¿Era entonces éste el cumplimiento del proyecto de
Dios? De ningún modo, porque se trataba nuevamente de un edificio
material, construido por hombres que no podía ser realmente la
morada de Dios. Era diferente al templo de Salomón, mas esta
diferencia, en lugar de ir en el sentido de un progreso decisivo,
iba en el sentido de ser inferior. Esto lo observa el profeta Ageo,
cuando pregunta a los judíos repatriados “Quién queda entre vosotros
que haya visto esta Casa en su primer esplendor? Y ¿qué es lo que
veis ahora? ¿No es como nada a vuestros ojos?(Ag 2, 3). El profeta
anuncia, por lo tanto, una intervención de Dios. Dicha intervención
se realizó en el misterio pascual de Cristo. Jesús lo había
anunciado cuando dijo a los judíos “Destruid este Santuario y, en
tres días, lo levantaré”(Jn 2, 19). El evangelista agrega con
precisión: “pero él hablaba del Santuario de su cuerpo”(Jn 2, 21).
Esta vez la diferencia es radical. Como dice San Marcos, en lugar de
un “santuario hecho por hombres” se trata de un santuario “no hecho
por hombres”(Mc 14, 58) y esta diferencia se entiende en el sentido
de una infinita superioridad. El cuerpo glorificado de Cristo es
verdaderamente la morada de Dios; “Porque en él reside toda la
Plenitud de la Divinidad corporalmente”, como proclama la Epístola a
los Colosenses (Col 2,9).
En el apartado 8, el Documento puntualiza, pues, que la conformidad
del Nuevo Testamento con las Escrituras del pueblo judío no es
total, sino que “está acompañada de algunos aspectos de no
conformidad”. Es el caso, por ejemplo, de las Epístolas de San
Pablo. “En las Cartas a los Gálatas y a los Romanos, el apóstol
argumenta a partir de la Ley, es decir, del Antiguo Testamento, para
demostrar que la fe en Cristo ha puesto fin al régimen de la Ley.
Muestra que la Ley, como revelación, ha anunciado su propio fin como
institución necesaria para la salvación”.
Se puede observar que, en realidad, no existe una “no conformidad” a
las Escrituras del pueblo judío tomadas en su conjunto, sino una no
conformidad a su aspecto institucional y una conformidad a su
aspecto profético presente en la Torá misma. El Antiguo Testamento,
de hecho, está lleno de tensiones entre estos dos aspectos. En las
Cartas de San Pablo “la frase de mayor significación con respecto a
esto se refiere a los Rm 3, 21 donde el apóstol afirma que la
manifestación de la justicia de Dios en la justificación ofrecida
por la fe en Cristo se dio “independientemente de la Ley” pero que
tiene, sin embargo, conformidad con el testimonio de la Ley y de los
profetas.”De manera análoga, la Epístola a los Hebreos muestra que
el misterio pascual de Cristo cumple las profecías y el aspecto
pre-figurativo de las Escrituras del pueblo Hebreo, pero, al mismo
tiempo conlleva, un aspecto de no conformidad con las antiguas
instituciones”. El sacrifico personal de Cristo guarda conformidad
con los oráculos proféticos que denunciaban la insuficiencia de los
sacrificios de animales, aunque estuviesen prescriptos por la Ley.
La situación de Cristo glorificado está en conformidad con los
oráculos del Salmo 109 (110), 4 sobre el sacerdocio “al modo de
Melquisedec”; por este motivo no conforme con el sacerdocio
levítico. Se hallan, a menudo, conformidad y no conformidad.
En el apartado 21 el Documento vuelve sobre la noción de
cumplimiento y afirma que “ es extremamente compleja, y puede ser
fácilmente falseada si se insiste unilateralmente o sobre la
continuidad o sobre la discontinuidad”. La pastoral debe, por lo
tanto, tener cuidado para no falsear la noción de cumplimiento de
las Escrituras. El Documento continúa afirmando que “La fe cristiana
reconoce el cumplimiento en Cristo de las Escrituras y las
esperanzas de Israel, pero que no entiende dicho cumplimiento como
la simple realización de lo que estaba escrito. Tal concepción sería
limitante. En realidad, en el misterio de Cristo crucificado y
resucitado, el cumplimiento se realiza de modo imprevisible.
Comporta una superación. Jesús no se limita a interpretar un papel
preestablecido, el papel de Mesías (victorioso), sino que confiere a
las nociones de Mesías y de salvación una plenitud que no se podía
imaginar por adelantado: los llena de un contenido nuevo. A este
respecto, incluso se puede hablar de una “nueva creación” (2 Cor 5,
17; Gal 6, 15). [...] El mesianismo de Jesús tiene un sentido nuevo
e inédito [...]. Debemos pues renunciar a la insistencia excesiva,
característica de cierta apologética, sobre el valor de prueba
atribuido al cumplimiento de las profecías. Esta insistencia ha
contribuido a volver más severo el juicio de los cristianos sobre
los judíos y su lectura del Antiguo Testamento: cuanto más evidente
se encuentra la referencia a Cristo en los textos
veterotestamentarios, más se considera inexcusable y obstinada la
incredulidad de los judíos.
Más adelante se declara en el Documento: Cuando el lector cristiano
percibe que el dinamismo interno del Antiguo Testamento encuentra su
punto de llegada en Jesús, se trata de una percepción retrospectiva,
cuyo punto de partida no se sitúa en los textos como tales, sino en
los acontecimientos del Nuevo Testamento proclamados por la
predicación apostólica. El Documento llega entonces a una conclusión
que concierne a los judíos que no creen en Cristo: No se debe, pues,
decir que el judío no ve lo que estaba anunciado en los textos, sino
que el cristiano, a la luz de Cristo y en el Espíritu, descubre en
los textos un plus de sentido en los mismos textos porque estaba
oculto en ellos.
En el apartado 64, el Documento expresa la misma idea en otros
términos. Declara “Los lectores cristianos están convencidos de que
su hermenéutica del Antiguo Testamento, ciertamente muy diferente de
la del judaísmo, corresponde sin embargo a una potencialidad de
sentido efectivamente presente en los textos. A la manera de un
“revelador” en el procesamiento de una película fotográfica, la
persona de Jesús y los acontecimientos que se refieren a ella han
hecho aparecer en las Escrituras una plenitud de sentido que
anteriormente no podía ser percibida”.
Según el Documento, después que “los cristianos pueden y deben
admitir que la lectura judía de la Biblia es una lectura posible”,
en continuidad con las Sagradas Escrituras judías de la época del
segundo Templo, una lectura análoga a la lectura cristiana, que se
desarrolló paralelamente”. No obstante, el Documento hace comprender
claramente que esta lectura, posible para los judíos que no creen en
Cristo, no es posible, en cambio, para los cristianos, en cuanto
implica la aceptación de todos los presupuestos del judaísmo, en
particular de aquellos “que excluyen la fe en Jesús como Mesías e
Hijo de Dios”. “Cada una de esas dos lecturas es coherente con la
visión de fe respectiva, de la que es producto y expresión. Son, por
tanto, igualmente irreducibles”. Esta toma de posición vale para una
lectura hebraica en su conjunto. No es válida una lectura de todos
los detalles de los textos bíblicos, en cuanto con frecuencia dicha
lectura judía de los detalles, no implica absolutamente el rechazo
de la fe en Cristo. Ésta corresponde simplemente a una lectura hecha
antes de la venida de Cristo.
El Documento, por lo tanto, puede declarar que “en el campo concreto
de la exégesis, los cristianos pueden, sin embargo, aprender mucho
de la exégesis judía practicada desde hace más de dos mil años; de
hecho, han aprendido mucho de ella a lo largo de la historia”. El
Documento agrega que, recíprocamente, los exegetas cristianos
“pueden confiar que también los judíos podrán sacar provecho de las
investigaciones exegéticas cristianas.” (n. 22).
Para completar el estudio de las relaciones entre en Nuevo y Viejo
Testamento, el Documento analiza las relaciones que existen entre el
judaísmo y en el cristianismo primitivo, entre la Escritura y la
Tradición. Este estudio señala algunas correspondencias “la
Tradición engendra la Escritura” y luego la acompaña, porque “ningún
texto escrito puede bastar para expresar de exhaustivamente toda la
riqueza de una tradición”. La Tradición ha determinado, de manera
particular, el canon de la Escritura. Esta determinación se ha
realizado de manera progresiva y no ha llevado a los hebreos y
cristianos a los mismos resultados. Además de los libros del Antiguo
Testamento, los cristianos tienen los escritos del Nuevo Testamento
y, para el mismo Antiguo Testamento, el canon cristiano es más
extenso que el canon hebreo de las Escrituras; esto concierne a los
libros escritos en griego cuyos textos no se encuentra en la Biblia
hebraica. El Documento da cuenta de esta situación.Nota, por otra
parte, que la acogida de las Escrituras no es idéntica en el
judaísmo y en el cristianismo. Para todas las corrientes del
judaísmo del período correspondiente a la formación del canon, la
Ley ha estado en el centro. En efecto, en ella se encuentran las
instituciones esenciales reveladas por Dios mismo y encargadas de
gobernar la vida religiosa, moral, jurídica y política de la nación
judía después del exilio”. En el Nuevo Testamento, por el contrario,
“la tendencia general [...] “es la de dar más importancia a los
textos proféticos, entendidos como anunciadores del misterio de
Cristo. El apóstol Pablo y la Carta a los Hebreos no dudan en
polemizar contra la Ley”. Esta diferencia de perspectivas se debe al
hecho que la Iglesia de Cristo no es una nación. El apóstol Pablo ha
luchado con vigor para que no se impusieran a los cristianos
originarios de las naciones paganas, las leyes y las costumbres
propias de la nación judía.
El segundo capítulo del Documento examina la situación de manera más
detallada. Éste toma en consideración los “Temas fundamentales de la
Escrituras del pueblo hebraico y su acogida en la fe de Cristo” (nn.
19-65).
Las Escrituras del pueblo judío son recogidas en la Biblia cristiana
bajo el nombre de Antiguo Testamento. El Documento enseguida
destaca, en este sentido, que “al llamarlas “Antiguo Testamento”, la
Iglesia cristiana no ha querido en modo alguno sugerir que las
Escrituras del pueblo judío hubieran caducado y que se pudiese
prescindir de ellas. Siempre ha afirmado lo contrario: Antiguo y
Nuevo Testamento son inseparables. Cuando, a principios del siglo
II, Marción quiso rechazar el Antiguo Testamento, encontró una
oposición completa por parte de la Iglesia post-apostólica”.
“El nombre Antiguo Testamento [...] es una expresión forjada por el
apóstol Pablo [en la Segunda carta a los Corintios 3, 14-15] para
designar los escritos atribuídos a Moisés”. Pablo habla de “la
lectura del Antiguo Testamento” y dice a continuación “cuando se lee
a Moisés”. El sentido de la expresión ha sido ampliado desde el
final del siglo II para ser aplicado también a las demás Escrituras
santas del pueblo judío acogidas en la Biblia cristiana. “Hoy en
algunos ambientes, se tiende a retomar el antiguo apelativo “Primer
Testamento” para evitar las connotación negativa que pudiera ser
atribuida a “Antiguo Testamento”. Sin embargo, “Antiguo Testamento”
es una expresión bíblica y tradicional que no posee en sí misma una
connotación negativa, ya que la Iglesia reconoce plenamente el valor
del “Antiguo Testamento” como la Palabra de Dios. En cuanto a la
expresión “Primer Testamento” que se encuentra en latín bajo la
expresión “prius testamentum” o “primum” en la traducción de la
Carta a los Hebreos, (9, 15; “primum” en 9, 18) sin embargo, no se
trata en tal caso de la Escrituras, sino de la alianza sellada en el
Sinaí, y sobre esta “primera alianza” se dice que Dios la “declaró
antigua” cuando anunció una “nueva”, que estaba destinada desde
entonces a desaparecer (Hb, 8, 13).
Nos encontramos, por tanto, que en el “Nuevo Testamento”, la
expresión “Primun Testamentum” es la que tiene una connotación
negativa y no la de “antiguo testamento”.
Debe decirse, además, que el texto polémico de la Carta a los
Hebreos es, de manera genérica, además de consciente e
inconscientemente, ignorada en las tranquilizadoras declaraciones
sobre la permanente validez de la primera alianza. El Documento no
cita este texto aunque lo tiene en cuenta, ya que al evitar hablar
de la permanente validez de la alianza del Sinaí, se refiere a la
permanente validez de la “alianza prometida por Dios” que no es un
pacto bilateral como lo es la alianza del Sinaí, rota con frecuencia
por los Israelitas. Ésta es “toda de misericordia” ya que “no puede
ser anulada” (n. 41), asimismo “es definitiva y no puede ser
abolida” ; en este sentido, según el Nuevo Testamento, “Israel sigue
encontrándose en una relación de alianza con Dios (n. 42).
En el segundo capítulo, el Documento revisa no menos de nueve temas
fundamentales de las Escrituras del pueblo hebreo que han sido
incluidos en la fe cristiana. Los dos primeros son bastante amplios
ya que se trata de la “revelación de Dios” y de la situación de “la
persona humana” bajo los dos aspectos contrastantes de “grandeza y
miseria”. Los demás temas definen el designio de Dios, designio
“liberador y salvador” que se realiza por medio de la “elección de
Israel” pueblo al cual Dios ofrece “la alianza” y “la Ley”. Los
últimos temas tratan de “la oración y el culto, Jerusalén y el
Templo” y, luego, los oráculos divinos sobre los “reproches y [las]
condenas, para finalizar con los oráculos de promesas.
El Documento constata que “el Nuevo Testamento asume plenamente
todos los grandes temas de la teología de Israel”, pero no se
conforma con repetir lo que ya ha sido escrito sobre el argumento ya
que exige su superación en vista de una progresión. “La persona y la
obra de Cristo así como la existencia de la Iglesia se sitúan
[claramente] en la prolongación de la historia de Israel”. “No es
posible negar, sin embargo, que el paso de un Testamento al otro
implica rupturas. Éstas no suprimen la continuidad. La presuponen en
lo esencial. Afectan, de todos modos, a bloques enteros de la Ley:
instituciones como el sacerdocio levítico y el Templo de Jerusalén;
formas del culto, como las inmolaciones de animales; prácticas
religiosas y rituales, como la circuncisión, las reglas sobre lo
puro y lo impuro, las prescripciones alimenticias; leyes
imperfectas, como la del divorcio; interpretaciones legales
restrictivas, por ejemplo, las referidas al sábado. Es evidente que
desde un cierto punto de vista, concretamente el del judaísmo, se
abandonan elementos de gran importancia. Pero no es menos evidente
que el desplazamiento radical del énfasis realizado por el Nuevo
Testamento había empezado ya en el Antiguo y constituye por ello una
lectura potencial legítima de él.” (n. 64).
“La discontinuidad sobre algunos puntos no es más que la cara
negativa de una realidad cuya cara positiva se llama progreso. El
Nuevo Testamento da testimonio de que Jesús, lejos de oponerse a las
Escrituras israelitas o de señalarles un término y revocarlas, las
lleva [por el contrario]a cumplimiento, en su persona, en su misión,
y especialmente en su misterio pascual. [...] ninguno de los grandes
temas de la teología del Antiguo Testamento escapa a la nueva
irradiación de la luz cristológica.” (n. 65).
De manera especial, “El Nuevo Testamento asume como una realidad
irrevocable la elección de Israel, pueblo de la alianza: éste
conserva intactas sus prerrogativas [nombradas por el apóstol Pablo
](Rom 9, 4) y su estatuto prioritario en la historia en cuanto al
ofrecimiento de la salvación (Hch 13, 23) y de la Palabra de Dios
(13,46). Pero a Israel, Dios le ha ofrecido una “nueva alianza” (Jr
31, 31) que ha sido fundada en la sangre de Jesús. La Iglesia se
compone de israelitas que han aceptado esta nueva alianza y de otros
creyentes que se han unido a ellos. Como pueblo de la nueva alianza,
la Iglesia es consciente de no existir más que gracias a su adhesión
a Cristo Jesús, mesías de Israel, y gracias a su unión con los
apóstoles, israelitas todos ellos. Lejos pues de sustituir a Israel,
la Iglesia sigue siendo solidaria con él. A los cristianos venidos
de las naciones, el apóstol Pablo les declara que han sido
injertados en el olivo sano que es Israel (Rom 11, 16.17). Dicho lo
cual, la Iglesia adquiere conciencia de que Cristo le abre una
apertura universal, conforme a la vocación de Abraham, cuya
descendencia se amplía ahora en favor de una filiación fundada en la
fe en Cristo (Rom 4, 11-12).” (n. 65).
De este modo, el Nuevo Testamento no sólo se sitúa en relación a las
santas Escrituras del pueblo judío en una línea de profunda
fidelidad, sino también de una fidelidad que al mismo tiempo es
creadora, de acuerdo con los oráculos proféticos que anunciaban “una
nueva alianza” (Jr 31, 31), además del don de un ”corazón nuevo” y
de un “espíritu nuevo” (Ez 36, 26).
El tercer capítulo del Documento se titula “Los judíos en el Nuevo
Testamento”. Inicia con una exposición preliminar que no deja de
utilizar “puntos de vista diferentes” que existían “en el judaísmo
después del exilio” (nn. 66-69). Sería un error, efectivamente,
concebir el judaísmo de la época como una realidad monolítica. Por
el contrario, es necesario constatar la existencia de diferentes
corrientes de pensamiento y de comportamiento, a menudo opuestas
entre ellas. El historiador hebreo Josefo distingue tres “partidos”
o escuelas de pensamiento, los fariseos, los saduceos, y los
esenios; esta lista no está completa. “Las relaciones entre los
distintos grupos fueron a veces extremamente tensas, llegando a la
hostilidad [...]. Los escritos de Qumran cubren de injurias a la
jerarquía saducea de Jerusalem, malos sacerdotes acusados de violar
los mandamientos, y denigran igualmente a los fariseos”. El
Documento hace presente esta situación, que se refleja en los
escritos del Nuevo Testamento; distingue los diferentes períodos:
sobre todo “los últimos siglos antes de Jesucristo”, por lo tanto,
el siglo I después de Cristo lo divide en tres tercios. El primer
tercio es la época de la vida de Jesús “que sin embargo empezó un
poco antes, puesto que Jesús nació antes de la muerte de Herodes el
Grande ocurrida el año 4 antes de nuestra era”.
El Documento considera que “lo más probable es, pues, que Jesús no
perteneciera a ninguno de los partidos que existían entonces en el
seno del judaísmo. Simplemente era solidario con el pueblo en
general. Investigaciones recientes han intentado situarle en
distintos contextos de su tiempo: rabinos carismáticos de Galilea,
predicadores cínicos itinerantes o incluso celotas revolucionarios.
Él no se deja encerrar en ninguna de esas categorías” Con respecto
al grupo de discípulos “podía muy bien reflejar el pluralismo que
existía entonces en Palestina”(n. 67).
El segundo tercio del siglo I es la época “en la cual los discípulos
de Cristo resucitado se volvieron muy numerosos y se organizaron en
iglesias”. El último tercio comienza con “la revuelta judía de los
años 66-67”, que llevó a la guerra hebrea, además de la derrota y la
destrucción del templo de Jerusalem. “Cuando los escritos cristianos
de este período hablan del judaísmo, deben de estar cada vez más
influenciados por las relaciones con este judaísmo rabínico en vías
de formación. En ciertos sectores, el conflicto entre los dirigentes
de las sinagogas y los discípulos de Jesús fue agudo” (n 69).
Después de esta exposición preliminar, el Documento examina de qué
modo los hebreos son presentados en los Evangelios y en los Hechos
de los Apóstoles; es decir en las Cartas de Pablo, en las de
Santiago, Pedro y Judas y en el Apocalipsis. La primera frase es muy
significativa. Afirma que “los Evangelios y los Hechos tienen una
orientación fundamental muy positiva sobre los judíos, pues
reconocen al pueblo judío como el pueblo escogido por Dios para
realizar su designio de salvación. Esta elección divina encuentra su
mayor confirmación en la persona de Jesús, hijo de madre judía,
nacido para ser el salvador de su pueblo y que realiza su misión
[...]La adhesión a Jesús de un gran número de judíos, durante su
vida publica y después de su resurrección, confirma esta
perspectiva, igual que la elección por parte de Jesús de doce judíos
llamados a participar en su misión y a continuar su obra” (n. 70).
Otro aspecto de la situación está expresado luego en estos términos:
“Aunque al principio fue acogida positivamente por muchos judíos, la
Buena Nueva chocó con la oposición de los dirigentes, quienes al
final fueron seguidos por la mayor parte del pueblo. El resultado
fue una situación de conflicto entre las comunidades judías y las
comunidades cristianas que ha dejado evidentemente sus huellas en la
redacción de los Evangelios y los Hechos.” (N. 70).
Estos dos aspectos de la situación, el primero muy positivo y el
segundo negativo, se encuentran en todos los escritos del Nuevo
Testamento. El segundo aspecto generó expresiones de reproche y la
producción de textos polémicos. Pero el Documento observa que “En el
Nuevo Testamento, los reproches dirigidos a los judíos no son más
frecuentes ni más virulentos que las acusaciones expresadas contra
ellos en la Ley y los Profetas. No deben pues servir más de base al
antijudaísmo. Utilizarlos con este fin va contra la orientación de
conjunto del Nuevo Testamento. Un antijudaísmo verdadero, es decir
una actitud de desprecio, de hostilidad y de persecución contra los
judíos en tanto que judíos, no existe en ningún texto del Nuevo
Testamento y es incompatible con la enseñanza del Nuevo Testamento.
Lo que hay son reproches dirigidos a ciertas categorías de judíos
por motivos religiosos y, por otro lado, textos polémicos en defensa
del apostolado cristiano contra los judíos que se le oponían.”(n
87).
Los reproches no corresponden nunca a una actitud de odio. El
documento recuerda que en los Hechos de los Apóstoles “El pecado de
los ‘israelitas’ ha sido haber ‘dado muerte al príncipe de la vida’
(3, 15). Ese pecado, principalmente de los ‘jefes del pueblo’ (4,
8-10) o del ‘Sanedrín’ (5, 27.30), no es recordado más que para
fundamentar una llamada a la conversión y a la fe. Pedro, por otro
lado, atenúa la culpabilidad, no solamente de los ‘israelitas’, sino
incluso la de sus ‘jefes, diciendo que fue cometido ‘por ignorancia’
(3, 17). Tal indulgencia es impresionante. Corresponde a la
enseñanza y a la actitud de Jesús (Lc 6, 36-37; 23, 34)que nos
enseña a amar a nuestros enemigos. (n. 75). San Esteban, el primer
martir, fue fiel a este ejemplo (Hch 7, 60).
Con respecto a los textos polémicos, provocados entonces por la
oposición de los hebreos y al apostolado cristiano el Documento
subraya que “Habiendo cambiado radicalmente la situación, estos
deben dejar de intervenir en las relaciones entre cristianos y
judíos”(n. 71).
Para terminar, el Documento observa que el Nuevo Testamento “se
encuentra en grave desacuerdo con la gran mayoría del pueblo judío”
porque “es esencialmente una proclamación del cumplimiento del
designio de Dios en Jesucristo” [anunciado en el Antiguo Testamento]
y la gran mayoría del pueblo judío “no cree en este cumplimiento
[...]. Por profunda que sea, esta divergencia no implica en modo
alguno hostilidad recíproca. El ejemplo de Pablo en Rom 9-11
demuestra, por el contrario, que una actitud de respeto, de estima y
de amor hacia el pueblo judío es la única actitud verdaderamente
cristiana en esta situación que forma misteriosamente parte del
designio totalmente positivo de Dios”.
“El diálogo sigue siendo posible, puesto que judíos y cristianos
poseen un rico patrimonio común que los une, y es vivamente deseable
para eliminar progresivamente prejuicios e incomprensiones de un
lado y de otro, para favorecer un mejor conocimiento del patrimonio
común y para reforzar los vínculos mutuos” (n. 87).
Es en esta dirección en la que una completa obediencia de la Palabra
de Dios llevará a la Iglesia a progresar.
[00014-04.37] [NNNNN] [Texto original: francés]
BRIEFING PARA LOS GRUPOS LINGÜÍSTICOS
El primer Briefing para los grupos los lingüísticos tendrá lugar (en
los lugares del briefing y con los Encargados de Prensa indicados en
el Boletín N.2) mañana, martes 7 de octubre de 2008 apróximadamente
las 14.00 horas, como conclusión del Briefing de la American Bible
Society a las 13.00 horas, en el aula Juan Pablo II de la Sala de
Prensa de la Santa Sede (originariamente previsto para el miércoles
8 de octubre de 2008).
Se ruega a los operadores audiovisuales (operadores de cámara y
técnicos) y los fotógrafos, dirigirse al Pontificio Consejo de las
Comunicaciones Sociales para el permiso de acceso (muy restringido).
Al Briefing de la American Bible Society parteciparán S.Em.R. el
Sig. Card. Peter Kodwo Appiah TURKSON, Arzovispo de Cape Coast
(GHANA); el Rev. P. Thomas ROSICA, C.S.B., Director Ejecutivo de la
Red Televisiva Católica del Canadá “Salt and Light” (CANADÁ); el
Rev. Dennis DICKERSON, Presidente, Board of Trustees, American Bible
Society; el Rev. Giuseppe COSTA, Director de la Librería Editora
Vaticana.
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